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Miércoles, 9 de Abril de 2008

Zamenhof: del sionismo al esperanto

Primera parte del capítulo dedicado a Zamenhof y el esperanto en “De las naciones a las redes”

En 1882, con tan sólo 23 años, un joven judío polaco, Ludwik Zamenhof, retomará algunas ideas de Noah para hacer su propio análisis de la cuestión judía. Estamos a dos años del affaire Dreyfus. El antisemitismo es percibido como un resto del pasado que el viento del progreso levantará por si mismo.

La secularización judía (con su sombra de asimilacionismo) avanza aparentemente imparable. La gran mayoría de judíos centroeuropeos se consideran parte del nuevo y vigoroso mapa nacional del continente. Prusia se convertirá en la Alemania unificada en 1894 y el sionismo es todavía un movimiento romántico.

En este contexto, el joven Zamenhof habla de la desunión de una comunidad que empieza a tener problemas para definirse, pues ya no es una comunidad religiosa, pero todavía no es una comunidad cultural. Imaginar al pueblo judío en ese momento de transición es todavía difícil.

En 1881 Eliezer Ben-Yehuda se ha establecido en Palestina y comenzado el proceso de creación (y enseñanza a su primer hijo) del hebreo moderno. Zamenhof no apuesta por el reciclaje de la vieja lengua sagrada. Los pueblos, asegura, no necesitan hablar la lengua de sus antepasados sino tener un espacio geográfico propio. Y puestos a elegir, Palestina tampoco es el mejor destino posible. De lejos, la mejor solución, opina, es emigrar a EEUU, formar una comunidad judía y dotarse de la perspectiva de un estado, al modo de Utah.

Hacen falta pioneros, sí. Pero no en Oriente, sino para abrir camino en América. Una idea que desestimará ese mismo año. Si el objetivo central es un único espacio para construir una nación desde la territorialidad, múltiples propuestas migratorias supondrían un flaquísimo favor.

Pero el año que dará forma al judaismo contemporáneo será 1894. Es el comienzo del Affaire Dreyfus en Francia. Lo judío se comenzará a definir en términos no ya religiosos, sino negativos: judío es aquel perseguido -o perseguible- por ser judío. El escándalo es cubierto por un joven periodista austriaco: Theodor Herzl. Conmovido por la oscuridad y potencia del antisemitismo en el ilustrada y progresista París de la época, concluye la imposibilidad de la integración total. El sueño del progreso se le cae. En 1896 publicará su respuesta: El estado judío, acta de nacimiento del sionismo territorialista y nacionalista contemporáneo.

Muchos más apoyos tendrá en 1897 el Bund, la Unión, el primer partido obrero judío. Fundado en Vilna bajo el modelo de la socialdemocracia -que cada vez era más nacionalista- se extenderá a través de los núcleos obreros de Rusia, Lituania y Polonia.

Desde 1993, el Bund asume la teoría de la autonomía cultural, un proyecto de autonomía administrativa básicamente centrado en la Galitzia y fundamentado en el yidish como lengua definitoria de la identidad nacional judía.

Llegará a ser un verdadero partido de masas, mayoritario entre los judíos centroeuropeos hasta la Segunda Guerra mundial. Su enfrentamiento con Rosa Luxemburg (judía ella misma, fundadora del Partido Socialdemocráta de Polonia y Lituania y luego líder del ala izquierda la socialdemocracia alemana) y Trotsky escenificará el choque entre un nacionalismo creciente reactivo identitariamente frente a la discriminación -pero necesariamente integracionista- y la última opción asimilacionista, firme creyente en la superación de las identidades nacionales y religiosas: el comunismo marxista, heredero de la esperanzas de progreso de la revolución burguesa.

En 1901, en un contexto político de mayoría bundista, Zamenhof renuncia públicamente a la vuelta a Palestina a la vez que pone en cuestión la existencia misma del pueblo judío. Lo que existe -asegura- es gente de la misma religión. No por el hecho de ser cristianos católicos, italianos y franceses son el mismo pueblo. El sustrato religioso no es suficiente para construir una identidad nacional.

Zamenhof, propone como alternativa una reforma religiosa. La idea es que un pequeño grupo inicial, adopte esta reforma, y demuestre a los demás la superioridad de las nuevas ideas. El cree que, sin duda, poco a poco, más y más judíos se unirán a la reforma y al final, todos los judíos profesaran esta nueva versión de su religión que finalmente resolverá la cuestión judía.

Es decir, Zamenhof intenta una síntesis de las principales tendencias identitarias del judaismo centroeuropeo: el bundismo socialdemócrata, integracionista y nacionalista, el hertzelianismo laico que propugna la colonización de Tierra Santa y el sionionismo religioso de Agudat Israel que proponía basar la identidad judía en el cuerpo legislativo bíblico.

Su reforma, el hilelismo, sigue la tradición del culto a la razón de Robespierre o de la Religión de la Humanidad de los saintsimonistas y Comte. Renunciando a la verdad revelada, propone utilizar los textos sagrados solamente como fuente de inspiración, equipara la voz de Dios a la voz de la conciencia -idea heredada de la tradición jasídica que rodeaba a su familia- y toma como centro de su moral la máxima talmúdica no harás a los demás lo que no quieres que los demás te hagan.

En una primera fase, este movimiento, piensa Zamenhof, serviría para solucionar los problemas del pueblo judío. Pero, a la larga, como este nuevo pueblo estará construido sobre unas bases neutrales, una religión humana y neutral, una lengua neutral, etc. poco a poco podrá ir abriendose para aceptar personas de cualquier orígen. Pero no nos equivoquemos, esa idea del pueblo que elige, se separa y da ejemplo para acabar reconciliando en su seno a toda la Humanidad está en la misma identidad judía veterotestamentaria. Zamenhof tan sólo le da una forma racionalista-moderna.

De hecho, el hilenismo sigue siendo un sionismo. Rechaza el sionismo hertzeliano que según él hace creer a los judíos que sólo en Palestina serán felices. Proclama que los hilelistas siempre amarán Palestina, pero negarán que la solución al problema judío pase por ella. En su lugar -las reminiscencias tanto de Ararat como de Israel Zangwill1 son aquí claras- un futuro congreso hilenista buscará un lugar de asentamiento donde puedan desarrollar su propia cultura nacional.

Pero toda cultura nacional requiere una lengua nacional. De nuevo en abierta oposición al sionismo de inspiración herzeliana Zamenhof dice sin recato que cuando un judío dice que su lengua es el hebreo, miente porque no lo sabe.

Así que más alla de reformar la religión y encontrar una tierra de asentamiento, da al hilenismo el objetivo de crear para los judíos una lengua propia, no basada en simplificar el hebreo sino en el conjunto de lenguas que ya hablan realmente. Una lengua neutral que recibirá, por cierto, el mismo nombre que el himno de Israel: esperanza, tikvah, esperanto.


Notas:
1. En 1905 Israel Zangwill fundaría la Organización Territorialista Judía. Durante años y hasta unirse al herzlianismo, buscó comprar tierras para formar un pequeño estado judío en sitios tan lejanos de la mítica Judea como Canada, Australia, Irak, Uganda o Libia. Lo importante era segregarse, lograr un espacio para vivir en comunidad de modo voluntario según bases pactadas libremente, según una identidad “elegida” y de la que poder marchar en un momento dado. La frontera como garantía de diferencia frente a la voracidad homogeneizadora de los estados del viejo mundo. Acabado el territorio “virgen” en América, acabada la época de las grandes exploraciones, la cuestión seguiría sobre la mesa.


Nota general: Este artículo está escrito a partir de la documentación recopilada por Pere Quintana y su trabajo a partir de Mi estas homo - Originalaj verkoj de L.L. Zamenhof

Guardado por David de Ugarte en su moleskine
a las 9:58 am

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