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Domingo, 21 de Septiembre de 2008

El Papa y la salsa de spaghetti

Versiones Latoc

El pasado día 12, en el College des Bernardins de París dio un discurso hermoso. El lugar no estaba elegido al azar. Como escribía Rafael Aguirre en el Correo:

Ratzinger empezó con una referencia, cuya relevancia actual supo poner de manifiesto: ¿Qué pretendían los monjes que construyeron aquel monasterio en el siglo XIII? «Quaerere Deum», buscar a Dios, y para ello colocaron en sitio preferente una biblioteca. Es decir, la búsqueda de Dios implicaba emplear a fondo las fuerzas de la razón, conocer toda la sabiduría disponible, escudriñar la Biblia dominando sus viejos idiomas, dialogar con toda clase de filosofía.

En palabras del Papa:

Le désir de Dieu comprend l’amour des lettres, l’amour de la parole, son exploration dans toutes ses dimensions. Puisque dans la parole biblique Dieu est en chemin vers nous et nous vers Lui, ils devaient apprendre à pénétrer le secret de la langue, à la comprendre dans sa structure et dans ses usages. Ainsi, en raison même de la recherche de Dieu, les sciences profanes, qui nous indiquent les chemins vers la langue, devenaient importantes. La bibliothèque faisait, à ce titre, partie intégrante du monastère tout comme l’école.

Pero lo importante no es la biblioteca, ni siquiera el móvil que llevó a construirla (la búsqueda de Dios), sino que a partir de la unión de palabra (ora), trabajo (et labora) y experiencia, emerge una aportación de sentido en la diversidad desde la que se forja una verdadera comunidad que es por un lado de los monjes, pero también de los saberes:

Nous pouvons exprimer tout cela d’une manière plus simple : l’Écriture a besoin de l’interprétation, et elle a besoin de la communauté où elle s’est formée et où elle est vécue. En elle seulement, elle a son unité et, en elle, se révèle le sens qui unifie le tout. Dit sous une autre forme : il existe des dimensions du sens de la Parole et des paroles qui se découvrent uniquement dans la communion vécue de cette Parole qui crée l’histoire. À travers la perception croissante de la pluralité de ses sens, la Parole n’est pas dévalorisée, mais elle apparaît, au contraire, dans toute sa grandeur et sa dignité.

En otras palabras: conocer es crear contextos, conjuntos de sentido, de significado, sobre conjuntos de palabras y conceptos. Pero entonces… conocer es algo cuyo sujeto es colectivo y concreto (una comunidad).

Generar conocimiento es hacer comunidad, es hacer red y por tanto se da en tiempo histórico, no absoluto.

En contrapartida, toda apuesta por una verdad social implica la identidad con una comunidad concreta. Y si es así -y con matices hasta aquí el Papa estaría de acuerdo- no hay en realidad conocimiento absoluto ni abstracto, el conocimiento es la interpretación de un contexto en un contexto. No hay verdad social o filosófica que no sea histórica ni limitada a un grupo humano concreto (una idea que, por cierto, se dibuja en los textos de algunos teólogos otrora cercanos al Papa como Hans Khun).

Si le damos una vuelta, lejos de unificar el sentido, el desarrollo del conocimiento no es sino el descubrimiento de su diversidad irreductible y creciente: cuanto más conocemos mayor es nuestro (re)conocimiento de otros principios ordenadores, de otras identidades distintas a la nuestra. Por eso, conocer no es sólo construir un contexto, un camino propio (y por tanto una comunidad con su identidad), conocer más es también reconocerse cada vez más en la legitimidad del otro para idenficarse desde su diferencia1.

Y entonces, ¿este Papa es postmoderno? ¿Politeista? No. Por supuesto que para el Papa, no hay tal diversidad última, sino pluralidad dentro de una única Creación… y por tanto hay una fuente última (y cognoscible) de legitimidad y verdadero conocimiento. Si dijera lo contrario no sería católico, ni cristiano.

Volviendo a la parábola favorita de los Exploradores Electrónicos, el Papa cree que hay una variedad de salsas de spaghetti que representan distintos estadios, distintas manifestaciones de la búsqueda de la salsa perfecta y una receta platónica que aunque no podamos todavía tener, puede llegar a ser conocida mediante la razón en el contexto (y la comunidad) de la fe. Salsa que representaría no una, sino la salsa de spaghetti perfecta, aquello a lo que todos, en realidad nos referimos o desearíamos o intuimos cuando escuchamos su nombre. Esa es la diferencia entre diversidad y pluraridad. Se es plural en Uno, en cambio la diversidad existe porque hay muchos unos, muchos principios de verdad que no son reducibles a uno único sino que tienen existencia en si mismos.

Pero en cualquier caso, es desde el reconocimiento de esa diversidad/pluralidad de los conocimientos (y por tanto de las identidades), que los que no somos católicos en un sentido religioso, aunque si cultural, podemos entender en toda su profundidad el llamado de este Papa a escuchar a Dios. Porque su escuchar, el sentido de su diálogo con lo divino, es abrirnos a la maravilla de una razón que no preexiste, sino que se construye.

Evidentemente postmodernos y politeistas, preferiremos antes que hablar de pluralidad, sustentarnos en la diversidad y la calificaremos de hecho, como irreductible. No veremos a Dios como límite último de ese saber, como origen y destino de esa Razón unificadora. Diremos E unus pluribum en vez de E pluribus unum.

Pero aunque como imagen invertida del espejo de la fe, nos reconoceremos en la capacidad para la maravilla y la profundidad del mensaje de este Papa. Y sabremos que ese diálogo con la existencia que postula, es compartido porque a todos nos pertenece, desde esa duda común que subyace al reconocimiento de la búsqueda, de la incompletitud, del amor más íntimo por lo humano que, como recordaba el Papa no puede ser otra cosa que amor por el trabajo y la palabra, camino de conocimiento y exploración, renuncia de toda imposición o conquista al tiempo que construcción identitaria, generación de sujeto, acción e identidad que nos hacen pasar del ser a la existencia, de lo abstracto a lo histórico.


Notas
1. Para evitar la eterna discusión sobre el relativismo y el eterno ejemplo de la ablación. Descubrir la legitimidad del otro para construir sus valores (en otras palabras, para conservar su comunidad u orden social) no significa ni aceptarlos para la propia, ni considerar que todos las jerarquías de valores y sus consecuencias son iguales. Reconocer que existen otras comunidades y que son legítimas, es decir, que tienen derecho a organizarse y regularse por si mismas, no quiere decir ser neutral frente a cualquier situación que se de en un contexto diferente al propio. La defensa de la diversidad no es cosa de beatos, es la aceptación, entre otras cosas de que siempre existirá conflicto.

Guardado por David de Ugarte en Destacados a las 4:20 pm
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