El objetivo del desarrollo identitario de las personas siempre ha estado ligado al problema de la disponibilidad de espacio…
De los “community standards” al sueño sionista
En Estados Unidos, desde su mismo origen, el sistema constitucional ha partido del supuesto más o menos implícito de que más allá de la organización territorial de la administración, las personas se agrupaban en comunidades de creencia -fundamentalmente religiosas. El papel del estado en la relación con las comunidades era asegurar la libertad del individuo para pertenecer a una o abandonarla, negándose al mismo tiempo a si mismo la posibilidad de juzgar sin tener en cuenta los community standards, las normas morales y los principios de convivencia de las comunidades de pertenencia de las personas. Todavía hoy el Tribunal Supremo, juzga lo que puede ser considerado obsceno o injurioso, no en términos federales, sino en relación con los community standards.
Esta lógica de desarrollo en comunidad unida indisolublemente a la libertad para elegir comunidad, se imbricó en la propia Historia norteamericana y en su expansión hacia el Oeste y el Sur durante todo el siglo XIX. Mientras hubiese territorio libre habría un espacio donde vivir y ser de una manera diferente: este es el sueño americano original.
Desde mi punto de vista es seguramente Mordecai Manuel Noah y su ciudad Ararat quienes mejor representan hasta qué punto era real esta libertad para sin salir del Estado, segregarse de las formas sociales dominantes y establecer una comunidad identitaria diferenciada. Por cierto que a Noah no sólo se le considera un precursor del sionismo, sino que hay quien asegura que su iniciativa inspiró a Joseph Smith lo que luego sería el mormonismo y el nacimiento de Utah.
Precisamente la guerra de Utah (1857) supuso ya una señal de que el territorio de los EEUU se acababa y con él la posibilidad casi infinita de diferenciación identitaria. Diferenciación que por otro lado no era sólo territorial, sino también ideológica, pues con la “cuestión mormona“, la poligamia, el Supremo fijó las bases de los límites admisibles en los estándares comunitarios. Límites que se irían perfilando aún más a lo largo del tiempo y que legitimaron finalmente, entre otras cosas el anarquismo pacifista y cristiano de amish y cuáqueros, origen histórico del movimiento de la no violencia.
Geográficamente a partir de la década de los sesenta California y el Pacífico serían la frontera de la libertad. Desde entonces, más allá de pequeños grupos identitarios y sectas -cuyos asentamientos han proliferado hasta nuestros días no sin conflictos con la administración federal, los grandes proyectos de segregación comunitaria se plantearán sobre el mapa del mundo, al modo de la American Colonization Society (ACS) que daría nacimiento a Liberia. Aunque el colonialismo negro americano acabaría con la muerte de Lincoln y el fin del apoyo del Congreso a la ACS, el modelo se mantendría, aunque reinterpretado desde Europa.
Europa
En Europa durante esa época tan sólo la inmensa y mal comunicada Rusia zarista podía haber dado lugar a un ideal comunitario segregacionista similar al norteamericano. Las sectas campesinas -algunas de origen medieval- se multiplicarán bajo el Imperio Romanov. Sin embargo, como cuenta toda la historiografía de la época, las persecuciones y los pogromos contra las minorías religiosas serán más que frecuentes, parte del metabolismo social ruso de la época. Al final, por inmenso que fuera el Imperio, la única posibilidad de vida libre y estable que ofrecía era la huída. Es conocido por ejemplo el triste caso de los dukhobor, referidos por Kropotkin en sus memorias y salvados por Tolstoi quien abaló su éxodo a Saskatchewan (Canadá).
El pogrom no se trataba de una enfermedad rusa. Es triste, pero el denominador común de la identidad europea decimonónica es el antisemitismo, tanto en los estados atrasados como en los desarrollados modernos. Por eso, el final del XIX europeo, marcado por los nacionalismos etnicistas, se simboliza ejemplarmente en el Asunto Dreyfus.
Emergerá entonces, con más claridad que nunca el problema identitario europeo, su incapacidad para aceptar la diversidad y su antisemitismo profundo. El sionismo no nace de un problema identitario judío, sino europeo y de hecho no hallará apoyo internacional y base demográfica para construir un estado hasta que Europa alcance el máximo de la abominación casi un siglo más tarde.
El sionismo, más allá de sus distintas teorizaciones nacionalistas, religiosas o socialistas, responde a la necesidad de segregación de una Europa en el que no hay espacio para la subjetividad diferenciada sin conflicto y sin promesa de violencia. En Europa, todavía hoy, el estado se entiende como un factor de homogeneización, como un destructor de community standards que impone -o construye, según la terminología nacionalista- una identidad común. El estado nacional es el encargado de dar materialidad al sueño nacional de la igualdad étnica, cultural y moral. El estado crea la versión secular y moderna del pueblo elegido. Por eso la política europea, a la que nos descuidamos, tiene esa lógica de juego de suma cero que sólo apunta hacia el conflicto civil, la guerra fratricida o el pogrom. Algo que hasta tal punto sigue formando parte de la realidad política europea que, bajo los enunciados del jurista católico y filonazi Carl Schmitt o de su antecesor español Donoso Cortés, nos seguimos encontrando hoy en las citas y referencias del discurso nacionalista y conservador de todo el continente.
Por eso, el territorialismo de Israel Zangwill, aunque minoritario, siempre me pareció el más lúcido. Zangwill buscó comprar tierras para formar un pequeño estado judío en sitios tan lejanos de la mítica Judea como Canada, Australia, Irak, Uganda o Libia. Lo importante era segregarse, lograr un espacio para vivir en comunidad de modo voluntario según bases pactadas libremente, según una identidad “elegida” y de la que poder marchar en un momento dado. La frontera como garantía de diferencia frente a la voracidad homogeneizadora de los estados del viejo mundo. Acabado el territorio “virgen” en América, acabada la época de las grandes exploraciones, la cuestión seguiría sobre la mesa.
El espacio tras el fin del territorio
Cuando a mediados de los noventa se reconstituyó el grupo Ciberpunk español, aún tocado por la experiencia yugoslava, uno de los textos que más discusiones trajo fue El nacimiento de la República Popular de la Antártida. Nada más evocador, tras haber visto el horror étnico azuzado por la mezquindad y la cobardía europeas que la idea de un último lugar, de un territorio de fuga para la masa de refugiados de la guerra y el hambre, pero también para nosotros.
Muy sintomáticamente, hacia la mitad del relato la novela se convierte en una pesadilla. No hay territorios a donde huir por inóspitos geográficamente que sean. ¿Pero hay espacios?
Poco después empezaríamos nuestra primera aproximación al esperanto. Hay una simetría interesantísima entre el esperantismo y el sionismo, entre Zamenhof y Ben Yehuda, el padre del hebreo moderno. Había, tras Kosovo, una intuición en nosotros. Una sensación de imposibilidad europea que de algún modo debía ser similar a la que sintió Herzl tras el asunto Dreyfus. La idea de que preferíamos vivir en movimiento, en la libertad que la red y no el sueño europeo podían ofrecernos.
Porque lo que la red y de algún modo el Esperanto nos ofrece es vivir en un espacio de debate y ciudadanía entre pares, aprendiendo y sin tener nada que ver, pero ni de lejos, con toda esta cosa atávica, violenta, sectaria y mezquina que es el debate político ligado a los estados y las viejas naciones del continente.
Cuando hace poco comentaba esto con Pere Quintana en la lista de Ciberpunko Internacia, me respondió con un par de párrafos de una gran belleza y emotividad. Sobre esa semilla quiero volver a repasar todo y orientar mi reflexión y mis posts en la próxima temporada. Releer al Juan Urrutia de los 90, profundizar en la comprensión del poder de las periferias digitales…
…Y por supuesto tejer red al margen del inane centro europeo, que como decía Pere,
Es lo que siempre hemos hecho, por eso somos ciberpunkoj. (…) No es de extrañar que muchos de los nuevos esperantistas vengan del software libre (en toulouse la mitad de los jóvenes son también socios de Toulibre), porque se trata de lo mismo, gente que interactúa en red y que comparte un fondo de valores común y un “territorio” donde desarrollarse. Territorio formado por el propio software/lengua y las listas de correo, blogs, etc. que lo sustentan.
David, hace tiempo que ya no somos ni españoles ni europeos ni nada. Hace tiempo que somos sionistas digitales… Lo que nos une son unos valores comunes, no el hecho de haber nacido aquí o allí. De hecho no nos vemos ni las caras, nuestra identidad són nuestros textos en red.
David, no somos del mundo que se respira en los periódicos. ¡Somos libres!
En otros blogs este post recibió las siguientes referencias (URI de Trackback)
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[...] La primera vez que lei sobre las emigraciones digitales fue en la historia de David de Ugarte, en Sionistas digitales. [...]
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[...] idea es comenzar haciendo un repaso histórico de los últimos 200 años, centrándome en las figuras e ideas que en pleno siglo de las naciones [...]
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[...] vez me fascina más el link entre sionismo digital y algunos sionismos pre hertzelianos, sobre todo Ararat Ciudad de Refugio, el proyecto original de Mordecai Manuel Noah. MMN pensó, [...]






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El Sionismo digital es cosa seria.Por un lado es un buen ejemplo de la dialéctica centro/periferia y una muestra de que esa dialéctica no siempre se juega sobre el “terreno”
Pero por otro lado lo que me importa más es que muestra con claridad ladificultad de segregarse o, lo que es lo mismo, la dificultad de disentir de manera radical.
Ahora bien lo importante en comunidades no territoriales es no solo la posibilidad de crearlas o de entrar en ellas, sino también ,y de manera crucial para mí, la posibilidad de salir de ellas.
Yo diría que es a través de la “traición” reiterad a diversas comunidades que uno se va individualizando y liberándose de las identidades colectivas.
Si así lo desa, claro.
Muy interesante el artículo, aunque tendré que leerlo un par de veces más…
Excelente puntualización “Juan Urrutia”.
Aquella comunidad final de tus días de frontera, aquí y ahora…
Es bonito…
Cuando termine los examenes, miraré el lernu! famoso…
Un abrazo
Un excelente trabajo de recopilación. He aprendido mucho leyendo y siguiendo enlaces.
El punto está en poder producir poder real, en el mercado real, en la política real, con real me refiero a la vida cotidiana de la mayoría de la gente, esté o no en comunidades diferentes, porque sino el pode rlo tienen otros. Por ejemplo, por muy interesante que es la conversación de Freire en torno a si los blogs son o no publicaciones y si están sujetas al mismo derecho que las “otras” publicaciones, si eso no tiene respaldo de poder político concreto es sólo un debate académico, que es valioso, pero no sirve para concretar ningún sueño, sea este el americano, sionista o palestino.
Claudio, el poder “real” que llamas existe sobre un territorio. Si podemos ganar el dinero al margen de él, en la red lingüístico electrónica, aunque a veces tengamos que pagarle impuestos -es decir, aunque sigamos siendo súbditos-, si podemos mantener nuestra vida social sin pasar por él, ¿qué realidad puede ofrecernos que no tengamos ya?
Tu planteamiento se asemeja a los que en la Edad Media decían a los comerciantes de los burgos autónomos aquello de “vuestras constituciones están muy bien, pero al final todo depende de la agricultura y eso significa pasar por los señores”. Recuerda, al final -en siglos de batalla- los señores reconocieron primero la autonomía de los burgos y finalmente acabaron pagándoles a ellos los impuestos… y en el camino, los burgueses disfrutaron de su independencia
No te preocupes tanto por un “los otros” abstracto, piensa en tu comunidad, en tu gente, en la que tu eliges y dime ¿de verdad no podéis vivir ya como sionistas digitales una parte tremendamente valiosa de vuestras vidas?
Excelente artículo. Enhorabuena.
Pero tengo una pregunta, David: ¿Cuánto tiempo crees que puedes vivir en esta pequeña(*) comunidad? ¿Estarás siempre dispuesto a sacrificar universalidad por una mayor capacidad de gestión personal? ¿No intentarás colonizar? ¿Por qué abandonas(**) medios más tradicionales?
Intentaré leerte más a menudo. Saludos.
(*) No sé realmente de cuántos lectores dispones en tu blog. Por ejemplo, medido en proporción a periodista digital u otra plataforma de ese tipo
(**) Realmente no sé si te han invitado a participar como contertulio o columnista. Pero me sorprendería que no fuese así
Hombre, las estadísticas son abiertas, tienes la entrada en la barra lateral con grafiquito explicativo y todo.
Por lo que me cuenta David Rojo tengo más lectores que prácticamente todos los blogs de Periodista Digital y en cualquier caso mi blog no pretende ser una comunidad.
Y respondiendo a tu pregunta sí, David me ofreció no sólo participar ahí sino dirigir la blogzone y mi respuesta fue que no.
David, entiendo lo que dices y tu ejemplo con mi pensamiento medieval, más que preocuparnos por los otrso concuerdo en lo que dices, desarrollar un poder paralelo al hegemónico acltual.
Saludos,
Eso es!
Como los burgueses de la Edad Media!