Un poquito más de contexto histórico reciente sobre la identidad nacional en España. Paso previo a la crítica del concepto de Cultura Libre tal y como se consolida y entiende en el discurso de los últimos años…
España vive su modernización definitiva, en el sentido clásico del término (creación de un imaginario nacional, consolidación de un mercado interno único con sus infraestructuras, etc.) bajo la dictadura franquista. El discurso nacionalista régimen se tornará cada vez más asfixiante conforme los diferenciales de desarrollo vayan evidenciando la anomalía que suponían en Europa las dictaduras de los países del Sur (Portugal, España y con una trayectoria distinta Grecia). La referencia de la prosperidad y libertad en la entonces Comunidad Europea y el caracter excluyente del españolismo franquista irán minando desde los 60 la asunción del relato nacional de España lanzado desde el estado autoritario.
Es llamativo ver hoy en los archivos como las fuerzas políticas y sociales de oposición anteriores a la guerra civil (PSOE, PCE, CNT,UGT…) abandonan en esa época los implícitos nacionalistas del discurso con el que se dirigen a la ciudadanía. Palabras como patria, patriota o nacional, harto comunes hasta los 50 incluso entre los anarquistas, desaparecen del lenguaje político de la oposición. Más alla de los nuevos nacionalismos emergentes en Cataluña, Galicia y País Vasco, tan sólo algunos grupos de la extrema izquierda (PCEml-FRAP, GRAPO, etc.) mantendrán en los 70, más por influencia maoista que por otra cosa, este léxico.
Al fin del franquismo, una proporción creciente de la sociedad española entiende que la crisis del sistema político autoritario lo es también del discurso nacionalista que lo sustenta y sus mitos. El fracaso del autoritarismo lo será también del caracter nacional del estado. La segunda modernización española (1978-1992) se hará desde relatos que definiran la realidad política y social a construir como producto de un entorno global. La excepción nacional, tan frecuente en el nacionalismo de los estados, era un argumento feo en España, porque la excepción Española respecto al entorno europeo había sido la autarquía, el aislamiento y todas las miserias propias de un régimen nacionalista autoritario y confesional.
Los 90 y la globalización
Los gobiernos de Felipe González tuvieron que enfrentar la reconversión de la industria y los servicios españoles en el contexto de la integración de España en la Comunidad Europea (1985). Son años en los que popularmente se entienden los sacrificios de la reconversión como el precio a pagar por una convergencia que no dejaba de estar lastrada por 40 años de franquismo.
Paralelamente los cambios socioculturales son vertiginosos. Se pasa en diez años de emancipar legalmente a la mujer (1978) a ser uno de los países de Europa con mayores libertades sociales. De ser un país confesional a ser el primer país mediterráneo en tener una ley de aborto. Renunciar a las viejas identidades del régimen abre mundos, hace la vida más disfrutable. A pesar de los costes y sacrificios de la reconversión, los 80 son años llenos de vida, los años de la eclosión cultural de la movida. El abandono de la búsqueda de una identidad nacional española paga. Y paga en libertades tangibles.
Pero a principios de los 90, con la economía española muy internacionalizada, España empieza a sufrir un nuevo tipo de embites característicos de lo que empieza a conocerse como globalización. Hay un importante cambio cultural que concurre a la caída del Presidente González: la crisis del 92 ya no es una crisis de adaptación al proyecto modernizador europeo. Cuesta entenderlo hoy, pero aquella crisis dió mucho miedo porque en cierta manera ponía en cuestión algunos mitos implícitos en la Transición y la propia utilidad de la indefinición nacionalista del estado español.
Surgen nuevas demandas identitarias: las series españolas, por primera vez en la democracia vuelven a ocupar el Prime Time. Farmacia de Guardia se come a Canción triste de Hill Street. Lo de fuera, lo abierto e internacional empieza a sentirse peligroso más que fuente de prosperidad y libertad. En 1996 el gobierno de Felipe González cae, rodeado de escándalos de corrupción. La alegría de la década prodigiosa se reevalúa negativamente en un sector amplio de la sociedad. Con José María Aznar de presidente, España aparecerá por primera vez en las cumbres europeas no con el discuros de hacer Europa sino con el thatcheriano de ir a defender lo suyo. El cambio cultural de los 90 incide en la identidad pública. El nacionalismo español va saliendo progresivamente del armario hasta manifestarse abiertamente en la segunda legislatura de Aznar.
Visto hoy con cierta perspectiva, aunque seguramente sea demasiado pronto, creo que Aznar sobreevaluó en temas clave de su mandato (como la guerra de Iraq) el peso del argumentario nacionalista cuya vuelta -muy moderada ya respecto al franquismo- representaba. Pero seguramente hace falta más perspectiva.
(Continuará… tengo que salir de reuniones)





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… y en todo ese proceso hay que incluir el retorno del integrismo religioso como fuerza política en España, que prácticamente había desaparecido durante los años de la transición, y que toma cuerpo bajo el paraguas de la “segunda transición” de Aznar. El modelo neocom que se recoge en tantas serias americanas de “los 60 fueron un desastre” aquí se reproduce en “los 80 fueron un desastre”, demasiada órgia y deséfreno…había que volver a los cauces tradicionales, lo que pasa que los “cauces tradicionales” en España están, por fortuna (y no sé si para siempre) poco transitables.
David no sé si te está quedando un tono demasiado complaciente con el PSOE y El Pais… Por lo demás sigo la serie con mucho interés