En la lucha contra la discriminación deberíamos dejar de preguntarnos porqués y empezar a preguntarnos cuándo
En un artículo que acaba de publicarse en The New Scientist descubrimos que en EEUU, en el ramo profesional que en el mundo hispanoparlante llamaríamos Ciencias de la Salud, existen diferencias salariales entre sexos. Lo cual, evidentemente, no deja de preocupar a la autora, Anne Fleckenstein, una postdoc de la Association for Women in Science, que tras comparar los salarios medios en el sector de las mujeres de distintos grupos raciales ($65.000) con las de hispanos de ambos sexos ($72.000), afroamericanos de ambos sexos ($65.000) y los varones blancos ($80.000) se pregunta por qué las mujeres.
La verdad,es que los colectivos señalados no son comparables así en bruto y me parece que establecer la serie de ese modo se debe a las perspectivas ideológicas de la autora. La comparación debería establecerse entre grupos homogéneos de igual formación o puesto de trabajo para poder cuantificar la discriminación en la selección y en la remuneración respectivamente. La autora no parece disponer de datos realmente comparables más que en un caso: profesoras de instituciones académicas. En éste caso la diferencia salarial alcanza los $3000 anuales. Es decir, existe y es relevante. Otro estudio aportado por la autora señala además que las mujeres trabajan más horas, así que el salario real por hora, que es la medida que solemos utilizar los economistas, tendría un gap aún mayor con la remuneración de sus colegas masculinos.
Pero aunque el artículo es bien pobre y limitado (el New Scientist ya no es lo que era), son muchos los estudios que cuantifican con solvencia la discriminación en distintos ámbitos y países.
Fleckenstein aduce que las “excusas habituales” de los economistas, “no pueden explicar el sostenido gap salarial entre mujeres, minorías y varones blancos“.
Explicar, como ella lo usa, significa aportar causas. Y las causas son, en la lógica de los modelos económicos, racionales dentro de los términos en los que está definida la razón económica. Así que la idea de encontrar causas racionales a la discriminación es en si perversa, por eso los economistas han tratado de explicar los mecanismos y consecuencias de las conductas discriminatorias y no sus causas. Desde el punto de vista de los modelos económicos el sexismo o el racismo son preferencias de un grupo, es decir, no pueden ser racionales. Si fueran racionales, es decir, si un grupo tuviera un salario menor por tener una productividad menor, esto no sería discriminatorio.
Pero lo que nos dicen los estudios empíricos es que las mujeres, aún descontando las diferencias de productividad, tienen remuneraciones menores para el mismo trabajo. Podemos constatar pues que existe discriminación salarial contra las mujeres.
Y es cierto que estudio de los mecanismos y resultados de la discriminación muchas veces ha resultado frustrante. Estoy pensando en Economics of Discrimination del premio Nobel Gary Becker. Su sorprendente resultado viene a decir que los discriminadores son perjudicados por sus preferencias exclusivistas, con lo cual, si uno lo piensa, resulta bastante tranquilizador… aunque sea probablemente falso. Un estudio matemático del modelo permite desmontar la conclusión, probando que eso es sólo así dentro de un rango determinado de presupuestos del que Becker parte arbitrariamente.
Pero también otras veces nos ha enseñado cómo utilizar compensatoriamente mecanismos discriminatorios. Herramientas no faltan a todos los niveles.
Verán, hay un viejo cuento que explica muy bien en qué consiste el antisemitismo, uno de los comportamientos discriminatorios más insidiosos de la Historia:
Llega un tipo corriendo a una tienda y dice:
-¡¡¡Han llegado soldados y están metiendo en camiones a todos los judíos y todos los dentistas!!!
Responde el tendero:
-¿Y a los dentistas por qué?
Y lo que leyendo a Fleckenstein me viene a la cabeza es: ¿Por qué no dejamos de preguntarnos de una vez por qué y empezamos a preguntarnos cuándo, cuándo acabaremos de una vez con ésto? Las herramientas están, la voluntad política dice estar. Pero lo que es seguro es que no existirá libertad digna de ése nombre sin igualdad efectiva para las mujeres.






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Estoy buscando trabajo y muchas de las ofertas para puestos administrativos especifican que quieren mujeres.Es decir, se margina a los hombres.
Porque “somos más baratas”
Precisamente por eso Juan, porque los empresarios saben que las mujeres tienen un coste salarial en relación a su productividad menor que el de los varones. Es decir, precisamente porque existe discriminación salarial, es más atractivo y “racional” unirse al carro de los discriminadores.
Triste, verdad?