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Lunes, 10 de Octubre de 2005Sobre falsos comunes y DevoluciónVersiones Latoc Acabo de leer unas citas de Viñals que recogía en su último post Daniel Bellón y no puedo sustraerme a dar una respuesta y hacer una reflexión en caliente. Cita Daniel a Viñals:
Pues bueno, ese fondo común ya existe, es el patrimonio Copyleft, el conjunto de obras libres distribuidas bajo una licencia que obliga a que toda obra derivada sea libre también. Lo que me molesta tanto de Creative Commons como del planteamiento de Viñals es que piensan que es posible un uso reformista del privilegio de propiedad intelectual. El error está pensar en que el arte, el conocimiento o las creaciones inmateriales son un bien de capital, es decir fuente de rentas. El conocimiento no es una fuente de rentas, sino su uso. Gravar y por tanto frenar, aunque sea con noble causa la transmisión del conocimiento, no equivale a poner un impuesto sobre el capital, sino a evitar o frenar que las personas puedan llegar a tenerlo, no digamos ya usarlo para generar más conocimiento. Y como todo freno, lógicamente frena más a quien menos conocimiento acumula previamente. En consecuencia: aceptar la propiedad intelectual, sea del tipo q sea (la de la Creative Commons más q la de la SGAE q al menos nos queda la esperanza de restringirla en tiempo de explotación) no puede sino hacer que la distribución del conocimiento y sus rentas -que es per se una función potencial- sea cada vez más dual. Es lo que tienen los privilegios acumulativos, que tienden a producir distribuciones cada vez mas duales (todos tienden a no tener nada y un grupo exiguo tiende a tener todo). En ese marco CC significa que los pocos q tienen mucho se dan cuenta de que mejor permiten acceder a parte a la mayoría o el público no tendrá el conocimiento suficiente ni para poder disfrutar del consumo de sus obras. No olvidemos que la mal llamada propiedad intelectual no es sino un tipo de patente. Patente es un privilegio estatal (como las patentes de ingenios o las patentes de corso) y frente a los privilegios estatales no se lucha flexibilizándolos o permitiendo a sus detentadores una definición personalizada que les permita generosas donaciones de lo que previamente fue expropiado a la comunidad. Los privilegios estatales se enfrentan abogando por su derogación y si hay demasiados poderes en juego por su limitación temporal. En eso consiste la Devolución. Y con ello si cabe un planteamiento reformista: ¿que las obras artísticas tienen hoy un tratamiento similar al de una propiedad física 70 años después de la muerte de su autor? Reduzcámoslos a 10 que empiecen a contar con su fecha de registro público e incentivaremos de paso una industria más ágil y más valiente. ¿Que las patentes de las farmaceúticas pueden funcionar durante 20 años? Reduzcámoslas a 5 Eso es la Devolución, que lo que ha sido construido partiendo del patrimonio cultural y científico de la Humanidad y que fue raptado por el Estado a principios del siglo XX sea devuelto a la Humanidad. Porque es con sus piezas con las que el artista , el ingeniero o el científico hizo su nueva obra. La clave: la propiedad intelectual es un privilegio que el estado creó para que al patentar o registrar -es decir, al hacer pública la innovación- se generaran rentas inmediatas que incentivaran al autor a hacer pública su creación, la idea es que pasara al dominio público mientras todavía tuviera valor social. Y cualquier economista que sigue los journals sabe hoy que ya no es necesario el privilegio para permitir que las innovaciones se difundan o sus creadores tengan incentivos para desarrollarlas. Es más, históricamente estuvo supeditada en la práctica a las necesidades sociales de innovación. Cuando Eli Whitney inventó la desmotadora del algodón a nadie -y mucho menos a él mismo- se le ocurrió plantear demandas por pirateo a pesar de que la hubiera patentado. La desmotadora era un invento sencillo, genial, que permitía reducir el precio del algodón dramáticamente y convirtió a EEUU en el gran proveedor de las nacientes manufacturas textiles británicas. Y el algodón -hasta entonces equivalente al lino en precio y limitado por tanto a las clases altas- en un bien de consumo de masas de precio asequible. El uso de prendas de origen vegetal se considera por cierto, una de las causas de la mejora de la higiene pública a principios del XIX y del aumento de la esperanza de vida. EEUU y Gran Bretaña pasaron, gracias a la industria de la manufactura algodonera, de ser países en desarrollo a ser países desarrollados. En el Reino Unido las escenas manchesterianas que todavía hoy nos ponen malos empezaron a ser cada vez menos frecuentes en los años 30 de ese siglo. Como escribe Paul Johnson, cuando Dickens escribe Oliver Twist describe un mundo que real en su juventud estaba ya desapareciendo. Lo que hacemos hoy gravando con patentes y derechos de autor la transmisión del conocimiento es, entre otras cosas, hacer que los países que no dieron entonces el salto lo tengan casi imposible ahora. Las desmotadoras de hoy exigen royalties y sus países de origen amenazan con sanciones en la OMC a los estados que no ofrecen garantías para su cobro, evitando que alcancen la masa crítica que hace posible ese salto cualitativo que llamamos desarrollo. Y dentro de cada país favorecer la concentración del conocimiento por un lado en los monopolios y en las grandes corporaciones (véase la campaña contra las patentes de software) y por otro dualizar el acceso a las artes produciendo un modelo social en el que las nuevas generaciones cada vez parten de un acervo menor que les permite disfrutar de menos cosas en un terrible círculo vicioso. No es casual que los museos se hagan cada vez más incompresibles mientras la gramática audiovisual o el léxico del arte de masas se hacen mucho más simples que cuando las tasas de alfabetización y los niveles formativos medios eran muchísimo menores. Y esos círculos no se rompen con Creative Commons ni -basta un pequeño ejercicio microeconómico- invirtiendo en formación el dinero ganado con el sistema de derechos de autor. Eso sólo se puede romper por dos caminos, la devolución progresiva y el copyleft, es decir, aumentando el volumen del dominio público y su frescura por un lado y haciendo más potente y amplio el catálogo de obras libres cuyos derivados son obligatoriamente libres también. Sobre falsos comunes y Devolución Acabo de ler umas citas de Viñals que recolhia em seu último pós Daniel Bellón e não posso sustraerme a dar uma resposta e fazer uma reflexão em quente. Cita Daniel a Viñals:
Pois bom, esse fundo comum já existe, é o património Copyleft, o conjunto de obras livres distribuídas baixo uma licença que obriga a que toda obra derivada seja livre também. O que me molesta tanto de Creative Commons como da proposta de Viñals é que pensam que é possível um uso reformista do privilégio de propriedade intelectual. O erro está pensar em que a arte, o conhecimento ou as criações inmateriales são um bem de capital, isto é fonte de rendas. O conhecimento não é uma fonte de rendas, senão seu uso. Gravar e por tanto frear, ainda que seja com nobre causa a transmissão do conhecimento, não equivale a pôr um imposto sobre o capital, senão a evitar ou frear que as pessoas possam chegar ao ter, não digamos já o usar para gerar mais conhecimento. E como todo travão, logicamente freia mais a quem menos conhecimento acumula previamente. Em consequência: aceitar a propriedade intelectual, seja do tipo q seja (a da Creative Commons mais q a da SGAE q ao menos fica-nos a esperança de restringí-la em tempo de exploração) não pode senão fazer que a distribuição do conhecimento e suas rendas -que é per se uma função potencial- seja a cada vez mais dual. É o que têm os privilégios acumulativos, que tendem a produzir distribuições a cada vez mas duales (todos tendem a não ter nada e um grupo exiguo tende a ter todo). Nesse marco CC significa que os poucos q têm muito se dão conta de que melhor permitem aceder a parte à maioria ou o público não terá o conhecimento suficiente nem para poder desfrutar do consumo de suas obras. Não esqueçamos que a mau chamada propriedade intelectual não é senão um tipo de patente. Patente é um privilégio estatal (como as patentes de talentos ou as patentes de corso) e em frente aos privilégios estatais não se luta flexibilizándolos ou permitindo a seus detentadores uma definição personalizada que lhes permita generosas doações do que previamente foi expropiado à comunidade. Os privilégios estatais enfrentam-se abogando por seu derogación e se há demasiados poderes em jogo por sua limitação temporária. Em isso consiste a Devolução. E com isso se cabe uma proposta reformista: que as obras artísticas têm hoje um tratamento similar ao de uma propriedade física 70 anos após a morte de seu autor? Reduzamo-los a 10 que comecem a contar com sua data de registo público e incentivaremos de passagem uma indústria mais ágil e mais valente. Que as patentes das farmaceúticas podem funcionar durante 20 anos? Reduzamo-las a 5 Isso é a Devolução, que o que foi construído partindo do património cultural e cientista da Humanidade e que foi raptado pelo Estado a princípios do século XX seja devolvido à Humanidade. Porque é com suas peças com as que o artista , o engenheiro ou o cientista fez sua nova obra. Finque-a: a propriedade intelectual é um privilégio que o estado criou pára que ao patentar ou registar -isto é, ao fazer pública a inovação- se gerassem rendas imediatas que incentivassem ao autor a fazer pública sua criação, a ideia é que passasse ao domínio público enquanto ainda tivesse valor social. E qualquer economista que segue os journals sabe hoje que já não é necessário o privilégio para permitir que as inovações se difundam ou seus criadores tenham incentivos para as desenvolver. É mais, historicamente esteve supeditada na prática às necessidades sociais de inovação. Quando Eli Whitney inventou a desmotadora do algodón a ninguém -e muito menos a ele mesmo- se lhe ocorreu propor demandas por pirateo apesar de que a tivesse patentado. A desmotadora era um invento singelo, genial, que permitia reduzir o preço do algodón dramaticamente e converteu a EEUU no grande provedor das nacientes manufacturas têxtiles britânicas. E o algodón -até então equivalente ao lino em preço e limitado por tanto às classes altas- num bem de consumo de massas de preço asequible. O uso de prendas de origem vegetal considera-se por verdadeiro, uma das causas da melhora da higiene pública a princípios do XIX e do aumento da esperança de vida. EEUU e Grã-Bretanha passaram, graças à indústria da manufactura algodonera, de ser países em desenvolvimento a ser países desenvolvidos. No Reino Unido as cenas manchesterianas que ainda hoje nos põem maus começaram a ser a cada vez menos frequentes nos anos 30 desse século. Como escreve Paul Johnson, quando Dickens escreve Oliver Twist descreve um mundo que real em sua juventude estava já desaparecendo. O que fazemos hoje gravando com patentes e direitos de autor a transmissão do conhecimento é, entre outras coisas, fazer que os países que não deram então o salto o tenham quase impossível agora. As desmotadoras de hoje exigem royalties e seus países de origem ameaçam com sanções na OMC aos estados que não oferecem garantias para sua cobrança, evitando que atinjam a massa crítica que faz possível esse salto cualitativo que chamamos desenvolvimento. E dentro da cada país favorecer a concentração do conhecimento por um lado nos monopólios e nas grandes corporaciones (veja-se a campanha contra as patentes de software) e por outro dualizar o acesso às artes produzindo um modelo social no que as novas gerações a cada vez partem de um acervo menor que lhes permite desfrutar de menos coisas num terrível círculo vicioso. Não é casual que os museus se façam a cada vez mais incompresibles enquanto a gramática audiovisual ou o léxico da arte de massas se fazem bem mais simples que quando as taxas de alfabetización e os níveis formativos meios eram muitíssimo menores. E esses círculos não se rompem com Creative Commons nem -basta um pequeno exercício microeconómico- investindo em formação o dinheiro ganhado com o sistema de direitos de autor. Isso só se pode romper por dois caminhos, a devolução progressiva e o copyleft, isto é, aumentando o volume do domínio público e seu frescura por um lado e fazendo mais potente e amplo o catálogo de obras livres cujos derivados são obrigatoriamente livres também. Sobre falsos comuns e Devolução Acabo de ler unhas citas de Viñals que recollía no seu último post Daniel Bellón e non podo subtraerme a dar unha resposta e facer unha reflexión en quente. Cita Daniel a Viñals:
Pois bo, ese fondo común xa existe, é o patrimonio Copyleft, o conxunto de obras libres distribuídas baixo unha licenza que obriga a que toda obra derivada sexa libre tamén. O que me molesta tanto de Creative Commons como da formulación de Viñals é que pensan que é posible un uso reformista do privilexio de propiedade intelectual. O erro está pensar en que a arte, o coñecemento ou as creacións inmateriales son un ben de capital, é dicir fonte de rendas. O coñecemento non é unha fonte de rendas, senón o seu uso. Gravar e xa que logo frear, aínda que sexa con nobre causa a transmisión do coñecemento, non equivale a poñer un imposto sobre o capital, senón a evitar ou frear que as persoas poidan chegar a telo, non digamos xa usalo para xerar máis coñecemento. E como todo freo, lógicamente frea máis a quen menos coñecemento acumula previamente. En consecuencia: aceptar a propiedade intelectual, sexa do tipo q sexa (a da Creative Commons máis q a da SGAE q polo menos quédanos a esperanza de restrinxila en tempo de explotación) non pode senón facer que a distribución do coñecemento e as súas rendas -que é per se unha función potencial- sexa cada vez máis dual. É o que teñen os privilexios acumulativos, que tenden a producir distribucións cada vez mais duales (todos tenden a non ter nada e un grupo exiguo tende a ter todo). Nese marco CC significa que os poucos q teñen moito se dan conta de que mellor permiten acceder a parte á maioría ou o público non terá o coñecemento suficiente nin para poder gozar do consumo das súas obras. Non esquezamos que a mal chamada propiedade intelectual non é senón un tipo de patente. Patente é un privilexio estatal (como as patentes de enxeños ou as patentes de corso) e fronte aos privilexios estatais non se loita flexibilizándoos ou permitindo aos seus detentadores unha definición personalizada que lles permita xenerosas donaciones do que previamente foi expropiado á comunidade. Os privilexios estatais enfróntanse abogando pola súa derrogación e si hai demasiados poderes en xogo pola súa limitación temporal. Niso consiste a Devolución. E con iso si cabo unha formulación reformista: que as obras artísticas teñen hoxe un tratamento similar ao dunha propiedade física 70 anos logo da morte do seu autor? Reduzcámoslos a 10 que empecen a contar coa súa data de rexistro público e incentivaremos de paso unha industria máis áxil e máis valente. Que as patentes das farmaceúticas poden funcionar durante 20 anos? Reduzcámoslas a 5 Iso é a Devolución, que o que foi construído partindo do patrimonio cultural e científico da Humanidade e que foi raptado polo Estado a principios do século XX sexa devolto á Humanidade. Porque é coas súas pezas coas que o artista , o enxeñeiro ou o científico fixo a súa nova obra. A clave: a propiedade intelectual é un privilexio que o estado creou para que ao patentar ou rexistrar -é dicir, ao facer pública a innovación- xerásense rendas inmediatas que incentivaran ao autor a facer pública a súa creación, a idea é que pasase ao dominio público mentres aínda tivese valor social. E calquera economista que segue os journals sabe hoxe que xa non é necesario o privilexio para permitir que as innovacións difúndanse ou os seus creadores teñan incentivos para desenvolvelas. É máis, históricamente estivo supeditada na práctica ás necesidades sociais de innovación. Cando Eli Whitney inventou a desmotadora do algodón a ninguén -e moito menos a el mesmo ocorréuselle suscitar demandas por pirateo malia que a houbese patentado. A desmotadora era un invento sinxelo, xenial, que permitía reducir o prezo do algodón dramáticamente e converteu a EEUU no gran proveedor das nacientes manufacturas textiles británicas. E o algodón -ata entón equivalente ao lino en prezo e limitado xa que logo ás clases altas- nun ben de consumo de masas de prezo asequible. O uso de pezas de orixe vegetal considérase por certo, unha das causas de mellóraa da higiene pública a principios do XIX e do aumento da esperanza de vida. EEUU e Gran Bretaña pasaron, grazas á industria da manufactura algodonera, de ser países en desenvolvemento a ser países desenvolvidos. No Reino Unido as escenas manchesterianas que aínda hoxe nos poñen malos empezaron a ser cada vez menos frecuentes nos anos 30 dese século. Como escribe Paul Johnson, cando Dickens escribe Oliver Twist describe un mundo que real na súa mocidade estaba xa desaparecendo. O que facemos hoxe gravando con patentes e dereitos de autor a transmisión do coñecemento é, entre outras cousas, facer que os países que non deron entón o salto téñano case imposible agora. As desmotadoras de hoxe esixen royalties e os seus países de orixe ameazan con sancións na OMC aos estados que non ofrecen garantías para a súa cobro, evitando que alcancen a masa crítica que fai posible ese salto cualitativo que chamamos desenvolvemento. E dentro de cada país favorecer a concentración do coñecemento por unha banda nos monopolios e nas grandes corporacións (véxase a campaña contra as patentes de software) e por outro dualizar o acceso ás artes producindo un modelo social no que as novas xeracións cada vez parten dun acervo menor que lles permite gozar de menos cousas nun terrible círculo vicioso. Non é casual que os museos fáganse cada vez máis incompresibles mentres a gramática audiovisual ou o léxico da arte de masas fanse moito máis simples que cando as taxas de alfabetización e os niveis formativos medios eran muchísimo menores. E eses círculos non se rompen con Creative Commons nin -basta un pequeno exercicio microeconómico- investindo en formación o diñeiro gañado co sistema de dereitos de autor. Iso só se pode romper por dous camiños, a devolución progresiva e o copyleft, é dicir, aumentando o volume do dominio público e o seu frescura por unha banda e facendo máis potente e amplo o catálogo de obras libres cuxos derivados son obligatoriamente libres tamén. Sobre falsos comúns e Devolución # # #el de liéger òm citas de Viñals qu'apletava en lo sieu darrièr post Daniel Bellón e pòdi pas sustraerme a donar una responsa e far una reflexion en cauda. Cita Daniel a Viñals:
Doncas bon, aqueste fons comun existís ja, es lo patrimòni Copyleft, l'ensemble d'òbras liuras distribuidas jos una licéncia qu'obliga a que tota òbra derivada siá liura tanben. Çò Que me shòrda tant de Creative Commons coma del plantejament de Viñals es que pensan qu'es possible un emplec reformista del privilègi de proprietat intellectuala. L'error es pensar en que l'art, la coneissença o las creacions inmateriales son un plan de principal, es dire font de rendas. La coneissença es pas una font de rendas, mas lo sieu emplec. Grauar e per tant frenar, e mai se siá amb nòble causa la transmission de la coneissença, equival pas a póner un impòst sobratz lo principal, mas a evitar o frenar que las personas pòscan arribar a o aver, digam pas o usar ja per generar mai coneissença. E coma tot fren, frena logicament mai a qui mens coneissença acumula prèviament. En consequéncia: acceptar la proprietat intellectuala, siatz del tipe q siá (la de la Creative Commons mai q la de la SGAE q nos demòra almens l'esperança de restringirla en temps d'explotacion) pòt pas mas far que la distribucion de la coneissença e las siás rendas -qu'es per s'una foncion potenciala- siá de mai en mai dual. Es çò qu'an los privilègis acumulativos, que tendon a produsir de distribucions cada còp mas duales (totes tendon a pas aver brica e un grop exiguo tend a aver tot). En aqueste marc CC significa que la pauca q an s'avisan fòrça que permeton # accedir a part a la majoritat o lo public aurà pas la coneissença sufisenta ni per poder gaudir del consum de las siás òbras. Desbrembem pas que la mal cridada proprietat intellectuala es pas mas un tipe de brevet. Brevet es un privilègi estatal (coma los brevets de ingenios o los brevets de còrs) e tèsta als privilègis estatales se luta pas flexibilizándolos o en permetent als sieus detentadores una definicion personalizada que lor permeta de generosas donacions de çò que foguèt prèviament expropiado a la comunitat. Los privilègis estatales s'afrontan en plaidejant per lo sieu derogación e s'i a demasiados de poders en jòc per la siá limitacion temporala. En aiçò consistís la Devolucion. E amb aiçò se cap un plantejament reformista: que las òbras artisticas an uèi un tractament similar al d'una proprietat fisica 70 ans après la mòrt de lo sieu autor? Redusiscam-los a 10 que comencen a comptar amb la siá data de registre public e incentivaremos de passatge una industria mai agila e mai valenta. Que los brevets de las farmaceúticas pòdon foncionar pendent 20 ans? Redusiscam-las a 5 Çò es la Devolucion, que çò qu'es estat bastit en partint del patrimòni cultural e scientific de l'Umanitat e que foguèt raptado per l'Estat a principis del sègle XX siá retornat a l'Umanitat. Pr'amor qu'es amb las siás pèças que l'artista , l'enginhèr o lo scientific faguèt amb el la siá nòva òbra. La clau: la proprietat intellectuala es un privilègi que l'estat creèc per que al patentar o enregistrar -es dire, al far publica l'innovacion- se generèsson de rendas immediatas que incentivaran a l'autor a far publica la siá creacion, l'idèa es que passès al domeni public mentre aguès encara valor sociala. E quin economista que siá que seguís los journals sap uèi qu'es pas mai de besonh lo privilègi per permetre que las innovacions se difonètz o los sieus creadors ajatz d'incentius per las desvolopar. Es mai, foguèt istoricament supeditada dins la practica als besonhs socials d'innovacion. Quand Eli Whitney inventèt la desmotadora del coton a degun -e fòrça mens a el meteis- se li arribèt sometre de demandas per pirateo malgrat que la aguès patentado. La desmotadora èra una invencion simpla, geniala, que permetiá redusir lo prètz del coton dramáticamente e convertiguèt en EUA en lo grand provedidor de las nacientes manufacturas texilas britanicas. E lo coton -fins a alavetz equivalent al lino en prètz e limitat per tant a las classas nautas- en un plan de consum de massas de prètz accessible. L'emplec de gatges d'origina vegetala se considèra per cèrt, una de las causas del melhorament de la higiene publica a principis del XIX e de l'aumentacion de l'esperança de vida. EUA e Grand Bretanha passèron, mercés a l'industria de la manufactura algodonera, d'èsser de païses en desvolopament a èsser de païses desvolopats. En lo Reialme Jonhut las scènas manchesterianas qu'encara uèi nos ponon dolentes comencèron a èsser de mens en mens frequents en los ans 30 d'aqueste sègle. Coma escriu Paul Johnson, quand Dickens escriu Oliver Twist descriu un mond que real en la siá joenessa èra en despareissent ja. Çò Que fasèm en grauant uèi amb de brevets e de dreches d'autor la transmission de la coneissença es, entre d'autras causas, far que los païses que donèron pas alavetz lo saut o ajan gaireben impossible ara. Las desmotadoras d'exigisson uèi royalties e los sieus païses d'origina menaçan amb de sancions en l'OMC dins los estats qu'ofrisson pas de gatges per lo sieu crubament, en evitant qu'atengan la massa critica que fa possibla aqueste saut qualitatiu que cridam desvolopament. E dins cada país favorir la concentracion de la coneissença per un costat en los monopòlis e en las grandas corporacions (vejatz-vos la campanha contra los brevets de logicial) e per un autre dualizar l'accès a las arts en produsint un modèl social que las nòvas generacions partisson en el cada còp d'un acervo mendre que lor permet gaudir de mens causas en un terrible cercle vicioso. Es pas casual que los musèus se fagan de mai en mai incompresibles mentre la gramaticiana audiovisuala o lo lexic de l'art de massas se fan fòrça mai simplas que quand las taxas d'alfabetizacion e los nivèls formatius de mejans èran muchísimo mendres. E aquestes cercles se trincan pas amb Creative Commons ni -basta un pichon exercici microeconómico- en invertint en formacion los sòus ganhats amb lo sistèma de dreches d'autor. Aiçò se pòt pas que trincar per dos camins, la devolucion progressiua e lo copyleft, es dire, en aumentant lo volum del domeni public e la siá frescor per un costat e en fasent mai potent e ample lo catalòg d'òbras liuras cuyos derivats son obligatoriamente liures tanben. Envolopa falsa comuna e Devolucion Acabo de llegir unes cites de Viñals que recollia en el seu últim post Daniel Bellón i no puc sostreure'm a donar una resposta i fer una reflexió en calenta. Cita Daniel a Viñals:
Doncs bé, aquest fons comú ja existeix, és el patrimoni Copyleft, el conjunt d'obres lliures distribuïdes sota una llicència que obliga al fet que tota obra derivada sigui lliure també. El que em molesta tant de Creative Commons com del plantejament de Viñals és que pensen que és possible un ús reformista del privilegi de propietat intel·lectual. L'error està pensar que l'art, el coneixement o les creacions inmateriales són un bé de capital, és a dir font de rendes. El coneixement no és una font de rendes, sinó el seu ús. Gravar i per tant frenar, encara que sigui amb noble causa la transmissió del coneixement, no equival a posar un impost sobre el capital, sinó a evitar o frenar que les persones puguin arribar a tenir-ho, no diguem ja usar-ho per a generar més coneixement. I com tot fre, lògicament frena més a qui menys coneixement acumula prèviament. En conseqüència: acceptar la propietat intel·lectual, sigui del tipus q sigui (la de la Creative Commons més q la de la SGAE q almenys ens queda l'esperança de restringir-la en temps d'explotació) no pot sinó fer que la distribució del coneixement i les seves rendes -que és per s'una funció potencial- sigui cada vegada més dual. És el que tenen els privilegis acumulativos, que tendeixen a produir distribucions cada vegada mes duales (tots tendeixen a no tenir gens i un grup minso tendeix a tenir tot). En aquest marc CC significa que els pocs q tenen molt s'adonen que millor permeten accedir a part a la majoria o el públic no tindrà el coneixement suficient ni per a poder gaudir del consum de les seves obres. No oblidem que la mal cridada propietat intel·lectual no és sinó un tipus de palès. Palès és un privilegi estatal (com les paleses d'enginys o les paleses de cors) i enfront dels privilegis estatals no es lluita flexibilitzant-los o permetent als seus detentadores una definició personalitzada que els permeti generoses donacions del que prèviament va ser expropiat a la comunitat. Els privilegis estatals s'enfronten advocant per la seva derogació i si hi ha massa poders en joc per la seva limitació temporal. En això consisteix la Devolució. I amb això si cap un plantejament reformista: que les obres artístiques tenen avui un tractament similar al d'una propietat física 70 anys després de la mort del seu autor? Reduïm-los a 10 que comencin a explicar amb la seva data de registre públic i incentivarem de pas una indústria més àgil i més valenta. Que les paleses de les farmaceúticas poden funcionar durant 20 anys? Reduïm-les a 5 Això és la Devolució, que el que ha estat construït partint del patrimoni cultural i científic de la Humanitat i que va ser raptado per l'Estat a principis del segle XX sigui retornat a la Humanitat. Perquè és amb les seves peces amb les quals l'artista , l'enginyer o el científic va fer la seva nova obra. La clau: la propietat intel·lectual és un privilegi que l'estat va crear perquè al patentar o registrar -és a dir, al fer pública la innovació- es generessin rendes immediates que incentivessin a l'autor a fer pública la seva creació, la idea és que passés al domini públic mentre encara tingués valor social. I qualsevol economista que segueix els journals sap avui que ja no és necessari el privilegi per a permetre que les innovacions es difonguin o els seus creadors tinguin incentius per a desenvolupar-les. És més, històricament va estar supeditada en la pràctica a les necessitats socials d'innovació. Quan Eli Whitney va inventar la desmotadora del cotó a ningú -i molt menys a ell mateix- se li va ocórrer plantejar demandes per piratejo a pesar que l'hagués patentat. La desmotadora era un invent senzill, genial, que permetia reduir el preu del cotó dramáticamente i va convertir a EUA en el gran proveïdor de les nacientes manufacturas tèxtils britàniques. I el cotó -fins a llavors equivalent al lli en preu i limitat per tant a les classes altes- en un bé de consum de masses de preu assequible. L'ús de peces d'origen vegetal es considera per cert, una de les causes de la millora de la higiene pública a principis del XIX i de l'augment de l'esperança de vida. EUA i Gran Bretanya van passar, gràcies a la indústria de la manufactura algodonera, de ser països en desenvolupament a ser països desenvolupats. En el Regne Unit les escenes manchesterianas que encara avui ens posen dolents van començar a ser cada vegada menys freqüents en els anys 30 d'aquest segle. Com escriu Paul Johnson, quan Dickens escriu Oliver Twist descriu un món que real en la seva joventut estava ja desapareixent. El que fem avui gravando amb palesos i drets d'autor la transmissió del coneixement és, entre altres coses, fer que els països que no van donar llavors el salt ho tinguin gairebé impossible ara. Les desmotadoras d'avui exigeixen royalties i els seus països d'origen amenacen amb sancions en la OMC als estats que no ofereixen garanties per al seu cobrament, evitant que aconsegueixin la massa crítica que fa possible aquest salt qualitatiu que cridem desenvolupament. I dintre de cada país afavorir la concentració del coneixement d'una banda en els monopolis i en les grans corporacions (vegi's la campanya contra les paleses de programari) i per un altre dualizar l'accés a les arts produint un model social en el qual les noves generacions cada vegada parteixen d'un acervo menor que els permet gaudir de menys coses en un terrible cercle vicioso. No és casual que els museus es facin cada vegada més incompresibles mentre la gramática audiovisual o el lèxic de l'art de masses es fan molt més simples que quan les taxes de alfabetización i els nivells formatius mitjans eren moltíssim menors. I aquests cercles no es trenquen amb Creative Commons ni -prou un petit exercici microeconómico- invertint en formació els diners guanyats amb el sistema de drets d'autor. Això només es pot trencar per dos camins, la devolució progressiva i el copyleft, és a dir, augmentant el volum del domini públic i la seva frescor d'una banda i fent més potent i ampli el catàleg d'obres lliures que els seus derivats són obligatòriament lliures també. Sobre falsos comuns i Devolució
Acabo de leer unas citas de Viñals que recogía en su último post Daniel Bellón y no puedo sustraerme a dar una respuesta y hacer una reflexión en caliente. Cita Daniel a Viñals:
Pues bueno, ese fondo común ya existe, es el patrimonio Copyleft, el conjunto de obras libres distribuidas bajo una licencia que obliga a que toda obra derivada sea libre también. Lo que me molesta tanto de Creative Commons como del planteamiento de Viñals es que piensan que es posible un uso reformista del privilegio de propiedad intelectual. El error está pensar en que el arte, el conocimiento o las creaciones inmateriales son un bien de capital, es decir fuente de rentas. El conocimiento no es una fuente de rentas, sino su uso. Gravar y por tanto frenar, aunque sea con noble causa la transmisión del conocimiento, no equivale a poner un impuesto sobre el capital, sino a evitar o frenar que las personas puedan llegar a tenerlo, no digamos ya usarlo para generar más conocimiento. Y como todo freno, lógicamente frena más a quien menos conocimiento acumula previamente. En consecuencia: aceptar la propiedad intelectual, sea del tipo q sea (la de la Creative Commons más q la de la SGAE q al menos nos queda la esperanza de restringirla en tiempo de explotación) no puede sino hacer que la distribución del conocimiento y sus rentas -que es per se una función potencial- sea cada vez más dual. Es lo que tienen los privilegios acumulativos, que tienden a producir distribuciones cada vez mas duales (todos tienden a no tener nada y un grupo exiguo tiende a tener todo). En ese marco CC significa que los pocos q tienen mucho se dan cuenta de que mejor permiten acceder a parte a la mayoría o el público no tendrá el conocimiento suficiente ni para poder disfrutar del consumo de sus obras. No olvidemos que la mal llamada propiedad intelectual no es sino un tipo de patente. Patente es un privilegio estatal (como las patentes de ingenios o las patentes de corso) y frente a los privilegios estatales no se lucha flexibilizándolos o permitiendo a sus detentadores una definición personalizada que les permita generosas donaciones de lo que previamente fue expropiado a la comunidad. Los privilegios estatales se enfrentan abogando por su derogación y si hay demasiados poderes en juego por su limitación temporal. En eso consiste la Devolución. Y con ello si cabe un planteamiento reformista: ¿que las obras artísticas tienen hoy un tratamiento similar al de una propiedad física 70 años después de la muerte de su autor? Reduzcámoslos a 10 que empiecen a contar con su fecha de registro público e incentivaremos de paso una industria más ágil y más valiente. ¿Que las patentes de las farmaceúticas pueden funcionar durante 20 años? Reduzcámoslas a 5 Eso es la Devolución, que lo que ha sido construido partiendo del patrimonio cultural y científico de la Humanidad y que fue raptado por el Estado a principios del siglo XX sea devuelto a la Humanidad. Porque es con sus piezas con las que el artista , el ingeniero o el científico hizo su nueva obra. La clave: la propiedad intelectual es un privilegio que el estado creó para que al patentar o registrar -es decir, al hacer pública la innovación- se generaran rentas inmediatas que incentivaran al autor a hacer pública su creación, la idea es que pasara al dominio público mientras todavía tuviera valor social. Y cualquier economista que sigue los journals sabe hoy que ya no es necesario el privilegio para permitir que las innovaciones se difundan o sus creadores tengan incentivos para desarrollarlas. Es más, históricamente estuvo supeditada en la práctica a las necesidades sociales de innovación. Cuando Eli Whitney inventó la desmotadora del algodón a nadie -y mucho menos a él mismo- se le ocurrió plantear demandas por pirateo a pesar de que la hubiera patentado. La desmotadora era un invento sencillo, genial, que permitía reducir el precio del algodón dramáticamente y convirtió a EEUU en el gran proveedor de las nacientes manufacturas textiles británicas. Y el algodón -hasta entonces equivalente al lino en precio y limitado por tanto a las clases altas- en un bien de consumo de masas de precio asequible. El uso de prendas de origen vegetal se considera por cierto, una de las causas de la mejora de la higiene pública a principios del XIX y del aumento de la esperanza de vida. EEUU y Gran Bretaña pasaron, gracias a la industria de la manufactura algodonera, de ser países en desarrollo a ser países desarrollados. En el Reino Unido las escenas manchesterianas que todavía hoy nos ponen malos empezaron a ser cada vez menos frecuentes en los años 30 de ese siglo. Como escribe Paul Johnson, cuando Dickens escribe Oliver Twist describe un mundo que real en su juventud estaba ya desapareciendo. Lo que hacemos hoy gravando con patentes y derechos de autor la transmisión del conocimiento es, entre otras cosas, hacer que los países que no dieron entonces el salto lo tengan casi imposible ahora. Las desmotadoras de hoy exigen royalties y sus países de origen amenazan con sanciones en la OMC a los estados que no ofrecen garantías para su cobro, evitando que alcancen la masa crítica que hace posible ese salto cualitativo que llamamos desarrollo. Y dentro de cada país favorecer la concentración del conocimiento por un lado en los monopolios y en las grandes corporaciones (véase la campaña contra las patentes de software) y por otro dualizar el acceso a las artes produciendo un modelo social en el que las nuevas generaciones cada vez parten de un acervo menor que les permite disfrutar de menos cosas en un terrible círculo vicioso. No es casual que los museos se hagan cada vez más incompresibles mientras la gramática audiovisual o el léxico del arte de masas se hacen mucho más simples que cuando las tasas de alfabetización y los niveles formativos medios eran muchísimo menores. Y esos círculos no se rompen con Creative Commons ni -basta un pequeño ejercicio microeconómico- invirtiendo en formación el dinero ganado con el sistema de derechos de autor. Eso sólo se puede romper por dos caminos, la devolución progresiva y el copyleft, es decir, aumentando el volumen del dominio público y su frescura por un lado y haciendo más potente y amplio el catálogo de obras libres cuyos derivados son obligatoriamente libres también. Guardado por David de Ugarte en Destacados a las 8:34 pm
Tout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just « Desescolarización « Portada » El bricoleur y la Devolución »
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