Apuntes y añadidos para el último capítulo de “De las naciones a las redes”
Hobsbawn relata con una metáfora muy visible los términos en que la religión fue superada como identidad político-comunitaria hace dos siglos:
La religión, de ser algo como el cielo, de lo que ningún hombre podía librarse y que abarcaba todo lo que está sobre la tierra, se convirtió en algo como un banco de nubes, un gran rasgo -pero limitado y cambiante- del firmamento humano
Cambiemos religión por nación y tendremos el horizonte del presente siglo. Igual que en apenas dos siglos, España, Francia o Italia pasaron de ser vagos objetos geográficos a sujetos políticos, la naciente consciencia de vivir en red que hoy emerge acabará constituyendo nuevos sujetos y ámbitos.
Sus formas culturales seguramente primarán la lírica de las redes en vez de épica nacional. La intrahistoria de las subjetividades en vez de la Historia nacional. La ética relacional de los mercaderes en vez de la moral sacrificada del héroe patrio.
Pero no nos engañemos, el futuro es postnacional, pero no sólo transnacional y neoveneciano. También es neotribal. La descomposición social, los estados fallidos, los paraestados como Hamas o Hitzbullah, son la otra cara de la crisis de la lógica nacional del estado. El testimonio de su fracaso para generar identidad cuando la cohesión social se torna inalcanzable.
La postmodernidad también vive entre los señores de la guerra somalíes, los talibanes afganos o los piratas de Malacca. Categorías premodernas con tecnologías de red. Armas primitivas, fusiles ligeros y GPS sobre identitades de banda u horda. El nuevo mundo no es sólo Islas en la Red, sino Blackhawk derribado. No son sólo las conversaciones transnacionales de las blogsferas, sino la lógica de AlQaeda como marca y sello de un terror distribuido que se autoorganiza espontánea e imprevisiblemente.
El horizonte no es uno, son muchos. No todos precisamente líricos. Y es en ese marco en conflicto y fermentación donde las nuevas venecias tendrán la oportunidad de experimentar las futuras formas de un nuevo mundo global.
Sus evoluciones no deben verse como alternativas de una elección entre estado nacional y formas postnacionales. No se elige una preferencia entre el futuro y el pasado. Se eligen programas vitales entre relatos de futuro.
Las identidades emergentes más potentes de hoy -de AlQaida al neoindigenismo, de Hamas a la resistencia chechena- reflejan, expanden y responden a una descomposición social dificilmente vindicable.
Del universo de lógicas de red con capacidad para reclamar el futuro, los neovenecianos, en sus diferentes formas e ideologías, representan no un nuevo sujeto más, sino una forma diferente de entender el nosotros. De momento la única que demuestra ser, a un tiempo, viable y constructiva, cohesiva y concernida por la libertad.
[Página del libro | Copión de trabajo]
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[...] “Un universo de lógicas de red con capacidad para reclamar el futuro”. David sigue definiendo millones de situaciones en solo una lÃnea y por eso lo admiro tanto. Que lindo es ver a los referentes culturales, esos que uno mismo se impone, cuando ponen las cosas al alcance de la mano. Uno lo lee y suspira pensando: “es cierto, que bien lo dijo !!!” :-). [...]






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En cuanto empecé a leer el post pensé en Sterling, sabía que su novela tenía que aparecer un poco más adelante
Sigo con interés este nuevo libro que nos estáis regalando.
Gracias bro!
Efectivamente, el futuro postnacional no es un camino de rosas. Muy bien explicado.