Miércoles, 22 de Noviembre de 2006

Croatán o la economía del regalo

Ayer, en la conversación con Fabs comentaba que mi mito favorito de todos los creados por Hakim Bey es el de Croatán:

En el colegio nos enseñaron que los primeros asentamientos en Roanoke no fructificaron; los colonos desaparecieron, dejando sólo tras sí el críptico mensaje “nos vamos a Croatan”. Informes posteriores acerca de “indios de ojos grises” fueron desacreditados como leyenda. Lo que realmente ocurrió, según el libro de texto, fue que los indios masacraron a los indefensos colonos. Sin embargo “Croatan” no era una especie de El Dorado; era el nombre de una tribu vecina de indios amistosos. Aparentemente el asentamiento fue simplemente trasladado de la costa a los pantanos de Great Dismal y absorbido por la tribu. Así que los indios de ojos grises eran reales; aún están allí, y aún se llaman a sí mismos Croatans.

Por tanto, la primera colonia del Nuevo Mundo decidió escindir su contrato con Prospero (Dee/Raleigh/el imperio) y pasarse a los salvajes con Caliban. Se descolgaron. Se convirtieron en “indios”, se hicieron “nativos”, optaron por el caos sobre las roñosas miserias de la servidumbre a plutócratas e intelectuales de Londres.

La potencia del mito radica en la profunda subversión que realiza sobre el nosotros, sobre el concepto mismo de sujeto en el que hemos sido definidos. El indio en el relato de la colonización y conquista de América representa la objetividad del otro, lo humano carente de propósito, frente al nosotros blanco, europeo, que llega para algo. Algo contenido en palabras como conquistar, ocupar y obtener.

Conquista y ocupación del territorio para obtener riquezas naturales en la colonización. Conquista de la mujer, que pasa a estar ocupada cuando el hombre consigue obtener sexo de ella en el relato machista de la relación heterosexual… Y casi igual en el relato de la acción de los media, ocupando espacios sociales, obteniendo exclusivas. O en el de los negocios: conquistando mercados, ocupando nichos, capturando clientes, obteniendo beneficios. Sujeto empresa, público objetivo.

Observen: siempre un lenguaje que remite a lo privativo, a lo propietario, al sujeto (yo-nosotros) como amo de una relación sádica en la que el triunfo perseguido consiste en que el otro pida jústamente aquello que se quiere obtener de él y de lo que simbólica o efectivamente se le priva: territorio, naturaleza, sexualidad, información/fuente, deseo… Conquista, épica, al fin negación del otro convertido en cosa. El mito de Croatán es tan subversivo, tan evocador, nos llama tan profudamente porque remite al goce, el canto y la felicidad. Recuerda Bey:

Volverse salvaje es siempre un acto erótico, un acto de desnudez.

Lo que resuena bajo el aparentemente erudito relato de Bey es una promesa de liberación. Nos fascina el cuento porque intuimos que conceptualizar al otro como objeto es la fuente de nuestra propia constricción, de nuestra propia negación, del vacío que habita bajo la cáscara del definidísimo yo identitario. Pero por lo mismo, la perdida de la ilusión propietaria, exclusiva, también nos hace sentir cercano el vértigo inherente al cuestionamiento más íntimo: aparecen el caos, la mezcla, la pérdida de un origen claro, el fin de un mundo ordenado por objetivos. El propósito ya no preexiste a nuestra propia existencia, ya no está definido, no es el criterio de verdad de la acción social. Porque un mundo croatánico, un mundo donde las fronteras entre el sujeto y el objeto se hacen porosas, donde no hay un otro sino que, desprovistos de las ropas de la subjetividad prefabricada del conquistador, desnudos de nuevo, todos somos otros, es un mundo en el que el propósito desaparece como criterio ordenador de la acción.

Un mundo donde aparece indomeñable la abundancia de la mano de la economía del regalo, del gesto gratuito, del amor a la belleza. Traspasada la épica, es fácil definir Croatán sobre ubuntu aún sin negar sus conflictos, sin soñarla, ni mucho menos, como el Nuevo Jerusalem. Es fácil pasar de la competencia por privar a otros a la competencia por empoderarles. De la épica del caudillo a la lírica del mumi. Porque como decía la pintada que hoy encontramos al salir de cenar y que ilustra este post:

¿Sabes que la vida es gratis?

PS. Por cierto, no piensen esto utopía comunitarista, es símplemente una consecuencia del capitalismo que viene, una ensoñación sobre un mundo en el que las fronteras entre sujetos y objetos, entre productores y consumidores, entre empresas y audiencias se tornan confusas, en que los propósitos se vuelven vagos, se diluyen. Y con ellos el mundo de los certeros conquistadores deja paso a un futuro de cartógrafos de lo movedizo.

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Jueves, 16 de Noviembre de 2006

La lírica, la felicidad y el poder de las redes

(Viene de un post anterior)

Hace no mucho Desmond Morris dedicó un curioso ensayo a la felicidad. La definía como el súbito trance de placer que se siente cuando algo mejora y la fundamentaba como un logro evolutivo de nuestra especie, como el premio genético que recibimos las criaturas de una especie que se hizo curiosa, básicamente pacífica, cooperativa y competitiva para poder adaptarse y superarse en un medio diverso y cambiante.

Morris argumenta que si la felicidad es pasajera es porque está ligada al cambio. Así, el muy reiterado lema de Juan Urrutia “dejarse arrebatar por el cambio“, resumiría como ninguno el atractivo irrenunciable de la lírica de la innovación y su perspectiva gozosa del futuro.

La lírica de las redes es un canto del goce, de la felicidad provocada por el cambio. Es una lírica rebelde en el sentido en el que la rebeldía se incorpora a la teoría de redes sociales: al cantar la felicidad producida por el cambio, por la innovación, al aumentar la expectativa del premio a recibir a quien se una, invita a reducir el umbral de rebeldía del oyente impulsando la extensión de los nuevos comportamientos y precisamente por ello la cohesión social.

En este marco la lírica entendida como el relato de la felicidad, desde la felicidad o en su expectativa, supone una invitación al cambio desde la ejemplaridad del explorador, del cartógrafo que reduce los riesgos experimentando a su propia costa para hacer públicos los resultados. Frente a la épica del conquistador, del combatiente, que prefigura una sociedad de sacrificio y conquista, de individuos sufrientes en pos de un plus ultra, de una victoria final que de sentido a la Pasión sufrida, la lírica de la innovación social se parece más bien al apasionado relato del naturalista que vive un descubrimiento permanente y progresivo, que sabe el más allá infinito y valora lo recorrido en si mismo, como una obra completa, como una reinvención permanente, una Resurrección gozosa.

La épica se adapta mal a las redes. Al menos a las de las culturas meridionales porque es cosa de individuos, de soledades. Prometeo cumple aislado su castigo. El Jesús épico, el del maritirio, es un Jesús solitario (Padre, ¿por qué me has abandonado?). El Cristo de la Resurrección es un hecho social, visita a los amigos y a su madre, reconstruye la red rota por el agotamiento producido por su propio sufrimiento en quienes le amaban, devolviendo la fé agotada y antecediendo el gran milagro pentecostal: la multiplicidad de la palabra para cada uno de los miembros del cluster original.

Es difícil expresar hasta que punto, desde la mirada y la práctica de las redes, el individuo es una abstracción aberrante. No somos individuos, somos personas definidas no sólo por un ser, sino por un conjunto de relaciones, de conversaciones y expectativas que configuran una existencia.

Lo que vale para el individuo no vale para la persona. No está en el enemigo nuestro espejo cuando uno no es uno sino varios. El esfuerzo épico es el esfuerzo por obtener una identidad coherente sobre la confrontación, por hacer enemigo de todos lo que es enemigo de uno. Por eso la épica simplifica y homogeneiza. Pero la lírica nos dice que no reside nuestra identidad en lo que es, sino en lo que vemos posible alcanzar, en la felicidad del siguiente cambio, de la siguiente mejora posible. Invita pues a definirnos sobre el siguiente paso, a llevar la bandera cada cual de nuestro propio curso. Invita a hacer camino, cada cual el suyo, no a aceptar un único camino.

Por ello la épica ve lo colectivo como organización, como molde, como ejército, como resultado de un plan o una voluntad trágica. El Ché cuenta Bolivia como un Cristo sufriente abandonado por el pueblo-padre. La lírica relata lo colectivo desde lo común, como la magia (a Orfeo atribuían los griegos por cierto su invención), como la imagen resultante de un rehacerse de prácticas, de experimentos, de juegos. Nada más lejos de la chejiná kavalística y mesiánica que culmina en el Nuevo Jerusalem que el derecho a la búsqueda de la propia felicidad que da el contrapunto subversivo y lírico al orden moderno de la Constitución americana.

Y es este el marco desde el que el poder se define en ambas formas de relato como algo realmente opuesto. En la épica, el poder emerge como resultado de la batalla. Tras ella queda el vacío o un nuevo ciclo fractal de guerra a nueva escala. Tras la Iliada la Orestiada. Del sacrificio de Ifigenia a la persecución de Orestes por su propia madre, media el triunfo de Agamenon: la Troya engañada, vejada y arrasada.

Del relato lírico, el poder emerge como consenso, como resultante colectiva de un experimento testado por muchos, de un camino que descubre un hito por el que pasa, para muchos, el camino de construir una existencia arrebatada por el cambio. El poder del lírico emerge de su capacidad para generar nuevos consensos, de diseñar nuevos juegos, nuevas experiencias que muchos o todos en una red concuerden como mejora, como fuente de felicidad para cada uno.

Construir un hermoso blog como bitácora de una hermosa vida. Construir y cantar lo construido. Porque al fin ¿puede haber mayor triunfo que el de construir la felicidad desde lo pequeño?

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Miércoles, 15 de Noviembre de 2006

Épica y lírica en el relato de los blogs

En las conversaciones abiertas en estos últimos días en Chile, seguramente el eje que más llamó la atención a mis contertulios fue el generado por la distinción entre épica y lírica y las opciones éticas que surgían de ella.

El contexto de esta distinción venía dado -en Chile- por mi aproximación a Atina y mi rechazo de que la caracterización de su acción como de buena onda implicara menoscabo alguno frente a las opciones partidarias o políticas basadas en la confrontación. Al contrario, argüía, la opción por la lírica proyectaba una alternativa y nuevos consensos sociales de una forma que a mi juicio es mucho más potente que la épica en la que se han conformado los mitos de la izquierda desde los setenta.

La lírica, entendida como la forma de proyectar opciones de futuro desde lo que se vive, se siente, se disfruta y se hace en el presente no es sino la representación en relato de un ethos particular, de una manera de vivir que se plantea como opción entre otras, que no busca anular el campo a las otras ni negarlas. La lírica invita a sumarse sin diluirse, busca la conversación, no la adhesión. Se trata de una opción ética frente a la dimensión excluyente, sacrifical y de confrontación que irremediablemente plantea la épica.

Pero en realidad, antes de la primera conversación con Jorge Domínguez, amigo y guía de mis primeros pasos por aquel país, la aplicación de la distinción en mis escritos tiene una genealogía que me gustaría contar. Hace tiempo que Roger Colom me afeaba el que identificara en general la emoción de los mitos con la épica del relato. Según Roger, la lección a extraer tras la trayectoria del ciberpunk español en general y la del grupo que impulsó la Bitácora de las Indias en particular, estaba en su apuesta por la lírica frente a la épica como forma de relato configuradora de mitos y realidades de nuevo tipo.

Así que comencé a trabajar en esa distinción… Distinción que sin duda no es novedosa en absoluto, salvo tal vez en su traducción al blogging, a ése quiero hacer un hermoso blog como parte de una hermosa vida tan querido de los sionistas digitales.

En Sobre el amor y la muerte, Patrick Süskind confronta al lírico Orfeo -humano y creador mítico de las primeras canciones- con el épico Jesús de Nazaret.

[Orfeo] había perdido a su joven mujer mordida por una serpiente venenosa. Y está tan desconsolado por la pérdida que hace algo que puede parecernos demente, pero también completamente comprensible. Quiere devolver a la vida a su amada muerta. No es que de por sí pusiera en duda el poder de la muerte ni el hecho de que le correspondiera la última palabra; y mucho menos trata de vencer a la muerte de una forma representativa, en beneficio de toda la Humanidad o de una vida eterna. No, sólo quiere que le devuelvan a ella, a su amada Eurídice, y no para siempre y eternamente, sino por la duración normal de una vida humana, a fin de ser feliz con ella en la Tierra. Por eso, el descenso de Orfeo al Submundo no debe interpretarse en modo alguno como una empresa suicida, sino como una empresa sin duda arriesgada, pero totalmente orientada a la vida y que incluso lucha desesperadamente por la vida (…)

Hay que reconocer que el discurso de Orfeo se diferencia de forma agradable del rudo tono de mando de Jesús de Nazaret. Jesús era un predicador fanático, que no quería convencer sino que reclamaba un vasallaje sin condiciones. Sus manifestaciones están salpicadas de órdenes, amenazas y el reiterante y apodíctico “pero yo os digo”. Así hablan en todos los tiempos los que no aman ni quieren salvar a un solo hombre sino a toda la Humanidad. Orfeo sin embargo, sólo ama a una y sólo a ella quiere salvar: Eurídice. Y por eso su tono es más conciliador, más amable (…)

El nazareno nunca comete errores. E incluso cuando parece cometerlos -por ejemplo al admitir a un traidor en su propio grupo-, el error está calculado y forma parte del plan de salvación. Orfeo, sin embargo, es un hombre sin planes ni habilidades sobrehumanas y, como tal, capaz en cualquier momento de cometer un gran error, una horrible estupidez… lo que hace que nos resulte otra vez simpático. Se alegra traviesamente -¿quién podría tomárselo a mal?- de su éxito. Ha conseguido algo que, antes de él, nadie había logrado

Tal vez muchos amigos, hartos de ver sus aportaciones descalificadas como autobombo, hayan sonreido con la última pregunta retórica. Y seguramente muchos cristianos se sentirán excluidos de la visión de Jesús que utiliza Süskind. No importa, no es lo relevante en esta larga cita. Cambien a Jesús por el Ché o por cualquier líder salvífico, por cualquiera que haga de la épica, del sacrificio último, del deseo de morir por otros, la base de su relato de futuro.

La clave que acertadamente señala el autor alemán es que lo épico va indisolublemente ligado al amor a los demás como abstracto. Por eso la solución que aporta el héroe es necesariamente totalizadora, y pasa por encima de cada uno como forma de resolver el todo. La épica es definitivamente monoteista en el sentido en que las grandes máquinas teóricas de la Modernidad lo son.

Orfeo, la lírica al fin, parte de la humildad del uno entre muchos, del amor y lo concreto, de la persona -que no del individuo- asumiéndose y proyectando hacia todos desde el reconocimiento de la diferencia propia y la de cada uno de los demás. Orfeo ofrece e innova sin intentar elevar ni hacer aceptar por los demás una verdad global única. Por eso su relato se hace aceptable desde la postmodernidad, porque su acción y su relato no pretenden ser el cierre de nada sino una parte de la gran fiesta de su propia vida. Una fiesta con puertas abiertas. Por eso la lírica abre una conversación. A partir de ella caben tanto la inclusión como un irónico distanciamiento pero no la excomunión.

En la épica, en cambio, sólo cabe la adhesión o la exclusión, pues sólo habla el héroe, hijo del Dios de un logos (razón y palabra) que no reconoce otra verdad que la suya propia.

(Continúa en el siguiente post)

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Jueves, 22 de Junio de 2006

Discurso e identidad en red, aplicaciones para la empresa

En las Indias fuimos los primeros en España tanto en ensayar el blog corporativo (la bitácora de las Indias) como la proyección en mosaico del discurso grupal mediante agregadores. Cuando a finales del año pasado hacía balance de 3 años de blogs corporativos en España proponía un modelo basado en la individualización de la imagen de la empresa en sus trabajadores y colaboradores: a cada uno su blog personal, de cada uno su contribución al discurso común de la marca.

La pregunta obvia es ¿cómo se construye una imagen de marca en la red desde la diversidad de los blogs personales y sin políticas internas de comunicación que inhiban a los propios trabajadores de implicarse al 100% en su propio desarrollo en la blogsfera?

La primera solución que intentabamos entonces aportar replicaba un modelo asociativo ensayado por primera vez en la asociación Ciberpunk: un agregador que presentara a la empresa como un mosaico de personas y en el que los blogs de los trabajadores se complementara con un blog oficial (pensado como referente identitario) y blogs del entorno de la empresa, de modo que el reflejo de unos se viera en otro…

Es sin duda un modelo interesante y dado el estado del Arte, innovador… Pero estaba cojo.

Discurso e identidad

Los blogs son creadores de discurso personal. Descubren de forma dinámica la identidad de su autor, que aparece como aquello que se adivina, que se entrevé bajo el relato de una reflexión y un aprendizaje contínuo. Pero en la medida en que escribimos justamente sobre aquello que aprendemos -es decir, lo que todavía no sabemos realmente- la identidad personal aparece en su dimensión flujo, no en la de stock.

Y lo que interesa a la empresa es precisamente hacer emerger ese stock de conocimientos con claridad, porque ése es su verdadero núcleo identitario.

En el capitalismo que viene, Juan Urrutia redefine la empresa contemporánea cada vez más como un contexto en el que accionistas, consumidores y trabajadores interactúan en una división de papeles cada vez menos nítida. Los consumidores cada vez juegan un rol productivo más importante, los accionistas son cada vez más share holders que stock holders y los trabajadores y su talento cada vez cambian de empresa/entorno con más facilidad.

¿Qué queda de la empresa? ¿Qué identidad común puede esperarse de algo que cada vez más parece más volatil, que parece cada vez más un entorno cada vez menos una institución? Pues lo que emerge es precisamente la empresa como background, como un conjunto de contextos y referencias, en una palabra, como identidad.

La gran oportunidad que brinda este nuevo marco, este capitalismo que viene a las nueva empresa es ligar a sus colaboradores (trabajadores, accionistas y consumidores) de un modo nuevo. Un modo que es más profundo y permanente, más explícito, más sólido y generador de confianza que el mero discurso o cultura empresarial.

La proyección en red de la identidad corporativa

Partamos del modelo original. Tenemos una empresa bloguizada. Sus bloggers, en su mayoría trabajadores de la propia empresa, son los dueños de sus dominios, de sus blogs. Aumentan el entorno social de la empresa, el ámbito de su conversación en la medida en que proyectan su discurso. La empresa les confiere por tanto más valor conforme más potente es esa proyección personal del blogger corporativo. Sabe que no puede poner en cuestión la propiedad del blog si no quiere desanimar o inhibir la potencialidad comunicativa de su autor. Pero teme el efecto de su marcha, por otro lado inevitable. ¿Qué hacer?

La primera cuestión es casi de definiciones. ¿Qué es la empresa para su entorno? En el marco del capitalismo que viene, cada vez más un contexto, un conjunto de conceptos y conocimientos, de experiencia establecida. Justamente aquello que explicitamos con una contextopedia.

Si los blogs de los colaboradores de la empresa representan la caballería que expande su discurso y abre la conversación, la contextopedia corporativa (creada colectivamente por todos los que trabajan en ella) representaría su identidad, el marco común conceptual en el que se desarrollan misión, discurso y conversación.

Este modelo mixto de blogs personales y contextopedia colectiva tiene una ventaja adicional: si los bloggers marchan a otra empresa muy posiblemente sigan enlazando aquellas definiciones que contribuyeron a hacer o tal vez las citen en el nuevo destino. Tejerán así no sólo la red de la empresa sino un codiciado grial: el liderazgo.

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Domingo, 8 de Mayo de 2005

La llave allen, el bricoleur y el espíritu del cambio en el que creo

Cristina CortinaCelebramos el fin del segundo fin de semana del curso de análisis de redes en el Kaishii (Alegría). Es el cumpleaños de Cris y viene al café. Pienso que es imperdonable lo mío. Cris merecería un mundo, ¿por qué soy tan desastre que no enteré hasta ayer? Mañana habrá que celebrar de verdad, descansado y bien, con ideas nuevas tras el sueño. Con una mañana de sol para buscar un regalo alegre y luminoso como ella que tanta luz y calor me dió en los peores momentos de estos años.

Cae la tardeDe vuelta a la ofi voy pensando en un trozo de conversación que salió en la comida. María comentó que en Ikea usan linux. Yo bromeé que era coherente con que los usuarios andaran montándolo todo. “¿Te imaginas que regalaran una llave allen con las distros?“. Y la lucecita se encendió.

De repente recordé:

Estaba febril de agitación. Había arrancado su vida del programa por fin. Todo era diferente. Veía todo desde un angulo fresco y nuevo: con ojos de bricoleur. Su vida entera había estado esperando esta retroalimentación. El conocimiento no era el poder. Pero el don es real. Esa es la razón para programar, para crear, No por dinero, hay más dinero en recoger cartones. No por el poder, eso está en el management. Por el propio don. Pero es un todavía un buen trabajo. Un hombre no se convierte en un ludita por trabajar para las personas en vez de por abstracciones. Las tecnologías verdes requieren más inteligencia, más sensatez, más del verdadero don de un ingeniero.

Porque son una revuelta contra el momento ciego de un siglo muerto con todos sus monumentos oxidados de arrogancia y asco

Eso es… Linux, la devolución, ubuntu… son las llaves allen de una nueva forma bricoleur de ver el mundo, verde en el sentido que usa Sterling, esto es hacker o “chapuzas” como decía mi maestro Juan Urrutia. Se trata de entender que lo que se trata no es tanto de avanzar como de abrir mientras se avanza. De lo que se trata no es de atraer riqueza, inversiones, velocidad…

Porque, como bien cuenta Juan explicando por qué no invertimos en Africa, jugar hoy las esperanzas del desarrollo en las capacidades espontáneas del capitalismo para generar riqueza es poco menos que ilusorio si limitamos el capitalismo a sus formas de propiedad pública y privada clásicas. Simplemente porque a lo mejor los incentivos no van en el sentido que querríamos y las viejas políticas y herramientas del estado nacional no pueden cambiarlos.

La alternativa verde que esboza Sterling, la chapuza que elogia Juan Urrutia no es otra cosa que reinventar y crear nuevas tecnologías con los desechos que nos legó el siglo muerto.

Lo decía hoy en clase Miguel Querol, un interesante alumno del curso de redes: los microcréditos, las radios de cuerda, el permanente reciclaje de conocimiento colectivo y abierto que es Linux… todo eso son las nuevas tecnologías que están revolucionando el mundo. Tecnologías como el software libre que llevan asociado un nuevo concepto de propiedad en el que la cooperación y la competencia no son antagónicas y en el que por tanto el avance económico y técnico no ponen en jaque la cohesión en y entre las sociedades sino que la fomentan. Tecnologías que nacen de la lógica del bricoleur y que hacen que las viejas dicotomías crecimiento/reparto que alimentaban la lógica política tengan cada vez menos realidad.

Pero la ética y la épica del bricoleur van mucho más allá. Hasta la vida cotidiana, al disfrute, el trabajo y los afectos. Vivimos en un tiempo de construir. Un tiempo que nos ha dado una llave allen a cada uno. Usémosla.

“Triunfo de lo pequeño”, ese es el I-ching del siglo.

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Tout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just

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