Viernes, 17 de Octubre de 2008

Aliá

Aliá es una palabra hebrea que significaba originalmente ascenso. Ascenso porque cuando se sacrificaban reses en el templo de Jerusalem el fiel tenía que ascender por la escalinata con la bestia sobre sus hombros. La idea de Aliá se une pues a la de sacrificio y pasa a significar también peregrinación, pues los pastores recorrían largas distancias para que su ganado pudiera ser sacrificado durante las tres grandes fiestas: Pesaj, Shavuot y Sucot.

El sionismo, que siempre supo jugar muy bien con los mitos religiosos y su simbolismo, secularizándolos, recicló la palabra Aliá y la convirtió en sinónimo de emigración a Israel en un momento en el que emigrar a cualquiera de las dos provincias turcas en las que se dividía entonces era realmente heroico:

El movimiento nacional judío “expropió” el concepto y le dio una acepción nueva. Aquí el concepto de Aliá se conecta con el concepto de Hagshamá (realización). La Aliá a Eretz Israel es la realización o concretización del ideal sionista: el establecimiento en Eretz Israel. La Aliá se convierte entonces en el acto esencial de la realización sionista, desde un punto de vista ideológico y práctico.

Me he acordado de esto leyendo a Arnau en el grupo de noticias de e4:

construir e4 no es fácil, requiere renuncias a ciertas cosas y un posicionamiento en público (lo que yo siempre he llamado “sionización”) muy duro. Llámadlo “quema de barcos” o como queráis, pero es necesario

Me ha llamado la atención el paralelismo entre sionización y aliá. Para los sionistas territorialistas, hacer Aliá era un viaje físico, porque su proyecto estaba ligado a un territorio concreto. Pero suponía decir:

no soy europeo, no pertenezco a vuestro mundo porque nunca seremos realmente iguales en él, no quiero quedarme aquí, quiero construir un país nuevo donde no seamos perseguidos, donde pueda vivir como judío y desarrollarme como persona sin pedir disculpas por ello. Y estoy dispuesto a trabajar como una bestia para construirlo.

En el mundo del sionismo digital, el nuestro, donde el territorio no es tan importante o al menos no es decisivo a la identidad, sionizarse, es una quema de barcos, un posicionamiento público, un descubrirse. Pero viene a significar lo mismo. Seguramente hoy sea tan poco presentable en sociedad ser neovenecianista como lo era dejar Europa para fundar un kibutz, con todo lo que significaba, a principios del siglo XX.

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Martes, 5 de Agosto de 2008

Del kibbutz a la wikipedia

Arando en el primer kibbutzQue Batya Gur es una de los santas patronas de nuestra biblioteca no es ningún secreto. Su detective Ohayon tiene una muy particular metodología:

En todos los casos, los crímenes hacen de detonante para la completa destrucción espiritual de la sagrada institución. En primer término porque naturalmente, el crimen (o los crímenes) ha sido cometido por alguien de dentro. La situación ha estallado en derramamiento de sangre cuando alguna de las ocultas y más perniciosas miserias humanas del colectivo ha llegado a un callejón sin salida. A continuación, comienza la operación guillotina. El agudo superintendente Ohayon necesita conocer a fondo el funcionamiento y la personalidad colectiva de la institución para llegar a resolver el misterio.

Pero mi favorito es Asesinato en el kibbutz subtitulado Un caso comunitario. Kibbutz en hebreo significa comunidad y realmente un kibbutz es una comunidad, una red distribuida que “sólo” se centraliza en sus procesos de toma de decisión, cuando se convierte en una democracia asamblearia tan radical como lejana de toda lógica pluriárquica.

Todo tiene su historia. Los relatos de los primeros pioneros, ya sean los de Degania, el primer kibutz, o los de Hashomer Hatzair, la juventud sionista, llegados unos años más tarde; son irremediablemente épicos y conmovedores. La idea era sencilla, encontrar un lugar en el mundo para los judíos donde se desarrollaran como campesinos y trabajadores (en vez de como comerciantes) y organizados económicamente de manera cooperativa de modo que no existieran explotados ni explotadores.

Lo que encontraron al llegar fueron tierras yermas y un país escasísimamente poblado, que no contaba con las mínimas infraestructuras para el desarrollo. Su economía fué, en realidad una economía de la escasez más terrible. Escasez a la que enfrentaron a base de idealismo, disciplina y una tremenda voluntad de sacrificio individual en pos del proyecto y la comunidad. En una economía de supervivencia, cualquier pequeño error, cualquier pequeño coste extra, puede tener consecuencias terribles para cada uno y su entorno. Estás en la línea misma… y es terriblemente fácil cruzarla y que una decisión acabe en hambruna.

Las ideas de Agust Bebel sobre la vida cotidiana en el socialismo parecían demostrar una mayor productividad y por tanto aumentar las posibilidades de supervivencia: guarderías, comedores, zonas comunes… sustituyeron rápidamente a las cocinas individuales, la responsabilidad paternal y la intimidad.

Los kibutzim se acostumbraron a reducir el ámbito de decisión de cada uno al mínimo, a someter todo a la asamblea porque todo, o casi todo, tendría consencuencias sobre los demás. Entre las tradiciones socialistas de las que venían y la cotidianidad de la supervivencia, la cultura del kibutz se convirtió en el más acabado totalitarismo democrático que había existido nunca. Todo era decidido por todos, nadie decidía casi nada por uno mismo…

Sobrevivieron. Pero como pasa tantas veces, la cultura permaneció más allá de las necesidades económicas que le habían dado sentido. El kibbutz se convirtió en un generador de escasez. ¿Por qué decidir en asamblea qué ha de estudiar cada cual? ¿Por qué comer siempre juntos? ¿Por qué los padres no van a cuidar a sus hijos en su tiempo libre o incluso llevarlos consigo al trabajo? Las defecciones se multiplican y por primera vez el número de kibutz decrece. Las mismas asambleas ya son presencialmente minoritarias. Aunque es obligatorio asistir, muchos kibutzim las siguen a través de un circuito cerrado de televisión desde sus cuartos.

Es en este marco en el que se desarrolla Asesinato en el kibutz. ¿Qué tiene que ver con nuestro debate, hace dos años, sobre la Wikipedia? Todo. Desde el choque cultural y la incomprensión que genera llegar a marcos donde operan o pueden operar lógicas de abundancia, pasando por la generación artificial de escasez y culminando en las oligarquías participativas.

La novela negra habla de crisis reales del mundo real… y del virtual, muchas veces antes de que sean conocidas y socialmente conscientes.

Guardado por David de Ugarte en su moleskine a las 11:06 am | (0)

Viernes, 24 de Agosto de 2007

El sorprendente testamento de Batya Gur

Anteayer acabé Un asesinato en directo… y estoy todavía en shock.

Batya Gur pertenece a la gran generación de novelistas de género del Mediterráneo. Es el par israelí de Vázquez Moltanbán, Camilleri, Markaris… La constante más significativa de su obra es la exposición, tan sutil como inmisericorde, de los principales ejes de conflicto interno de la sociedad israelí.

El tenaz relato de la irreductibilidad de la diferencia entre mizrajíes y askenazíes y la profundidad del racismo nacionalista -de indudable origen germánico- tan extendido entre los círculos de poder de estos últimos, la convirtieron en una de las figuras críticas más potentes y populares de la literatura israelí actual.

Seguramente, fuera de Israel, su obra más conocida sea Asesinato en el kibutz donde sella el acta de defunción de este modelo social relatando su funcionamiento wikipedico como último totalitarismo asambleario.

En Un asesinato en directo todavía hace un pequeño autohomenaje a lo que supuso aquel libro en 1994, de boca de un personaje marginal en la trama:

Hoy se puede decir que el kibbutz es una reliquia, pero en aquel momento…Fue el primer asesinato que investigó la policía en un kibbutz, la primera vez que la policía entró en uno, de hecho.

Pero el motor de la trama de esta última novela es un crimen de guerra. Un asesinato impune de prisioneros durante la guerra del Yom Kipur. Muy simbólico teniendo en cuenta que los protagonistas y guardianes del secreto son estrellas de los informativos de la televisión pública, “el lugar donde se forja la conciencia nacional“, que acaban amenazándose y matándose entre si.

Cuando Michael Ohayon, el protagonista de toda la serie de novelas, descubre finalmente la verdad, una plancha de silencio oficial se impone desde su mando directo, el director Shorer, que a lo largo de toda la serie se ha ido configurando como la figura paterna y la referencia moral de Ohayon, el símbolo de lo incorrupto que mantiene con vida el estado.

-No sé si podré callármelo -dijo Michael finalmente- no sé cómo va a ser posible vivir con un secreto como este.
-¡Ya lo creo que va a ser posible! -le dijo Shorer, ahora con pena-. ¡Y de qué manera! No vas a decir una palabra -afirmó cada vez más apenado. Y tras un breve silencio añadió-: ¿No ves que estamos evolucionando? Cada vez somos capaces de callarnos cosas más graves

En la escena final Ohayon queda con su hijo Yubal, reservista del ejército que comienza por pregutarle si siguie siendo sionista y argumenta con el tipo de razones que informan a los objetores israelíes de mi generación. Repasando la Historia israelí, cada vez más claramente repudiada por Yubal, Ohayon dice:

-El problema es que como judíos esperábamos tener un comportamiento más moral…, mostrarnos más comprensivos con el prójimo…. y resulta que somos exactamente iguales a los demás.

-Ése es el comportamiento que tienen los perros, que marcan su territorio- murmuró Yubal (…)

Más allá del conflicto específicamente israelí, la clave de la crisis del sionismo hertzeliano está en su propio aporte histórico: la conversión del sionismo en un nacionalismo. Al tener un estado como los otros hicimos lo que los estados hicieron siempre, nos viene a decir un Ohayon estupefacto todavía pues acaba de descubrir la raiz oscura de todo contrato nacional: callar, negar y hacer como que no existe aquello en lo que el estado nacional se basa y que por su propia naturaleza sanguinolienta no puede ser relatado en los términos de las leyendas identitarias que sostienen a la comunidad nacional imaginada.

Comunidad que por ser tan sólo imaginada, tiene tan poca existencia fuera del estado que éste tiene tiene que estar construyéndola permanentemente, es decir por un lado azuzando y exagerando los mitos morales sobre los que se construye y por otro reafirmando las bases de su propia existencia, marcando el territorio a sangre frente a vecinos o disidentes.

El secreto del estado nacional no reside en un crimen concreto. Es, como insinúa la frase de Shorer, general y cada día más grave, más oscuro. La cultura nacional, el orgullo nacional, el honor nacional… al fin las naciones, su identidad, se basan en ese tipo de pacto de silencio y olvido. Todas las naciones tienen sus cadáveres en las cunetas, sus crímenes de guerra, sus expolios, que sólo pueden ser desenterrados, expuestos a la luz y al recuerdo, destruyendo el contrato nacional1.

Pero… ¿para qué hace falta un contrato nacional, no sería mejor un contrato cívico alrededor de un estado postnacionalista? Tal vez no haya tal alternativa, al menos en los estados nacidos del nacionalismo, nos insinúa Gur. En la última página del libro, cuando Ohayon califica de constructiva la rebelión pasiva de los soldados encargados de custodiar los asentamientos, Yubal le responde:

- Pero yo no quiero, de ningún modo vivir en un sitio así. Creo que sería mejor… marcharme a otro lugar. En realidad lo que quiero es marcharme de aquí.

-¿Adonde?- le preguntó Michael conteniendo la respiración, aunque al cabo de un instante se dijo que, de momento, aquello no eran más que palabras, de manera que se concentró en su panecillo con queso fresco.

-Puede que a Canadá2 -respondió Yuval pensando en voz alta, y Michael tuvo que disimular el escalofrío que le recorrió el cuerpo entero (…)

Y entonces Ohayon decide compartir con su hijo el peso del secreto…



Nota 1: Por cierto que no deja de ser curioso que esta reflexión venga desde una escritora popular israelí y no desde otros países, donde los autores tienen ejemplos tan cercanos en el tiempo como los israelíes de esa dinámica de remitificación constante, exclusión y crimen de estado… y sin embargo…

Nota 2: Canadá es también el punto de fuga de una trama paralela que aparece en la novela y que refuerza y prepara el replanteamiento del sionismo no religioso que subyace en las actitudes de Yubal. En ella un rabino profético organiza una red de evasión de capitales para contruir en el país norteamericano una nueva Yavné con ciento y picomil seguidores, convencidos de que es necesario un refugio “donde poner a salvo nuestra raza“.

Guardado por David de Ugarte en Destacados a las 11:05 am | (0)

Tout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just

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