Hace un año Second Life resultaba prácticamente indiscutible. Las empresas y hasta Barak Obama montaban espacios en el metaverso norteamericano como símbolo de tecnofilia. Hoy, cuando la generación artificial de escasez del modelo Linden le juega malas pasadas y las malas compañías roban titulares a las empresas más glamourosas, todo apunta a que el modelo cerrado y monetarista de LindenLabs será superado por un nuevo tipo de metaverso.
La carrera ya ha comenzado y nuevas tecnologías distribuidas harán que en los próximos meses y años tener un servidor de metaverso en las empresas, tanto para atender al público como para trabajar en equipo y hacer videoconferencias, sea tan normal y común como ahora tener un servidor para web y correo electrónico.
En un par de años, puede que tener un servidor de metaverso personal, se haya convertido en algo tan poco emocionante como hoy tener un dominio propio. Pero las exploraciones están teniendo lugar ahora. Llevan hasta fecha y hora sobreimpresa. En la contextopedia del grupo La Cripta, podemos encontrar la emocionada huella de los primeros exploradores en nuestra lengua en establecer un metaverso distribuido, confederal, donde cada usuario corre una isla o un pequeño terreno en su propio ordenador y al conectarse a otros queda unido al de su red en una geografía virtual única y me atrevería a decir, confederal:
Explorando DeepGrid el primer OpenGrid Público. Esta sencilla frase difícilmente puede plasmar los sentimientos que nos embargaron al Grupo de la Cripta, cuando hoy, 9 de Junio del 2007, a la una de la madrugada, el grupo, orientado y dirigido por el compañero Darok Kaminski,y formado por Leizah Rosana,Silvia Mills Alesandra Capra y Albert Revolution, accedió a DeepGrid
¿Qué ha pasado?
Volvamos menos de año y medio atrás, justo antes del estallido mediático y económico de Second Life.
Junio de 2006: escribía mis primeras críticas al modelo Second Life en la contextopedia. A raíz de ellas me llamaron a la radio:
En fin
me voy a la radio. Esta vez a hablar de algo tal vez más cercano
pero con lo que no soy menos crítico: Second Life. Y me voy con Snow Crash bajo el brazo. Si por casualidad a eso de las 12 estáis en marcha podéis escucharme en la SER en A vivir que son dos días.
Al final todo se mueve, dentro del mundo virtual, en la misma dicotomía: descentralizar para fabricar escasez o distribuir para disfrutar de la abundancia.
En los meses posteriores, seguí trabajando el tema en la misma lógica, distinguiendo la crítica a la escasez artificial de los linden de la mirada reaccionaria de un Zizek. En pocas palabras, indianos, ciberpunks y alguna honrosísima excepción más como Icaro Moyano y su Tejedora, nos convertimos una vez más en pepitos grillos que decían lo que nadie quería oir. Así que dejaron de invitarnos para comentar el fenómeno.
Mientras, desde dentro del metaverso, algunos adelantados como Alberto Navarro, organizaban ya grupos de trabajo para aprovechar la apertura del código cliente de SL con vistas a crear un metaverso distribuido:
Situación actual. La liberación por parte del Linden del código del cliente ha sido el escopetazo de salida. La comunidad en favor de la liberación del código de Second Life no se caracteriza por su paciencia, y con algunos hackers en sus filas, se han integrado dentro del proyecto de 3pointD en sus objetivos de conseguir un Metaverso Distribuido, y para ello han iniciado su proyecto de código abierto, ó secondlife liberado: libsecondlife.
Lo que nosotros propugnábamos y ellos contruían entonces, se iría haciendo un clamor general conforme la experiencia social del metaverso Linden, con su materialismo cutre, sus especuladores, sus negocios de sexo, sus constantes homenajes chovinistas y su incapacidad para generar espacios colaborativos, frustrara a más y más usuarios atraidos por la burbuja mediática.
¿Qué viene ahora?
Ya algunas empresas se han dado cuenta de que un metaverso particular y colaborativo, puede ser una necesidad para las grandes venecias corporativas. Nosotros intentamos vender ese concepto allá por el 2001 basando el desarrollo en la entonces todavía inédita en Europa, PlayStation2 de Sony. Era demasiado pronto. Y hoy son evidentes nuevos y más exigentes requerimientos.
Las grandes empresas pueden ser las que extiendan el metaverso como una nueva web y desde un nuevo estándar libre. Sus necesidades empujan hacia ello: requieren soberanía, es decir la posibilidad de crear metaversos residentes en servidores propios. Pero también interoperabilidad con la web y con otros metaversos de clientes, usuarios o empresas.
Precisamente aquello en lo que anda la comunidad de software libre. La alianza entre los hackers del metaverso y las nuevas Venecias traerá un nuevo mundo
o mejor dicho, decenas de millares de ellos.
Era la noticia teki de ayer. Rik Panganiban lo reportaba en su blog e incluso grabó un vídeo:
An avatar of Barack Obama appeared in Second Life today (March 31) as part of his national webcast of a living room conversation with supporters. Nice looking avatar, and interesting to experience the stream with a bunch of other Americans and others from around the world.
Notas para un balance
Hay mucha gente que pasa buenos ratos en Second Life. Hay otros que realmente le sacan partido fusionando tecnologías y aventurando un futuro sin duda interesante. Pero que sea un campo de pruebas cara a un metaverso futuro es una cosa y que pueda aportar algo hoy -o a medio plazo- a las empresas es otra.
La iniciativa de Barack Obama demuestra hasta que punto el rey Linden está desnudo en su oferta actual a las organizaciones.
- Second Life está lejos de ser atractivo por su capacidad de convocatoria. Como se ve en la siguiente imagen, en el momento de máxima participación no había más de 40 personas, una cantidad inferior a la de comentaristas habituales de sus blogs de campaña:

- La potencia de animación sigue dejando mucho que desear. El avatar de Obama no abre los labios y se mece como si sufriera un shock postraumático. Imágenes superpuestas a una psicofonía. ¿Se imaginan una Junta de Accionistas teletransmitida a través de Second Life?
- La interacción es nula. Lo que hizo Obama fue superponer una marioneta virtual a un podcast. El invento no tiene ni la emoción de un meeting presencial -donde la interacción con el candidato es física- ni la viveza de un chat público al estilo de los que organizan los periódicos
-
Y si hubiera intentado replicar en SL esta segunda opción, una conversación abierta a la participación, seguramente la organización hubiera sido tremendamente difícil. ¿Por qué? Porque la virtualidad y el anonimato hacen que aunque el grupo sea pequeño la gente previsiblemente no se vaya a comportar como en una conversación real de grupo reducido con el candidato. Es lógico que Obama optase por el formato meeting
sólo para comprobar que no tiene ni mucho menos un efecto comparable al de un meeting presencial.
Estos cuatro elementos son meras constataciones. Como asesor en estos temas no le recomendaría a ningún candidato repetir la experiencia. Mucho menos a una empresa. Sinceramente no creo que sea un punto muy efectivo para la venta o la promoción de productos o marcas. Y como viejo superviviente de la época del boom de las puntocom he aprendido a temer los efectos psicológicos del burbujismo sobre el mercado y através de este sobre las tecnologías que realmente merecen la pena para las organizaciones.
La verdad es que no puedo quejarme, antes empiezo a escribir y documentar qué es y qué representa el sionismo digital y antes me llaman de la radio a hablar sobre Second Life, seguramente la mayor comunidad política de ciborgs del mundo.
Sí, lo han oido bien. La gracia de Second Life, hasta el momento el proyecto de Sión Digital de mas éxito, reside jústamente en esas dos características, ser una comunidad de ciborgs y definirse como un espacio político. Como muestra de hasta qué punto se trata de un espacio político -y no sólo económico y de socialización interpersonal- les invito a ver el vídeo de las manifestaciones de anteayer.
La realidad del ciborg y los espacios virtuales
Ayer en la radio la presentadora de A vivir que son dos días me preguntaba si no había peligro de confundir la vida real con la vida en Second Life. Yo le respondí, que la gracia está en que es real. O al menos real en el mismo sentido en que lo es una comunicación normal por videoconferencia. Las personas que están al otro lado son reales, existen y nos perciben como nosotros les percibimos a ellas.
La presentadora respondió algo del tipo pues ya veo que no hay peligro, definitivamente te has vuelto loco 
Y es que hay un cierto rechazo instintivo al ciborg, un prejuicio que niega la realidad de las convenciones que nos permiten representar consensuadamente el mundo, cuando pasan de cierto límite. Nadie duda de la realidad de un consejo de administración mantenido mediante videoconferencia porque esa realidad alterada, extendida, que perciben, se presenta como reproducción digital de un entorno analógico.
Pero ¿Qué pasaría si cada consejero pudiese elegir su avatar, si los fondos de salas de reuniones fueran sustituidos por un pequeño teatro en mitad del campo? El resultado sería muy similar al de la última conferencia que pudimos ver en la isla que la Universidad de Harvard tiene en SL.
La invasión y el futuro
Second Life tenía esta mañana 289.191 residentes registrados interactuando como ciborgs. Si mantiene el ritmo actual de crecimiento bien podría llegar al medio millón a finales de este año.
Su diseño social, basado en el principio de generación de escasez, le convierte además en un buen negocio. La topología del sistema obliga a depender del monopolio de la empresa Linden Labs para poder disponer de espacio en ese metaverso
No creo sin embargo que el futuro sea vivir en un país virtual con cualquiera. No basta con tener una isla digital propia para invitar a clientes o amigos. Tarde o temprano, cuando la experiencia ciborg se extienda y se convierta en una forma más de comunicación social, no tardará en aparecer un software que utilizando el ordenador o la consola personal nos permita conectarnos y compartir el espacio virtual con quienes queramos. Un software que modifique además la geografía global de nuestro Sión digital consensuado cada vez que aparezca o se vaya de la red alguien de nuestro entorno.
Ese día los ciborgs del futuro próximo descubrirán la plurarquía como su sistema político natural y el metaverso se fracturará en la libertad probabilística.