Una reflexión sobre las mezquindades del partidismo a partir de las reacciones a la muerte de Pinochet.
La muerte de Pinochet ha traido, entre otras consencuencias, una cierta vuelta el doble lenguaje. En The Plank se acuerdan de “Politics and the English Language” de George Orwell:
Consider for instance some comfortable English professor defending Russian totalitarianism. He cannot say outright, ‘I believe in killing off your opponents when you can get good results by doing so’. Probably, therefore, he will say something like this:
While freely conceding that the Soviet regime exhibits certain features which the humanitarian may be inclined to deplore, we must, I think, agree that a certain curtailment of the right to political opposition is an unavoidable concomitant of transitional periods, and that the rigors which the Russian people have been called upon to undergo have been amply justified in the sphere of concrete achievement.
Desde España, Arístegui, afortunadamente estuvo a la altura en su juicio. No será desde luego por falta de presiones para que se sumara a un revisionismo no carente de aliados chilenos.
Sin embargo, las primeras reacciones por la izquierda blogueril no lo supieron reconocer así, dando la razón a Germán Yanke cuando el otro día escribía que:
Hay un tipo de argumento en el que lo importante no es la coherencia interna sino el resultado satisfactorio para los prejuicios de quien lo pone en funcionamiento. Si la conclusión me agrada o agrada a los que considero míos, tiene que ser, además de útil, correcto. Como no siempre es fácil dar incluso la apariencia de que lo que se pone en juego es un argumento, ya que necesita al menos el esfuerzo de dotarlo de una cierta estructura, podemos añadir que hay gestos cuya única justificación es la satisfacción íntima que producen, íntima pero comunicable a los propios. Me parece que este modo de presentarse en el escenario de la política es hoy, en España, el más habitual.
Para muestra un botón. El archivo de audio que pueden escuchar aquí a la derecha y al que llegué desde el blog de Marta, corre de mail en mail por toda España entre lógicas e indignadísimas valoraciones.
En realidad se trataba de puro teatro, un numerito de los que suelen hacer en Versió RAC-1, un programa de la radio catalana. Una faena para RENFE, que se ha visto sin comerlo ni beberlo con un frente imaginario en su imagen que se une a los bien reales y conocidos por todos (el hecho por el que se pregunta al presunto portavoz de la compañía es cierto).
Pero más allá de hacernos reflexionar sobre el poder de reacción de los medios distribuidos y del desgaste que supone -para la propia red- este tipo bromas, también toca preguntarse por qué resulta tan verosimil una barbaridad semejante. Me resulta verosimil a mi en Madrid y le resulta verosimil, al punto de darlo por información y no por radioteatro, a miles de conciudadanos en Cataluña.
Porque mientras, las iniciativas parlamentarias que de verdad importan, las que apuntan al futuro, aunque hayan quedado descafeinadas o deformadas, se pierden entre los teletipos y ni llegan a unas tertulias radiofónicas. Lógico: en lo que hace al mundo nuevo no hay viejos prejuicios que alimentar.






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Por una vez, y sin que sirva de precedente, creo que Yanke acierta en un análisis, es como cuando en un programa de la tele alguien dice algo altisonante o insultante para que el público aplauda. Es la dialéctica que nos ha tocado vivir, falta, como decía Maria, cultura de debate.
Por lo demás me preocupa que un tío con un blog llamado La Era ZP tenga tanta “cla”, podría al menos enterarse de que fue el gabinete de Pinochet el que recogió de forma consciente el pensamiento franquista. Esto se ve muy bien en la construcción de la justificación del golpe: España/Chile estaban ya de facto en una guerra civil que conduciría a una dictadura comunista. Son unos y otros (pinochetistas y peperos) los que han hecho acopio, entre otras cosas, del discurso franquista. Por otra parte también me produce pena ver lo guay que es ahora todo el mundo con el tema cuando hasta antes de ayer Pinocho tenía muchos, pero que muchos amigos
Muy bueno el artículo de Bernard-Henri Lévy en El mundo (clic, mis recortesh)
gràcies pel link, david!