Crónicas bonaerenses
Bajo la lluvia Baires es otra cosa. Andamos sobre una ciudad reinventada con el viento. De la noche a la mañana los colores encajan, las caras cambian. Tercer día: esta es la ciudad y como tal se me muestra.
Compro una casaca de lona militar. Le llaman garibaldina. Un guiño de la Historia bajando por el río. Por fin conecto, subo fotos, hablo con Mary. Suenan los Stones: You can’t always get what you want
A las 19:30 encuentro con Pablo Mancini. En colectivo hasta Palermo. Hablar, aprender, compartir. Según llego a su departamento me ofrecen casa, conexión, llaves. En una tacada, de repente, Baires queda en el Mediterráneo. A las 10 llega de trabajar Lore. Hacemos papanuzza. Caen vinos de Mendoza. La conversación llega hasta las 3 y media. A las siete se levantan para ir a trabajar.
Pablo y Lore me recuerdan irremediablemente a Nat y a mi en los primeros tiempos de las Indias. La voluntad de ser libres es terriblemente poco original, será por eso que los guayses nos quieren tan poco en Palermo o en Latina, por vulgares.
Su contexto en cambio es mucho más difícil que el que tuvimos nosotros levantando Las Indias. La economía argentina pivota sobre un tipo de cambio artificialmente bajo para mantener un sector exportador de materias primas, carnes y granos que se postula como la única baza propia en el mercado mundial. Sin embargo basta dar un paseo para ver que no hay un metabolismo económico capaz de convertir esas divisas en capital productivo. Más allá de lo más básico no hay industria local que produzca para el mercado interior, así que los bienes de consumo son puritita importación hasta cuando es abiertamente irracional (como con los libros). Como resultado, la capacidad de consumo de la gente común, condenada a financiar la competitividad de un sector exportador que nunca acaba de germinar en demanda interna, se ve reducida hasta la supervivencia. Me contaba Mariana: un libro -hecho en España- supone el 5% de los ingresos de un bonaerense medio, el 10% de los de un tucumano.
La noche avanza. La cabeza bulle de ideas, de cosas por hacer, de hambre de construir. ¿De dónde sacan tantas ganas, tantas horas de lectura en un país donde una pareja de nuestra generación, formación y empleos levanta en conjunto 500 euros al mes trabajando a destajo? ¿Cómo que nadie, ahí fuera, se dió cuenta de que acá hay una mina de neuronas conectada heroicamente a la red? ¿La lógica extractiva de las multis no llegó a querer comprar inteligencia a precio de saldo? No. Claro. En casa tampoco. Ni regalada.
Por primera vez desde que llegué me siento parte de ésto. Me faltaba ese lazo afectivo, esos iguales en los que mirarme.
El taxi recorre la ciudad desierta de vuelta hasta Corrientes. Palermo. Noche. Pienso: este viaje ya mereció la pena.
[+ en el album de Baires del fotoblog]
PS desde Montevideo: borré accidentalmente este post y todos sus comentarios… Lo he vuelto a subir y he añadido enlace al blog de Lore… Gracias a los dos por los cariños.
Tout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just
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