« Un mundo sin copyright: el cine « Portada » De Madrid 11M a Londres 7J »
Lunes, 1 de Agosto de 2005Un mundo sin copyright: el libroVersiones Latoc
A simple vista la situación del mercado del libro y el de la música son idénticas. Pero no es así. Cuando en 2002 empezamos a estudiar el libro electrónico, constatamos dos diferencias:
Trazar un cuadro de cómo serían las editoriales de futuro, o mejor dicho, de cómo deberían a empezar a ser las del presente es relatívamente sencillo: un gran repositorio online de obras en formato electrónico para descargar, una pequeña máquina de marketing y una buena red de distribución en papel.
Pero además, en un mundo sin copyright, las editoriales deberían competir aún más por los autores y sus servicios que ahora. En primer lugar por tener la primicia, salir primero con el libro y ganar más mercado. En segundo lugar, si otras editoriales reeditan después la misma obra, el autor previsiblemente venderá a una u otra autenticidad, un sello de autor que posicione como preferible frente al lector, la copia de unas editoriales frente a otras. Es decir, como pasa ya en Alemania por ejemplo, los autores percibirán el grueso de sus ingresos directos de participar en la promoción de las ediciones. Las obras derivadas: de los juglares a Borges pasando por el Quijote de Avellaneda
Como hemos visto, esta posibilidad, diferenciar el producto original de un fan pic (tan comunes en manga o ciencia ficción), será probablemente una de las principales fuentes de ingresos de los autores, presionando a las editoriales a remunerar directamente a los autores (cosa que rara vez hacen ahora). Por otro lado, estas obras, que toman obras derivadas (como si las otras no lo fueran), son la base de la evolución cultural. Es lógico que al aumentar el número de contactos sociales, al tender la gran red social cada vez más a tomar la forma de una red distribuida, aumenten en número e influencia. Como escribía William Gibson en Pattern Recognition (2003): Es como si el proceso creativo ya no estuviera contenido en el interior de un cráneo individual, si es que alguna vez lo estuvo. Hoy en día todo es reflejo de otra cosa Porque una de las consencuencias de la cultura de la mal llamada propiedad intelectual es el espejismo individualización de la creación cuando si cada vez podemos tomar parte con mayor facilidad en el proceso creativo es precisamente porque este es menos individual que nunca, porque la tecnología nos da un mayor acceso a fuentes y fuentes más diversas. Y es que el discurso que da pie a la -falsa- metáfora de la propiedad intelectual, conecta con topicos no cuestionados en nuestra cabeza porque se basa en un viejo mito renacentista: la creación. Uno de los primeros mitos individualistas, nacido en el Renacimiento y originalmente ligado a las artes plásticas. Como escribíamos en un librito de 1997:
Aquí nació la idea del creador individual, como pequeño y autoproclamado dios, su obra, su creación, comenzaba y terminaba en si mismo. Sin embargo, no se acaba con algo tan acendrado de un golpe. La epopeya de Gilgamesh, la Iliada, la Odisea, los romances del mester de juglaría o las Mil y una noches es decir, todo el basamento cultural occidental, estaba formado por obras derivadas, nacidas de un verdadero proceso de creación colectiva. Los dos principales literatos renacentistas europeos, Cervantes y Shakespeare, no rompen de hecho esta tradición. Shakespeare, como Lope de Vega o Tirso de Molina, toman, parchean, modifican, obras preexistentes hasta convertirlas en las obras maestras que hoy se les asocian. Lope, es de hecho, autor al modo de Rembrandt o los grandes pintores flamencos, director de un taller de creación que sólo introduce directamente su pluma en partes concretas de las obras. Pero en la paranoia generada por la individualización, los expertos siguen a día de hoy discutiendo qué parrafos de cada obra son atribuibles diréctamente a Shakespeare y cuales son anteriores o nacieron de la pluma de Marlowe o de actores de su propia compañía.
Y si pensamos en los grandes mítos literarios del siglo XX en nuestro entorno cultural, sean Lampedusa, Macondo, Bearn o Sinera, veremos que son también, hasta cierto punto, una creación colectiva. Tan colectiva que cuando Borges quiere crear el más personal de los mundos no puede sino impostar su amplitud, citando autores imaginarios, poniendo en cuestión los orígenes mismos, la presunta individualidad de su propia obra. Por la devolución de la culturaY es que la literatura siempre fue libre en el sentido de las cuatro libertades del software libre. El mismo sentido en el que como argumentan Pere Quintana y Benjamin Mako Hill debería restringirse el significado de Cultura Libre, pues lo que llamamos el acerbo cultural occidental existe porque los autores han tenido, respecto a ese mismo acerbo y hasta hace un siglo:
El derecho de autor y las entidades de gestión colectiva se instituyeron entre nosotros hace un siglo. Se trató de la imposición legal de un monopolio con el objeto de asegurar incentivos a la creación artística. Nada quedaba ya fuera de la mal llamada propiedad intelectual. La ley elevó no el derecho, sino el privilegio de una parte, a obligación de la totalidad, a derecho natural del creador. Es decir, se hizo totalitario. El coste hoy, cuando ya no es necesaria para asegurar tales incentivos porque la tecnología ha cambiado, es brutal. Pretender hoy volver a la situación anterior, restaurar la libertad de todos y cada uno para crear cómo y a partir de lo que se quiera, con lo que supondría con los nuevos medios, es todo menos una imposición. Ni siquiera es, propiamente, una liberación. Es una devolución. El sujeto no es la cultura, el sujeto somos todos. Y ya es hora de que nos devuelvan las cuatro libertades que nos niega el monopolio legal y que necesitamos para poder dejar de estar divididos en categorías industriales (autor /consumidor /industria) y dejar que la creatividad explote cuando las obras culturales estén, real y totalmente, a disposición de todos. Así, de paso, la cultura dejará de ser algo a lo que supuestamente pertenecemos y pasará a ser algo que, colectivamente, nos pertenezca. Un verdadero procomún. Un mundo sin copyright: el libro
A simples vista a situação do mercado do livro e o da música são idênticas. Mas não é assim. Quando em 2002 começamos a estudar o livro electrónico, constatamos duas diferenças:
Traçar um quadro de como seriam as editoriais de futuro, ou melhor dito, de como deveriam a começar a ser as do presente é relatívamente singelo: um grande repositorio online de obras em formato electrónico para descargar, uma pequena máquina de marketing e uma boa rede de distribuição em papel.
Mas ademais, num mundo sem copyright, as editoriais deveriam competir ainda mais pelos autores e seus serviços que agora. Em primeiro lugar por ter a primicia, sair primeiro com o livro e ganhar mais mercado. Em segundo lugar, se outras editoriais reeditam depois a mesma obra, o autor previsivelmente venderá a uma ou outra autenticidad, um selo de autor que posicione como preferível em frente ao leitor, a cópia de umas editoriais em frente a outras. Isto é, como passa já em Alemanha por exemplo, os autores perceberão o grueso de seus rendimentos directos de participar na promoção das edições. As obras derivadas: dos juglares a Borges passando pelo Quijote de Avellaneda
Como vimos, esta possibilidade, diferenciar o produto original de um fã pic (tão comuns em manga ou ciência ficção), será provavelmente uma das principais fontes de rendimentos dos autores, pressionando às editoriais a remunerar directamente aos autores (coisa que rara vez fazem agora). Por outro lado, estas obras, que tomam obras derivadas (como se as outras não o fossem), são a base da evolução cultural. É lógico que ao aumentar o número de contactos sociais, ao tender a grande rede social a cada vez mais a tomar a forma de uma rede distribuída, aumentem em número e influência. Como escrevia William Gibson em Pattern Recognition (2003): É como se o processo criativo já não estivesse contido no interior de um cráneo individual, se é que alguma vez o esteve. Hoje em dia tudo é reflito de outra coisa Porque uma das consencuencias da cultura da mau chamada propriedade intelectual é o espejismo individualización da criação quando se a cada vez podemos tomar parte com maior facilidade no processo criativo é precisamente porque este é menos individual que nunca, porque a tecnologia nos dá um maior acesso a fontes e fontes mais diversas. E é que o discurso que dá pé à -falsa- metáfora da propriedade intelectual, conecta com topicos não questionados em nossa cabeça porque se baseia num velho mito renacentista: a criação. Um dos primeiros mitos individualistas, nascido no Renacimiento e originalmente unido às artes plásticas. Como escrevíamos num librito de 1997:
Aqui nasceu a ideia do criador individual, como pequeno e autoproclamado deus, sua obra, sua criação, começava e terminava em se mesmo. No entanto, não se acaba com algo tão acendrado de uma vez. A epopeya de Gilgamesh, a Iliada, a Odisea, os romances do mester de juglaría ou as Mil e uma noites isto é, todo o basamento cultural ocidental, estava formado por obras derivadas, nascidas de um verdadeiro processo de criação colectiva. Os dois principais literatos renacentistas europeus, Cervantes e Shakespeare, não rompem de facto esta tradição. Shakespeare, como Lope de Vega ou Tirso de Molina, tomam, parchean, modificam, obras preexistentes até as converter nas obras mestres que hoje se lhes associam. Lope, é de facto, autor ao modo de Rembrandt ou os grandes pintores flamencos, director de uma oficina de criação que só introduz directamente sua pluma em partes concretas das obras. Mas na paranoia gerada pela individualización, os experientes seguem a dia de hoje discutindo que parrafos da cada faz são atribuibles diréctamente a Shakespeare e cuales são anteriores ou nasceram da pluma de Marlowe ou de actores de sua própria companhia.
E se pensamos nos grandes mítos literários do século XX em nosso meio cultural, sejam Lampedusa, Macondo, Bearn ou Sinera, veremos que são também, até verdadeiro ponto, uma criação colectiva. Tão colectiva que quando Borges quer criar o mais pessoal dos mundos não pode senão impostar sua amplitude, citando autores imaginarios, pondo em questão as origens mesmas, a suposta individualidad de sua própria obra. Pela devolução da culturaE é que a literatura sempre foi livre no sentido das quatro liberdades do software livre. O mesmo sentido no que como argumentam Pere Quintana e Benjamin Mako Hill deveria se restringir o significado de Cultura Livre, pois o que chamamos o acerbo cultural ocidental existe porque os autores tiveram, com respeito a esse mesmo acerbo e até faz num século:
O direito de autor e as entidades de gestão colectiva instituíram-se entre nós faz num século. Tratou-se da imposición legal de um monopólio com o objecto de assegurar incentivos à criação artística. Nada ficava já fora da mau chamada propriedade intelectual. A lei elevou não o direito, senão o privilégio de uma parte, a obrigação da totalidade, a direito natural do criador. Isto é, fez-se totalitario. O custo hoje, quando já não é necessária para assegurar tais incentivos porque a tecnologia mudou, é brutal. Pretender hoje voltar à situação anterior, restaurar a liberdade de todos e a cada um para criar como e a partir do que se queira, com o que suporia com os novos meios, é todo menos uma imposición. Nem sequer é, propriamente, uma libertação. É uma devolução. O sujeito não é a cultura, o sujeito somos todos. E já é hora de que nos devolvam as quatro liberdades que nos nega o monopólio legal e que precisamos para poder deixar de estar divididos em categorias industriais (autor /consumidor /indústria) e deixar que a criatividade exploda quando as obras culturais estejam, real e totalmente, a disposição de todos. Assim, de passagem, a cultura deixará de ser algo ao que supostamente pertencemos e passará a ser algo que, colectivamente, nos pertença. Um verdadeiro procomún. Um mundo sem copyright: o livro
A primeira ollada a situación do mercado do libro e o da música son idénticas. Pero non é así. Cando en 2002 empezamos a estudar o libro electrónico, constatamos dúas diferenzas:
Trazar un cadro de como serían as editoriais de futuro, ou mellor devandito, de como deberían a empezar a ser as do presente é relatívamente sinxelo: un gran repositorio online de obras en formato electrónico para descargar, unha pequena máquina de marketing e unha boa rede de distribución en papel.
Pero ademais, nun mundo sen copyright, as editoriais deberían competir aínda máis polos autores e os seus servizos que agora. En primeiro lugar por ter a primicia, saír primeiro co libro e gañar máis mercado. En segundo lugar, si outras editoriais reeditan despois a mesma obra, o autor previsiblemente venderá a unha ou outra autenticidad, un selo de autor que sitúe como preferible fronte ao lector, a copia dunhas editoriais fronte a outras. É dicir, como pasa xa en Alemania por exemplo, os autores percibirán o groso dos seus ingresos directos de participar na promoción das edicións. As obras derivadas: dos juglares a Borges pasando polo Quixote de Avellaneda
Como vimos, esta posibilidade, diferenciar o produto orixinal dun fan pic (tan comúns en manga ou ciencia ficción), será probablemente una das principais fontes de ingresos dos autores, presionando ás editoriais a remunerar directamente aos autores (cousa que de cando en cando fan agora). Doutra banda, estas obras, que toman obras derivadas (coma se as outras non o fosen), son a base da evolución cultural. É lóxico que ao aumentar o número de contactos sociais, ao tender a gran rede social cada vez máis a tomar a forma dunha rede distribuída, aumenten en número e influencia. Como escribía William Gibson en Pattern Recognition (2003): É coma se o proceso creativo xa non estivese contido no interior dun cráneo individual, si é que algunha vez estívoo. Hoxe en día todo é reflexo doutra cousa Porque unha das consencuencias da cultura da mal chamada propiedade intelectual é o espejismo individualización da creación cando si cada vez podemos tomar parte con maior facilidade no proceso creativo é precisamente porque este é menos individual que nunca, porque a tecnoloxía dános un maior acceso a fontes e fontes máis diversas. E é que o discurso que dá pé á -falsa- metáfora da propiedade intelectual, conecta con topicos non cuestionados na nosa cabeza porque se basea nun vello mito renacentista: a creación. Un dos primeiros mitos individualistas, nacido no Renacimiento e originalmente ligado ás artes plásticas. Como escribiamos nun librito de 1997:
Aquí naceu a idea do creador individual, como pequeno e autoproclamado deus, a súa obra, a súa creación, comezaba e terminaba en si mesmo. Con todo, non se acaba con algo tan acendrado dun golpe. A epopeya de Gilgamesh, a Iliada, a Odisea, os romances do mester de juglaría ou as Mil e unha noites é dicir, todo o basamento cultural occidental, estaba formado por obras derivadas, nacidas dun verdadeiro proceso de creación colectiva. Os dous principais literatos renacentistas europeos, Cervantes e Shakespeare, non rompen de feito esta tradición. Shakespeare, como Lope de Veiga ou Tirso de Molina, toman, parchean, modifican, obras preexistentes ata convertelas nas obras mestras que hoxe se lles asocian. Lope, é de feito, autor ao modo de Rembrandt ou os grandes pintores flamencos, director dun taller de creación que só introduce directamente a súa pluma en partes concretas das obras. Pero na paranoia xerada pola individualización, os expertos seguen a día de hoxe discutindo que parrafos de cada obra son atribuíbles diréctamente a Shakespeare e cales son anteriores ou naceron da pluma de Marlowe ou de actores da súa propia compañía.
E si pensamos nos grandes mítos literarios do século XX na nosa contorna cultural, sexan Lampedusa, Macondo, Bearn ou Sinera, veremos que son tamén, ata certo punto, unha creación colectiva. Tan colectiva que cando Borges quere crear o máis persoal dos mundos non pode senón impostar o seu amplitud, citando autores imaxinarios, poñendo en cuestión as orixes mesmos, a presunta individualidade da súa propia obra. Pola devolución da culturaE é que a literatura sempre foi libre no sentido das catro liberdades do software libre. O mesmo sentido no que como argumentan Pere Quintana e Benjamin Mako Hill debería restrinxirse o significado de Cultura Libre, pois o que chamamos o acerbo cultural occidental existe porque os autores han #ter, respecto de ese mesmo acerbo e ata fai un século:
O dereito de autor e as entidades de xestión colectiva se instituyeron entre nós fai un século. Tratouse da imposición legal dun monopolio co obxecto de asegurar incentivos á creación artística. Nada quedaba xa fóra da mal chamada propiedade intelectual. A lei elevou non o dereito, senón o privilexio dunha parte, a obrigación da totalidade, a dereito natural do creador. É dicir, fíxose totalitario. O custo hoxe, cando xa non é necesaria para asegurar tales incentivos porque a tecnoloxía cambiou, é brutal. Pretender hoxe volver á situación anterior, restaurar a liberdade de todos e cada un para crear como e a partir do que se queira, co que supoñería cos novos medios, é todo menos unha imposición. Nin sequera é, propiamente, unha liberación. É unha devolución. O suxeito non é a cultura, o suxeito somos todos. E xa é hora de que nos devolvan as catro liberdades que nos nega o monopolio legal e que necesitamos para poder deixar de estar divididos en categorías industriais (autor /consumidor /industria) e deixar que a creatividade explote cando as obras culturais estean, real e totalmente, a disposición de todos. Así, de paso, a cultura deixará de ser algo ao que supuestamente pertencemos e pasará a ser algo que, colectivamente, perténzanos. Un verdadeiro procomún. Un mundo sen copyright: o libro
A simple vista la situació del mercat del llibre i el de la música són idèntiques. Però no és així. Quan en 2002 comencem a estudiar el llibre electrònic, constatem dues diferències:
Traçar un quadre de com serien les editorials de futur, o millor dit, de com haurien de començar a ser les del present és relatívamente senzill: un gran repositorio online d'obres en format electrònic per a descarregar, una petita màquina de màrqueting i una bona xarxa de distribució en paper.
Però a més, en un món sense copyright, les editorials haurien de competir encara més pels autors i els seus serveis que ara. En primer lloc per tenir la primícia, sortir primer amb el llibre i guanyar més mercat. En segon lloc, si altres editorials reediten després la mateixa obra, l'autor previsiblement vendrà a una o una altra autenticitat, un segell d'autor que posicioni com preferible enfront del lector, la còpia d'unes editorials enfront d'unes altres. És a dir, com passa ja a Alemanya per exemple, els autors percebran el gruixut dels seus ingressos directes de participar en la promoció de les edicions. Les obres derivades: dels juglares a Borges passant pel Quixot de Avellaneda
Com hem vist, aquesta possibilitat, diferenciar el producte original d'un fan pic (tan comuns en màniga o ciència ficció), serà probablement una de les principals fonts d'ingressos dels autors, pressionant a les editorials a remunerar directament als autors (cosa que rara vegada fan ara). D'altra banda, aquestes obres, que prenen obres derivades (com si les altres no ho anessin), són la base de l'evolució cultural. És lògic que a l'augmentar el nombre de contactes socials, al tendir la gran xarxa social cada vegada més a prendre la forma d'una xarxa distribuïda, augmentin en nombre i influència. Com escrivia William Gibson en Pattern Recognition (2003): És com si el procés creatiu ja no estigués contingut en l'interior d'un cráneo individual, si és que alguna vegada ho va estar. Avui dia tot és reflex d'una altra cosa Perquè una de les consencuencias de la cultura de la mal cridada propietat intel·lectual és el miratge individualización de la creació quan si cada vegada podem prendre part amb major facilitat en el procés creatiu és precisament perquè aquest és menys individual que mai, perquè la tecnologia ens dóna un major accés a fonts i fonts més diverses. I és que el discurs que dóna peu a la -falsa- metàfora de la propietat intel·lectual, connecta amb topicos no qüestionats en el nostre cap perquè es basa en un vell mite renacentista: la creació. Un dels primers mites individualistes, nascut en el Renacimiento i originalmente lligat a les arts plàstiques. Com escrivíem en un librito de 1997:
Aquí va néixer la idea del creador individual, com petit i autoproclamado déu, la seva obra, la seva creació, començava i acabava en si mateix. No obstant això, no s'acaba amb alguna cosa tan acendrado d'un cop. La epopeya de Gilgamesh, la Iliada, l'Odissea , els romanços del mester de juglaría o les Mil i una nits és a dir, tot el basamento cultural occidental, estava format per obres derivades, nascudes d'un veritable procés de creació col·lectiva. Els dos principals literatos renacentistas europeus, Cervantes i Shakespeare, no trenquen de fet aquesta tradició. Shakespeare, com Lope de Vega o Tirso de Molina, prenen, parchean, modifiquen, obres preexistentes fins a convertir-les en les obres mestres que avui se'ls associen. Lope, és de fet, autor a la manera de Rembrandt o els grans pintors flamencs, director d'un taller de creació que només introdueix directament la seva ploma en parts concretes de les obres. Però en la paranoia generada per la individualización, els experts segueixen a dia d'avui discutint quin parrafos de cada obra són atribuibles diréctamente a Shakespeare i cuales són anteriors o van néixer de la ploma de Marlowe o d'actors de la seva pròpia companyia.
I si pensem en els grans mítos literaris del segle XX en el nostre entorn cultural, siguin Lampedusa, Macondo, Bearn o Sinera, veurem que són també, fins a cert punt, una creació col·lectiva. Tan col·lectiva que quan Borges vol crear el més personal dels mons no pot sinó impostar la seva amplitud, citant autors imaginaris, posant en qüestió els orígens mateixos, la presumpta individualitat de la seva pròpia obra. Per la devolució de la culturaI és que la literatura sempre va ser lliure en el sentit de les quatre llibertats del programari lliure. El mateix sentit en el qual com argumenten Pere Quintana i Benjamin Mako Hill hauria de restringir-se el significat de Cultura Lliure, doncs el que cridem el acerbo cultural occidental existeix perquè els autors han tingut, respecte a aquest mateix acerbo i fins a fa un segle:
El dret d'autor i les entitats de gestió col·lectiva es instituyeron entre nosaltres fa un segle. Es va tractar de la imposició legal d'un monopoli amb l'objecte d'assegurar incentius a la creació artística. Gens quedava ja fora de la mal cridada propietat intel·lectual. La llei va elevar no el dret, sinó el privilegi d'una part, a obligació de la totalitat, a dret natural del creador. És a dir, es va fer totalitari. El cost avui, quan ja no és necessària per a assegurar tals incentius perquè la tecnologia ha canviat, és brutal. Pretendre avui tornar a la situació anterior, restaurar la llibertat de tots i cadascun per a crear com i a partir del que es vulgui, amb el que suposaria amb els nous mitjans, és tot menys una imposició. Ni tan sols és, pròpiament, un alliberament. És una devolució. El subjecte no és la cultura, el subjecte som tots. I ja és hora que ens retornin les quatre llibertats que ens nega el monopoli legal i que necessitem per a poder deixar d'estar dividits en categories industrials (autor /consumidor /indústria) i deixar que la creativitat exploti quan les obres culturals estiguin, real i totalment, a la disposició de tots. Així, de pas, la cultura deixarà de ser alguna cosa al que suposadament pertanyem i passarà a ser alguna cosa que, colectivamente, ens pertanyi. Un veritable procomún. Un món sense copyright: el llibre
A simple vista la situación del mercado del libro y el de la música son idénticas. Pero no es así. Cuando en 2002 empezamos a estudiar el libro electrónico, constatamos dos diferencias:
Trazar un cuadro de cómo serían las editoriales de futuro, o mejor dicho, de cómo deberían a empezar a ser las del presente es relatívamente sencillo: un gran repositorio online de obras en formato electrónico para descargar, una pequeña máquina de marketing y una buena red de distribución en papel.
Pero además, en un mundo sin copyright, las editoriales deberían competir aún más por los autores y sus servicios que ahora. En primer lugar por tener la primicia, salir primero con el libro y ganar más mercado. En segundo lugar, si otras editoriales reeditan después la misma obra, el autor previsiblemente venderá a una u otra autenticidad, un sello de autor que posicione como preferible frente al lector, la copia de unas editoriales frente a otras. Es decir, como pasa ya en Alemania por ejemplo, los autores percibirán el grueso de sus ingresos directos de participar en la promoción de las ediciones. Las obras derivadas: de los juglares a Borges pasando por el Quijote de Avellaneda
Como hemos visto, esta posibilidad, diferenciar el producto original de un fan pic (tan comunes en manga o ciencia ficción), será probablemente una de las principales fuentes de ingresos de los autores, presionando a las editoriales a remunerar directamente a los autores (cosa que rara vez hacen ahora). Por otro lado, estas obras, que toman obras derivadas (como si las otras no lo fueran), son la base de la evolución cultural. Es lógico que al aumentar el número de contactos sociales, al tender la gran red social cada vez más a tomar la forma de una red distribuida, aumenten en número e influencia. Como escribía William Gibson en Pattern Recognition (2003): Es como si el proceso creativo ya no estuviera contenido en el interior de un cráneo individual, si es que alguna vez lo estuvo. Hoy en día todo es reflejo de otra cosa Porque una de las consencuencias de la cultura de la mal llamada propiedad intelectual es el espejismo individualización de la creación cuando si cada vez podemos tomar parte con mayor facilidad en el proceso creativo es precisamente porque este es menos individual que nunca, porque la tecnología nos da un mayor acceso a fuentes y fuentes más diversas. Y es que el discurso que da pie a la -falsa- metáfora de la propiedad intelectual, conecta con topicos no cuestionados en nuestra cabeza porque se basa en un viejo mito renacentista: la creación. Uno de los primeros mitos individualistas, nacido en el Renacimiento y originalmente ligado a las artes plásticas. Como escribíamos en un librito de 1997:
Aquí nació la idea del creador individual, como pequeño y autoproclamado dios, su obra, su creación, comenzaba y terminaba en si mismo. Sin embargo, no se acaba con algo tan acendrado de un golpe. La epopeya de Gilgamesh, la Iliada, la Odisea, los romances del mester de juglaría o las Mil y una noches es decir, todo el basamento cultural occidental, estaba formado por obras derivadas, nacidas de un verdadero proceso de creación colectiva. Los dos principales literatos renacentistas europeos, Cervantes y Shakespeare, no rompen de hecho esta tradición. Shakespeare, como Lope de Vega o Tirso de Molina, toman, parchean, modifican, obras preexistentes hasta convertirlas en las obras maestras que hoy se les asocian. Lope, es de hecho, autor al modo de Rembrandt o los grandes pintores flamencos, director de un taller de creación que sólo introduce directamente su pluma en partes concretas de las obras. Pero en la paranoia generada por la individualización, los expertos siguen a día de hoy discutiendo qué parrafos de cada obra son atribuibles diréctamente a Shakespeare y cuales son anteriores o nacieron de la pluma de Marlowe o de actores de su propia compañía.
Y si pensamos en los grandes mítos literarios del siglo XX en nuestro entorno cultural, sean Lampedusa, Macondo, Bearn o Sinera, veremos que son también, hasta cierto punto, una creación colectiva. Tan colectiva que cuando Borges quiere crear el más personal de los mundos no puede sino impostar su amplitud, citando autores imaginarios, poniendo en cuestión los orígenes mismos, la presunta individualidad de su propia obra. Por la devolución de la culturaY es que la literatura siempre fue libre en el sentido de las cuatro libertades del software libre. El mismo sentido en el que como argumentan Pere Quintana y Benjamin Mako Hill debería restringirse el significado de Cultura Libre, pues lo que llamamos el acerbo cultural occidental existe porque los autores han tenido, respecto a ese mismo acerbo y hasta hace un siglo:
El derecho de autor y las entidades de gestión colectiva se instituyeron entre nosotros hace un siglo. Se trató de la imposición legal de un monopolio con el objeto de asegurar incentivos a la creación artística. Nada quedaba ya fuera de la mal llamada propiedad intelectual. La ley elevó no el derecho, sino el privilegio de una parte, a obligación de la totalidad, a derecho natural del creador. Es decir, se hizo totalitario. El coste hoy, cuando ya no es necesaria para asegurar tales incentivos porque la tecnología ha cambiado, es brutal. Pretender hoy volver a la situación anterior, restaurar la libertad de todos y cada uno para crear cómo y a partir de lo que se quiera, con lo que supondría con los nuevos medios, es todo menos una imposición. Ni siquiera es, propiamente, una liberación. Es una devolución. El sujeto no es la cultura, el sujeto somos todos. Y ya es hora de que nos devuelvan las cuatro libertades que nos niega el monopolio legal y que necesitamos para poder dejar de estar divididos en categorías industriales (autor /consumidor /industria) y dejar que la creatividad explote cuando las obras culturales estén, real y totalmente, a disposición de todos. Así, de paso, la cultura dejará de ser algo a lo que supuestamente pertenecemos y pasará a ser algo que, colectivamente, nos pertenezca. Un verdadero procomún. Guardado por David de Ugarte en su moleskine a las 7:58 am
Si crees que puedes aportar algo interesante deja un comentario...Debes estar logueado con tu OpenID para postear. Tout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just « Un mundo sin copyright: el cine « Portada » De Madrid 11M a Londres 7J »
Salvo indicación o advertencia en contrario, el autor de todas las entradas de este blog hace devolución expresa de ellas al Dominio Público
|
|