¿Es la democracia un movimiento o un sistema? ¿Una colección de mecanismos descentralizados o un proceso de distribución de la red social?
Hace un par de días dejamos el debate sobre plurarquía y democracia en un punto clave: democracia y plurarquía no son sistémicamente iguales, no hacen parte de la misma naturaleza.
Al fin la democracia es un sistema de gestión de la escasez propio de las redes descentralizadas (como el estado) y la plurarquía es un modo de regulación espontánea que emerge en las redes distribuidas (donde ciertos tipos de abundancia son inherentes a la estructura, como las comunidades o el mercado en competencia perfecta).
Pero hay un plano más amplio en el que se ligan democracia y plurarquía. Como escribe Augusto de Franco:
A democracia, nesse sentido, não é um regime determinado, não é um modelo aplicável a várias circunstâncias, mas um movimento ou uma atitude constante de desconstituição de autocracia.
Dicho de otro modo, existe una tradición histórica de rechazo a la generación artificial de escasez, una forma de encarar la organización social que tradicionalmente ha pretendido distribuir el poder generando un tejido social más denso (haciendo netweaving).
Pero la estructura de comunicaciones y por tanto la estructura de la información no han permitido hasta muy recientemente (como cuento en los primeros capítulos de El poder de las redes) la existencia de ámbitos relativamente amplios y transnacionalizados de relaciones distribuidas.
En el mundo pre-Internet las comunidades necesariamente eran no ya pequeñas, sino locales en un sentido estricto, territorial.
Por eso los trabajos de Dewey, de Franco, el glocalismo, etc. sitúan lo democrático en lo local, en lo pequeño. Por eso los movimientos modernos, desde el primero de ellos, los Comuneros, pueden conocer ámbitos pluriárquicos en lo estrictamente local, pero cuando se extienden acaban generando mecanismos representativos basados en el voto.
Cuando se piensa la organización social desde el plurarquismo, cuando es el amor a la libertad quien nos anima, no es una forma concreta y siempre igual de organización/regulación política lo que se defiende en cada momento y situación. El plurarquismo no es una religión, sino una mirada particular que tienen por objetivo la reducción del ámbito de la imposición.
El estado nación democrático, surgió cuando la estructura de comunicaciones, y por tanto la base informacional del poder lo hicieron posible. Es un difícil maridaje ese de estado y libertad que sin embargo no tiene alternativas en el estado. La única alternativa es la contención del estado dentro del espacio en el que la escasez le hace imprescindible y el desarrollo de otros espacios (redes) donde la plurarquía es posible.
Por eso la apuesta es, frente a la autocracia y el desarrollo disciplinario de los estados, el reforzamiento de esos valores que el mismo estado democrático reclama, comenzando por las libertades civiles y no la construcción de democracias con apellidos (socialista, bolivariana, social…) más o menos biensonantes:
Não estamos condenados a conviver eternamente com as formas atuais da democracia representativa, porém não podemos aboli-las em nome de novas formas (supostamente mais participativas) que não assegurem o essencial, o coração mesmo da idéia: a aceitação da legitimidade do outro, a liberdade e a valorização da opinião e o exercício da conversação no espaço público…
En los ámbitos donde la abundancia es posible (lo local, el mercado, la red, la gestión comunitaria…) la plurarquía y sólo la plurarquía es aceptable y ha de defenderse enfrentando la generación artificial de escasez que articula desde la voracidad reguladora estatal hasta el proyecto wikipedico o el rankismo en Internet, pasando por los monopolios en el mercado (de ahí que todos los plurarquistas sean devolucionistas)
No es por tanto un programa de gestión para el estado lo que estamos discutiendo, el plurarquismo no es una ideología de o para la máquina estatal. Porque de lo que se trata es de ampliar la esfera de la abundancia y limitar la imposición, tejiendo redes, restringiendo el ámbito del estado por un lado y trascendiéndolo por otro.
Y es en construir esa transcendencia -postnacional, desterritorializada- en la que, personalmente, creo que hay que aportar más sentido y desarrollar la reflexión. Pero aún quedan debates por delante entre los plurarquistas. De momento ya emerge uno nuevo.






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