Ya está bien de frivolidad en la posición sobre propiedad intelectual y en la elección de licencias. La licencia tiene un sentido ético y político, no está para quedar de guays.
Ayer noche recibí una amable invitación de la rama madrileña de Ciutadans para difundir un debate sobre el modelo de estado que organizan. Un tema complejo que no tengo personalmente claro pero en el que me han ido calando los argumentos confederalistas de Juan Urrutia, partidario de extender el actual sistema de concierto navarro a todas las comunidades autónomas.
Entro en el blog de campaña, que me enlazan en el mensaje y me encuentro, bien destacado, con un rótulo de Derechos de Autor bajo el que yace un banner de Coloriuris amarillo. Coloriuris, para quien no lo conozca, es una versión castiza de las Creative Commons de Lessig, sobre las que es pública y notoria mi posición, la de las Indias y en general del movimiento por la Devolución. Una posición ética, política y práctica que se configura desde la experiencia y perspectiva de nuestro trabajo y nuestra vida cotidiana.
Resumiendo: me importa más, y como a mi a mucha gente, la posición de un grupo sobre propiedad intelectual que sobre las complejidades de los estatutos de autonomía.
¿Me hubieran escrito esta invitación personal de ser yo un notorio confederalista o independentista? No creo. ¿Por qué no les importa invitarme cuando mi posición sobre propiedad intelectual es notoria y por lo que se ve contraria a la de ellos? Porque ni repararon. El bannercito amarillo está ahí para hacerse los guays y modernos. No significa nada, es pura frivolidad.
Y digo que es frívolo en un acto de generosidad. Sacar los materiales de campaña bajo licencia “no comercial” y “viral” es estúpido, soberbio y mezquino. Estúpido porque pone trabas a su difusión y reciclaje social, lo cual es contrario al objetivo de cualquier material de campaña. Soberbio porque transmite la idea de que alguien puede estar ansiosamente esperando que los cuelguen para copiarlos y hacer negocio editorial con ellos. Y mezquino porque si existiera un editor tan identificado con sus tesis como para publicarlas en un libro y sacarlo en librerías, pretenderían cobrarle un porcentaje por libro vendido con independencia de si le resultó rentable o no. Eso es lo que dice la licencia.
La cuestión que queda abierta es si alguien tan frívolo en un tema crucial como este, puede ser tomado en serio para cuestiones tan complejas como la organización del estado.
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Igual es por aquello de la copia del programa de Ciutatans por parte de un cenutrio del PSOE canario…
Por otra parte, se supone que un programa es un documento colectivo, donde participa un “intelectual colectivo” a través de muchas reuniones, asambleas, debates, etc… con lo cual, no tengo claro que el resultado de esos debates pueda ser considerado propiedad, ni siquiera del partido que los promoviese, y se supone, además, que un programa electoral cubre su objetivo cuando es difundido, debatido y manejado por todos los medios posibles y lo más posible… con lo cual lo que están demostrando es una visión un tanto peculiar de lo que debe ser la política. No sabía que las ideas políticas también pudieran ser objeto de algún tipo (por mu guay que sea) de propiedad intelectual. Creo que me estoy volviendo de un antiguo…
Felicitaciones por toda esta puesta al día, con su elegante toque político. Llama la atención en la página la presencia como ponente de Félix Ovejero, que escribe en El País. ¡Espero que puedan sacar su Coloriuris tras leer tus enlaces en la contexto pedia!
Me llamaron y escribieron varios amigos de Ciutadans, incluído Toni, su secretario de comunicación.
Me hace dos puntualizaciones que creen importantes
Como es obvio, mi posición y mi crítica nace del hecho de usar CC o similares, como es el caso. No hay mensaje más político, ni más funesto, que el que pretenden esos sistemas: presentar como una “opción individual” la propiedad intelectual cuando se trata en realidad de un problema social y político. La propiedad intelectual no es un “continuo que cada cual puede graduar”, es un monopolio artificial y contrapruducente de costes inmensos.