Me veo obligado a cancelar casi toda mi agenda de actos, saraos y charlas para las próximas semanas… e intento aprender algo de ello.
Ayer comimos Nat y yo con Suso y un par de amigos en Paradís, uno de esos restaurantes caros y ciertamente pretenciosos nacidos en las cercanías del Congreso con la intención de aligerar la cartera de nuestros representantes.
Lo de siempre de la modernidad impostada: Las líneas pulcras, la luz escasa pero blanca, las vajillas de gran tamaño, los pescados limpios y sin espinas, el público indefectiblemente trajeado o -las escasas mujeres- con esos trajes de chaqueta neoyorquinos zen, clavaditos a los de las asistentes del malo en las pelis de James Bond.
Pero a la hora de la verdad la copa del agua -siempre pido Vichy Catalán- tenía regusto a Calgonit, me harté de pan en las esperas y -pecado máximo- las coquinas que acompañaban a los salmonetes [unos salmonetes tan limpios de piel y espinas y cubiertos de salsa que ni Grishom los hubiera reconocido sin análisis de ADN] tenían arena.
La moraleja no es sólo que el centro sea mucho más cutre de lo que piensa o pretende, es que su posición tiene costes inesperados e inconfesados. El que persiga lo que mi amigo Alby llamaba en un comentario -que no encuentro- el “efecto panelista”, se harta de comer arena. Personalmente nunca lo he perseguido. Al contrario aunque soy de esos que nunca pide remuneración ni similar por ir a dar la charla, a cambio pido que se entienda que la agenda de actos en los que se supone voy a intervenir es una intención y no un compromiso. El ganarte la vida en los mercados te obliga a moverte muy rápido y estar disponible para los clientes -esos señores que pagan- en todo momento.
Tenía, la semana que viene que ir a dar unos talleres de análisis de redes sociales a jóvenes de toda Europa en Alemania, luego un sarao en Barcelona y finalmente una conferencia en Zaragoza.
Voy a intentar como sea mantener esta última cita, aunque sólo sea para conocer en vivo de una vez a JJ y a Juan Freire. Pero a estas alturas ni siquiera puedo garantizarlo.
Sinceramente creedme que no me gusta en absoluto esta situación a la que me veo abocado una y otra vez. Pero tengo una solución. A partir de ahora seguiré el modelo de Michel Onfray. En vez de Cahen nuestro centro periférico será la Biblioteca. Es todo ventajas, uno no se ve obligado a faltar a sus propias citas -los clientes entienden que organices un acto aunque no necesariamente que faltes una semana para recorrer el mundo atendiendo invitaciones-, la experiencia nos dice que salen muy bien y por supuesto, no comes arena.






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…es que a comer coquinas hay que bajarse a Cádiz.
Si no nos vemos esta vez, es que está de Dios que no nos veamos… porque ya han sido veces que no ha podido ser.
Yo las he comido buenas en Valencia, aunque allí les llaman tellinas.
A ver si puedes mantener la cita y nos vemos!
Y sigo preferiendo un bocadillo y cervezas con los amigos en un sitio agradable que el sitio céntrico, incrustado en un ambiente que me hace imaginar lo siente el pez fuera del agua, dudando entre montarle el pollo al maitre, encargado o como quieran llamarle o aguantarme…y pagar a disgusto una hinchada factura.(hombra que si en lugar de bocadillo es un buen menú, en entorno sencillo tb me acomodo ¿eh?)
Yo tengo una teoría sobre esos sitios que sabemos todos, en los que te distraen con tanto protocolo, sonrisa y mantelería, del verdadero motivo por el que acudes, que es comer y comer bien.
Mi teoría no es otra que ante la clavada que te meten cuando terminas los postres, el estómago sigue vacío y estás acordándote de los bocatas de calamares que te preparaba tu madre, no tienes más remedio que cuando te preguntan, decir que el sitio era bueno.
Y esta mentirijilla se dice por tres causas fundamentales: La primera es que alguien a ti te dijo que era bueno, y ya se sabe que en cuanto se juntan dos trajes, uno por no quedar mal y el otro por no desentonar, no nos vamos a llevar mal…
Lo segundo, es porque ese sitio está de moda. La moda manda y si alguien te dijo que era bueno y está de moda, lo que te ha pasado a tí “seguro” que ha sido una cosa puntual, y si no estás muy convencido, coméntaselo al que te lo recomendó que te lo confirmará: El comió a cuerpo de rey. Y la última, y no menos importante, es porque si después de haber pagado un dineral (haced cuentas de a cuantos niños de por ahí se les puede dar de comer por lo que cuesta el cubierto en esas fondas), encima no vas a decir que el sitio era malo: La brecha en el bolsillo tiene remedio, pero que te toquen la moral, es otra cosa.