Estamos ultimando la presentación de El capitalismo que viene y no puedo dejar de pensar en el Sr. Inciarte, Director General del banco Santander, quien coreado por Jesús Cacho, declaró el otro día que:
Innovar en banca es absurdo, porque la capacidad de copiar es brutal. La capacidad de creación de nuevos productos es limitada porque inmediatamente te los copian
¿Por qué la asociación? Pues porque la tesis fundamental del libro de Juan Urrutia es que la globalización y el desarrollo de las TIC disipan las rentas.
Las rentas son, en tradición económica todos los beneficios que exceden al beneficio en competencia perfecta. Y en competencia perfecta el beneficio es mínimo: el coste de oportunidad. Tradicionalmente, en el viejo mundo, las rentas iban ligadas a determinadas formas de monopolio. Dos ejemplos clásicos serían las rentas derivadas de patentes o propiedad intelectual y las rentas de posición. Las rentas derivadas de patentes se generan gracias a un privilegio legal que impide a otros explotar nuestra innovación durante un cierto tiempo. Las rentas de posición se producen porque o bien somos un intermediador necesario, que los agentes no se pueden saltar o bien porque físicamente ocupamos un espacio determinado.
Tanto unas como otras entran en crisis en estos días. La renta de posición se erosiona tanto con la globalización (en banca el ejemplo sería la llegada e impacto de ING Direct a España) como con Internet (por ejemplo la venta de billetes de avión por las agencias de viajes de barrio).
¿Y qué pasa con la innovación? Pues que efectivamente, como dice el sr Inciarte y demuestra la experiencia de las disqueras, una innovación aislada ya no genera por si misma una ventaja a largo plazo, porque la copia es cuasi-gratuita e instantánea.
Pero en este marco, la conclusión del sr Inciarte es simplemente suicida: si dejamos de innovar, si rechazamos la innovación por principio como declaraba pretende su banco, eliminamos toda posible fuente de ventajas a largo plazo.
La conclusión de Juan Urrutia es por ello justamente la contraria: en un marco en el que las rentas tienden a desaparecer, a disiparse, sólo la continuidad de la innovación produce rentas, porque ya no hablamos de una innovación concreta y una renta derivada de un monopolio legal (patente) o de facto (porque sea muy caro reproducirla).
En el capitalismo que viene la única manera de mantener ventaja sobre los competidores es dinámica, innovando continuamente para que, aunque el tiempo de liderazgo que nos de en el mercado cada innovación concreta sea corto, en conjunto vayamos siempre uno o dos pasos por delante de una competencia resignada a copiarnos.
Por eso, cuando una vez le preguntaron a Juan por qué había que aprender a innovar respondió:
Para aprender a vivir arrebatados por el cambio
Y es que sólo los que vivan arrebatados por el cambio, innovando continuamente, podrán mantener rentas en el capitalismo que viene.



