contextopedia El poder de las redes De las naciones a las redes

Jueves, 10 de Abril de 2008

Del esperantismo al sionismo… y vuelta

Segunda parte del capítulo dedicado a Zamenhof y el esperantismo en “De las naciones a las redes”

El pronto éxito del esperanto oscurecerá el plan original. Todavía en 1901, Zamenhof declara:

Iel same kiel la hilelismo ne povos ekzisti sen lingvo neŭtrala, tiel same la ideo de lingvo neŭtrala neniam provos vere efektiviĝi sen hilelismo!

(…) Lingvo internacia fortikiĝos por ĉiam nur en tia okazo, se ekzistos ia grupo da homoj, kiu akceptus ĝin kiel sian lingvon familian, heredan. (…)

Jes, mi estas profunde konvinkita, ke nek solvo de la hebrea demando, nek enradikiĝo de lingvo neŭtrala estos iam ebla sen hilelismo, t.e. sen kreo de neŭtrala popolo.

Una lengua neutral para un pueblo que a falta de estado y territorio, es necesariamente neutral dentro del “concierto de las naciones” europeas.

Pero el hecho es que el esperanto crece, convirtiéndose en un símbolo del antibelicismo y el europeismo de quienes quieren mantener viva la idea liberal del espíritu de progreso de las décadas anteriores en una Europa que se encamina hacia la guerra.

El esperanto, originalmente herramienta de un proyecto sionista de escaso eco, empieza a atraer a más gentiles que judíos. Zamenhof, revive de alguna manera el dilema del judaismo universalista representado por los caminos abiertos por Teón de Alejandría y Pablo de Tarso… y toma el camino del segundo.

Y así como el movimiento esperantista, más allá de su fundador, iba definiendo el esperanto como una lengua universalista, neutral y auxiliar (declaración del I Congreso esperantista mundial en 1905), Zamenhof redefinirá el hilelismo sobre esos tres ejes. Significativamente a partir de entonces se referirá a él preferentemente como homaranismo (humanismo).

El elemento sionista se va diluyendo aunque siga pensando en que el núcleo homaranista habrá de ser fundamentalmente israelita. Y duda si presentar sus propuestas ante el congreso esperantista o a una audiencia especificamente judía.

Si el objetivo del homarismo, asegura, es unir a toda la humanidad en una família fraternal, habría que crear un pueblo neutralmente-humano (neŭtrale-homa) en el cual sus miembros se dividirían sólo por la geografía y su opinión política, pero no por la lengua o la religión.

La primera comunidad de este pequeño pueblo la sitúa en la neutral Suiza. Pero su identidad empieza a redefinirse como identidad auxiliar, como identidad nexo entre identidades nacionales, del mismo modo que el esperanto está convirtiéndose (y en aquel momento y hasta los años 30 su éxito final parece inevitable) en el primer candidato serio a lengua auxiliar universal.

Y así, el hilelismo se replantea como segunda religión universal. De repente Zamenhof se nos presenta más cerca de Steirner y su antroposofía incluso de la Sociedad Teosófica, que de Herzl. En su casa, los hilelistas podrán profesar la religión que quieran, postula, como hablaran la lengua que quieran, pero un público, de la misma manera que hablarán una lengua neutral, profesarán la religión neutral: el hilelismo.

En 1913 empieza los trabajos para impulsar un Congreso Mundial de la Religión Humana Neutral. Escribe:

Mi proyecto de congreso sobre la religión neutral no tienen como objetivo crear un culto místico, sólo la creación de una comunidad oficial, a la cual puedan oficialmente apuntarse todos aquellos que no quieren formar parte de ninguna religión tradicionalmente asociada a un grupo humano determinado (gento). Desearía que el librepensamiento religioso recibiera una forma que lo haga algo, no efímero, fuerte y hereditario. De la misma manera que el católico sabe que sus nietos serán católicos, o un judío sabe que sus nietos (si no quieren vender su consciencia) serán judíos, - de esta manera, desearía que también el librepensador tuviera la garantía, que sus nietos serán librepensadores y que nada les obligará a volver, de manera hipócrita, a una religión de carácter revelado y relacionada con un pueblo determinado (gento)

El estallido de la guerra frustrará este congreso y la muerte de Zamenhof en 1917 cercenerá definitivamente la dimesión segregacionista del plan hilelista. En los últimos años de su vida Zamenhof se definirá como esperantista, pues el esperantismo de alguna manera será ya una ideología humanista, pacifista y neutralista.

Paradójicamente será el estancamiento del esperanto y los años de persecución por el estado alemán y sus aliados, los que conviertan de alguna manera a los esperantistas en un gento, en una comunidad imaginada de hablantes. Incluso con una primera generación de hablantes nativos (los denaskaj), muchos de los cuales incluso se cambiarían los apellidos por nombres en la nueva lengua. El conocido especulador y filántropo George Soros, por ejemplo, uno de los primeros denaskaj, debe su apellido al verbo en desuso sori (levantar vuelo).

Hoy la comunidad esperantista es estudiada como una minoría cultural transterritorializada con un carácter similar en muchos aspectos a un grupo étnico sin territorio nacional1.

Pero tiene aspectos radicalmente novedosos. En primer lugar es una comunidad tremendamente activa. Muchos años antes de Internet la correspondencia continua entre sus miembros, la dinámica permanente de congresos, campamentos y seminarios, era capaz de penetrar incluso la cortina de acero entre los bloques.

El resultado es que el mundo esperantista no forma una comunidad imaginada al sentido de las comunidades lingüísticas nacionales. Es en buena medida una comunidad real, sus miembros se conocen o cuando menos saben de la existencia de los otros. Y la inmensa mayoría de ellos lo son por voluntad propia, no por herencia familiar. Es, como hoy las redes virtuales, una comunidad que se precipita de la imaginación a la realidad.

En esa medida el sueño de Zamenhof ha resultado premonitorio, fructífero y paradójico. Nació no de un naive impulso cosmopolita, como suele pensarse, sino del fertil debate del sionismo centroeuropeo en el cambio de siglo. Renunció al sueño de crear una comunidad territorial para postularse herramienta de fraternidad universal y acabar formando la primera comunidad transnacional de libre agregación. Hijo tardía del optimismo progresista y ecuménico del último cuarto del XIX, adelantó las nuevas formas de socialización en red que cerrarían definitivamente el mundo del telégrafo.

Portadora de un ideal humanista universal demostraría en la práctica y seguramente de forma definitiva que la alternativa para superar la nacionalidad no es el cosmopolistimo universalista, pues la única forma de ser humanos es tener tribu, sino hacer real, tangible y por tanto verdaderamente humana, la colectividad.

El esperanto es el hijo pródigo del sionismo, pero también el profeta de su futuro, la representación de que el sueño territorial podía ser superado por el sueño de un mundo red.


Notas:
1. Véase The Esperanto community: a quasi-ethnic linguistic minority? por Mark Fettes, Editor, Interlinguistics section, Ontario Institute for Studies in Education. Publicado en Interlinguistics: news, notes and comments disponible en http://www.eric.ed.gov/


Nota general: Este artículo está escrito a partir de la documentación recopilada por Pere Quintana y su trabajo a partir de Mi estas homo - Originalaj verkoj de L.L. Zamenhof

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Jueves, 27 de Marzo de 2008

Os espero en Zaragoza

Este lunes, si estáis por Zaragoza reservad la tarde. A las 19:00hh daré una conferencia muy especial

De las naciones a las redesEste próximo lunes en el Ibercaja Zentrum (C/Costa, 13) de Zaragoza, dentro de un ciclo coordinado por Fernando Tricas daré una conferencia muy especial para mi.

Se trata de un verdadero preestreno: la primera presentación global del trabajo que está cuajando en el libro colectivo De las Naciones a las Redes y que espero que aparezca en otoño en la Colección Planta 29.

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Martes, 26 de Febrero de 2008

Esperando a Saint Just

Algunas reflexiones a raiz del debate político parlamentario en España

Fue Diocleciano el que impuso la pompa oriental, el hieratismo y la distancia a los emperadores. En la decadencia nada más importante que las formas. Sólo sobre las formas se mantienen los sistemas en los que nadie cree ya pero que aún no tienen alternativas.

Luis XIV creó sus propios modos. Pero a Luis XV era más difícil creérselo. Y a Luis XVI definitivamente dejaron de creerle. En las décadas finales del estado absolutista, la pompa era la mística, la cohesión. Y aún asustados por la orgía del terror jacobino, los liberales ingleses trataron de vestir el nuevo orden con rituales heredados del viejo mundo como quien transfiere sangre de un muerto reciente a un niño prematuro en espera de que su sistema pueda producirla por si solo. La parafernalia anacrónica y medievalizante de Westminster, edificio nada casualmente de estilo neo-gótico, deja constancia del hambre que el entonces nuevo mundo tenía de tradiciones.

La gran mística de la democracia representativa la aportaron los Estados Unidos. Mística mediática tornada mística televisiva desde los 60: spin doctors, coachers, entrenamientos, sondeos… Sí, señor Presidente; Permítame contrariarle, sr Presidente. La parafernalia del debate televisivo subsume la mística del estado nacional. O no funciona.

Me cuentan que en las tertulias televisivas que hacían ayer el debate sobre el debate nadie se refirió al Presidente del Gobierno como tal. Con Zapatero o ZP, bastaba. La imagen global del proceso social alrededor del debate no dejaba de ser una copia provinciana de la mística norteamericana. Debate a lo Luis XV. Muchos se lo creen. Muchos lo creen un poquito menos.

Visito el país llamado a. Me da la impresión de que crean un país virtual para poder disfrutar de la mística democrática del estado nación que el estado nación ya no ofrece.

Seguro que ahí al Presidente le llaman Presidente. Compañero Presidente, Sr Presidente o amigo a’bitante Presidente. Da igual. Presidente. Representación de la comunidad imaginada. Proyección y materialización del deseo de que la comunidad imaginada tenga realidad. Es, luego somos.

Tal vez los a’bitantes sean como los parlamentarios del fin del antiguo régimen. O tal vez los neovenecianos sean como los masones dieciochescos que jugaban a vivir un nuevo orden y construir nuevas formas de relación social inspirados en gremios cuya realidad histórica era tan distante como nos es hoy Venecia.

Sólo sé que vivo en un mundo donde encuentro mejores discursos y más profundidad teórica en mi amada lista de correo, en mi comunidad real, que en la representación política del estado. Y me da que no soy el único al que le pasa.

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Jueves, 14 de Febrero de 2008

Linkania y Decentro

Minivídeos y microentrevista a Marcelo Estraviz

Marcelo Estraviz, a quién conocí ayer en el CMDC nos cuenta su concepto de linkania. De alguna manera me recuerda a las primeras discusiones, al magma del que nació el sionismo digital

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Igualmente andan creando las bases para la sostenibilidad económica de su propia red, con suaves aromas de neovenecianismo
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Lunes, 21 de Enero de 2008

De las naciones a las redes

Nueva redacción de la intro a “De las naciones a las redes” que recoge lo avanzado en las conversaciones y debates del último mes en el blog y en la lista de Borondón con los otros coautores.

Centenares de miles de personas, hay quien calcula incluso un millón, viven hoy como neonómadas voluntarios, viajando de país en país y renunciando a una residencia estable, conectados entre si en distintas redes virtuales a través de las cuales se ganan la vida y aseguran su independencia personal y económica.

Es un fenómeno excéntrico sin duda, pero no único. Cada vez son más las personas que centran su vida económica y social alrededor de comunidades online. Los procesos políticos y deliberativos que originan cada vez tienen menos que ver con los estados y sus fronteras. Envuelven a millones de personas en todo el mundo y son el caldo de cultivo de nuevas identidades de todo tipo: desde Al Qaeda a las redes de ecoaldeas o los sionistas digitales, herederos de las primeras culturas del ciberespacio y el underground digital.

Al mismo tiempo, cada vez más empresas transnacionales, se dotan de esferas comunicativas y políticas de decisión e influencia cuyo impacto es indudable sobre todos los ámbitos de la vida de sus miembros. El viejo sistema de las multinacionales cuyo centro e identidad original derivaba de una empresa nacional que se había internacionalizado, empieza a quedar atrás. Hoy no dejan de brotar nuevas venecias corporativas que tratan a los estados de igual a igual, piensan en términos de relaciones exteriores y dotan a sus empleados de identidad y e incluso nuevas formas de ciudadanía.

La tesis central de este libro es que el paso de una sociedad de economía y comunicación descentralizada -el mundo de las naciones- a un mundo de redes distribuidas hijo de Internet y la globalización económica, hace cada vez más dificil a las personas identificarse en términos nacionales.

La identidad nace de la necesidad de materializar o cuando menos imaginar la comunidad en la que se desarrolla y produce nuestra vida. La nación apareció y se extendió precisamente porque las viejas identidades colectivas locales ligadas a la religión y a la producción agraria y artesanal ya no representaban de un modo satisfactorio a la red social que producía el grueso de la actividad económica, social y política que determinaba el entorno de las personas.

Del mismo modo, para un número creciente de personas, el mercado nacional cada vez expresa menos el conjunto de relaciones sociales que dan forma a su cotidianidad. Ni los productos que consumen son nacionales, ni lo son los contextos de las noticias que determinan los grandes cursos vitales colectivos, ni necesariamente lo son la mayoría de aquellos con los que las discuten y cuya opinión les interesa.

La identidad nacional se está quedando muy pequeña y muy grande al mismo tiempo, se está volviendo ajena.

No se trata de un rápido desmoronamiento. No debemos olvidar que la nación surgió de una necesidad real… y a pesar de ello el proceso de su universalización llevó casi dos siglos y fue, cuando menos, correoso, encontrando constantes resistencias de todo tipo. Abandonar las comunidades reales donde todos conocían la cara y el nombre de los demás para abrazar la patria -una comunidad abstracta donde no se conocia a los otros, se les imaginaba- fue un proceso costoso y difícil.

Y de hecho es predecible que estado y nacionalidad permanezcan entre nosotros largo tiempo, del mismo modo que la Cristiandad sigue existiendo y algunas casas reales siguen reinando a pesar de que la identidad nacional sea hoy dominante y determinante políticamente y de que el mundo se organice políticamente en estados nacionales y no sobre relaciones dinásticas o comunidades de fe.

Son muchos los historiadores, politólogos y sociólogos que hoy predicen e incluso abogan por una privatización de la identidad nacional. Un proceso que habría de tener similitudes con el paso de la religión al ámbito de lo personal y privado que caracterizó el ascenso del estado nacional. Pero la cuestión es que esa privatización, esa superación sólo puede darse desde una identidad colectiva alternativa.

Y lo realmente interesante es que las comunidades y redes virtuales identitarias que apuntan posibilidades de construirla no sólo se definen por ser transnacionales, sino que manifiestan una naturaleza muy distinta a la de las grandes comunidades imaginadas de la Modernidad, como la propia nación, la raza o la clase histórica del marxismo. Sus miembros se conocen uno a uno incluso aunque no se hayan encontrado fisicamente jamás. Es en cierta manera una comunidad real o mejor, una comunidad imaginada que se precipita hacia la realidad.

En la primera parte de este libro trataremos de entender la nación, las herramientas y símbolos a partir de los que esta se imaginó y vivió.

En la segunda seguiremos las experiencias de los segregacionistas de los siglos XIX y XX, aquellos que no aceptaron el paso a un mundo que cada vez se parecía más a un puzzle de centenares de piezas de color e intentaron separarse de la inevitable homogeneización interna que generaba.

Y finalmente exploraremos las nuevas vidas e identidades transnacionales y cómo se definen en contraste con los ejes y temas tanto de la nación como del segregacionismo clásico.

[De las naciones a las redes, página del proyecto ]

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Sábado, 12 de Enero de 2008

Podcast sobre el país llamado a en rne

Nuevo podcast con el programa de Asuntos Propios dedicado a los países sin territorio creados o surgidos a partir de redes sociales.

El otro día en Asuntos Propios hablamos, a raíz del lanzamiento de Un País llamado a, de sionismo digital, neovenecianismo y todas esas nuevas tendencias post-nacionales que tanto me interesan.

Muchos me pedísteis el podcast y finalmente… aquí está:

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Martes, 8 de Enero de 2008

Identidad y representación

Reflexiones sobre los nuevos mapas y las identidades postnacionales a partir del manifiesto fundacional del país llamado a

Cuando el 4 de enero de 2008 Hector Milla presentó su proyecto de país llamado a inmediatamente ganó la atención de muchos en la blogsfera española levantando tremendas expectativas en más de un círculo.

A primera vista los elementos definitorios de la iniciativa dejaban una clara sensación de dejavu: desde la elaboración un tanto anacrónica de símbolos (bandera, logo, etc.) hasta la insistencia en el primer punto de su manifiesto fundacional en que la comunidad-país:

no renuncia en el futuro, si sus ciudadanos lo deciden y se dispone de los recursos necesarios, a adquirir un pequeño territorio jurídicamente adecuado en cualquier lugar del mundo, que les permita convertirse también en Estado.

¡Era Freedonia once años después! Claro, que en una década la experiencia social de Internet ha transformado profundamente el significado de la vida comunitaria. Más allá del ejercicio literario y la fabricación de logos y estandartes, más allá del juego de rol, aparecía de nuevo la base conversacional de la nueva identidad:

Nuestro país ya existe, y en él utilizamos todo tipo de plataformas como Flickr, Upcoming, Twitter, Jaiku, Dopplr, Facebook, Google, YouTube, Seesmic…etc, además de nuestro propio entorno visual para comunicarnos y compartir una identidad común.

El paralelismo con el acta de nacimiento del sionismo digital tal y como fue definido en su día por Pere Quintana era llamativo:

hace tiempo que ya no somos ni españoles ni europeos ni nada. Hace tiempo que somos sionistas digitales… Lo que nos une son unos valores comunes, no el hecho de haber nacido aquí o allí. De hecho no nos vemos ni las caras, nuestra identidad són nuestros textos en red. No somos del mundo que se respira en los periódicos.

Pero también las diferencias: Frente al par valores/textos de Quintana, el par herramientas/entorno visual de Milla, apunta a la necesidad de un nuevo tipo de mapa para el relato identitario. Una representación que Milla hace como mapa de herramientas más que de redes, de espacios conversacionales más que lugares y conexiones.

También es cierto que el país llamado a nace en el punto álgido del dospuntocerismo con su exaltación de las herramientas sobre sus significados.

Pero sobre todo hay que señalar que no es el territorio lo que da corporeidad y materialidad a una identidad conversacional hasta convertirla en algo parangonable a una nación, sino la economía, la existencia de un metabolismo económico subyacente. La nación se imagino desde la conversación en lengua vulgar, pero esa conversación ya venía siendo representada y era consciente de distintas maneras desde al menos el siglo VII… Fue realmente el mercado nacional, su papel determinante a la hora de explicar el ser social de cada uno lo que hizo imaginar la nación y su proyección en el espacio lo que cambió el relato cartográfico en un diálogo nacionalizador.

Los mapas del nuevo mundo están todavía por venir. No serán sólo una representación de espacios, sino de intereses. Serán más neovenecianos que sionistas digitales. Harán un relato que explique y proyecte no sólo valores, sino intereses, flujos no sólo de ideas y palabras, sino de valor transformable en medios de vida. Porque es para eso que son necesarios, para explicarnos sobre rutas que no son turísticas, sino mercantiles. Y es que al fin, los mapas son para el comercio.

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Domingo, 6 de Enero de 2008

David de Ugarte: Hector Milla presenta su proyecto de país llamado a. Suena realmente muy sionista digital. ¿Intercambiamos embajadas? Independientemente de futuro que “a” tenga, hay algo en el aire que empieza a convertir en cotidianos a los nuevos fenómenos postnacionales, no? (0)

Domingo, 23 de Diciembre de 2007

La LISI y los ejes del nuevo mundo

A raíz de la aprobación de la LISI, el sentimiento de ruptura de la representación entre una parte de la juventud que vive ya como cotidiana una buena parte de su vida en redes distribuidas, y los partidos políticos se ha hecho patente.

En estos días hemos podido leer cientos, tal vez miles de posts airados, en especial con la izquierda, escritos por jóvenes que se consideran paradójicamente parte de la izquierda. El post más significativo en este sentido me ha parecido el de Versvs. Versvs, un activista conocido, ligado al software libre, pide el boicot electoral a los principales partidos en marzo. Como tantos otros, se considera defraudado por una izquierda que defiende a muerte la propiedad intelectual y lo denuncia como una incoherencia inexplicable si no es por motivos espurios.

Se equivoca: la izquierda es coherente votando a favor de la LISI. Tan coherente que lo hace en vísperas de unas elecciones donde esos votos le resultarán clave. Tan coherente que no le importa perderlos. Fue la izquierda de la revolución francesa la que inventó la propiedad intelectual. Fue la II internacional la que más presión hizo para que se incluyera como “derecho” y hasta la tercera internacional (salvo los ultraizquierdistas de Bordiga enfrentados con Gramsci) la defendió hasta la extenuación como base material de lo que luego sería ese horror de la “alianza de las fuerzas del trabajo y la cultura” que inventó el PCE de Carrillo y que hasta hoy sigue sirviendo de subtexto en la eterna luna de miel entre la izquierda y la SGAE.

El problema es otro: las categorías tanto de la derecha y la izquierda como del nacionalismo que les da base a ambos, no son operativas ya para enfrentar los problemas propios de una sociedad de redes distribuidas. No es una novedad, hace mucho que venimos hablando de ello por esta red. En especial sobre los límites del pensamiento político actual para replantear la propiedad intelectual.

Versvs me responde a su vez que siempre habrá divisorias. Es cierto. Pero recapitulemos. Con los defraudados de la izquierda hoy que ya viven buena parte de su vida en entornos distribuidos hay un diagnóstico común:

  • durante el siglo XIX y XX el eje derecha/izquierda sustituyó a otros ejes anteriores (ilustrados/escolásticos por ejemplo)
  • ese eje explicaba y representaba los problemas centrales de la época de las redes descentralizadas. Intentar explicar los siglos XIX y XX en los términos del debate entre Salamanca y la Real Sociedad Económica de amigos del País, entre los últimos escolásticos y Jovellanos, hubiera sido una simple marcianada, por mucho que muchos temas abiertos por ellos siguieran pendientes en el debate derecha izquierda de los siglos posteriores
  • Ese debate entre derecha e izquierda, hoy no representa ni puede categorizar los problemas nuevos, propios de una sociedad de redes distribuidas. Son útiles todavía para problemas heredados, para las cosas pendientes del mundo que se está cerrando. Cosas como la extensión de ciertos derechos civiles -que deberían haberse generalizado hace tiempo- o la igualdad de oportunidades. Y aún con problemas y con una cierta confusión de discursos y roles. Pero desde luego esa divisoria no sirve para explicar los problemas genuinos de este tiempo.

Habrá pues una nueva divisoria, un nuevo eje o nuevos ejes de explicación/representación, nos dice Versvs. Pero la cuestión es si esos ejes nuevos se podrán enmarcar en la lógica derecha-izquierda, convirtiéndose en una simple evolución, o se producirá una ruptura conceptual similar a que siguió a la revolución francesa.

Y sinceramente, yo creo que todo apunta a la necesidad de la aparición de un conjunto de categorías completamente nuevas. Izquierda y derecha se relacionan con el estado nacional de una manera en la que es casi imposible que alguna vez puedan absorver movimientos como la Devolución que serán fundamentales en el nuevo mundo.

Por eso, mi tema central de estudio durante el próximo año será jústamente el cambio que está en la base de todo esto. El salto de las naciones a las redes, de pensar desde naciones y estados a pensar desde las redes y comunidades reales. Los nuevos ejes sólo pueden pensarse desde ahí, desde donde ahora se sienten e intentan hacerse oir por una lógica de representación que tiene unas fronteras en las que símplemente no encajan.

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Domingo, 16 de Diciembre de 2007

Urrutia, la nación y la comunidad real

Sigo el debate con Juan Urrutia sobre la naturaleza de las naciones y su relación con la comunidad real.

Siguiendo con el debate que abríamos el otro día, creo que la respuesta de Juan acaricia más que toca el centro del debate SD sobre la cuestión nacional y merece una reflexión extra.

Concluye Juan que

en un big world el Estado no sería necesario y podría ser sustituído por esa comunidad real que no necesita de la trascendencia ni de la esperanza sino que puede mirar a la realidad con ojos de pez que dan fe de que el nacionalismo asociado al imaginario colectivo es un paso en el camino hacia ella.

Es decir, el nacionalismo sería un paso necesario para debilitar el gobierno de las personas propio del estado y tender cada vez más hacia la administración de las cosas propio de la comunidad real.

Sinceramente, no se me puede ocurrir un oximoron más contundente. La esencia del nacionalismo es la creación de una mitología de seres imaginarios animados (la nación, la etnia, la lengua, un nosotros nunca concretado…) que configurarían, de hecho formatearían al individuo que pasaría de poseedor de ciertas habilidades y accidentes (como la lengua o el lugar de nacimiento) a posesión de la nación y a través de ella del estado (que es el nodo central de todo nacionalismo).

La nación, a diferencia de sus antecedentes religiosos (Umah, Cristiandad…) surge no como sublimación de la comunidad real en forma concreta de la especie (Humanidad), sino como su negación. Su antropormofización, consecuencia directa de la ruptura de lo real, permiten el traspaso del sujeto del estado del soberano a la comunidad imaginada y con él la conformación como sujeto sintiente del nuevo monstruo nacional.

Un ejemplo del dramatismo de esto nos lo dan los mundos posibles generados por el nacionalismo. Cuando en el viejo régimen dos reyes peleaban (mediante masas interpuestas que les servían con armas), la realidad remitía a lo descrito: dos personas, dos casas concretas y reales, dos conjuntos patrimoniales que se enfrentaban. El lenguaje personalizaba algo que tenía una realidad a las finales personal. El conflicto tenía un final en la deposición, en la destrucción, de uno de los dos grupos cuyos intereses directos llevaban a sus subalternos al combate.

Pero cuando eso se aplica a las naciones, cuando decimos por ejemplo, que Serbia y Kosovo están enfrentados sin acuerdo posible porque sus gobiernos nacionales no son capaces o no quieren alcanzarlo, la idea de que un sujeto destruya a otro abre peligrosa y brutalmente la posibilidad del genocidio. El tamaño sólo hace a la viabilidad material, técnica, de esa posibilidad siempre presente cuando se piensa en términos nacionales.

No hay nación real. La nación -independientemente de su tamaño o del número de comunidades sociales reales que pretenda representar- es una comunidad imaginada, una comunidad -como la clase- a cuyos miembros presuponemos ciertos elementos comunes, cierta voluntad a la que han de ser fieles, cierto destino por tanto. Sólo por esas suposiciones podemos imaginarlos. Esto es hasta tal punto así que aún en una nación en crisis identitaria como España, los crímenes contra los ciudadanos de religión judía o musulmana por motivo de su fé, siguen calificándose de xenofobos, es decir, como crímenes contra extraños, contra no-miembros de la nación.

La identidad nacional, la inversión del sentido de pertenencia (el nacional pertenece a la nación, pero la nación no es algo que el defina, pues el volksgeit le antecede y le sucede) difícilmente puede considerarse un paso, una aproximación a la comunidad real, a un nosotros donde cada uno tiene nombre y experiencia, voluntad propia y realidad social para el que habla.

Bien al contrario, lo que hemos visto en los 90 en Yugoslavia no debería olvidarse tan fácilmente, la cotidianidad y la práctica de la vida nacional es pura enajenación. Pues lo real -el vecino no nacional o fuera de sus parámetros- se nos hace ajeno mientras el connacional desconocido, imaginado, incluso atemporal (como todas esas figuras Disney del soldado desconocido, las reinas de la belleza o los orgullos de las letras- se nos harían representativos de nuestra propia esencia, de nuestro propio ser….

Y si nuestra comunidad real se nos hace ajena, en realidad nos hacemos ajenos a nosotros mismos. No es de extrañar pues que en la elección, cada día sean más los que regresan de la nación hacia la Umah o la renaciente Cristiandad que nos define Benito XVI… precisamente para hacer ese viaje de aproximación que Juan sigue buscando, contra todo argumento y evidencia, en la nación.

Personalmente seguiré anclado en mi comunidad real, animándola a imaginarse, como nueva Venecia tal vez, pero sin aceptar o pretender tener miembros imaginados ni pertenecer a seres de Olimpo alguno.

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Viernes, 14 de Diciembre de 2007

Urrutia, el Papa y el tamaño máximo de una red distribuida

El estado nacional confronta hoy la amenaza de un mundo distribuido que escapa de los tradicionales mecanismos de control de empresas y particulares. Indefectiblemente será cada vez más trascendente, cada vez más esperanzado, conforme necesite ciudadanos más temerosos. Será más represivo y contradictorio también.

Criticaba Juan ayer la última encíclica papal: Spe Salvi. Las conclusiones del texto, resumido por Juan vienen a ser que:

Sin Dios y con la sola razón no hay esperanza para el mundo y los humanos. Siempre se fracasará. La verdad revelada no puede ni debe restringirse al ámbito privado, ha de ser parte de la organización política porque sin ella vamos a un callejon sin salida.

Un pensamiento sincero en el Papa que tiene su lectura cínica y materialista entre neocons desde los tiempos de Leo Strauss. Según los neocons, ateos pero neovictorianos, la religión es la base de un comportamiento moral necesario para mantener aglutinada a la nación y dar rumbo al estado. No hago ningún descubrimiento si recuerdo que este planteamiento hizo de fondo a la alianza interreligiosa conservadora en los EEUU del reaganismo.

Pero tal vez se sorprendan más si digo que creo que es absolutamente cierto con independencia de la verdad revelada que se postule y más allá de plantear que “engañándonos con esa verdad de cierre estaríamos mejor“. La cuestión está en el sujeto. Urrutia se equivoca con ese nosotros implícito. Porque el sujeto no somos nosotros, las personas reales, sino el estado. La cuestión es que el estado simplemente no estaría. Cada día veo más claro que no hay ni puede haber un estado ciudadano. El estado siempre ha tenido apellidos: dinástico, teocrático, nacional… A veces hasta segundo apellido: totalitario, democrático, etc.

En el viejo estado dinástico europeo la pequeña comunidad real, una red distribuida, se subsumía en el estado merced a la relación directa con la corona quien a su vez ocupaba ese lugar central en la red social por gracia divina. El paso, necesario, al estado nacional supuso la organización descentralizada que el pujante mercado reclamaba, pero también el nacimiento de un imaginario abstracto, de una cierta idea de comunidad, de sujeto colectivo que convirtió en seres animados y sintientes, en una suerte de dioses politeistas, a las lenguas, los territorios y los destinos tenían vida propia y prestaban identidad a las personas que, ya directamente, les pertenecían.

Pero no hay dioses sin trascendencia. Sin relato de destino ni voluntad. Imaginada, abstracta, la comunidad nacional en la que se basa todo estado ha de fabricar ciudadanos para mantener la lealtad a sus convenciones. Religión civil o religión histórica, sin verdad revelada, el estado se sabe inane y condenado a ser despedazado bien por otros imaginarios de diferente ámbito, bien por su enemigo identitario último: la comunidad real.

Ahora bien. ¿Puede la comunidad real llegar a constituir estado? Es más que dudoso porque la comunidad real, esa pequeña red distribuida es necesariamente pequeña, muy pequeña. Los antropólogos nos dicen que las comunidades tribales humanas rara vez pasan de los 60 miembros. Los historiadores militares que las unidades con mando único directo de mayor tamaño no han tenido nunca más de 80 soldados. Algo que es consistente con lo que apuntan algunos neurólogos que nos aseguran que es más que posible que nuestro cerebro sólo pueda reconocer y captar los matices emocionales que superan la empatía hacia sentimientos más fuertes (amor, amistad, etc.) de unas 100 o 120 personas. Parece incluso que la experiencia del terrorismo distribuido de la última década apunta en el mismo sentido.

Así que si el tamaño máximo de una red distribuida anda entre los 80 y los 120 miembros, no hay estado capaz de aglutinar -o constreñir- sin imaginario finalista, la diversidad de fondo que le compone. El Papa lleva razón…

…otra cosa es que el futuro no venga tanto de estados nacionales informados de valores religiosos o nacionalistas (esa religión laica) como de un nuevo tipo de redes de redes distribuidas muy lejanas de lo nacional, que ni siquiera se piensan a si mismas como estado aunque de alguna manera ensayen el aggiornamento de sus formas en un mundo distribuido.

Pienso, sí, en Alqaida pero sobre todo en las nuevas Venecias corporativas. El estado nacional confronta hoy la amenaza de un mundo distribuido que escapa de los tradicionales mecanismos de control de empresas y particulares. Indefectiblemente será cada vez más trascendente, cada vez más esperanzado, conforme necesite ciudadanos más temerosos. Será más represivo y contradictorio también.

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Lunes, 12 de Noviembre de 2007

Carlos Seda: David dijo en el comentario 17 de este minipost: “Tal como yo lo veo la situación de estas décadas se parece a la del Medioevo europeo: veremos Hansas y Venecias, pero no jacobinos y girondinos todavía. De hecho igual que los burgos reclamaban del señor feudal caminos seguros, las Venecias y las Hansas de hoy, no irán a los forums, pero reclamarán al Estado que no abandone ciertos espacios y tal vez hasta se alíen en momentos con los Saladinos o los Ricardos de turno… quién sabe…” ¿Continuamos aquí? ¿o aquí?. (3)

Domingo, 21 de Octubre de 2007

Reportaje en Veintitres

Este viernes pasado la conocida revista argentina Veintitres publicó una entrevista a cuatro páginas a raíz de la edición argentina de El Poder de las Redes

La revista argentina Veintitres publicó el viernes un reportaje-entrevista que hicimos durante la última mañana de mi estancia en Buenos Aires, cuando presentamos la edición argentina de El poder de las Redes.

Me lo contaba Noel esta mañana en el email y Seba Lorenzo, desde su Blackberry, me enviaba unas imágenes.

Veintitres 0 Veintitres Veintitres 2 Veintitres 3

Por lo que me cuentan ha quedado muy bien. Estoy seguro de ello, pero no crean que fue por méritos míos, es que delante tenía a alguien que preguntaba con inteligencia y complicidad y con quien me hubiera quedado charlando durante muchísimas más horas…

Gracias Noel!

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Domingo, 14 de Octubre de 2007

De Freedonia a Second Life, la imposibilidad del segregacionismo conversacional

Freedonia es una experiencia a caballo entre el segregacionismo del siglo XX y la nueva identidad de las comunidades virtuales transnacionales del XXI. En su inocencia marca una perspectiva y una frontera.

Son pocos ya los que recuerdan en la blogsfera la increible aventura de Freedonia (1997-2002), la primera comunidad virtual que estuvo a punto de alcanzar la territorialidad. Era la época en que EEUU y Europa se incorporaban masivamente a Internet, la época de la expansión de la World Wide Web (WWW) y el html. La época de la segunda gran oleada de nuevos internautas, los días de gloria la burbuja puntocom. Internet aparecía como un nuevo territorio donde todo era, o sería, posible. En el confiado mundo post-muro de la era Clinton los visionarios triunfan y un buen titular sobre un artículo ensoñador bastan para configurar un estado de ánimo.

Ya en los días finales de la aventura MetroActive titula: “Wanted: Homeland for 300 Webheads“1. La entradilla sigue

In cyberspace, anyone can stake a claim to nationhood and rule with a scepter and a mouse

Hoy, cuando sólo en NationStates2, el sitio albergado por el escritor postciberpunk australiano Max Barry para promocionar su última novela, existen casi dos millones de estados imaginarios con sus respectivos jugadores, no podemos evitar una sonrisa. Pero en el 2000, sonaba distinto y el país imaginario del joven John Kyle parecía poder tomar materialidad en cualquier momento.

Pero vayamos aún más atras, hasta comienzos de los noventa. En marzo de 1992 John Kyle era un estudiante de 13 años que acababa de entrar en el Instituto en su ciudad natal, Houston (Texas, EEUU). Estaba, según sus propias palabras,

fascinado por el concepto de que uno pudiera tomar su casa y declararla territorio independiente de los Estados Unidos

Es decir, estaba muy influido por la propia tradición confederal texana y sus mitos fundacionales en una época en que, como cuenta Manuel Castells3, no pocos condados de este estado se unían en un movimiento por el no reconocimiento activo del gobierno federal. Kyle y sus amigos crearon entonces Freedonia, sin saber que tenía el mismo nombre de la nación ficticia de los hermanos Marx en Sopa de Ganso (en el doblaje español, Libertonia) como parte de un juego cuyo objetivo era declarar la independencia de las casas de sus padres. Ensayan entonces organizarse como comunidad como si de un juego de rol se tratara. Prueban primero “una especie de oligarquía”, después (1996) una república presidencialista y finalmente (1997) una monarquía parlamentaria (cuyo parlamento nunca llegó a funcionar), cambiando su nombre en 1998 por el de Principado de Freedonia.

En 1997 el juego se traslada a Internet3 coincidiendo con la graduación de Kyle y su ingreso en el Babson College. Se incorporan nuevos ciudadanos activos desde todos los rincones del mundo y la comunidad virtual de Freedonia alcanza los casi 300 miembros. La evolución ideológica de Kyle hacia posiciones en la línea del Partido Libertario y su descubrimiento del entonces ya abandonado Proyecto Atlantis, darán un giro al proyecto. A partir de entonces la comunidad virtual se considerará un esbozo de las estructuras políticas de un futuro estado territorial.

En un primer momento la búsqueda de territorialidad se centra en la recuperación del Proyecto Atlantis. Freedonia entra en contacto con la misma empresa fabricante de estructuras flotantes en la que se basaba aquel proyecto. Los costes y los problemas de reconocimiento derivados de la entonces novedosa legislación internacional sobre islas flotantes, les llevarán a abandonar este camino.

Pronto el proyecto se orientará hacia la consecución de una cesión de soberanía cuando descubran la historia de la Isla Pitcairn, una pequeña colonia en el Pacífico de 5km, tamaño aproximado del Islote de Lobos (Canarias), que Gran Bretaña se había planteado abandonar en los ochenta en favor de Francia por sus costes de mantenimiento e incluso vender a un millonario norteamericano. Los contactos con Gran Bretaña se revelarán pronto difíciles e infructuosos y los freedonianos se reorientarán hacia un nuevo y éxotico destino: la región de Awdal en Somaliland, antigua colonia de la Somalia Británica.

Somaliland es un estado nacido de facto de la descomposición de Somalia en mayo de 1991 y sólo reconocido internacionalmente por Etiopía. En el caos del cuerno de Africa durante los 90, Awdal había a su vez proclamado su independencia de Somaliland en calidad de sultanato independiente, animada por las promesas de inversión de algunos inversores norteamericanos.

A finales de 1999, Kyle llegó hasta Awdal de la mano de dos aventureros del entorno libertario norteamericano (Michael Van Notten y Jim Davidson), que habían fundado una compañía, la Awdal Roads Company4 para convencer a los clanes locales de su proyecto de desarrollo para el nuevo país.

A finales del año 2000 y principios de 2001, Van Notten y Davidson, quien estaba casado con la hija de uno de los personajes más relevantes del clan Samaron, dominante en Awdal, tuvieron una serie de encuentros sobre el terreno con altos representantes del recien nacido sultanato independiente. En medio de la misión aparece un fax malicioso que asegura que el verdadero fin del viaje es la consecución para Freedonia de una amplia franja de la costa local. En los siguientes encuentros con ministros y funcionarios aparecen la desconfianza y la decepción. Los empresarios son amenazados de muerte y expulsados del país. En los días siguientes se produce una algarada al paso de la comitiva del Vicepresidente. Muchos awdalíes han oido la historia y se manifiestan a favor de los supuestos planes de la Awdal Roads Company. La guardia del vicepresidente abre fuego y mueren entre dos y cuatro personas según fuentes locales. En los siguientes días seis personas más serán detenidas a consecuencia de las protestas.

Kyle, impresionado, publica en medio de un aluvión de presiones y bombardeos de trolls, una carta de descargo que es abalada por Davidson y Van Notten. Decepcionado y temeroso de las consecuencias del moviento al que había dado nacimiento, se retira dejando morir a la comunidad virtual que le sostiene. Mantiene hoy tan sólo la página web como una reliquia histórica. Su último mensaje a la comunidad fue enviado el 4 de julio de 2002.

La historia de Freedonia representa la transición y la continuidad entre el segregacionismo randiano sesentaiochesco y el nuevo mundo de las comunidades transnacionales. La tentación segregacionista aparecerá una y otra vez desde la segunda mitad de los noventa en las redes virtuales. Es la respuesta fácil. Cuando la vida de en la red ocupa el espacio identitario y explica más que la nación quienes somos y con quién conversamos, la tentación inmediata es replicar el modelo nacional, buscar un territorio y construirse un microestado a medida. El segregacionismo siempre estuvo ahí bajo una u otra forma para invitarnos a tomar un islote perdido o construir una ciudad flotante donde dar cabida a la comunidad real y ensayar nuevas formas de organización social. Y el mito del éxito mormón es todavía poderoso.

Pero los grupos del siglo XX no eran ya como los del XIX. Los intentos randianos no serán los de una comunidad presencial, real, al estilo de los mormones. En su forma de sociedad por acciones se parecerán más a las fracasadas sociedades de colonización que a las perseguidas y cohesionadas parroquias religiosas de John Smith donde, a pesar de ser más, se conocían, trabajaban y confiaban personalmente unos en otros generando de paso una base económica y lazos afectivos capaces de sostener los gigantescos esfuerzos y sacrificios que fueron necesarios.

Y si lo pensamos, Sealand, desprovisto de la capa mítica del Criptonomicón y Wired, no va más allá de la aventura de una familia de ocupas británica. Malas compañías incluídas.

Freedonia, la primera comunidad de la era Internet en búsca de territorialidad, es en su inocencia, precursora y frontera. Sus escasos tres centenares de miembros, llegaron a tener una vida política real e intensa. Construyeron una conversación que les explicaba y daba sentido. Compartieron sus días y construyeron una identidad común que les ligaba más entre si que a sus respectivos contextos nacionales. En una palabra, constituyeron una comunidad transnacional. Pero nunca tuvieron una base económica, un mapa, un espacio común entre los flujos de la conversación y su propio sustento.

Es verdad que una comunidad puede sostenerse conversacionalmente y en exclusiva sobre el juego político. En un largo e interesante experimento6 el etólogo holandés Frans de Waal, muestra como una manada de chimpancés donde todos sus miembros gozan de acceso irrestricto a la comida, no sólo mantiene sus estructuras de poder, sino que las vive más inténsamente que nunca. La política no nace en los primates como una consecuencia de la escasez, no es únicamente una lucha organizada por el excedente como pensaba Marx. Está ahí antes y después de la abundancia.

Pero mantener la conversación y el juego social no es sostener una comunidad humana. Nada más allá de la conversación generaba la necesidad ni la posibilidad de un territorio base en Freedonia. No existía ni una persecución que les conminara a hacerlo, ni una actividad económica previa entre los miembros que justificara el establecimiento en lugar alguno. Como tampoco había en los randianos ninguna de las dos cosas. Por éso, freedonianos y randianos buscan un destino con lógica de colono, pensando en que el territorio generará su propia estructura económica. Una economía apenas esbozada bajo principios libertarios sobre la que se habría de asentar una comunidad que ya no se pretende transnacional ni virtual, sino territorial. Error. Por eso fracasa el segregacionismo. Sin economía compartida no hay comunidad humana sostenible en el tiempo. Por eso la infidelidad, la transitoriedad, la temporalidad de las alianzas son, como comenta Juan Urrutia7, la nota común de las identidades conversacionales en la red.

Tras Freedonia las comunidades transnacionales de conversación evolucionarán espectacularmente, tanto en número como en forma. Algunas, como Second Life, incluirán como atractivo una pequeña economía paralela -produciendo escasez artificialmente- y un cierto espacio político. Pero, al menos hasta el momento, no son más que juego y representación, pasatiempo y simulación de un mundo que ya se intuye pero ha de venir de otro lado.

Las nuevas identidades surgirán sólo cuando los espacios conversacionales transnacionales se superpongan a espacios económicos de un ámbito similar y ambos interactúen entre ellos. A distintas escalas, desde las redes de decenas de miles de individualistas neonómadas a las grandes venecias corporativas, esto es precísamente lo que estamos empezando a observar en esta década y lo que prefigura las formas del gran mapa postnacional de mañana.


1. http://www.metroactive.com/papers/cruz/11.22.00/netnations-0047.html
2. http://www.nationstates.net/
3. Manuel Castells, La era de la información, 1994
4. http://www.freedonia.org/
5. http://www.awdaldevelopment.org/
6. Frans de Waal, La política de los chimpances (Alianza Editorial 1993)
7. Juan Urrutia, El capitalismo que viene. Disponible en http://juan.urrutiaelejalde.org/capitalismo

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Jueves, 11 de Octubre de 2007

Clarificando ideas

La investigación surgida en la elaboración de De las naciones a las redes está aportando pistas y caminos harto interesantes para comprender el mundo de las redes distribuidas…

Enrique Gómez y Arnau Fuentes escribirán también en De las naciones a las redes. Si El poder de las redesfue el balance final de todo ese increible viaje que representó el ciberpunk español, este nuevo libro representa el arranque de un nuevo viaje, hoy tan visionario como podía ser hace 17 años el ciberpunk.

En realidad “De las naciones a las redes” nace de las consecuencias de una ruptura que ya apareció claramente en la crítica a la Wikipedia y a partir de ella a la supervivencia del pensamiento moderno en el mundo de las redes distribuidas. Este libro representará la aplicación de la misma estructura crítica a los estados y las ideologías universal-nacionalistas…

Y como siempre, en el proceso de elaboración y discusión van apareciendo cosas que no estaban ahí en el planteamiento inicial. Voy aprendiendo y van apareciendo ideas fuerza.

La primera es que la nación surgió de una necesidad real… y a pesar de ello el proceso de su universalización llevó casi dos siglos y fue, cuando menos, correoso, encontrando constantes resistencias de todo tipo.

Abandonar las comunidades reales donde sabías la cara y el nombre de todo el mundo para abrazar la nación (una comunidad abstracta donde no conocías a los otros, los imaginabas) fue un proceso costoso y difícil. De hecho en muchos sitios, como España, la identidad familiar, las cofradías, el cantonalismo… siguieron vivos mucho mucho después. Incluso en el nacionalismo vasco original (vizcainista y obsesionado por los apellidos) hay mucho de rebelión contra ese esfuerzo imaginativo que la nación exige.

Las segunda es que las comunidades y redes virtuales identitarias con capacidad de superar a la identidad nacional, tienen una naturaleza distinta. conocemos a sus miembros uno a uno incluso aunque no les hayamos visto. Es en cierta manera una comunidad real o mejor, una comunidad imaginada que se precipita hacia la realidad.

Y a partir de ahí, súbitamente, otras cosas comienzan a conectarse. Es como si estuviésemos en una especie de espiral en la que las formas premodernas aparentemente destruidas por la industrialización, reaparecieran empoderadas por el brutal desarrollo de la productividad alcanzado en estos 200 últimos años. Dicho de otra manera, es como si el capitalismo (que no es lo mismo que economía de mercado) se reperfilara como una etapa transitoria, como una especie de reducción de marcha que empieza a entregar a las formas premodernas de organización social la potencia productiva que sólo él podía desarrollar.

Veamos algunos ejemplos: La industrialización supuso el paso de la producción individual a la colectiva pero también de la artesanalidad al uso intensivo de la tecnología. El tipo de sociedad de producción distribuida que apunta a través del hoy muy precario fabbing, supondría una reindividualización de la producción… pero con un uso intensivo de la tecnología.

En los medios de comunicación, si lo pensamos un poco, también se sigue el mismo molde. Del sistema mediático descentralizado al distribuido emergente a través de la blogsfera lo que media es un reempoderamiento de las personas con herramientas y lógicas hasta hace poco sólo alcanzables mediante grandiosos esfuerzos colectivos (como reunir el capital de un periódico).

¿No hay una cierta simetría con la evolución desde la comunidad material identitaria (familia, cofradía, aldea, parroquia) a la comunidad imaginada sobre el mercado, la lengua y el territorio, es decir, la nación y de esta a las nuevas comunidades materiales, concretas y al mismo tiempo necesariamente imaginadas por no estar basadas en la presencialidad?

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Sábado, 6 de Octubre de 2007

Las nuevas venecias corporativas (II)

En el nuevo mundo de las transnacionales, la blogsfera corporativa es mapa y periódico de una comunidad basada en la movilidad y la inteligencia en la que la frontera entre la comunidad real y la imaginada se desvanece paulatinamente

No es descabellado pensar que en grandes organizaciones el porcentaje de bloggers activos no es menor al de la media de autores en los territorios en los que actúan. De hecho todo indicaría que debería ser mayor dados los perfiles de edad y formación. Una extrapolación reciente nos señalaba que sólo en el grupo BBVA podrían existir casi dos centenares del bloggers activos.

Llegados a un cierto punto de extensión geográfica y población, la generación de una blogsfera propia se convierte en el camino principal para hacer aflorar conocimiento y poner en valor experiencias que en la estructura jerárquica tradicional quedarían aisladas e inaprovechables. Distribuir la información y poder monitorizar el curso de los debates para localizar los problemas y conversaciones emergentes en la periferia de la red, se convierte en la nueva frontera de los gestores.

Al mismo tiempo, casi inevitablemente, la blogsfera corporativa se convierte en la primera forma distribuida de representación de la empresa1 y va transformando el curso y el destino de las carreras internas, haciéndolas mucho menos dependientes del territorio. Nuevos valores relacionados con la red emergen poco a poco y con ellos, un nuevo perfil de reconocimiento. El trabajador de éxito pasa a ser alguien con sensibilidad para reconocer demandas emergentes en el entorno de la empresa, formar equipos transnacionales adhoc y generalizar la asunción de nuevos discursos y enfoques en la red corporativa.

El papel jugado por la relación entre la identidad del trabajador y la identidad nacional de origen de la empresa se va trasladando al idioma porque el espacio de relación virtual es el lugar donde se focaliza poco a poco la vida profesional. Además, como la capacidad para seducir y convertir en acción las nuevas demandas es una habilidad cada vez más valorada, va extendiendose poco a poco una forma de “normalización” espontánea de la lengua basada en los elementos compartidos.

Pero este proceso, a su vez remarca la divisoria entre las grandes áreas lingüísticas. Las empresas extendidas en áreas relativamente homogéneas obtienen nuevos elementos competitivos… pero las que quieren crecer entre poblaciones de clientes y trabajadores lingüísticamente heterogéneas, pierden buena parte de las nuevas ventajas y oportunidades.

En el nuevo mundo de las transnacionales, la blogsfera corporativa es mapa y periódico de una comunidad basada en la movilidad y la inteligencia en la que la frontera entre la comunidad real y la imaginada se desvanece paulatinamente. La empresa se perfila como nuez de una comunidad cuya identidad va tomando protagonismo en las biografías de sus miembros por encima de la nacionalidad u otras consideraciones.

Si hemos visto en menos de dos décadas el salto de la empresa nacional a la empresa transnacional, no deja de ser tentador imaginar el siguiente paso, la identidad ciudadana transnacional basada en la empresa. La analogía con el mito veneciano es obvia, pues en el auge veneciano la construcción de negocio y la ciudadanía, la carrera personal y la biografía política, eran la misma cosa. Como la Venecia clásica, las nuevas transnacionales se definen sobre una base territorial exigua y una red siempre cambiante de relaciones y rutas, de itinerarios y sedes más o menos efímeras en los puertos de comercio. Como Venecia, los nuevos protagonistas empresariales se hacen cargo de más y más aspectos de la vida de su gente haciéndoles al tiempo, cada vez más protagonistas del destino común. De hecho no creo que resulte aventurado imaginar en la próxima década a grandes o pequeñas transnacionales, redes de PYMEs deslocalizadas o empresas de nuevo tipo, identificándose y compitiendo con modelos sociales diferenciados. En parte ya han comenzado a hacerlo azuzados tanto por el entorno como por la competencia por el talento.

En cualquier caso resulta cada vez más difícil imaginar a los trabajadores de las empresas globalizadas de las próximas décadas desde identidades constituidas a partir de lo nacional. Es harto difícil orientarse a una vida en movilidad, desarrollándose en espacios conversacionales desterritorializados y seguir explicando el propio ser en los términos en que el estado nación pretendía constituir a sus ciudadanos.

La nación fue la comunidad que imaginamos para explicar las relaciones sociales que nos envolvían cuando el mercado creció más allá de local. La comunidad que imaginamos para dar marco a una vida que se ramificaba en el territorio trayéndonos el mercado a cada aspecto de la cotidianidad. No fue fácil renunciar a la identidad tradicional, basada en la familia y la religión, que agrupaba sólo a personas cuyos nombres conocíamos en espacios que conocíamos palmo a palmo. Por eso la nación tardó siglos en madurar hasta parecer que siempre había estado ahí.

Pero hoy las nuevas venecias corporativas y sus nacientes espacios virtuales seguramente expliquen mejor y de forma más tangible, más personal, menos abstracta, más cercana a una comunidad real, la vida de centenares de miles de personas que se mueven por las grandes enredaderas comerciales y financieras del mundo.


1. Algo que habíamos predicho en El poder de las redes y que hoy empieza a ser común, véase por ejemplo: http://blog.wellsfargo.com/ o a una escala muchísimo menor http://lasindias.net

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Jueves, 4 de Octubre de 2007

Las nuevas venecias corporativas (I)

Primera entrega del capítulo sobre las nuevas venecias corporativas…

Cuando las grandes empresas españolas comenzaron su internacionalización en América Latina hace poco más de una década, el modelo organizativo de referencia era la multinacional anglosajona. Este modelo reforzaba la eficiencia en el desarrollo de objetivos bien establecidos sobre tareas protocolizadas y estandarizadas. Además reforzaba la ligazón de la empresa con el territorio en sucesivos ámbitos de autonomía, desde la sucursal de barrio a la Presidencia global, que calcaban la lógica del sustrato el sistema de comunicaciones descentralizadas que había estado en el origen del modelo1.

Pero los últimos diez años han sido los de la emergencia de las redes distribuidas. En el ámbito de la comunicación interna, las empresas funcionaban ya entonces como un mar de pequeñas y densas redes de comunicación electrónica distribuida gracias a la generalización del uso del email.

En el de creación de valor, cada día es más evidente que las ventajas de escala se generan desde la transnacionalidad, acompañando a los clientes finales en sus propios procesos de internacionalización. La propia globalización es en realidad el proceso de conversión de un mercado mundial que en la práctica era la suma de una serie de mercados nacionales interconectados a través de grandes instituciones con porder de filtro, es decir, una red descentralizada clásica, a una única gran red comercial y productiva en la que en cada producto y servicio acaban concurriendo elementos y personas que no pertenecen al mismo ámbito nacional.

De hecho, la propia palabra internacionalización pierde sentido y nos revela qué está pasando. Cuando en los 90 se hablaba de internacionalización de la pequeña empresa quedaba implícito que se trataba de la internacionalización de la pequeña empresa de los países centrales. La práctica ha sido desde luego distinta y la balanza de oportunidades parece escorar hacia los pequeños tan llamativamente que es ya tema de la literatura popular2. Los grandes bancos, consultores y operadores telefónicos que se habían internacionalizado en los 90 tenían ahora que acompañar a salir de las fronteras nacionales a los pequeños de cada país. Seguir rígidamente la estructura jerárquica hacia arriba en cada territorio hasta la central y de ahí de vuelta y hacia abajo en otra estructura nacional, se tornaba lento e ineficiente. Había que conectar directamente niveles entre si en organizaciones locales en el marco seguro y cada vez más referencial, identitario, de un paraguas central cada vez menos identificable en términos nacionales.

La multinacional da paso a la transnacional. De la lógica extractiva a la apuesta por la creación y generalización de bases de consumo. De los limpios organigramas descentrazilados a la maraña distribuida de un territorio comercial de relaciones amparado en una identidad-marca. Las nuevas venecias estaban naciendo.


1. David de Ugarte, El poder de las redes
2. Thomas Friedman, La tierra es plana, breve historia del mundo globalizado

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Domingo, 30 de Septiembre de 2007

De las naciones a las redes: introducción

Igual que El poder de las redes, el nuevo libro que estoy escribiendo con Pere Quintana, comenzará declarando al lector de qué tratará y desde qué enfoques. Aquí está el primer boceto de esa introducción.

Internet ofrece una rica vida social. Cada vez son más las personas que centran su vida económica y social alrededor de comunidades virtuales. Los procesos políticos y deliberativos que originan cada vez tienen menos que ver con los estados y sus fronteras. Envuelven a millones de personas en todo el mundo y son el caldo de cultivo de nuevas identidades de todo tipo: desde Al Qaeda a las redes de ecoaldeas.

Una lógica que informa a cada vez más empresas transnacionales, que se dotan de esferas comunicativas y políticas de decisión e influencia cuyo impacto es indudable sobre todos los ámbitos de la vida de sus miembros. Estamos pasando del viejo sistema de las multinacionales cuyo centro e identidad original derivaba de una empresa nacional que se había internacionalizado a un momento en el que no dejan de brotar nuevas venecias corporativas que tratan a los estados de igual a igual, piensan en términos de relaciones exteriores y dotan a sus empleados de identidad y e incluso nuevas formas de ciudadanía.

Mientras tanto, más de un millón de personas viven hoy como neonómadas voluntarios, viajando de país en país y renunciando a una residencia estable, conectados entre si en distintas redes virtuales a través de las cuales se ganan la vida y aseguran su independencia personal y económica respecto a los estados.

La tesis central de este libro es que el paso de una sociedad de economía y comunicación descentralizada (el mundo de las naciones) a un mundo de redes distribuidas hijo de Internet y la globalización económica, hace cada vez más dificil a las personas identificarse en términos nacionales.

La identidad nace de la necesidad de materializar o cuando menos imaginar la comunidad en la que se desarrolla y produce nuestra vida. La nación apareció y se extendió precisamente porque las viejas identidades colectivas locales ligadas a la religión y a la producción agraria y artesanal ya no representaban de un modo satisfactorio a la red que producía el grueso de la actividad económica, social y política que determinaba el entorno de las personas.

Del mismo modo, para un número creciente de personas, el mercado nacional cada vez expresa menos el conjunto de relaciones sociales que dan forma a nuestra cotidianidad. Ni los productos que consumimos son nacionales, ni lo son los contextos de las noticias que determinan los grandes cursos vitales colectivos, ni necesariamente la mayoría de aquellos con los que las discutimos y cuya opinión nos interesa. La identidad nacional se nos está quedando muy pequeña y muy grande al mismo tiempo, se está volviendo ajena.

En la primera parte de este libro trataremos de entender la nación a través de las herramientas y símbolos a partir de los que esta se imaginó y vivió. En la segunda seguiremos las experiencias de los segregacionistas de los siglos XIX y XX, aquellos que no aceptaron el paso a un mundo que cada vez se parecía más a un puzle de centenares de piezas de color e intentaron separarse de la inevitable homogeneización interna que generaba. Y finalmente exploraremos las nuevas vidas e identidades transnacionales y cómo se definen en contraste con los ejes y temas tanto de la nación como del segregacionismo clásico.

No pretendemos hacer un relato cerrado ni construir una utopía. Intentar hacer un modelo preciso de las consecuencias finales de las nacientes identidades colectivas transnacionales es tan difícil hoy como hubiera sido para un ciudadano de la liga Hanseática o la Venecia bajomedieval predecir el estado-nación contemporáneo.

Queremos explorar el presente y avanzar las formas de socialización a partir de las que una minoría creciente dará forma a las tendencias determinantes de las próximas décadas, experimentando y construyendo estructuras económicas y políticas, extendiendo relatos y mitos que rivalizarán con los nacionales. En más de un caso, como nos permite intuir el éxito de algunas de las nuevas definiciones de la Umah musulmana o las nuevas formas de socialización y decisión en grandes empresas transnacionales, incluso superarán y pondrán en crisis la imagen de un mundo formado por agregación de estados-nación.

El mundo postnacional está gestándose desde hace dos décadas. Su tiempo es ya nuestro tiempo.

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Viernes, 20 de Julio de 2007

Destilando las Indias

Un repaso a los principales hitos que han generado la identidad indiana como programa y proyecto desde el 2004

Ayer, a raíz del post criticando el concepto de cultura libre, Enrique Gómez me comentaba que a lo largo de los últimos años las Indias había ido destilando una serie críticas a ideas populares o establecidas en la Internet cool que a su vez habían producido un cierto enfoque particular, una cierta ideología que era a la vez el principal elemento diferenciador de nuestra oferta.

Estoy de acuerdo con él. Las Indias es deudora y continuadora del trabajo y las distinciones del movimiento ciberpunk español del que nunca ha dejado de formar parte a pesar de la hibernación actual. Por éso tanto Pere Quintana como el propio Enrique Gómez, Gema Llorens, Alberto Navarro o Arnau Fuentes, están en el origen de debates y distinciones que hemos hecho nuestras y que en cierta manera, hoy, con ciberpunk hibernado, protagonizamos.

Enrique proponía ayer un listado de debates y conceptos a modo de documento identidad indiano que ordenaba por años. Una especie de destilado indiano:

  • 2004: Debate sobre la naturaleza de las redes frente a los primeros discursos rankistas, desarrollo del concepto de plurarquía en relación a la blogsfera.
  • 2005: Crítica de Creative Commons (abierta por Pere) que incorpora el bricoleurismo de Juan Urrutia y acaba generando el concepto y el movimiento por la Devolución.
  • 2006: Gema inicia la crítica de los sistemas centralizadores como meneame al que pronto se une la experiencia de la Wikipedia. La crítica incorpora pronto el principio de generación de escasez de los textos de Urrutia. Y todo esto acaba en la crítica de la web 2.0. Esto nos llevó paralelamente a construir el concepto de web 2.1 para denominar a su superación distribuida, así como las primeras exploraciones del sionismo digital y el fabbing

Enrique aventuraba, a raíz del post de ayer, que el programa de investigación del 2007 de las Indias y su entorno teórico sería la crítica de la idea misma de cultura libre. Todavía es un poco pronto para saberlo, creo yo, porque lo importante en los debates es a dónde te llevan, que nuevos conceptos puedes descubrir.

Lo que es claro es que el solo listado de estos debates explica bastante bien algunas cosas. El otro día Eduardo Arcos, que se mueve por la blogsfera española en un entorno ideológico muy 2.0, le comentaba a Pablo que quería conocernos porque “sólo había oido hablar mal” de mi y de las Indias. También explica porque en nuestros blogs, como me comentaban el otro día a mi en Medialab, nunca hay un vía Meneame o referencias a los rankings de Technorati o similares.

Somos deudores de una evolución y de una cierta crítica, de un destilado de temas que a fin de cuentas son los que hacen nuestra identidad y nuestra oferta como proyecto, que informan todas las iniciativas de las Indias, desde feevy hasta las contextopedias o la investigación del fabbing. Con esos hitos se conoce a las Indias y estamos muy orgullosos de ello… A fin de cuentas es nuestra identidad.

Guardado por David de Ugarte en como destacado a las 10:33 am | (11)

Martes, 10 de Julio de 2007

Jumpcut en la contextopedia

Primer vídeo que incluyo en mi contextopedia: Pere Quintana explicando el Sionismo Digital

Modificando ligeramente una extensión para ver vídeos de Youtube en WikiMedia he podido añadir el primer vídeo de Jumpcut a mi contextopedia. El otro día aproveché la visita de Pere para pedirle una definición de Sionismo Digital. Y aquí está.

El vídeo, para los perezosos, es éste:

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Sábado, 12 de Mayo de 2007

La próxima Serenissima

De las ciudades red a las empresas red, todo conspira contra el viejo mundo de las capitales y los territorios.

El bucintoroVuelvo en estos días a muchas reflexiones que comenzamos hace cuatro años cuando, a modo de un manifiesto, empezamos a trabajar las ideas de Como una enredadera y no como un árbol.

En este tiempo muchas cosas ha habido que sumar tanto en experiencia como en lecturas que han aportado nuevos ángulos e ideas.

De hecho creo que en estos años han emergido con claridad elementos que nos llevan a pensar en nuevos ejes más allá de la oposición entre capitales y metrópolis. Si en el paso de la lógica del territorio a la lógica de la red centrábamos entonces el sujeto en la netocracia, hoy podemos decir que hay cuando menos otro agente tanto o más potente en más de un sentido.

Transnacionales vs Multinacionales

Los que hemos seguido en estos años tanto la evolución empresarial como los grandes movimientos ideológicos globales hemos podido contatar como algunas multinacionales (y ahí caben tanto grandes bancos como ONGs globales al estilo de Greenpeace) se convertían en transnacionales.

Si en el modelo multi, atendían a un interés económico que a las finales, y aún con dificultades, se identificaba o cabía en el del estado que hospedaba a la matriz, hoy tienen cada vez más una lógica -y si me apuran, representan unos valores- que no nacen de los intereses de un territorio concreto, sino -por la creciente dispersión del origen de sus accionistas, de sus cuadros y sus clientes- de un conjunto de ellos. En el caso de algunas transnacionales españolas se observa por ejemplo una tendencia a ser tan latinoamericanas como españolas.

El hecho es que para un grupo creciente de transnacionales sus objetivos se alinean con aquellos posicionamientos que tienden a ampliar la base de consumo que les permite crecer, esto es: la estabilidad política global, el apoyo a los procesos de integración económica y el desarrollo social, cada vez más considerados como ejes estratégicos de la empresa.

Esto evidentemente no es un fenómeno generalizado a todos los sectores, baste seguir la actualidad energética o la política de las grandes empresas ligadas a la propiedad intelectual. De hecho más que de una bifurcación del modelo de evolución de las grandes empresas, cabría hablar de una verdadera oposición de sistemas.

Mientras la transnacionalidad implica lo opuesto a la lógica extractiva, el conjunto de empresas de software, farmaceúticas y de fabricación de imaginarios ligado a la profundización de la propiedad intelectual lleva el modelo extractivo hasta límites insospechados, hacia el llamado tecnoimperialismo.

Identidad, red y territorio

Una dimensión muy interesante de las transnacionales es que conforme se afianzan como tales, paulatinamente se definen en los 5 ámbitos (organizativo, tecnológico, doctrinal, social y narrativo) en el que se definen las redes pasando de modelos que trataban de constreñirlas a modelos que buscan la confusión entre la empresa y las redes que informales articula.

Es decir, paulatinamente el componente identitario y reticular se hace más y más definitorio sobre la naturaleza de la empresa y eclipsa el rol que las identidades nacionales y territoriales -ligadas a sus orígenes históricos- tenían hace tan sólo 20 años.

Consecuencias dentro y fuera

Esta emergencia interna de la lógica organizativa de red cambia la naturaleza de la organización también hacia dentro, cambiando cómo se consideran las personas que forman parte de ella. Aunque es un tema a desarrollar, creo que la tendencia es hacia una reidentificación en la lógica de personas frente a la lógica protestante de los individuos que hasta ahora había informado a la mayor parte de herramientas ligadas a la red. Como este es un debate ligado por otro lado a la experiencia de ese hermoso laboratorio que es feevy en el mundo anglosajón, merece la pena desarrollarlo en otro momento.

Pero sumemos partes: tenemos empresas y ONGs cuyos intereses no están ya en la lógica extractiva y de conflicto de unos países frente a otros, sino en una lógica de desarrollo, integración y estabilidad conjunta más acorde con sus intereses. Empresas que hacen valer sus valores muchas veces incluso como mediadoras entre estados. Empresas que tienen su propia diplomacia pública…

…¿Cuanto falta para que una de estas empresas se localice en un espacio abiertamente extraterritorial que les libere de las ataduras y marejadas del efecto sede convirtiendo sus externalidades en una suerte de turbo? ¿Cuanto tardarán en tener -bajo otro nombre- verdaderos servicios diplomáticos? Algunos ya parecen estar en ello y apuesto a que dentro de poco veremos verdaderas y ya hace tiempo necesarias, escuelas diplomáticas para directivos y altos ejecutivos de más de una de estas empresas.

Una sede-mercado-informativo central colocada en la medida de lo posible fuera de los viejos conflictos, una diplomacia propia, una empresa red que sabe comportarse casi como un meta-país red… ¿No os apetece repasar la rica Historia veneciana? ¿Quién será la nueva Serenissima?

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Jueves, 14 de Septiembre de 2006

El significado de “Días de frontera”

El fondo político y los debates de años tras un muy modestito relato ¿post-ciberpunk?

Leyendo la entrevista que Marcos Taracido hace hoy a Suso de Toro, la mejor que he leido hasta ahora, uno descubre la dificultad de la literatura para separarse de su contenido político. Aunque como en el caso de Suso, la potencia literaria del texto esté muy por encima del más o menos tosco debate sobre la guerra civil que se alienta en estos días.

Evidentemente Días de frontera no es ni mucho menos comparable a la novela de Suso, ni yo escribo -ya me gustaría- la mitad de bien que él. Pero si me interesa continuar esa reflexión a partir de mi propio relato donde, puedo asegurarlo, la relación entre una cosa y otra es directa y consciente.

Praga, verano de 2003, conferencia internacional sobre el Ciberpunk. Istvan Csicsery-Ronay presenta un interesantísimo paper: Cyberpunks and Empire.

La tesis: el ciberpunk es la primera literatura del Imperio, en el sentido de Negri. La primera corriente

en definir el imperio tecnocientífico como la condición de un ser social, un imperio sin ideologías o teorías políticas estables, pero también con un destino consolidado

Así, según Ronay, el ciberpunk habría servido, hasta los 90, como puente del casi insalvable gap entre modernidad y postmodernidad en la cultura popular. Esa visión del tecnoimperio como algo total, inquebrantable, generaría la imposibilidad de imaginar un fin del mundo desde el ciberpunk.

Días de frontera nace con la intención de responder a ese reto. Escribir una historia que narre el fin de un universo, que relate un quiebro en el espacio social. Que de algún modo devuelva la Historia al relato. Pero la verdad es que con los parámetros de comprensión del ciberpunk clásico esto se me hacía imposible. Podía describir un mundo, varios mundos. Podía imaginar sus móviles y sus confrontaciones. Pero no podía fantasear su superación. Escribí rápidamente el planteamiento… y ahí se quedó…

La cuestión latente era más profunda, más política que lo que puede parecer a simple vista. ¿Podemos imaginar otro mundo fuera del continuo abierto por la sociedad globalizada? ¿Podemos imaginar una refundación social sobre unas bases diferentes? No me refiero a diferentes discursos o diferentes principios de representación o reparto del poder. Emiratos integristas y sistemas como el de Corea del Norte conviven hoy dentro de ese espacio social imperial con democracias representativas, ciudades estado oligárquicas y dictaduras cuasifeudales. La cuestión es ¿podemos imaginar un espacio fuera de la sociedad red y la globalización?

La novela señera del ciberpunk boliviano, De cuando en cuando Saturnina de Alison Spedding, proyectaba hace tan sólo un par de años las dificultades del propio indigenismo andino para imaginar un nuevo Tahuantisuyo separado realmente de la sociedad globalizada.

El momento clave en Días de frontera fue descubrir que ni los castellanos segregacionistas ni los granadínos universalistas podrían romper realmente ese espacio social global representado en el relato por los consensos universales. Necesitaba un nuevo sujeto que no representase un proyecto definido, que no tuviera un discurso colectivo específico que poder acomodar al macroorden social.

Raisa debe su nombre al verbo to rise, representa la fuerza emergente de lo incontrolado, su símbolo comunitario es una seta que emerge invisible en medio del bosque (social), porque su poder deriva de la posibilidad de generar una ilusión en el sistema, llevarle a ver lo que no existe (la tala) y hacer invisible lo que existe (su propio grupo). Sólo a través de este ilusionismo y de su negativa a ocupar la ciudad ganada, puede Raisa crear una frontera y hacer un agujero en la máquina totalizadora que es el sistema global. Y aún así sabe que abrir una frontera supone exponerse al conflicto. Un conflicto en el que la única opción es confundirse en el bosque, hacerse invisible de nuevo, porque sólo manteniendo la incertidumbre puede colapsar el sistema, trazar una frontera.

En una palabra, Días de frontera es una parábola del Sionismo Digital, la respuesta tal vez al reto de Istvan Csicsery-Ronay… o la demostración, como seguramente diría él, de que ya estamos más allá de lo que fue el ciberpunk.

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Domingo, 16 de Julio de 2006

Un breve resumen de cuanto aprendí y defiendo

Un post de balance ideológico pensado para seguir cada uno de los enlaces y clarificar los contextos

Es fin de semana de operación salida en España. Vacaciones… para otros. Un buen momento para hacer balance. Tal vez lo mejor de hacer la contextopedia es que te obliga a explicitar tus contextos y aclarar los conceptos que manejas, de modo que tu jerarquía de valores “surge sola”. Estas líneas que siguen son unos apuntes que aclaran mis valores y opciones enhebrando y enlazando las definiciones que de ellos doy en mi contextopedia. Seguramente ésto es lo que merecería ser llamado mi ideología. O mejor, el estado de mis convicciones. Ahora, tras leer este post en negro sobre blanco, podréis ponerle el nombre que queráis.

Los fines

Mi objetivo vital es disfrutar la libertad que se vive en entornos pluriárquicos, porque la pluriarquía es la única forma de libertad sostenible desde una ética ubuntu

La plurarquía sólo es posible desde la lógica de la abundancia. Es la abundancia la que hace inutil la decisión colectiva permitiendo que cada cual opte por lo que quiere sin restar en ningún caso posibilidades a los demás. Eso, es lo que le hace ser ubuntu. Sin abundancia, la libertad de unos pocos sólo existe porque se reduce el rango de elección de los demás. Las viejas definiciones de libertad como juego de suma cero no son ya las únicas posibles en un número creciente de campos, aquellos -vinculados a Internet- donde la plurarquía se convierte en posibilidad real.

Los medios

A la abundancia se puede llegar de dos maneras

  1. porque la topología de red de un entorno pase a ser distribuida y de gran tamaño, de modo que autoproveerse sea inmediato, cuasigratuito y el producto no esté sometido a filtro de otros. El ejemplo más claro sería blogsfera, una red distribuida donde, a diferencia de los medios, no existe un grupo decisivo de nodos capaces de filtrar la información y elegir en exclusiva la agenda pública.
  2. por la aparición de un mumi, un único proveedor benevolente que facilita gratuitamente los medios para todos independientemente de la escala. Este tipo de actores aparecen en el mercado porque los efectos red generan un tipo particular de monopolio natural donde el monopolista teme aprovecharse o ejercer su poder de filtro potencial porque inmediatamente aparecerá otro mumi que le desbancará ofreciendo lo mismo sin filtros y a precio nulo o casi nulo.

La propiedad intelectual y la abundancia colectiva

La agilidad del mecanismo que hace posible tanto el poder montar sin coste un nodo propio en una red distribuida, como que el mumi pueda ser sustituido fácilmente y se abstenga de aprovechar su posición es proporcional a la facilidad para replicar, distribuir, rehacer y aprovechar los procedimientos y las ideas que dan sustento a la red.

No es sólo una cuestión de estándares: cualquier aspirante a monopolista entiende que los estándares abiertos, bajo efectos red, le benefician… al mismo tiempo que le permiten insinuar una barrera a la aparición de un nuevo mumi. Los estándares, las ideas, el software han de ser libres para que la posibilidad de ofrecer alternativas distribuidas a productos basados en la generación artificial escasez (en redes descentralizadas) o la emergencia de nuevos mumis (en redes centralizadas) sean realmente efectivas. Para que los mumis o los nodos centralizadores teman quedar al margen si no aseguran el paso a un funcionamiento pluriárquico. Por eso la devolución es tan importante, no como objetivo, sino como punto de partida.

Es curioso constatar como los grandes mumis son muy sensibles a la presión de las alternativas, al miedo de ver devorado su renombre, y dan fácilmente el salto a servicios diseñados desde la lógica la abundancia como Reddit friends o Google Groups. No hace falta siquiera que esa alternativa triunfe, tan sólo que se insinúe, que su posibilidad se muestre evidente para que el mumi suelte cuerda.

Evidentemente no es así en los entornos de red descentralizados… ahí las oligarquías que inevitablemente las capitalizan dejarían de tener sentido en una estructura distribuida y pluriárquica. Pero es cuestión de tiempo. Igual que los ezines quedaron anegados en la blogsfera, redefiniéndose como blogs colectivos, las enciclopedias virtuales democráticas acabarán anegadas en un mar de contextopedias y enciclopedias especializadas. Y no sólo ellas, en general todos los servicios y proyectos que sigan ese modelo.

El antagonista

Porque en realidad, los verdaderos antagonistas no son las grandes empresas. Ni siquiera los servicios masivos. El antagonista es la escasez artificial y la cortedad de miras de los que intentan fabricarla por negocio o por formar pequeños grupos de poder, imponiendo precios positivos o procedimientos de decisión colectiva cuando no son necesarios, cuando cada cual podría obtener exactamente aquello que necesita o desea sin mermar las posibilidades de ningún otro.

¿Ética o política?

La posibilidad de disfrutar la abundancia y experimentar la plurarquía está ya aquí. Internet es un campo de socialización donde, entre mumis y redes distribuidas, una parte importantísima de nuestra vida puede ser ya así. Más que una opción política, es decir, más que la defensa de esa opción para todo y para todos, la aventura se plantea como una opción ética: llevar a ese terreno una parte sustancial de nuestra vida intelectual, social y profesional. Eso es el sionismo digital.

Es una opción ética mucho más profunda y arriesgada de lo que parece a primera vista, porque vivir en, de y para la red implica también asumir sus equilibrios y sus riesgos. Supone renegar del modelo Buffalo Bill que es cínico profeta y agente del fin de la abundancia. Supone no funcionar como las tropas de ocupación que reciben su comida, precocinada, desde el país de origen junto con las armas que le garantizan una preponderancia forzada. Uno no interioriza realmente un territorio, no encuentra su lugar en él, siquiera sea virtual, hasta que no obtiene allí su alimento físico e intelectual. El sionista digital no es un invasor, siente y vive como nativo.

Y precisamente por eso no podemos renunciar a la defensa de las condiciones que hacen eso posible. La consecución legal de esas condiciones son, para mi, el mínimo político al que la participación en cualquier entorno o iniciativa pública y colectiva debería supeditarse.

Agradecimientos

A Juan, Natalia, María, Pere, Alberto, Arnau, Daniel y Gema que me han enseñado a disfrutar y a vivir en plurarquía. Y especialmente, por todas la claridad que me ha aportado durante los últimos meses, a Enrique.

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Lunes, 19 de Junio de 2006

Por qué soy sionista digital

Una reflexión y una pequeña investigación sobre qué es y por qué merece la pena el “sionismo digital”

Fantasía sobre la isla Sión de Alberto NavarroLa vida en el ciberespacio no es precisamente dulce y educada. A fin de cuentas esto sigue siendo la frontera digital, un lejano Oeste que nunca se urbaniza.

Precisamente por eso puedes ser libre aquí. Siempre puedes ir más allá. Construir por tu cuenta algo nuevo, disfrutarlo y encontrarte un día con que otros han seguido un camino similar y tu vida electrónica es mucho más rica.

Un buen día podría por ejemplo conectarme por la mañana y descubrir que mucha gente se ha construido su propia contextopedia. Podría recurrir entonces a las definiciones de un físico para entender por fin la teoría de cuerdas, a mis escritores favoritos para conocer sus distintas definiciones de novela o a un parlamentario para que me explicara claramente el sistema electoral. Y seguramente algunos seguiríais viniendo a ver mis entradas sobre Teoría de redes sociales.

¿Utópico? Si hemos visto nacer la blogsfera desde la nada ¿por qué no una red de contextopedias? Y quien dice contextopedias dice cualquier otra cosa que podamos pasar de descentralizada a distribuida.

Funcionarios y profesionales

Rave en Sión~Matrix Reloaded Este escisionismo que mediante el impulso de nuevas redes distribuidas, abre nuevas posibilidades a lo colectivo representa una novedad radical con el viejo mundo. Es la lógica de la abundancia frente la de la escasez.

Y no es que en el viejo mundo de las estructuras descentralizadas todo y todos fueran mezquinos y lamentables. Al contrario es un mundo verdaderamente épico para quien lo vive desde una lógica profesional, esto es profesando la convicc