Ultimo artículo de la serie sobre Slavoj Zizek y la incapacidad de las categorías modernas que utiliza para comprender el mundo virtual
Más allá de la crítica de la ciberdemocracia, que contraargumentábamos el otro día, hay un elemento en la visión de Zizek sobre el ciberespacio que merece una nota especial.
Recordemos que como adelantaba la entradilla de su último artículo en The Guardian, la tesis de Zizek podría resumirse por un lado en una crítica básicamente marxista de la democracia y por otro en una crítica lacaniana de los peligros y la violencia implícita en toda confusión de identidades.
¿Pero que distinguiría los mundos virtuales de la realidad social “presencial”? El interfaz. Escribe Zizek:
“Interface” means precisely that my relationship to the other is never face-to-face, that it is always mediated by digital machinery.
En pocos sitios el espejismo entre realidad y respresentación aparece de una forma tan naif. Zizek opone la relación cara a cara a la mediada por simbolos digitales, sean avatares de Second Life, blogs o ventanas de chat. Como si una relación cara a cara no estuviese mediada.
Pensemos un poco. El lenguaje verbal o corporal, la ropa, el contexto cultural, el entorno físico o unas simples gafas median en toda comunicación presencial. En toda comunicación existe mediación. Es más, es el comunicar lo que nos convierte en sujetos, por ello no es posible comunicar sin identidad y en consecuencia no existe relación sin representación.
Seamos materialistas: somos nuestro cuerpo precisamente porque nuestra percepción de la realidad está filtrada por nuestra capacidad sensitiva. Siempre hay interfaz: interfaz cuerpo, interfaz ropa, interfaz gafas, interfaz teléfono o interfaz digital..
¿En qué se diferencias unas gafas o un sonotone del visor de un piloto de combate? Las gafas o el sonotone reparan diferencias en la percepción que se consideran necesarias para la comunicación con el entorno porque son naturales en la mayoría de nosotros. Las gafas del piloto de combate representan, sobre la visión estándar, imágenes que simbolizan información extra, no perceptible por el cuerpo humano. El piloto pasa así a aumentar su percepción, a tener consciencia no sólo de su cuerpo y entorno directo sino del de la máquina que dirige. Se convierte en un ciborg.
La realidad del ciborg no es una realidad alienada, no es su propia realidad convertida en algo ajeno. Al revés, se apropia e incorpora aquello que antes no podía percibir. Su realidad es símplemente, más amplia.
En la red, gracias a un interfaz electrónico que nos hace a todos ciborgs, percibimos una realidad mayor que sería inaccesible tan sólo a través de nuestro cuerpo y las cosas con que solemos cubrirlo. No ya una realidad física, como la del piloto, sino también una realidad social (como le pasa por cierto al piloto cuando habla mediante el micro integrado en el casco).
Pero si lo piensan, todo esto podría aplicarse también a la comunicación telefónica. No creo que Zizek piense que hablar por teléfono pueda producir una violencia peligrosa diferente de la presencial en la relación social porque al representarnos en nuestro discurso generemos unas expectativas diferentes a lo que realmente somos. O es un problema general e irresoluble de la comunicación humana (como seguramente pensaría Freud) o no parece que la comunicación telefónica (en la que actuamos como ciborgs porque se amplia nuestra percepción electrónicamente) incorpore elemento alguno que sostenga la posición zizekiana.
¿Cual es la particularidad pues de toda esa digital machinery que rechaza en la comunicación en la red? Pues en realidad que permite no sólo ampliar nuestra percepción de los otros y representarnos frente a ellos mediante un discurso, sino que además permite modificar elementos que nos vienen dados al nacer y que normalmente integramos en nuestra representación frente a los demás porque el coste de cambiarlos es alto: elementos como nuestro sexo, nuestra voz o nuestro aspecto físico.
Zizek sin duda sabe que incluso cara a cara nadie es como se representa, pero alerta de la violencia que genera el temer que el otro no sea físicamente como se representa digitalmente. Me resulta llamativo porque el ciberfeminismo siempre juzgó esa perspectiva una posibilidad de liberación, y así ha sido siempre en la blogsfera por ejemplo, pero también en los chats.
Es más, en los relatos de los primeros habitantes de Second Life -el lugar del ciberespacio más cercano a representar la corporeidad- precisamente se destaca como diferencia liberadora respecto al resto del mundo virtual la exacerbación de esta posibilidad. Hace poco nos contaba Sombra su interés en estudiar y escribir detenidamente sobre la superación de las barreras de género en un entorno virtual como el de los laboratorios Linden
Porque las costumbres de relación social son distintas en un entorno donde tu avatar, ó el avatar con quien estas hablando, va cambiando de sexo, o forma mientras se mantiene la conversación.
Yo empiezo a hablar con una amiga, en forma de avatar femenino, y sobre la marcha ella se convierte en un muchacho moreno (a mi amiga Yonda le encanta hacer esto), para pasar a ser un dragón dorado, mientras que yo paso a ser una fémina alien ó un dios de la oscuridad… rodeados por otros avatares que hacen lo mismo y manteniendo la conversación. En este entorno lo importante y bonito es la personalidad del avatar, no su aspecto, pues este es permanentemente cambiante.
Mire usted por dónde, bajo la relación aparentemente más mediada por la corporeidad -pero donde esta es también más cambiante- va a resultar que se va a intuir precisamente la gran quimera, la relación humana directa. Y no, al parecer, el id no sale brutalmente de paseo arrasando con violencia al mundo circundante.
Tal vez Zizek, o el lacanianismo entero, necesiten un paseito de experimentación por Second Life…
En otros blogs este post recibió las siguientes referencias (URI de Trackback)
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[...] Slavoj Žižek cree que no tiene avatar. Que su barba no es diseño y que sus camisas y libros no son interfaces. Žižek, atravesado por todas las categorÃas modernas binarias, por todas las ideas pre digitales, está cada vez más reaccionario y tecnofóbico. Es por ello que David de Ugarte propone que “tal vez Zizek, o el lacanianismo entero, necesiten un paseito de experimentación por Second Life…” Y explica: “En pocos sitios el espejismo entre realidad y respresentación aparece de una forma tan naif. Zizek opone la relación cara a cara a la mediada por simbolos digitales, sean avatares de Second Life, blogs o ventanas de chat. Como si una relación cara a cara no estuviese mediada”. En: Protagonistas, Otros piensan, Second Life — Enero 11, 2007 [...]
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[...] Asà las cosas nos parece que ya es el momento de aproximarnos a fenómenos como Second Life desde una lectura mucho menos ingenua o despectiva como las que solemos ver en los intelectuales y crÃticos -y en la que ha naufragado lamentablemente Slavoj Zizek.. quien se cree uno de los mejores teorizadores de lo virtual, buena crÃtica de sus limitaciones en el weblog de David de Ugarte y analizar en cierto detalle en que consisten las bases intelectuales del mas famoso de todos ellos, Second Life. [...]
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Hola David. Que curiosa casualidad, al leer el anterior post sobre Zizek me dio por recordar algo que leí hace mucho tiempo sobre cómo nuestro equipo sensorial prefigura la realidad que nosotros damos por tal. Sin duda la naturaleza está ahí y nosotros la percibimos de una manera, que no tiene que ser necesariamente la más fiel a la realidad, sus colores no tienen que ser los que nosotros, pertrechados de nuestro aparato de visión, percibimos. De esa manera los perros para nosotros son daltónicos, pero ¿qué nos hace pensar que su gama de grises es menos fiel al cromatismo “real” que lo que nosotros percibimos? Puro humanocentrismo.
Luego vienen las relaciones culturales a modificar de otra manera lo que biológicamente vemos igual, venimos nosotros, destructores y creadores como somos, a transformar esa realidad….e internet es eso ¿no? una realidad transformada por el ser humano y un nuevo marco para las relaciones sociales (con sus propias pautas culturales). Realmente no entiendo a estos luddistas del siglo XXI.
Un saludo y un abrazo
P.D: Realmente entiendo que lo que dice un lacaniano se oponga a lo que dicen las ciberfeministas, creo que nada ha hecho más daño a la mujer en el siglo XX que la influencia social del psicoanálisis.
No podría estar más de acuerdo. La distinción de Zizek es torpe porque todo está mediado por algo. Es como l distinción entre la pintura bastracta y la figurativa. Como si esta última no fuera abstarcta a pesr de estar en dos dimensiones.
Sinceramente, sabes que me parece que late bajo toda la argumentación zizekiana? Un pánico tremendo a desear o enamorarse de alguien cuyo sexo no sea el esperado. ¿Por que si no esa diferencia entre interfaces? Fíjate el ejemplo que da (la botella y la rana) y deconstruyelo en su contexto lacaniano, el fondo es una homofobia que debería tratarse. Pero claro, esto es una apreciación personal que no hace a la argumentación general, de ambito más amplio.
Cierto, hay interface siempre; no hay relación real nunca; al menos no si hay que hacer un test de Turing de dos horas antes de desccubrir si el otro es, en realidad, un replicante. Como arquitecto, yo sin embargo sí preciso de leyes físicas, de gravedad, de empatía; nmanejo formas que deben ser tocadas, materiales:
“De acuerdo con Hildenbrand, el espacio se percibe en primer lugar como una forma en dos dimensiones (“fernbild”); para percibir la tercera dimensión (profundidad) es necesario moverse, “tocar” el espacio, consiguiendo una percepción tridimensional (“nahbild”). Esta relación íntima entre el sujeto, su espíritu y el espacio, es llamada “empatía” (“einfühlung”). Según Yodell, el espacio tocado tiene mayor o menor densidad según esté más o menos tensionado. Tange también habla de su carácter táctil: “…me dí cuenta que el espacio es en realidad pegajoso (sticky)”, en el sentido de que sirve para unir, no para separar.”
Del librillo mío.
A ver si nos vemos y te invito a algo, que ya cumplí los 40, y hablamos algo de eso de la materia. Aunque tal vez ya seas sólo un ente; (más parece que te haya abducido la empresa privada), ejem.
Pedro Martín