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Jueves, 28 de Julio de 2005Un mundo sin copyright: el cineVersiones Latoc
Otro día tendremos que hablar de la semiótica de todas estas nuevas pelis de superhéroes. Para mi reflejan un cambio histórico tan profundo en la consideración de los enemigos del estado, como el que desde los 90 reflejó los nuevos miedos al sexo en la vuelta de los vampiros a las pantallas. Pero hoy, lo que quiero plantear es otra cosa. Cuando uno ve una de estas películas, como Los Increíbles o Sky Captain and the world of tomorrow, percibe inmediatamente que tras ellas hay innovación. Innovación de la que requiere grandes inversiones. Y la pregunta inmediata es ¿sería posible algo así en un mundo sin copyright?. ¿Cómo recuperarían su inversión los estudios si no existieran leyes que defendieran la mal llamada propiedad intelectual? Existen, al margen del conjunto de privilegios otorgados y garantizados por el estado (que es lo que erróneamente se llama propiedad intelectual), dos mecanismos tradicionales para defender la rentabilidad de una creación asegurando la exclusión de los competidores: el secreto y la diferenciación de experiencia de usuario.
En realidad, este método ya no sirve de mucho hoy. La tecnología ha evolucionado de modo que es relativamente sencillo saber qué componentes tiene un producto y como sintetizarlos. Pero este será uno de los temas principales de nuestra aproximación a cómo serían las farmaceúticas en un mundo sin patentes. En el mundo audiovisual equivaldría a lanzar DVDs incopiables. Algo que han intentado ya un millón de veces lógicamente, sin éxito. El otro camino es apostar por la diferenciación en la experiencia del usuario. Me explico: en los productos musicales, por ejemplo, existe una gama de experiencias ligadas a distintos formatos: MP3, CD y música en vivo. Creo que es cada vez más común pensar que el futuro el mundo de la música, como negocio, vivirá de los conciertos en directo, una experiencia no reproducible y mucho más rica que la que surge de escuchar la música en soporte físico o electrónico. En un futuro cada vez más presente, la música circulará libremente y serán los propios autores los que lancen al dominio público los registros de sus creaciones entre otras cosas porque eso les facilitará ganar clientes para sus conciertos. ¿Es posible algo similar en el mundo del cine?. A día de hoy, realmente no. La cadena de experiencia sería DivX, DVD, sala de cine. Y obviamente la experiencia provista por las salas de cine no es tan impresionante como para que, teniendo un equipo medio decente en casa, un DVD o incluso un buen DivX no sean competitivos.
Hoy en día alrededor del 70% de los ingresos de una película provienen de canales de explotación ligados a la reproducción doméstica (vídeo, satélite, derechos de antena). Por otro lado la verticalización de la industria, el control por los grupos multimedia de toda la cadena productiva (desde la producción a las salas) es sólo comparable al del sistema de estudios, con el que acabara el 1948 el Tribunal Supremo norteamericano por vulneración del Acta antiTrust. Es decir, las salas no han cambiado, no han evolucionado, porque están supeditadas a los estudios y estos viven de los privilegios otorgados por el copyright, no de las salas. Es difícil encontrar un ejemplo mejor de cómo el copyright ha frenado el desarrollo de la innovación que pretendía fomentar con su implantación. Pensemos en el IMAX por ejemplo y en la causa de que no haya películas comerciales, dramáticas, para este formato. Porque el futuro del audiovisual tiene que pasar, en un previsible mundo sin copyright, por un cambio de las salas que hagan la experiencia incomparable a la doméstica. Tal vez, en el futuro, los estudios lanzen versiones DivX a través de la red de sus películas como promocionales. Y nosotros las veremos y, al igual que en la música, en vez de servir de sustitutivo de la experiencia en vivo, nos den ganas de ir a disfrutarlo de verdad. Esto no necesariamente pasa por algo similar al IMAX, aunque parece el camino natural para el cine espectáculo de efectos especiales e imágenes digitales. El modelo también vale para el llamado cine de autor, quien seguramente no tenga que desarrollar circuitos basados en la espectacularidad, sino en los complementos, acompañando la reproducción de charlas del autor, debates, puestas en contexto Quién sabe, a lo mejor, el futuro del cine pasa por una vuelta a los orígenes, a aquellos maravillosos años veinte en los que el cine (mudo y universal) se proyectaba en salas de variedades (para algo estaba la orquesta) dentro de un programa más amplio con espectáculos en vivo. En cualquier caso, es intuitivamente aceptable que el cine podría mantener e incluso se vería obligado a desarrollar aún más la innovación artística y tecnológica en un mundo sin copyright . si cambiara su modelo de negocio, como la música. Porque a fin de cuentas, el modelo industrial que tenemos ahora no es hijo del mercado, de la evolución de los gustos y demandas de los consumidores y del desarrollo tecnológico de las empresas, sino de una estructura en trust y un sistema de protección legal que ha conseguido jústamente lo contrario de lo que pretendía: frenar la evolución del negocio original. Un mundo sin copyright: el cine
Em outro dia teremos que falar da semiótica de todas estas novas filmes de superhéroes. Para meu refletem uma mudança histórica tão profundo na consideração dos inimigos do estado, como o que desde os 90 refletiu os novos medos ao sexo na volta dos vampiros às telas. Mas hoje, o que quero propor é outra coisa. Quando um vê uma destes filmes, como Os Incríveis ou Sky Captain and the world of tomorrow, percebe imediatamente que depois delas há inovação. Inovação da que requer grandes investimentos. E a pergunta imediata é seria possível algo assim num mundo sem copyright?. Como recuperariam seu investimento os estudos se não existissem leis que defendessem a mau chamada propriedade intelectual? Existem, à margem do conjunto de privilégios outorgados e garantidos pelo estado (que é o que erroneamente se chama propriedade intelectual), dois mecanismos tradicionais para defender a rentabilidad de uma criação assegurando a exclusão dos competidores: o segredo e a diferenciación de experiência de utente.
Em realidade, este método já não serve de muito hoje. A tecnologia evoluiu de maneira que é relativamente singelo saber que componentes tem um produto e como sintetizarlos. Mas este será um dos temas principais de nossa aproximação a como seriam as farmaceúticas num mundo sem patentes. No mundo audiovisual equivaleria a lançar DVDs incopiables. Algo que tentaram já um milhão de vezes logicamente, sem sucesso. O outro caminho é apostar pela diferenciación na experiência do utente. Explico-me: nos produtos musicais, por exemplo, existe uma gama de experiências unidas a diferentes formatos: MP3, CD e música ao vivo. Acho que é a cada vez mais comum pensar que o futuro o mundo da música, como negócio, viverá dos concertos ao vivo, uma experiência não reproducible e bem mais rica que a que surge de escutar a música em suporte físico ou electrónico. Num futuro a cada vez mais presente, a música circulará livremente e serão os próprios autores os que lancem ao domínio público os registos de suas criações entre outras coisas porque isso facilitar-lhes-á ganhar clientes para seus concertos. É possível algo similar no mundo do cinema?. A dia de hoje, realmente não. A corrente de experiência seria DivX, DVD, sala de cinema. E obviamente a experiência provista pelas salas de cinema não é tão impressionante como pára que, tendo uma equipa média decente em casa, um DVD ou inclusive um bom DivX não sejam competitivos.
Hoje em dia ao redor de 70% dos rendimentos de um filme provem de canais de exploração unidos à reprodução doméstica (vídeo, satélite, direitos de antena). Por outro lado a verticalización da indústria, o controle pelos grupos multimédia de toda a corrente productiva (desde a produção às salas) é só comparable ao do sistema de estudos, com o que acabasse o 1948 o Tribunal Supremo norte-americano por vulneración do Acta antiTrust. Isto é, as salas não mudaram, não evoluíram, porque estão supeditadas aos estudos e estes vivem dos privilégios outorgados pelo copyright, não das salas. É difícil encontrar um exemplo melhor de como o copyright freou o desenvolvimento da inovação que pretendia fomentar com sua implantação. Pensemos no IMAX por exemplo e na causa de que não tenha filmes comerciais, dramáticas, para este formato. Porque o futuro do audiovisual tem que passar, num previsível mundo sem copyright, por uma mudança das salas que façam a experiência incomparável à doméstica. Talvez, no futuro, os estudos lanzen versões DivX através da rede de seus filmes como promocionales. E nós vê-las-emos e, ao igual que na música, em vez de servir de sustitutivo da experiência ao vivo, nos dêem vontades do ir desfrutar para valer. Isto não necessariamente passa por algo similar ao IMAX, ainda que parece o caminho natural para o cinema espectáculo de efeitos especiais e imagens digitais. O modelo também vale para o chamado cinema de autor, quem seguramente não tenha que desenvolver circuitos baseados na espectaculosidade, senão nos complementos, acompanhando a reprodução de charlas do autor, debates, postas em contexto Quem sabe, talvez, o futuro do cinema passa por uma volta às origens, àqueles maravilhosos anos vinte nos que o cinema (mudo e universal) se projectava em salas de variedades (para algo estava a orquestra) dentro de um programa mais amplo com espectáculos ao vivo. Em qualquer caso, é intuitivamente aceitável que o cinema poderia manter e inclusive ver-se-ia obrigado a desenvolver ainda mais a inovação artística e tecnológica num mundo sem copyright . se mudasse seu modelo de negócio, como a música. Porque afinal de contas, o modelo industrial que temos agora não é filho do mercado, da evolução dos gustos e demandas dos consumidores e do desenvolvimento tecnológico das empresas, senão de uma estrutura em trust e um sistema de protecção legal que conseguiu jústamente o contrário do que pretendia: frear a evolução do negócio original. Um mundo sem copyright: o cinema
Outro día teremos que falar da semiótica de todas estas novas pelis de superheroes. Para o meu reflicten un cambio histórico tan profundo na consideración dos inimigos do estado, como o que desde os 90 reflectiu os novos medos ao sexo na volta dos vampiros ás pantallas. Pero hoxe, o que quero suscitar é outra cousa. Cando un ve unha destas películas, como Os Incribles ou Sky Captain and the world of tomorrow, percibe inmediatamente que tras elas hai innovación. Innovación da que require grandes investimentos. E a pregunta inmediata é sería posible algo así nun mundo sen copyright?. Como recuperarían o seu investimento os estudos si non existisen leis que defendesen a mal chamada propiedade intelectual? Existen, á marxe do conxunto de privilexios outorgados e garantidos polo estado (que é o que erróneamente chámase propiedade intelectual), dous mecanismos tradicionais para defender a rentabilidad dunha creación asegurando a exclusión dos competidores: o segredo e a diferenciación de experiencia de usuario.
En realidade, este método xa non serve de moito hoxe. A tecnoloxía ha evolucionado de modo que é relativamente sinxelo saber que compoñentes ten un produto e como sintetizarlos. Pero este será un dos temas principais da nosa aproximación a como serían as farmaceúticas nun mundo sen patentes. No mundo audiovisual equivalería a lanzar DVDs incopiables. Algo que intentaron xa un millón de veces lógicamente, sen éxito. O outro camiño é apostar pola diferenciación na experiencia do usuario. Explícome: nos produtos musicais, por exemplo, existe unha gama de experiencias ligadas a distintos formatos: MP3, CD e música en vivo. Creo que é cada vez máis común pensar que o futuro o mundo da música, como negocio, vivirá dos concertos en directo, unha experiencia non reproducible e moito máis rica que a que xorde de escoitar a música en soporte físico ou electrónico. Nun futuro cada vez máis presente, a música circulará libremente e serán os propios autores os que lancen ao dominio público os registros das súas creacións entre outras cousas porque iso facilitaralles gañar clientes para os seus concertos. É posible algo similar no mundo do cine?. A día de hoxe, realmente non. A cadea de experiencia sería DivX, DVD, sala de cine. E obviamente a experiencia provista polas salas de cine non é tan impresionante como para que, tendo un equipo medio decente en casa, un DVD ou ata un bo DivX non sexan competitivos.
Hoxe en día ao redor do 70% dos ingresos dunha película proveñen de canles de explotación ligados á reprodución doméstica (vídeo, satélite, dereitos de antena). Doutra banda a verticalización da industria, o control polos grupos multimedia de toda a cadea produtiva (desde a produción ás salas) é só comparable ao do sistema de estudos, co que acabase o 1948 o Tribunal Supremo norteamericano por vulneración do Acta antiTrust. É dicir, as salas non cambiaron, non han evolucionado, porque están supeditadas aos estudos e estes viven dos privilexios outorgados polo copyright, non das salas. É difícil atopar un exemplo mellor de como o copyright freou o desenvolvemento da innovación que pretendía fomentar coa súa implantación. Pensemos no IMAX por exemplo e na causa de que non haxa películas comerciais, dramáticas, para este formato. Porque o futuro do audiovisual ten que pasar, nun previsible mundo sen copyright, por un cambio das salas que fagan a experiencia incomparable á doméstica. Talvez, no futuro, os estudos lanzen versións DivX a través da rede das súas películas como promocionales. E nós verémolas e, do mesmo xeito que na música, no canto de servir de sustitutivo da experiencia en vivo, déannos ganas de ir gozalo de verdade. Isto non necesariamente pasa por algo similar ao IMAX, aínda que parece o camiño natural para o cine espectáculo de efectos especiais e imaxes digitales. O modelo tamén vale para o chamado cine de autor, quen seguramente non teña que desenvolver circuítos baseados na espectacularidad, senón nos complementos, acompañando a reprodución de charlas do autor, debates, postas en contexto Quen sabe, se cadra, o futuro do cine pasa por unha volta ás orixes, a aqueles marabillosos anos vinte nos que o cine (mudo e universal) proxectábase en salas de variedades (para algo estaba a orquesta) dentro dun programa máis amplo con espectáculos en vivo. En calquera caso, é intuitivamente aceptable que o cine podería manter e ata se vería obrigado a desenvolver aínda máis a innovación artística e tecnolóxica nun mundo sen copyright . si cambiase o seu modelo de negocio, como a música. Porque a final de contas, o modelo industrial que temos agora non é fillo do mercado, da evolución dos gustos e demandas dos consumidores e do desenvolvemento tecnolóxico das empresas, senón dunha estrutura en trust e un sistema de protección legal que conseguiu jústamente o contrario do que pretendía: frear a evolución do negocio orixinal. Un mundo sen copyright: o cine
Un altre dia haurem de parlar de la semiótica de totes aquestes noves pelis de superhéroes. Per al meu reflecteixen un canvi històric tan profund en la consideració dels enemics de l'estat, com el qual des dels 90 va reflectir les noves pors al sexe en la volta dels vampirs a les pantalles. Però avui, el que vull plantejar és una altra cosa. Quan un veu una d'aquestes pel·lícules, com Els Increïbles o Sky Captain and the world of tomorrow, percep immediatament que després d'elles hi ha innovació. Innovació de la qual requereix grans inversions. I la pregunta immediata és seria possible alguna cosa així en un món sense copyright?. Com recuperarien la seva inversió els estudis si no existissin lleis que defensessin la mal cridada propietat intel·lectual? Existeixen, al marge del conjunt de privilegis atorgats i garantits per l'estat (que és el que erróneamente es diu propietat intel·lectual), dos mecanismes tradicionals per a defensar la rendibilitat d'una creació assegurant l'exclusió dels competidors: el secret i la diferenciación d'experiència d'usuari.
En realitat, aquest mètode ja no serveix de molt avui. La tecnologia ha evolucionat de manera que és relativament senzill saber quins components té un producte i com sintetitzar-los. Però est serà un dels temes principals de la nostra aproximació a com serien les farmaceúticas en un món sense palesos. En el món audiovisual equivaldria a llançar DVDs incopiables. Alguna cosa que han intentat ja un milió de vegades lògicament, sense èxit. L'altre camí és apostar per la diferenciación en l'experiència de l'usuari. M'explico: en els productes musicals, per exemple, existeix una gamma d'experiències lligades a distints formats: MP3, CD i música en viu. Crec que és cada vegada més comuna pensar que el futur el món de la música, com negoci, viurà dels concerts en directe, una experiència no reproducible i molt més rica que la qual sorgeix d'escoltar la música en suporti físic o electrònic. En un futur cada vegada més present, la música circularà lliurement i seran els propis autors els quals llancin al domini públic els registres de les seves creacions entre altres coses perquè això els facilitarà guanyar clients per als seus concerts. És possible alguna cosa similar en el món del cinema?. A dia d'avui, realment no. La cadena d'experiència seria DivX, DVD, sala de cinema. I òbviament l'experiència proveïda per les sales de cinema no és tan impressionant com perquè, tenint un equip mig decent en casa, un DVD o fins i tot un bon DivX no siguin competitius.
Avui dia al voltant del 70% dels ingressos d'una pel·lícula provenen de canals d'explotació lligats a la reproducció domèstica (vídeo, satèl·lit, drets d'antena). D'altra banda la verticalización de la indústria, el control pels grups multimèdia de tota la cadena productiva (des de la producció a les sales) és només comparable al del sistema d'estudis, amb el qual acabés el 1948 el Tribunal Suprem nord-americà per vulneració de l'Acta antiTrust. És a dir, les sales no han canviat, no han evolucionat, perquè estan supeditades als estudis i aquests viuen dels privilegis atorgats pel copyright, no de les sales. És difícil trobar un exemple millor de com el copyright ha frenat el desenvolupament de la innovació que pretenia fomentar amb la seva implantació. Pensem en el IMAX per exemple i en la causa que no hi hagi pel·lícules comercials, dramàtiques, per a aquest format. Perquè el futur de l'audiovisual ha de passar, en un previsible món sense copyright, per un canvi de les sales que facin l'experiència incomparable a la domèstica. Tal vegada, en el futur, els estudis lanzen versions DivX a través de la xarxa de les seves pel·lícules com promocionals. I nosaltres les veurem i, igual que en la música, en comptes de servir de substitutiu de l'experiència en viu, ens donin ganes d'anar a gaudir-ho de debò. Això no necessàriament passa per alguna cosa similar al IMAX, encara que sembla el camí natural per al cinema espectacle d'efectes especials i imatges digitals. El model també val per a l'anomenat cinema d'autor, qui segurament no hagi de desenvolupar circuits basats en l'espectacularitat, sinó en els complements, acompanyant la reproducció de xerrades de l'autor, debats, posades en context Qui sap, al millor, el futur del cinema passa per una volta als orígens, a aquells meravellosos anys vint en els quals el cinema (mut i universal) es projectava en sales de varietats (per a alguna cosa estava l'orquestra) dintre d'un programa més ampli amb espectacles en viu. En qualsevol cas, és intuitivamente acceptable que el cinema podria mantenir i fins i tot es veuria obligat a desenvolupar encara més la innovació artística i tecnològica en un món sense copyright . si canviés el seu model de negoci, com la música. Perquè a fi de comptes, el model industrial que tenim ara no és fill del mercat, de l'evolució dels gustos i demandes dels consumidors i del desenvolupament tecnològic de les empreses, sinó d'una estructura en trust i un sistema de protecció legal que ha aconseguit jústamente el contrari del que pretenia: frenar l'evolució del negoci original. Un món sense copyright: el cinema
Otro día tendremos que hablar de la semiótica de todas estas nuevas pelis de superhéroes. Para mi reflejan un cambio histórico tan profundo en la consideración de los enemigos del estado, como el que desde los 90 reflejó los nuevos miedos al sexo en la vuelta de los vampiros a las pantallas. Pero hoy, lo que quiero plantear es otra cosa. Cuando uno ve una de estas películas, como Los Increíbles o Sky Captain and the world of tomorrow, percibe inmediatamente que tras ellas hay innovación. Innovación de la que requiere grandes inversiones. Y la pregunta inmediata es ¿sería posible algo así en un mundo sin copyright?. ¿Cómo recuperarían su inversión los estudios si no existieran leyes que defendieran la mal llamada propiedad intelectual? Existen, al margen del conjunto de privilegios otorgados y garantizados por el estado (que es lo que erróneamente se llama propiedad intelectual), dos mecanismos tradicionales para defender la rentabilidad de una creación asegurando la exclusión de los competidores: el secreto y la diferenciación de experiencia de usuario.
En realidad, este método ya no sirve de mucho hoy. La tecnología ha evolucionado de modo que es relativamente sencillo saber qué componentes tiene un producto y como sintetizarlos. Pero este será uno de los temas principales de nuestra aproximación a cómo serían las farmaceúticas en un mundo sin patentes. En el mundo audiovisual equivaldría a lanzar DVDs incopiables. Algo que han intentado ya un millón de veces lógicamente, sin éxito. El otro camino es apostar por la diferenciación en la experiencia del usuario. Me explico: en los productos musicales, por ejemplo, existe una gama de experiencias ligadas a distintos formatos: MP3, CD y música en vivo. Creo que es cada vez más común pensar que el futuro el mundo de la música, como negocio, vivirá de los conciertos en directo, una experiencia no reproducible y mucho más rica que la que surge de escuchar la música en soporte físico o electrónico. En un futuro cada vez más presente, la música circulará libremente y serán los propios autores los que lancen al dominio público los registros de sus creaciones entre otras cosas porque eso les facilitará ganar clientes para sus conciertos. ¿Es posible algo similar en el mundo del cine?. A día de hoy, realmente no. La cadena de experiencia sería DivX, DVD, sala de cine. Y obviamente la experiencia provista por las salas de cine no es tan impresionante como para que, teniendo un equipo medio decente en casa, un DVD o incluso un buen DivX no sean competitivos.
Hoy en día alrededor del 70% de los ingresos de una película provienen de canales de explotación ligados a la reproducción doméstica (vídeo, satélite, derechos de antena). Por otro lado la verticalización de la industria, el control por los grupos multimedia de toda la cadena productiva (desde la producción a las salas) es sólo comparable al del sistema de estudios, con el que acabara el 1948 el Tribunal Supremo norteamericano por vulneración del Acta antiTrust. Es decir, las salas no han cambiado, no han evolucionado, porque están supeditadas a los estudios y estos viven de los privilegios otorgados por el copyright, no de las salas. Es difícil encontrar un ejemplo mejor de cómo el copyright ha frenado el desarrollo de la innovación que pretendía fomentar con su implantación. Pensemos en el IMAX por ejemplo y en la causa de que no haya películas comerciales, dramáticas, para este formato. Porque el futuro del audiovisual tiene que pasar, en un previsible mundo sin copyright, por un cambio de las salas que hagan la experiencia incomparable a la doméstica. Tal vez, en el futuro, los estudios lanzen versiones DivX a través de la red de sus películas como promocionales. Y nosotros las veremos y, al igual que en la música, en vez de servir de sustitutivo de la experiencia en vivo, nos den ganas de ir a disfrutarlo de verdad. Esto no necesariamente pasa por algo similar al IMAX, aunque parece el camino natural para el cine espectáculo de efectos especiales e imágenes digitales. El modelo también vale para el llamado cine de autor, quien seguramente no tenga que desarrollar circuitos basados en la espectacularidad, sino en los complementos, acompañando la reproducción de charlas del autor, debates, puestas en contexto Quién sabe, a lo mejor, el futuro del cine pasa por una vuelta a los orígenes, a aquellos maravillosos años veinte en los que el cine (mudo y universal) se proyectaba en salas de variedades (para algo estaba la orquesta) dentro de un programa más amplio con espectáculos en vivo. En cualquier caso, es intuitivamente aceptable que el cine podría mantener e incluso se vería obligado a desarrollar aún más la innovación artística y tecnológica en un mundo sin copyright . si cambiara su modelo de negocio, como la música. Porque a fin de cuentas, el modelo industrial que tenemos ahora no es hijo del mercado, de la evolución de los gustos y demandas de los consumidores y del desarrollo tecnológico de las empresas, sino de una estructura en trust y un sistema de protección legal que ha conseguido jústamente lo contrario de lo que pretendía: frenar la evolución del negocio original. Guardado por David de Ugarte en Destacados a las 11:58 pm
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