Unas cuantas razones más por las que la UE se me hace cada día más infumable.
Que con la entrada en la Unión Europea, los mediterráneos estamos jugando el partido de vuelta de Trento y que los valores protestantes nos están goleando es algo obvio.
No estoy hablando ya de la virtual desaparición en las instituciones europeas y en los debates del nuevo siglo de nuestros idiomas como lengua de cultura, negocio y ciencia, como lenguas relevantes. No. Me refiero al cambio de valores, a la erosión de lo que hasta ahora eran valores comunes y la progresiva imposición en su lugar de valores protestantes anclados en concepciones religiosas luteranas y calvinistas. El que esos valores tienen consecuencias de futuro en todos los campos es obvio, que la batalla se da en casa también. ¿Ejemplos? Copyright y patentes, miren a Europa y miren de donde viene nuestra tradición jurídica, de la suidad de nuestros escolásticos. Y no olviden nunca el vergonzoso papelón de nuestros representantes parlamentarios hace tan sólo unas semanas.
¿Otros ejemplos? ¿De dónde creen que viene la cruzada por convertir el morir intacto en un objetivo social y sanitario? ¿De dónde creen que viene la ley del tabaco? Para los protestantes una de las banderas contra Trento fue reivindicar una y otra vez que en la Segunda Venida de Jesús seríamos resucitados en cuerpo y alma, con el cuerpo tal cual esté cuando muramos. Este hincapié no es inocente: convertía el cuerpo en un bien público, propiedad a las finales del estado. Que nos lo han colado es obvio. Recuerden como se reaccionaba hace 10 o 15 años cuando veíamos que en EEUU o Alemania los fumadores tenían que bajar a helarse al portal o que en los bares te prohibían fumar.
Ahora, reaccionamos con el mismo excepticismo cuando vemos cómo en Gran Bretaña se lleva la gente a los juzgados por equivocarse de papelera. Yo he vivido ya eso. No sabes lo que es un sistema policial hasta que no vives en Suiza o Alemania y te encuentras a las 3 de la mañana a los vecinos hurgando en tu cubo de basura… vaya a ser que hubieras tirado en la bolsa que no tocaba la tapa del yogur y, pobrecitos, se vieran obligados a denunciarte a la policía medioambiental… que, en el caso suizo, podía expulsarte directamente del país, por cierto.
Mi apuesta: aquí será igual dentro de 10 años. España lleva ya 20 años en la UE. En vez de asumir que era un campo de batalla donde defender nuestros valores y nuestro way of life, los tipos que enviamos allá (a alto coste), van tan acomplejaditos culturalmente que no pueden ni reconocer la inferioridad que sienten cuando su idioma (ése, ése, el de los pobres y los inmigrantes ilegales de EEUU) no vale para nada en el debate político y poco a poco nos van mandando con trasposición obligatoria, el nuevo catecismo de valores protestantes y sus correspondientes intereses monopolistas.
Si Iñigo Sebastián de Erice confiesa que no sabe cómo cerrarán el año los mercados, yo tampoco me voy a hacer el listo. Pero, una cosa tengo clara: en Europa tal cual es hoy, no creo. Me voy antes que dejarme evangelizar, porque como decía el gaditano al hare krishna: “si no creo en mi religión que es la verdadera, voy a creer en la tuya que es falsa“
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[...] Todo comienza cuando Burger King saca el whopper XXL doble, un bichajo de más de 900 calorías. Sanidad, ese ministerio puntero en la importación de valores e intolerancia protestantes, tan preocupada de que nos conservemos en perfecto estado y con tipazo hasta la muerte, pide la retirada del producto y la campaña. [...]
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[...] simple vista no parece ninguna ventaja… pero tampoco hay que olvidar que al fin el protestantismo articula la comunidad en torno a prohibiciones, mientras que la tradición jurídico-teológica del Sur (católica o sunní) lo hace en torno a las [...]






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Es curioso que tambien ha sido un tema literario reciente: “el hereje”, de Miguel Delibes, “Q” del grupo Luther Blisset, y hasta una pelicula sobre Lutero que estrenaron hace poco.
Mi heroe anticalvinista es, por supuesto, Servet. La imagen legendaria cuenta que tras intentar huir de los calvinistas de Ginebra y equivocarse de camino varias veces acaba justo delante de la puerta de la iglesia donde predica Calvino y alli mismo entra para a voz en grito… negar la doctrina de la predestinacion.