Dios
De Contextos
La mayor parte de los sistemas en los que se desarrolla la actividad humana, ya sean sociales o naturales son sistemas complejos en los que el resultado agregado es muy difícilmente predecible ex-ante. Los humanos en su interacción con el entorno han tratado de conocer cómo y por qué se ordenaban este tipo de sistemas. Asombrados muchas veces por el hecho de que alcanzaran estados de equilibrio, presentaran ciclos temporales periódicos o se ordenaran siguiendo ciertos principios matemáticos, han recurrido reiteradamente a la idea de la existencia de una voluntad autoconsciente y separada del propio proceso como origen de esos órdenes emergentes a la que han llamado Dios.
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Ateismo y agnosticismo
Desde el dios Enki entre los sumerios hasta la Teoría del Campo Unificado, pasando por las teorías de los sentimientos morales y de la mano invisible de Adam Smith inspiradas a su vez por la teoría de la gravitación universal de Isaac Newton, esa voluntad se ha asociado o identificado con una serie de principios o leyes que regirían la totalidad de lo existente.
Las teorías que identificaban tales leyes con la divinidad o las reducían a propiedades de lo existente son las teorías conocidas como ateistas o agnosticistas, según negaran la existencia de una voluntad externa generadora de tales principios o simplemente la declarasen irrelevante a efectos prácticos.
Politeismo vs monoteismo
A pesar de su origen etimológico (poli=muchos, mono=uno, theos=dios) la dicotomía monoteismo/politeismo afecta tanto a los deistas como a los que no lo son, ya que la cuestión se resume en la existencia o no de un único conjunto de principios original y rector de lo existente, tanto en el orden natural como en el social.
Podemos leer hoy en esta clave cosas como el intento de reducción de la Matemática a lógica por Bertrand Russel en los Principia Mathematica, la Teoría del campo unificado o a otro nivel el principio de equivalencia computacional de Stephen Wolfram.
Consecuencias sociales y políticas
La discusión teológica y epistemológica nunca ha sido inocente. Mientras el principio politeista acepta de entrada la existencia de varios principios rectores y por tanto de realidades y verdades diferentes, incluyendo la diversidad, el monoteismo pondrá el acento en la unidad de lo real.
Dado que los humanos se empeñan en entender el orden social como una proyección de principios naturales, el juego de metáforas y planteamientos normativos que comienzan a partir de añadir el término social a los asertos anteriores, se torna especialmente escabroso. Cualquier sistema que ponga el acento en la unidad de la realidad social, tendrá una fuerte tensión homogeneizadora. Por eso y no en vano el monoteismo se ligó históricamente al desarrollo de sistemas estatales centralizadores definidos identitariamente: desde el judaismo del Templo al culto republicano jacobino pasando por la asunción del cristianismo por el Imperio Romano o del judaismo por los Khazaros.
Resumido de una forma tal vez demasiado simplista podríamos decir que en general los monoteistas -aunque sean ateos- tenderán a defender que dado que sólo hay un principio rector natural en todos los órdenes, sólo hay una forma o un conjunto de formas correctas de hacer las cosas, permitiendo un rango de identidades y formas de actuar relativamente pequeño. Lo que quede fuera de esas normas será condenado como antinatural o monstruoso (freaky en inglés). De ese modo el monoteismo al apostar por la homogeneidad frente a la diversidad no sólo se enfrentará a la mera existencia de esta y a quienes la representen, sino que generará una merma de las posibilidades adaptativas del conjunto social ante el cambio.

Salvo indicación o advertencia en contrario, el autor de todas las entradas es David de Ugarte, quien las escribe y hace