Jueves, 2 de Febrero de 2006
La verdad barata de fondo es que el consumo energético industrial de las sociedades tiene una forma similar a sus curvas demográficas: las economías industriales son intensivas en consumo energético, pero no así las agragrias y postindustriales. Mientras la tendencia en Europa es a que el consumo energético industrial por euro de valor producido se modere y empiece a caer, en China o India, la tendencia es por el contrario a un incremento que da constancia de su rápido desarrollo. Pero el industrialismo es una fase del desarrollo capitalista, no una tendencia infinita.
Lo que los datos de consumo nos muestran en Europa y EEUU es como el transporte -sobre todo el transporte individual, los coches, símbolo del desarrollo y el bienestar generados- han compensado y sobrepasado los ahorros producidos por la evolución del sistema industrial al postindustrial. Según el IDAE el petróleo representa el 52% del consumo de energía primaria en España, el sector transporte por carretera representa el 34% del consumo total de energía y los vehículos privados representan el 44% del consumo del transporte por carretera.
España no es ni muchísimo menos una excepción en Europa. La tensión sobre los recursos petroleros tiene como vector fundamental el transporte. La crisis del petroleo es hoy y sobre todo una crisis del sistema de transportes, no una crisis de generación.
De hecho los problemas de oferta en generación y transporte no parece que tengan siquiera la misma solución a medio plazo. La generación, es decir, la producción de tecnología eléctrica mediante energías renovables no tiene a día de hoy un nivel tecnológico suficiente como algunos dan por hecho y a todos nos gustaría. Pero el horizonte de explotación actual de energías alternativas renovables y no, incluída la nuclear y visto el modelo francés, plantea la eventual subida de precios de la generación mucho más lejos de los eventuales nuevos shocks de precios petroleros.
A largo plazo, la tendencia en la generación eléctrica pasa por
- en el tramo del consumo individual -en el que la evolución tecnológica empieza ya a estar a las puertas de decir mucho- un desarrollo de la generación distribuida y la construcción sostenible, es decir, básicamente casas y edificios que consuman menos y que produzcan mediante energías renovables una parte creciente de la demanda que generan sus habitantes.
- en el sector industrial habrá una inevitable regionalización del consumo en el que las fuentes fósiles, en especial el carbón y el petroleo, pero también la nuclear, jugarán un papel similar al que tuvieron en el desarrollo industrial de los países hoy ricos. Por eso debates como el del uso civil de la energía nuclear en países no fiables son más importantes de lo que pudiera parecer desde una primera mirada occidental.
- tanto en un tramo como en otro veremos, con EEUU a la cabeza, una inversión intensiva en I+D energético y la progresiva sustitución de fuentes durante los próximos 25 años. Sustitución que no se limitará a los combustibles, sino a toda la fabricación de derivados plásticos y químicos, área en la que la tecnología del biofuel jugará un papel creciente
El transporte
Personalmente ya me gustaría que se acabara la civilización del coche y se reestructuraran las ciudades para servir a los peatones y los ciclistas. Pero parece que no, que tiene una sólida demanda que la sostiene y que impulsa un cambio tecnológico de fondo que apunta también hacia el incremento del uso de los biofueles. Un incremento que se irá incorporando a la composición de los combustibles de consumo automovil siguiendo una gráfica bastante aproximada al gráfico de la derecha publicado por Exxon que muestra el gap creciente entre la demanda de combustibles prevista y la capacidad de abastecimiento dadas las reservas actuales.
Evidentemente se producirá también una reestructuración de las grandes redes logísticas internacionales, reestructuración que ya ha comenzado: el transporte de commodities empieza a articularse sobre la previsibilidad, dando al transporte marítimo un horizonte en el que es más que posible que incorpore nuevas tecnologías reductoras de consumo combustible. Sí, es lo que están pensando, los grandes barcos del futuro volverán a llevar velas, aunque ya no sean de tela, sino rígidas.
La geopolítica de un mundo nuevo
En los planes de EEUU, el fin de la geopolítica del petróleo juega un papel explícito y relevante, azuzado por el fracaso de la ocupación de Iraq. Poco se habla de los futuros alternativos previsibles en los que la diversificación de fuentes y el papel creciente de la producción de etanol y biocombustibles llevará a inversiones crecientes de las hoy petroleras en la producción agraria de los países en desarrollo.
Las repercusiones del sistema de propiedad de las patentes biotecnológicas, la presión sobre el sistema de comercio internacional y la eventualidad de la reconversión del oligopolio petrolero en intermediario/latifundista monopólico global abren sombras importantes sobre las formas del nuevo mundo, sombras que tampoco pueden evitar la luz que la oportunidad para el desarrollo de los países periféricos que supondrá la retomada importancia estratégica de las producciones agrarias. Como siempre, el futuro dependerá, en buena parte, de nosotros.
Lunes, 2 de Enero de 2006
El problema energético, como hemos defendido en este blog, es ante todo y a día de hoy, el producto de una crisis del modo de transporte, algo que normalmente se olvida o no se quiere ver. Pero cuando el petróleo sube, la tecnología emerge símplemente porque los costes de la tecnología existente tornan competitivos los precios de alternativas que hasta ahora no salían de los departamentos de I+D.
En este marco, el biofuel aparece cada día más como una tecnología atractiva:
- No requiere inversiones gigantescas en la adaptación de los actuales motores, es decir, el mercado del automóvil está preparado para el biofuel ya.
- Tiene un menor impacto ecológico que los combustibles sólidos: Por un lado, con Kyoto de fondo, el biofuel genera entre un 30 y un 70% menos de CO2, por otro reduce las emisiones de azufre a un nivel insignificante comparado con las actuales, con lo que de entrada, debería reducir el peligro de lluvia ácida
- Supone una oportunidad única para el desarrollo y la tecnificación del entorno rural en los países de la periferia
- Debilita la geopolítica del petróleo que ha marcado, desde comienzos del siglo XX los conflictos internacionales, democratizando el poder ligado al control de las fuentes de abastecimiento energético
- Aleja la espada de Damocles de un desequilibrio permanente entre producción y consumo
¿Biodiesel o etanol?
No todos los biocombustibles sin embargo puntuan igual en cada uno de estos elementos. El etanol -básicamente un alcohol producto de la fermentación de maiz, azucar y celulosa, el mismo que hace de principio activo en la cerveza, el vino o los licores- resulta atractivo a partir de un precio del barril de petroleo a largo plazo igual o mayor a 70$. Un precio todavía bastante alto. La clave: diseñar procesos orgánicos que hagan más barato romper la celulosa, un camino que ya está abierto en varios frentes.
Más barato resulta el Biodiesel, tecnología que sería ganadora para precios del barril entre 45 y 60$, una tecnología madura que el próximo año incorporarán el 40% de los vehículos que se vendan en Europa. Se trata de un aceite producido generalmente a partir de soja y aceite de palma.
La clave del proceso está en el tratamiento de los ácidos grasos de los aceites naturales, un proceso que requiere la utilización de unos ácidos que a día de hoy siguen siendo caros pero que científicos japoneses acaban de reducir a una décima parte.
¿Es pues el biodiesel la alternativa ganadora? Depende sobre todo del alcance y del plazo en que nos movamos dentro de la revolución de los biocombustibles. Los siguientes gráficos, calculados para los costes y tecnologías actuales, comparan las potencialidades de ambas alternativas contrastándolas con las necesidades de consumo de Estados Unidos.
Etanol
Biodiesel

La comparación muestra claramente como mientras el etanol puede ser una alternativa global a la gasolina, el biodiesel tiene, a día de hoy, limitaciones insalvables. Sin embargo, como Jamais Cascio, líder de World changing recordaba:
We should be careful not to imagine that biofuels alone will replace our use of fossil fuels. We need a much bigger change a combination of high-efficiency systems, redesigned communities, and energy produced from clean, renewable sources. But changes of that scale take time. Biofuels, like hybrid cars and rooftop solar panels, are a kind of bridge technology, helping us get to where we need to go without cutting us off from our existing systems. Its crucial that our use of them doesnt make things worse in other ways
El debate
Pero el verdadero debate con el biofuel ha venido con la denuncia publicada primero en New Scientist y argumentada luego por George Monbiot en The Guardian de que la deforestación producida para plantar aceite de palma en el sudeste asiático y soja en Brasil habían convertido al biodiesel en la primera causa de destrucción de los bosques tropicales.
Lo que está en juego es el modelo social y medioambiental del biofuel, sería tan irresponsable por parte del movimiento ecologista rechazar el biofuel como alternativa como postula Mombiot y otros destacados medioambientalistas, como por parte de los estados y las petroleras no plantear de un modo sensato, global y consciente la nueva geoestrategia de producción.
Un propuesta de transformación para el nuevo año
Porque la impresión es que tanto países como petroleras se encuentran en un verdadero Dilema del prisionero: a día de hoy, para los países talar para plantar es más barato que reabrir zonas al cultivo y tecnificar a la pequeña y mediana propiedad. Ofrecerse el primero, ocupar en poco tiempo el espacio actúa como presión contraria al desarrollo de planteamientos estratégicos concertados. Algo parecido ocurre, seguramente con las petroleras: el compromiso medioambiental y social, a corto, aparece irremediablemente como un coste que ya se corregirá.
Sin embargo, estamos ante una oportunidad histórica para el desarrollo en vastas zonas de América Latina, Asia y Africa que podría apuntalar la recepción de inversiones productivas en el campo y la mediana propiedad agrícola, generando un tejido social base para el desarrollo al tiempo que globalmente se debilita la dependencia del petroleo y se hace más sostible el motor de explosión.
Hace falta que al menos un país y una petrolera asuman el liderazgo de la responsabilidad, asumiendo el compromiso político de orientar la producción hacia la regeneración del campo y rechazando la producción originada en zonas deforestadas. Y hace falta que la Unión Europea, el gran consumidor de biodiesel, acepte rebajar la presión impositiva y arancelaria sobre las producciones que cumplan con unos mínimos medioambientales y sociales.
Si este nuevo año, encontramos modos de impulsar a unos y otros por esa senda podremos decir que la revolución del biofuel, tome la alternativa del etanol o del diesel, habrá sido realmente, una de las grandes revoluciones de nuestra generación.
Martes, 22 de Noviembre de 2005
Fue Schumpeter, criticando a Keynes vía sus raíces ricardianas, el que inventó el término vicio o falacia ricardiana para definir una trampa retórica que en general podríamos llamar el pecado de los economistas.
En Economía es habitual que lo que queramos estudiar sea producto de la interacción de muchas variables. El método analítico tradicional consiste en aislarlas dos a dos y estudiar como una influye en otra, si el resto no varía. Es la famosa claúsula ceteris paribus, que podríamos traducir como quedando todas las demás variables estáticas.
El problema es que no es nada infrecuente que el resultado agregado de todas las variables que se suponen estáticas sea mayor y de signo contrario a la interacción aislada, invalidando el valor general de las conclusiones a las que hemos llegado. Si entre lo que dejamos ceteris paribus hay además vectores especialmente dinámicos y determinantes, la conversión de la argumentación experta en falacia ricardiana está asegurada: No se pueden sacar conclusiones generales sobre premisas implícitas altamente restrictivas.
La falacia ricardiana en el análisis de la crisis energética

La semana pasada en Barcelona, el equipo de Crisis Energética hizo una serie de presentaciones sobre el estado del arte energético que merecen especial atención.
Marcel Coderch centró su presentación en el pico de Hubbert del que ya nos hablaba Alejandro Rivero en los albores de su nuevo blog.
El discurso del pico de Hubbert es que a partir de cierto momento que ya hemos pasado, los descubrimientos de hidrocarburos son menores que el consumo. Como dice Coderch, pasamos de vivir del flujo a vivir del stock, con el inevitable horizonte del fin de las reservas y la apertura de una crisis energética que obligaría a cambiar de fuentes de producción. La cuestión es cuándo. Del plazo de tiempo que nos quede depende que sean posibles o no distintas opciones políticas e industriales. Coderch se inclina por un plazo muy corto, entre cinco y diez años. Pero deja céteris páribus el estado de la tecnología y el efecto de tecnología y precios sobre el nivel de reservas. Y ésto, en lo referente a plazos, es vital.
Se entienden por reservas sólo aquellas cantidades de petróleo que estando en bolsas conocidas sería rentable de extraer dados los precios y la tecnología en un momento dado. El aumento del nivel de precios de gas y petróleo tiene por éso, efectos paradójicos.
Por un lado todo incremento de precios aumenta automáticamente las reservas al hacer rentables yacimientos conocidos. Por otro fomenta la investigación y uso de nuevas tecnologías que ahorran costes de extracción, como hemos visto en los últimos dos años con el boom del petróleo off-shore. Son estabilizadores automáticos que hacen que el mercado de hidrocarburos sea mucho más estable de lo que cabría esperar. Ésto es lo que hay bajo las sucesivas correcciones del pico de Hubbert. No lo niega, pero sin duda, nos permite pensar en plazos mucho menos dramáticos que los que predice Coderch, quien implícitamente dejó estáticas esas variables, cayendo en un primer error ricardiano.
La falacia Ricardiana de las energías renovables
Pero este error en apariencia menor, de plazo, le lleva de cabeza a un error mucho más grave: la negación de las energías renovables como alternativa que argumentaba Pedro Prieto en la presentación complementaria a la de Coderch.
Si hay una variable en la potencialidad de las energías alternativas que no podemos incluir en el ceteris paribus es el desarrollo tecnológico, porque la generación fotovoltaica por ejemplo dependerá casi en exclusiva del I+D realizado. Decir que dado el nivel tecnológico actual, la energía fotovoltaica, la tecnología de baterías, la energía eólica o incluso el aprovechamiento de otras fuentes no renovables, no permiten por si mismas dar una alternativa al modelo energético existente no aporta nada.
De lo que se trata es de proyectar y aproximar cuanto tiempo tardaremos dado el nivel actual de inversiones, en desarrollar tecnologías permitan el cambio de modelo energético, jústamente para saber cuanto tenemos que aumentar la inversión en I+D para alcanzar resultados deseables en un tiempo prudencial. Baste como ejemplo como cambiarían los datos de la presentación si en vez de basarse en los paneles solares rígidos actuales y su relación superficie/energía generada, el autor se hubiera basado en las nuevos filmes fotovoltaicos basados en nanocristales.
En cualquier caso, el propio planteamiento, estudiar la viabilidad de la sustitución total de la combustión de energías fósiles por alguna de las renovables, explicita en si mismo los límites del típico análisis ceteris paribus. Incluso aunque hicieramos un estudio a muy corto plazo en el que el cambio tecnológico pudiera obviarse, la cuestión sería qué cesta energética y política estratégica nos sirve a corto plazo mientras el I+D empiece a dar resultados.
No estamos desde luego para confiar ciegamente en el optimismo que expresaba Pere Quintana:
¡cuanto antes se acabe el petróleo mejor! solo pensar en toda la innovación que vendrá!
Porque los tiempos de desarrollo tecnológico no son cero y la transición, si no se empieza con tiempo e inversiones, puede ser muy dolorosa, especialmente para los países en vías de desarrollo. Pero la boutade de nuestro hombre en MétéoFrance, ilumina un hecho real: si hay una idea clara en la situación del análisis actual es la necesidad de apostar por la tecnología y la investigación en vez de obviarla.
Dejar la tecnología y el I+D al margen del análisis, tiene por primer coste generar una inevitable impresión alarmista. Y es que hay verdades baratas que no lo son tanto. No son verdades sino falacias ricardianas y tienen coste social. Mucho. El de todas las cosas que no se harán.
Tout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just
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