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Sábado, 25 de Noviembre de 2006

Quico Mañero en Voces del Frente

Federico Mañero (Quico Mañero) entrevistado en Voces del Frente, la popular revista del Frente Amplio uruguayo. Una entrevista provocadora que por romper mitos y tópicos de la izquierda rancia, traerá cola. Una bocanada de aire fresco de la mano de un viejo amigo y maestro.

Quico MañeroVoces del Frente es la revista oficial del Frente Amplio, la coalición de grupos progresistas que gobierna Uruguay. Se vende en los kioskos y es bastante popular. Raro es que en ella entrevisten a españoles. Más raro aún que entrevisten a un empresario.

Pero la cabecera de la entrevista ya es chocante. Promete y no defrauda:

Nos dijeron de entrevistarlo y accedimos sin tener la menor idea de quien era. Pensamos en un empresario “gallego” progresista y nos imaginamos un reportaje corto, sin pena ni gloria, para cumplir, que con suerte llegaría a dos páginas.
Nos equivocamos de punta a punta. Este “tío” nos dejó boquiabiertos. Es irreverente, trasgresor y tiene una visión muy particular de nuestro país. Pero sobretodo tiene la cabeza abierta, cosa poco frecuente en los empresarios y en los políticos uruguayos. Como buen vasco es cabeza dura y no aceptó ser encasillado en el estereotipo de “ejecutivo socialdemócrata” en el que lo pusimos. Nos tomó el pelo, no hizo cagar de la risa y nos demostró un enorme cariño hacia lo uruguayo, del cual nosotros mismos carecemos muchas veces. Damos fe que perdimos 2 a 1 este partido con España. Con ustedes: Quico.

Y para que la emoción no decaiga, la entrevista se acompaña de un recuadro destacado:

EL PODER DE LAS TRANSNACIONALES - En el mundo profesional y de los negocios somos muy pocos las gentes de izquierdas, al punto de que se constituye en noticia. Cuando me eligieron para Repsol apareció una nota en España: “Histórico socialista fichado por Antonio Brufau (Presidente de Repsol)”

Yo lo hablaba con él: “esto es acojonante, yo que dejé la política hace veinticinco años. Y sin embargo, con toda la cantidad de reaccionarios a quienes hacen directores de cosas, en ninguna parte aparece: El conocido conservador, o el franquista desde la cuna. Esto pasa. Y en el mundo de la izquierda en general se conoce muy poco de cómo son las compañías y cómo es el mundo de las empresas. Yo os podría contar cuánto hay de verdad en todo esto que la gente cree del poder de las transnacionales, de cómo influímos, de los aparatos de inteligencia que manejamos, que ni James Bond. Ah, si os contara la verdad… rompería unos cuántos mitos e intentaría hacer ver el mundo de oportunidades que existen para hacer una América mejor.

Chocante, tal vez para los que no recordéis la trayectoria de Quico. Para los que le queremos y tratamos, no es ninguna sorpresa. Pocas personas tan sensatas, comprometidas y al tiempo desmitificadoras de las viejas épicas y tópicos de la izquierda rancia como él.

Os invito a descubrirle en la siguiente entrevista. Quico aborda temas como la relación entre REPSOL-YPF y el gobierno boliviano, la imagen de las empresas españolas en Iberoamérica, la geopolítica sudamericana o la oportunidad que representa el Internet y el software libre. Y sobre todo lo hace a calzón quitado, enfrentado con una sinceridad apabullante los prejuicios de los periodistas que le entrevistaban:

¿Por qué elegiste Uruguay como lugar de estancia habitual en tu trabajo en el cono sur latinoamericano?

Primero debo entregar un mínimo de pinceladas de contexto para que se entienda esta condición de vecino habitual de Montevideo, de la vida de un profesional, un ejecutivo independiente que vive simultáneamente en varios países. Todos los meses como mínimo duermo en cuatro o cinco países, y por supuesto en los aviones. Todos los meses estoy diez días o dos semanas como mucho en España, y luego en Uruguay, Argentina, Chile, y normalmente en Santa Cruz en Bolivia también. Tengo reuniones en España, fuera de Madrid, suelo tener que ir por la Unión Europea, y acá en América Latina a varios lugares más. Es una vida muy acelerada, con mucho compromiso de agenda, con mucha presión de fechas, de saber cuándo vas, cuándo vienes. Llevo ya prácticamente treinta años en esto. Y me planteé tener un sitio en donde tener mi cama, mi armario, mi ropa.

A primera vista podría pensarse que Buenos Aires podría resultarle a un europeo más parecido a su tierra que Montevideo.
Depende de cómo se mire Europa. Buenos Aires tiene vitalidad, es una ciudad intensa, abierta, cosmopolita, de ritmos muy acelerados, llena de alicientes y atractivos, apasionante. Creo que Buenos Aires es una de las grandes capitales del mundo. Y lo digo con conocimiento de causa porque he conocido mucho. Ahora bien, creo que uno debe vivir en donde le apetece, en función de cómo se vive, donde mejor se encuentra, donde más le conviene en su momento. Montevideo tiene cosas, que en términos de lo que yo busco, calidad de vida, posibilidades de pasear, conversar con gente, de darse tiempo para tomar un café o un mate, me resultan más atractivas que Argentina.

Es una vida más provincial.

No, no es una cuestión provincial. Hay cosas que hacen al paisaje urbano, al entorno, al hábitat que tienes. Yo he nacido en una ciudad de costa, San Sebastián y voy mucho menos a mi pueblo, que lo que vengo a Montevideo o a Santiago de Chile. Entonces para mí, la rambla, este mar, aunque se llame río, y el poder caminar, son condicionantes muy grandes. Aquí tengo una tranquilidad que en Buenos Aires es sencillamente inimaginable. El vivir tiene mucho que ver también con el entorno humano -tengo muy buenos amigos argentinos- pero me gusta más la formación típica del uruguayo. En este país son amables hasta los mendigos, los que te quieren limpiar el parabrisas en la calle. Esta ciudad tiene la mayor densidad de librerías por habitante de las capitales de América, aunque ahora los libros estén muy caros. Y aunque haya problemas económicos muy serios, creo que aquí se conserva un piso cultural y cívico que me atrae mucho. Creo que ese es uno de los grandes valores y oportunidades que tiene el Uruguay en términos de su posicionamiento global y de lo que puede ser su proyecto de país. Ahora hay que ponerle manos.

En estos días, a raíz de la Cumbre Iberoamericana estuvo el Presidente de Bolivia, Evo Morales en nuestro país. Y está en el candelero el tema de la nacionalización de los hidrocarburos en aquel país. Y el papel de Repsol-YPF ha sido cuestionado, por las amenazas previas a la firma del contrato que se denunciaron, y que involucraron hasta presiones del mismo Gobierno español para obtener mejores condiciones para la empresa.

Yo soy de izquierdas, aunque tengo una visión muy peculiar, lo reconozco, en relación a la izquierda convencional. La interpretación dominante responde a una serie de simplificaciones muy esquemáticas en donde las multinacionales del petróleo somos lo peor que hay sobre la faz de la tierra, y sus administradores, entre los que me cuento, somos lo peor de lo peor. Cuando me habláis de presiones y ese recurrir al Gobierno español, os podréis imaginar que nada de esto me es lejano. Conozco la película muy de primera mano. Nosotros sencillamente hemos defendidos nuestras posiciones de contrato con el Estado boliviano, absolutamente legítimas, reconocibles por cualquier Corte Internacional. Metámonos en lo que son nuestras responsabilidades.

¿Cuáles son esas responsabilidades?

Nuestra responsabilidad es para con la gente que tiene comprometidos sus ahorros en la compañía, para los accionistas, para con nuestros trabajadores, los consumidores y para el entorno en el que operamos, es decir, para con los países en los que estamos. Yo me siento enormemente orgulloso de ser parte de este equipo y este proyecto de Repsol. Muchas veces lo digo, es lo mismo que sentí cuando estaba con Felipe González en la Comisión Ejecutiva del PSOE, con veinticuatro años, y sentía que estaba participando de una historia de mucho alcance, que tenía la enorme suerte y el privilegio de estar sentado donde se estaba haciendo historia, y además buena historia para el país. Y con un líder como Felipe González, absolutamente mayúsculo, descollante, creador, en fin, ¿para qué voy a hacer aquí apología de Felipe? Ahora, veinticinco años después, lo siento nuevamente, cuando estoy en el Consejo de Administración de la mayor empresa industrial de España, que además está en el dominio de mayor alcance geoestratégico del mundo, en el terreno de la energía y los hidrocarburos. Tengo la sensación de haber tenido la enorme suerte de estar colocado en el medio de una fuerte transformación de fondo en cuanto a la profesionalización de la gran empresa española, y también de sus comportamientos en el exterior. Esta compañía ha llegado a unos niveles de profesionalización muy grandes, y creo que somos una empresa sumamente responsable en el manejo de nuestro entorno. Cuando me habláis de presiones me parece muy injusto. Nosotros somos una compañía que involucra al ahorro de varios millones de españoles y latinoamericanos y somos bandera del interés estratégico de España. Una compañía petrolera de bandera, aunque esté privatizada, no deja de ser una compañía de referencia, que tiene que ser cuidada desde el poder político. Insertémosle a esto la presencia española en América Latina y también el potencial que tenemos para actuar para bien en el desarrollo de ésta, y es lógico que el Gobierno español intervenga, sencillamente demandando seguridad jurídica.
¿Quieren que les cuente la historia de presiones que implican la construcción de casos falsos para allanar nuestras sedes, para detener a nuestros ejecutivos y calumniar la gestión de Repsol en Bolivia?

Adelante, somos todo oídos.

Nosotros hemos hecho un esfuerzo enorme para llegar a este acuerdo, en una doble lógica que tenía que conciliarse. Primero, que se den condiciones de seguridad a nuestra inversión. Nosotros hemos metido mil millones de dólares en Bolivia, y no hemos repatriado ni uno. ¡Ni uno! Y, segundo, condiciones de normalidad en la gestión.

Y tras el acuerdo las empresas van a invertir tres mil quinientos millones más.

De los cuales a nosotros nos tocarán mil y pico. Lo de presionar para obtener condiciones es solo demandar que se cumplan los acuerdos.

Acuerdos que no respetaban la Constitución de Bolivia.

Sobre eso no hay ninguna resolución; lo que hubo fue una declaración pública de un miembro de un tribunal constitucional, y luego sencillamente una mayoría política que ha determinado que no eran constitucionales. En el supuesto que recurramos, lo que está en nuestro derecho, tendría que ser dirimido por el Tribunal Internacional sobre Inversiones, y el Convenio de Protección Recíproca de Inversiones, suscrito entre Bolivia y España. Porque para eso están las normas. Y nosotros somos los primeros en cumplirlas, dicho en plata y castellano, porque así debe ser.

Esas normas y algunas condiciones excesivamente favorables en beneficio de las compañías internacionales obtenidas bajo el mandato de Sánchez de Lozada terminan perjudicando a los dueños de recurso, los pobladores bolivianos.

Ahí entraríamos en el terreno de las opiniones personales.

No hay tampoco por qué temerles.

Bien, yo tengo la sensación que, en términos de lo logrado -ahí están la evolución de las reservas, que se triplicaron en el margen de dos años, la movilización de inversión que ello supuso, todo lo que fue el programa de los Bonos Solidarios y las Rentas Solidarias-, la figura de la privatización de Sánchez de Lozada, tiene un alcance de modernidad y socialdemócrata como se han visto poco en América Latina. También creo que la caída de Sánchez de Lozada responde a otras causas, donde el mito de los hidrocarburos y el de la renta petrolera, influyen mucho, pero como recurso político para desestabilizar a un gobierno. Las condiciones eran buenas, y la señal de ello fue la propia marcha de las inversiones, pero yo no creo que tuviéramos unas condiciones tan pero tan buenas. Y ahora mismo, lo que este Gobierno nos ha garantizado, y hemos suscrito, es una posición interesante, en donde se otorga seguridad a nuestras inversiones. Lo que más necesitamos son marcos estables y transparencia; que no haya corrupción.

Al golpe de vista, si el negocio sigue siendo rentable para las empresas, en momentos en que del ochenta y dos por ciento que recibían antes quedan solo con el dieciocho en la mayoría de los casos, las condiciones anteriores parecen muy favorables.

¿Ustedes creen que esto es tan sencillo como dieciocho contra ochenta y dos?

No, no es sencillo, pero sería bueno explicarlo para que la gente lo entienda. Es hacer un poco de docencia.

Yo respondo encantado. Estas son fórmulas, incluso hasta políticamente necesarias. El enunciado de las medidas es una referencia que configura la interpretación que uno le de. Toda mi vida profesional, incluso en toda mi vida a secas, yo me he dedicado a crear imagen pública. A la hora de llegar a marcos estables de consenso público privados, en un dominio tan sumamente complejo en términos de inversión, de geología, de sísmica, de investigaciones, de comercialización, como el mundo de los hidrocarburos, las fórmulas son complejísimas. Lo importante es la generación de marcos estables, en donde se respete lo convenido y que se puedan generar los marcos de convivencia que hacen que las cosas vayan mejor. En este sentido estamos esperanzados con Bolivia.

¿Entonces este nuevo Gobierno es confiable para las empresas?

Me hace gracia esto. Tengo una muy buena relación personal, y hasta amistad con integrantes del Gobierno boliviano. He tenido conversaciones sumamente interesantes con Álvaro García Linera, el Vicepresidente. Él y yo estuvimos conversando la víspera a que ganaran las elecciones -y esto es una primicia para vuestro periódico-, tomándonos una copa, mano a mano, en la terraza del Hotel Los Tajibos, en Santa Cruz. Hablábamos de la democracia boliviana, de hacia dónde iba, del papel que nos correspondía, de todo eso. La diferencia que hay, desde el punto de vista de construir lo posible, entre una situación como esa, en que nos tratamos de hermanos y nos damos un abrazo, a la situación de, sin avisar, construir una causa política para detener a un ejecutivo, es abismal. Ha habido problemas pero queremos desarrollar Bolivia como socios suyos, y entre socios la confianza ha de ser plena.

De todos modos la imagen de las empresas españolas no es la mejor por estas latitudes. El lío de Iberia y Aerolíneas Argentinas, el papel de la CEPI, las peleas de Repsol con Kirchner por las tarifas y las inversiones, tienen mucho más prensa que la contraparte.

Es evidente, porque nosotros no nos dedicamos a jugar a eso. Nosotros nos tenemos que dedicar a gestionar bien lo nuestro, a sacar bien el producto, a generar buenas condiciones de explotación, a tener cada día mejores condiciones de respeto ambiental, a comercializar bien, pagar los impuestos. Somos el primer contribuyente al fisco argentino. Somos el primer empleador de la Argentina. Entonces no vamos a entrar en una pelea política. Lo que sí lamentamos es que se juegue tanto desde la política con los tópicos. Les aclaro que yo aquí vengo a hablar a calzón quitado, en una conversación entre amigos. Por razones de mi historia: Yo soy de este lado de la película, aunque sea presidente de varias compañías y Director de Repsol-YPF. Por cierto, sin abdicar de mis principios para nada. Lamento que se utilicen tantos tópicos, que al final en nada contribuyen al mejor y mayor progreso de las colectividades en donde ese poder político es el responsable. Y todos se juegan con tópicos. Y aquí no hago distingos. Que la imagen es la que es no me cabe ninguna duda, pero ninguna duda. Sería una estupidez pensar otra cosa. Otra cosa distinta es ver esto hoy como la fiel imagen de la realidad. No, este es el cuento que se cuenta, y que además es muy normal que la mayor parte de la gente se lo crea.

¿Por qué? Los dividendos de las compañías, el precio del petróleo, lo que presuntamente ganamos los ejecutivos de estas compañías, todo eso, escuchado desde una comunidad como la latinoamericana, la más inequitativa del planeta en términos de distribución de la renta, que además lleva viviendo toda su historia con una leyenda a propósito de su riqueza potencial y el espolio que protagonizaron algunos, en particular los españoles, logra esto. Tenemos todos los elementos para que la interpretación sea esa. Ahora bien, si nos preguntáramos cuál es el espacio, el mundo a crear, en lógicas de cooperación entre los Gobiernos, la Sociedad y las grandes compañías, para crear condiciones de desarrollo estables, sostenibles, sería mucho mejor. En lugar de que el poder político no esté dando bofetadas a nosotros, por razones del poder político la mayor parte de las veces, y no por razones de nuestra actuación.

En el caso uruguayo, por si faltaran ejemplos, se viene a sumar una actitud un tanto errática de Ence, que cancela su proyecto, aparentemente busca una nueva ubicación, pero nadie sabe qué va a pasar con él. Hasta la reciente intervención del Rey aparece como sospechosa, por su amistad con los principales accionistas de Ence, conocidos como “Los Albertos”. Uno junta dos o tres elementos y enseguida consigue los ingredientes para una notable trama conspirativa

Tengo la impresión que ustedes me hablan desde el prejuicio sobre las compañías que lo pueden todo. ¿Qué les parece ponerse por un minuto en el lugar de Ence? ¿Cuál es el asunto? ¿Una cierta perversión de Ence? ¿O Ence es víctima de un problema de otro tipo? En este caso, un problema entre el Uruguay y la Argentina, en donde desgraciadamente a Ence no se le han dado las condiciones, no ya para llevar adelante su decisión, sino para que otros, en este caso el Banco Mundial, a través de la Corporación Financiera Internacional, otorgara los créditos en su debido momento. Hasta ahora Ence lleva tiempo, plata y esfuerzo perdidos aquí, por problemas ajenos a su voluntad y capacidad. Vamos a ver, que cada palo aguante su vela. Solo faltaría que el culpable de la suspensión de Ence -que qué más quisiera que no suspender nada y tener la planta ya avanzada-, fuera Ence. Que, además, insiste en desarrollar su Proyecto aquí.

¿Repsol no estuvo involucrado en el negocio que le costó a ANCAP una millonada de dólares en Argentina?

Llamad a Daniel Martínez (Presidente de ANCAP). Coño, es acojonante. Si la crisis de Sol Petróleos se resolvió en parte gracias a nosotros, que pusimos adelantos a ANCAP. Creo que no es así, al contrario, creo que desde YPF ayudamos bastante a ANCAP y a la solución de la crisis de Sol Petróleo.

¿Vos tuviste mucho que ver con la famosa venida de los niños?

Hombre, por supuesto. Una de las cosas de las cosas más bonitas que he hecho en mi vida.

He visto en varios sitios contar la historia, pero nunca por los protagonistas directos. La “historia” se nos ocurrió volviendo a Madrid desde Albufeira, sur de Portugal, en donde se había celebrado el Congreso de la Internacional Socialista, debía ser marzo o abril del año 83.

Lo hacíamos en un coche pequeño, un Honda matrícula belga, conducido por un exiliado chileno, gran amigo también, Víctor Rebolledo.

El pasaje lo completábamos José Díaz, el Yuyo Melgarejo y yo mismo.

Dejamos el Congreso en su jornada final, salimos rápidamente, casi nadie se despedía. Estábamos conmocionados y esto tuvo que ver en el estado anímico del que nació el Proyecto.

Aquel domingo hacia las once horas, asesinaron a Sartaui, Jefe Político de la OLP en el hall del Hotel en el que no alojábamos y se celebraba el Congreso. Fue horrible. Nos fuimos en cuanto pudimos.

Dormimos en Sevilla y dejamos a José en el Aeropuerto para tomar un avión a Barcelona. Seguimos, Víctor, Yuyo y yo y ahí nació la idea.

En la llanura andaluza, en la Vega del Guadalquivir, hablando del Uruguay y doloridos por lo que acabábamos de vivir. Salió el tema del Exilio, su injusticia. Y ahí surgió. Poco podíamos hacer para provocar la vuelta de los exiliados, pero… ¿por qué no iban a poder ir sus hijos?

Nos entusiasmamos con la idea y nunca olvidaré lo que dijo ese gran uruguayo que es Yuyo Melgarejo: “sería meterles (a la Dictadura) un gol de media cancha”.

Pero cuando volvimos a Madrid nuestras ocupaciones nos absorbieron y, al menos yo, no volví sobre ello.

Hasta que una tarde, creo que sería septiembre, ya anocheciendo, vía asomar la cara de Yuyo en la puerta de mi despacho y mostrándome una revista me dijo: “gordo, o hacemos lo de los gurises o ni vos ni yo volvemos nunca más al Uruguay”. La idea se había publicado como un hecho. Creo que fue el periodista Zelmar Lyssardy. Y ahí empezó realmente todo. Y, en particular, la epopeya de los organizadores uruguayos, de su exilio, con Yuyo a la cabeza y con Jesús Vaca, español, compañero y amigo, que fe el co-organizador por nuestra parte.

Todo pudo arrancar gracias al “vamos” de Felipe. Fue a contárselo, le pareció maravilloso y me dio su apoyo. Hubo que poner a Iberia, y se puso. Y hubo que firmar una factura, detalle que me tocó a mí, por veintidós millones quinientas cinco mil quinientas pesetas de entonces. Factura que me persiguió casi dos años hasta que un día dejó de hacerlo. Los niños viajaron la tarde de Navidad. Todo pasó, en los uruguayos de dentro y de fuera, y fue maravilloso.

Pero mi rollo con el Uruguay viene de mucho antes. Me empecé a enamorar de esto a través de su Exilio. Me acuerdo de Benjamín Liberoff planteándome una campaña de solidaridad con Uruguay en el año 77 en Madrid. Benjamín, que a la sazón vivía, no recuerdo si en Praga o qué sitio políticamente horroroso. Hice grandes amigos entre los uruguayos que había en España, y luego, en mi primer viaje a Montevideo, me hago muy amigo de la dirección de la Juventud Socialista de entonces, Rubén Martínez, Daniel Martínez, Luisito Mardones, Fernando Nopitch, Eduardo de León…. Ariel Bergamino estaba exilado en Suecia en esos momentos. Yo conversaba en el circo ese de la Internacional Socialista Juvenil, íbamos y veníamos por toda Europa. Con Ariel nos hicimos amigos encontrándonos en los sitios más variopintos de Europa por cualquier motivo. Entonces, esta es una amistad de muchos años, y cuando nos encontramos con este tema de Sol Petróleos, viendo de qué manera YPF podía facilitar las cosas para que esta nueva Dirección de ANCAP sacara del atolladero de pérdidas en que se había convertido aquella inversión. Esto lo hablamos con Daniel. Yo lo planteé al Presidente de Repsol y ahí se empezó a ver la cosa. Un día en Buenos Aires tuvimos una reunión en YPF, él como Presidente de ANCAP y yo como Director de Repsol-YPF, lo que era absolutamente inimaginable para los dos solo unos meses atrás. Mira las vueltas que da la vida. Lo bonito es cómo eso sirve al final para cosas como esa, al margen de la leyenda, que también nos culpa de esto, esa relación sirve para ayudar a encarrilar una situación que le costaba mucho a ANCAP y al país.

¿Vos fuiste Secretario de la Juventud Socialista en la época de Felipe González?

Ese es otro privilegio. Felipe gana las elecciones el 28 de octubre del 82, y yo era el Secretario General de la Juventud, y fui el que más mítines de campaña dio con Felipe. Yo tenía veinticinco años.

¿Y después no ocupaste más roles en el Partido?

Yo no desempeñé ni roles internos ni públicos. Cuando todo el mundo llegaba hacia el PSOE, yo voluntariamente, y contra el noventa por ciento de votos de mi organización, dimití y me fui.

¿Por qué?

Porque a esa altura del partido comprendí que yo no estaba hecho para la vida política. Usando una metáfora, les diría que, los corredores de la política, el aire de sus habitaciones, su luminosidad, no es la que yo demando. Yo llevaba mal comerme muchas cosas, siempre he sido jodido a la hora de callarme con lo que no me gusta. Y preferí marcharme. Me ofrecieron tres veces ser diputado, en el 82, en el 86 y en el 89. No lo he sido nunca. Pero yo no me veía en el Estado. Entonces allí monté la estructura de cooperación del PSOE con América y el tercer mundo, la Fundación Pablo Iglesias para América Latina y la dirigí. También fui el primer director de Solidaridad Internacional, fundación española para la cooperación.

¿Pero seguís cooperando con el PSOE?

Y no solamente con el PSOE. Yo me enamoré de América Latina de muy jovencito. La primera vez que toqué América fue el 78, Cuba, en el Festival Mundial de la Juventud. Y luego hice un viaje en el 79 que me dio vuelta la cabeza y el corazón para siempre.

¿Te sentís latinoamericano?

Hombre, yo tengo una identidad compleja. No es retórica decir que me siento ciudadano del mundo, y sí Iberoamericano.

¿Cómo ves la situación uruguaya con tu visión de empresario progresista?

Intento pasarme una semana al mes en Uruguay dedicado al asueto, a ver amigos. No tengo mayor actividad profesional aquí, que ahora mismo el Diario Hispano Uruguayo.com, del cual soy Presidente. Y luego echar manos al Partido Socialista, a Lalo (Fernández), gente con la que me unen muchos años de historia. Pero no estoy en la letra pequeña de la política uruguaya, no tengo juicio. Así como tengo opiniones sobre el país, o el mundo, sobre la gestión de gobierno propiamente dicha no tengo elementos de juicio, y sería muy aventurado meterme en danza. Ahora, elementos generales de cómo veo este país si tengo. La función del Gobierno y los liderazgos son claves. Yo tengo la impresión que este país se tiene que poner las pilas, que es un dicho muy español que hace a la actitud.

¿Por qué?

Aquí hay muchas cosas incomprensibles. No se si vosotros os habéis puesto en el lugar de un extranjero que mira un informativo en la televisión uruguaya, conforme viene a pasar unos días, sea por el motivo que sea. Intentad de verdad el ejercicio. No sé si vais a necesitar estimulantes o no, para verlo con la distancia suficiente, pero es de verdad bastante incomprensible. Una vez vi una entrevista en donde uno le preguntaba a otro, si la estrategia de la setecientos no sé cuantos, era barrer a la seiscientos nueve ocho no sé qué, y me he quedado literalmente asombrado. Es imposible aquí sin un decodificador para extranjeros, me resulta incomprensible la atomización política. Eso no hay quien lo siga. Por otro lado a mí me sorprende mucho que habiendo llegado la izquierda por fin al gobierno, la peor oposición sea de la propia izquierda uruguaya. El otro día un muy buen amigo me intentaba explicar que ante el paro de un sector, por suerte el resto del Frente había reaccionado haciendo un paro a favor. Si esto es así, ya me parece próximo al delirio. Por el amor de dios, ¿cómo que un contraparo de apoyo? Para mí son cosas que me pueden parecer cómicas, y reírnos aquí, pero tienen su alcance. Por suerte he conocido bastante mundo, bastantes experiencias, y todos los sindicalismos que han triunfado, que han generado poder e influencia, son los que han hecho país, los que han concordado, los que acordado, han hecho propuestas constructivas, se han sacrificado pidiendo sacrificios de otros. Este sindicalismo uruguayo, que juega además a políticas de oposición al gobierno de izquierdas, me parece difícil de entender. Y se podrían decir más cosas pero dejémoslo ahí.

A veces es difícil entenderlo también para los uruguayos. En cierta medida existen algunas incongruencias similares a las de la República Española.

Yo siempre he distinguido a la izquierda testimonial -que ojalá que siga el mundo siendo tan injusto para seguir teniendo razón y nunca la responsabilidad de intentar cambiarlo-, de la otra izquierda, la que pretende, y de la cual me siento parte, cambiar las cosas. Para cambiar las cosas no hay más cojones que remangarse, hacerse cargo de la realidad y ver cómo coño la cambias. Y eso implica dormir mal más de una noche, porque no te alcanza el presupuesto, porque tienes que decir que no. Como decía Largo Caballero en evocar la República Española: “Decir la verdad aunque duela”. Yo no veo otra manera. Yo si me permito opinar del país es desde un cariño y un compromiso que tengo desde hace años, incluso desde mi voluntad de echar más tiempo aquí, de radicarme e invertir aquí. La semana pasada leí que se habían presentado ciento y no se cuántos miles a la oferta de unos puestos en la Intendencia. Es para echarse a temblar. Creo que en el Uruguay hay un problema serio de actitud ante la vida y el mundo. Tengo la sensación de que aquí hay una resignación muy perniciosa, que además se combina con este afán de salvarse a través del empleo público como sea. El Estado como salvador. Y todo esto viene de una profunda equivocación, en donde mucho me temo además, que desde la izquierda hemos hecho mucho mal, y seguramente lo seguimos haciendo. Y es el que en este país, se siga pensando que todo tiempo pasado fue mejor y que esto del cambio en el mundo nos viene mal y nos va a joder. ¿Pero por qué? Al contrario, yo juego a que Uruguay tiene una oportunidad enorme, enorme, en la globalización. La globalización a quien más conviene es a los pequeños. Lo que facilita es la democratización de la mayor parte de las cosas. Ahora se tiene la gran oportunidad. Pero eso pasa por unas cuantas cosas. Aquí desde luego que hay que estimular el espíritu emprendedor, que la gente se pringue, se arriesgue, porque hay muchas oportunidades y porque ya no estamos en el mundo de un trabajo para toda la vida. ¡Olvídate! Tengo la impresión que además hace falta trabajar más, dicho así, trabajar más. Hace falta retomar, porque estoy convencido que este país lo tuvo, el disfrute de la excelencia, de hacer las cosas bien, que las cosas luzcan, que tengan brillo. Porque aquí se nota mucho eso de hacer las cosas bien, porque con tal de que algo pase estamos todos listos. No ¡joder!, por ahí no es el camino. Este país tiene una oportunidad descomunal, porque al ser tan chiquitito tiene una escala en donde no hacen falta grandes intervenciones ni de capital humano ni de inversión. Aquí pequeños aportes producen mucho cambio. En este país se podrían hacer cosas impresionantes desde el punto de vista de la comunicación y la opinión pública, por el tamaño, la escala y las redes de relaciones sociales que hay. Que vuestra “democratitis” es espectacular. Yo creo que la “uruguayidad” es un valor competitivo en el mundo global. Depende de la actitud que se tome.

Acá vemos el pequeño tamaño como algo negativo. Cuando pensamos en producir, nuestra escala nos quita la posibilidad de competir.

Fuera de negocios de nicho, en el Uruguay nadie va a venir por la escala de su mercado. En términos de consumidores -a los cuales hay que quitar un treinta por ciento que por razones de renta no acceden al mercado-, esto es una provincia. Pero por lo que resulta atractivo es mirando el mundo global y mirado desde el mundo global. A mi juicio es ahí donde está la cosa.

¿Cómo desarrollás eso?

Aquí los periodos de gloria tuvieron que ver con las entreguerras y la demanda mundial. Mira tú que de aquellas vacas se ha tirado hasta ahora, con la lógica melancolía esta del: “estamos jodidos”. Y ahora ocurre otra coyuntura internacional muy favorable. Hoy en día en el mundo, la mayor parte de las cosas, en términos de capacidad competitiva y de encontrar un lugar que te genere el negocio para que la comunidad nacional viva bien, depende muy mucho de las identidades globales que se proyecten. Uruguay tiene que ser algo en el mundo. Creo que Uruguay tiene un valor espectacular en dos flancos, que son estratégicos en el mundo actual de los negocios y desde luego lo serán en el futuro. Y estos flancos son la reputación y la tradición que tiene en el dominio de inteligencia y conocimiento, y en segundo lugar, todo lo que se refiere a la calidad de vida. Las grandes compañías en el mundo tienen serios problemas, a la hora de plantearse nuevos emprendimientos, para trasladar talento. Porque el talento, a esta altura de la economía global, trabaja donde le sale de los cojones. Y Uruguay tiene una capacidad muy importante de ofrecer calidad de vida. Yo estoy convencido que muchos directivos y ejecutivos, que yo denomino globalizados, además de altos ejecutivos en Buenos Aires, Santiago, San Pablo, pueden perfectamente trabajar allí tres días y vivir aquí cuatro, teniendo a sus familias aquí toda la semana, con una seguridad y calidad de vida, que en esas ciudades es simplemente inimaginable. Este es un sitio que a mi juicio tiene muy buenas posibilidades de hacer buen negocio atrayendo radicación de profesionales muy bien remunerados, a los que la sociedad uruguaya les puede resultar mucho más grata para vivir que ningún lugar cercano. Es mi caso, y no soy un caso aislado. Ahora mismo en Montevideo hay otros españoles que se han comprado sus apartamentos o que están viniendo a mirar. También en el terreno del conocimiento y la inteligencia hay muchísimo para desarrollar. Hay ejemplos como los del software, las vacunas de la aftosa, como los del caviar del Río Negro. Desde el punto de vista turístico, este es un país que tiene una gran potencialidad, y al final todo está relacionado con lo mismo: servicios y calidad de vida. ¿Y cuál es la base para que esto pueda pasar? Una voluntad nacional y política de que pase. Y una actitud. Nada más. Este país se tiene que soltar las trenzas.

¿Y cómo ves a Uruguay en relación con la región?

Primero hay que facilitar desde el Estado el que los emprendedores puedan emprender. Aquí abrir una empresa es un calvario. Alguna vez estuve en la municipalidad hablando con unos amigos y les decía esto de captar altos ejecutivos y que sus familias vengan a radicarse aquí. Hay que ver a quiénes vamos a captar, cuáles son las vías de comunicación, cómo me posiciono, qué campaña hago, etc. Pero para eso falta una cosa: ponérselo fácil. Si tú te vas a traer a un alto ejecutivo de la Bayer de San Pablo, debes solucionarle hasta el colegio de los niños, el concesionario de los autos, por supuesto todo el papelerío, la residencia, todo para que no se tenga que mover. “Mire, si usted quiere se lo traigo ya al despacho todito hecho”. Lo que no puedes hacer es que eso se convierta en un calvario. Este es un país para atraer mucha gente de alto nivel, con disponibilidad de tiempo. El fenómeno inmobiliario para europeos que hay en Punta del Este no es casual. Allá cada vez más gente tiene más tiempo y más dinero y lo que está buscando son emplazamientos gratos. Y acá tenéis todo para convertirlo en un paraíso, pero hacen falta servicios.

Acá hay pocos emprendedores y parece difícil encontrar oportunidades.

Aquí hay muchos sectores por desarrollar. La otra noche estábamos hablando con unos amigos españoles, inversores en pesca y con un centro logístico de distribución de pescado fresco en España muy importante. Han venido aquí a ver si es verdad lo que les dan los estudios de que el potencial de crecimiento de captura de pesca es muy grande. Y parece que sí. Habría que hacer una especie de campaña, no sé si sutil o a voces: hay que espabilar porque se puede. Si ahora nos van a venir estupendamente las vacas y todas las cosas tan ricas que produce esta tierra, pero para otro tipo de negocios donde la centralidad estratégica está en el talento y el aprovechamiento de las cualidades nacionales. Aparte de lo bonito que es este país, se debe agradecer -dicho español-, lo bonita que es la gente. Eso, que no tiene que ser el precio de la indolencia, puede ponerse en valor y constituir atractivos inmensos para ser alguien en el mundo: la marca país.

En cierta medida, aunque incipientemente se trabaja en ello.

Cuando a mí me dicen que estoy loco, que por si fuera poco trabajar en España, Argentina y Chile profesionalmente, me organizo mi vida en Uruguay. Yo les digo que claro, que a lo mejor no hacía lo otro. Uruguay es un sitio magnífico para vivir y desde donde trabajar.

En muchas cabezas de nuestra izquierda el término empresa aún es una mala palabra. Y eso se refleja muchas veces en empresas públicas y hasta intendencias que no se manejan con criterio empresarial.

Yo vi un día, no recuerdo en qué diario uruguayo, que el sesenta por ciento de los uruguayos creen que la cuestión no está en generar riquezas sino en repartir bien la que existe. Mal empezamos. La conjunción de esa opinión con aquellos que se presentan al empleo en la Intendencia es como para pararse a pensar y decir: Señores, aquí está pasando algo. Yo todavía me acuerdo cuando tenía el privilegio de pasearme con Felipe González en ciertos atardeceres, siendo él Presidente del Gobierno y yo un joven radical. ¡Lo que aprendía yo! Esas eran clases particulares impagables. Felipe una vez me contaba una discusión tremenda que había tenido con Fidel. Estoy hablando de allá por el 82, 83. Felipe le decía a Fidel: “Tú seguirás llevando a Cuba al camino de la dependencia, no sé de quién, pero la dependencia. Y te enterarás de lo que va a crecer España”. Y ahí están los hechos.
Este país tiene que hacerse atractivo a la inversión, este país tiene con qué, si cambia de actitud y se fomenta desde el Estado el emprendimiento, si se genera otra actitud más proactiva, de búsqueda y aprovechamiento de la oportunidad, Y será una forma en la que sus mejores talentos se queden aquí.

Hoy por hoy muchos de esos talentos están desperdigados por el mundo, aunque paradójicamente se está dando el fenómeno de gente que vuelve, incluso a vivir en condiciones económicas muy inferiores a lo que dejan.

Sí, es hoy así. He estado con Fernando Puntigliano (Presidente de ANP), que es un alto ejecutivo internacional que en otro lado estaría ganando mucho dinero. También está el caso de Álvaro García, (Presidente de la Corporación Nacional para el Desarrollo), Daniel Martínez, Benno Ruchansky, Nopitch, y éstos que los conozco. Pero se que no son los únicos.

Son casos de gente que vuelve porque apuesta a un proyecto de país.

En un país de la escala de este, si hubiera veinte “Daniel Martínez” en los puestos claves, el país sería otro. Lo digo por él porque es a quien más conozco. Y porque le conozco remangado, bajando a la asamblea a fajarse con los delegados, yendo de un lado a otro, pensando en negocios para ANCAP… Estos son los que hacen falta. Yo tengo la sensación de que hay un tiempo, y supongo que ocurrirá con este mandato presidencial, en que hay que pasar esta página que es la de la transición de la dictadura, con su agenda pendiente de derechos humanos y otra serie de cosas, pero que también conlleva a una clase política, a la que hay que darle todo el reconocimiento que se merece, en el plano privado y público, pero que no es la que puede construir el país, el futuro.

Nuestro gabinete tiene un promedio de edad altísimo.

Si, hay que reconocerlos a todos. Y pienso en Reynaldo Gargano, el “Polo”, de quien tan cerca estuve en España en momentos difíciles para él. El “Polo” es para descubrirse ante él, en términos de trayectoria. Pero creo que ya es el momento de pensar que justamente la grandeza está en que otros lleguen. Cuando yo tenía dieciocho años, un día estaba en el despacho del “Chiqui” Benegas, dirigente del PSOE, en San Sebastián, el País Vasco, hablando de mi incorporación al PSOE. Yo era delegado de la Facultad de Derecho. Y suena el timbre y apareció Juanito Iglesias, conocido por todos como “El Manco”, porque en la Guerra Civil había perdido un brazo escapando de una prisión. Era la época de la muerte de Franco. Juanito vivía en Francia, ya podía ir y venir, pero se había quedado a vivir allí. Juanito era miembro del Gobierno Vasco en el Exilio, de la resolutiva del PSOE. Y me acuerdo que cuando nos presentaron, me preguntó quién era yo y qué edad tenía. Cuando le dije dieciocho años, respondió: “Que maravilla “Chiqui”, los de mi quinta ya nos podemos ir”.

Yo tengo la impresión de que aquí no hay renovación de la élite nacional, y no es solo en la política. Yo voy a cumplir cincuenta años, he corrido lo mío, y tengo ya la impresión que hay ya dominios que me han pasado por arriba. Con Internet, el mundo de la red y la información digital, mi asunto puede estar en animar esto, promoverlo, pero no voy a intentar enseñarles nada a los protagonistas de la blogsfera. ¡Pero si no tienen treinta años! No entiendo tampoco algunas cosas, por ejemplo, la pretensión absolutamente vana de decir: que se joda el mundo que yo me bajo. Al mundo no le importa nada que el Uruguay se baje. Hay un pequeño rincón de la tierra que ha decidido hacerse el poblado de Asterix. La diferencia es que aquí no vienen los romanos. Pues allá ellos. Aquí dicen: “No a la globalización”. No. Veamos cuál es la globalización que falta, la de las personas, la de los derechos, y pues, trabajemos por ello. Yo soy un profesional de altos ingresos, pero no soy rico. Si no fuera el mundo como es, ¿podría pensar en tener una red de diarios iberoamericanos? No ya una red; ni una cabecera. Ni un boletín parroquial; nada de nada. Y hoy en día, organizada como siempre en base al alma de alguna gente, su voluntad y ganas, con cuatro pelas, tenemos siete cabeceras, más la española y la de Bruselas. Y más de un gobierno que ya ha llamado para quejarse de alguna información, lo que es una magnifica señal de que esto funciona, y además en una buena línea. Esto pasa hoy. Antes no pasaba porque dependía mucho de en qué estrato social estuvieras y cuáles fueran tus relaciones naturales. Esto tiene una capacidad de democratización y capacidad de acción impresionante para una sociedad más plana, más igualitaria y con mayor posibilidad de acceso a las oportunidades. Creo que la clase política uruguaya no se ha puesto a pensar que un tercio de los uruguayos son internautas.

Montevideo por lo menos debería ser una ciudad con Internet libre.

Para un país como éste, con una estructura demográfica como la suya, y con lo que ya hoy es Uruguay en software, en términos relativos de la región y con sus costes, ¡¡lo que no podría ser desde el punto de vista de generar empleo!!, fundamentalmente en los jóvenes. Simplemente la Intendencia de Montevideo, migrando a software libre, generaría más empleo, que a través de la obra pública o los programas de empleo. Y además del empleo, capacidad competitiva. Porque al final está demostrado que los del software libre trasladan experiencia como consultores a otro lado, hay mantenimientos que hacer, adaptaciones de sistemas, que están ahí.

El sueño desde niño del sueldo seguro a fin de mes, aunque sea chico, es una vacuna contra la iniciativa.

Anula todo. Pero además, si fuera sostenible, todavía… Si nos tocara la lotería y resulta que todos los japoneses han decidido trasladar la mitad de su renta al pueblo del Uruguay. A vivir de los japoneses entonces. Sería una decisión respetable: no damos un palo al agua más, nos dedicamos todos a tomar el sol y vivir como curas. Pagan los japoneses, vale. Pero esto aquí no lo paga nadie.

Se están haciendo prospecciones en la plataforma marítima buscando petróleo. En caso de que se encuentre, entregamos todo a Repsol y pasamos a vivir de la renta petrolera.

Poneos a pensar una cosa, generalmente los países que viven de mitos de riquezas primarias van mal. ¿Cuál es el nivel de desarrollo de los grandes países productores de petróleo?

Al golpe de vista es muy malo.

Quitad Noruega, porque es Noruega, y ya era Noruega antes de encontrar petróleo. ¿Y lo demás…? A mí Venezuela es un país que me entusiasma, me encanta. Y me duele lo que está pasando, más allá de las diferencias políticas con Chávez, que yo creo que es sumamente pernicioso para la región. Pero que no se esté aprovechando esta época de altos precios del petróleo para generar capacidades estructurales propias es muy malo.

¿Considerás que no se está haciendo?

No, no se está haciendo. Desgraciadamente no se está haciendo, ni en términos de infraestructura, ni de industrialización, ni de educación…

Se está haciendo en términos humanos.

¿Hablamos de que se subvencione mucho para que la gente tenga de comer? Me parece estupendo. Yo no quiero hacer demagogia con esto. Pero creo que no se está haciendo.

¿Y cuál es el panorama que ves en América Latina?

Creo que hay una oportunidad como no la habido nunca, y con la posibilidad de dar el gran salto. Y allí pienso que Uruguay tiene una oportunidad muy grande de ser el espacio de encuentro, por ser el país que es y tener el presidente que tiene. Tabaré tiene la posibilidad de reflejar el sentido común regional, en ocasiones perdido.

¿Por qué eso?

Por la formación de Tabaré, por representar a un gobierno de izquierdas, por no estar alineado con nadie en particular en la región ni formar parte de algún eje, y sin embargo mantener relaciones respetuosas, salvo las complicaciones con Argentina que todos conocemos y para las que ojalá nuestro Rey sirva en algo también en eso.

¿Es qué sirve para alguna otra cosa el Rey?

Sin dudas. El Rey ha sido una de las suertes que hemos tenido en España.

Nos encantan los socialistas monárquicos.

Yo no soy monárquico. La monarquía racionalmente no me parece sostenible. La república es desde el punto de vista democrático el régimen más lógico. Otra cosa distinta es que en este momento histórico, en esta coyuntura en España, la figura del Rey nos ha venido estupendamente a todos. Yo creo que a nadie nos pesa ahora mismo que esté la Monarquía.
Pero volviendo a lo anterior, América Latina tiene la oportunidad que tiene. Hay un a priori de sintonía regional que luego no deviene en cooperación real entre los países.

Ha habido varios choques.

Hay muchos choques, muchas colisiones. Y creo que es ahí en donde desgraciadamente el Comandante Chávez está crispando mucho el clima regional.

Solo falta acusarlo del conflicto entre Uruguay y Argentina.

No, ahí Chávez no tiene nada que ver. Pero si en el conflicto peruano venezolano; el que se vive hoy mismo entre Ecuador y Caracas a cuenta de la elección; la tensión de Bolivia con Brasil y Argentina; y el papel de Venezuela conforme se produce la elección de Evo Morales. Ahí hay todo un clima regional que no es el más adecuado. Después de Lagos hay un liderazgo regional a asumir lógicamente por Lula.

Que no lo está haciendo.

Por ahora no lo está haciendo.

Pero lo ha intentado.

Hombre, que ha estado condicionado por la situación que ha atravesado. Como decimos en España: No estaba el horno para bollos. Bastante problemas tenía dentro como para ocuparse de lo otro. Entonces es ahí donde creo que Tabaré es un presidente, al frente de un gobierno de izquierdas, de un país respetado, con buena reputación, tradición de ser un país de encuentro. Uruguay no es una potencia de la que alguien pueda desconfiar. Por el contrario, puede ser un buen anfitrión de todos. Y por eso hablo del sentido común regional, que en ocasiones se pierde. Por ejemplo yo creo que en el dominio de la energía se ha perdido unas cuantas veces. Lamentablemente no tenemos dirigentes -y en ese sentido la pérdida de Lagos es enorme-, que estén mirando la región en su conjunto y de forma estratégica.

Guardado por David de Ugarte en su moleskine
a las 2:30 am

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  1. Observatorio Transnacional » Entrevista con Roger Colom

    [...] Luego le pregunté si había leído la entrevista que le hace Voces del Frente a Quico Mañero y que aparece esta semana en el blog de David de Ugarte. “Conozco a Ugarte desde hace años y somos buenos amigos, tanto que incluso me ha estado robando (sonríe) algunas ideas sobre la influencia de lo poético en la realidad. A Quico lo conozco de haber hablado unas cuantas veces, la última, por cierto, en Montevideo. Es un tío valioso que, además, sabe que el mundo se puede crear, no tiene por qué venir todo ya dado. Creo que está proponiendo ideas buenas para aprovechar la posición de Uruguay en el mundo, en la globalización, y más o menos concordamos en ellas. Pero no he tenido oportunidad de hablar en serio con él, de discutir, enojarnos, incluso insultarnos: todas esas cosas que hacen interesante e intensa una conversación, y que pueden servir, si se hace con buena voluntad, para poner ideas en claro.” [...]

  2. » Uruguay marca el camino deUgarte.com

    [...] Uruguay, como siempre ha señalado el actual ministro de Industria de Uruguay, don Jorge Lepra, es uno de los mayores exportadores regionales de software, y dentro de ésto con un importantísimo crecimiento del software libre, verdadera opción de futuro para un país que tiene un 30% de internautas activos y en el que como comentaba recientemente Quico Mañero en Voces del Frente: Para un país como éste, con una estructura demográfica como la suya, y con lo que ya hoy es Uruguay en software, en términos relativos de la región y con sus costes, ¡¡lo que no podría ser desde el punto de vista de generar empleo!!, fundamentalmente en los jóvenes. Simplemente la Intendencia de Montevideo, migrando a software libre, generaría más empleo, que a través de la obra pública o los programas de empleo. Y además del empleo, capacidad competitiva. Porque al final está demostrado que los del software libre trasladan experiencia como consultores a otro lado, hay mantenimientos que hacer, adaptaciones de sistemas, que están ahí. [...]

  3. » Una nota sobre la meneses-manía deUgarte.com

    [...] metodología y formas de pensar no sólo la Economía sino el esfuerzo intelectual en general, a Quico Mañero en lo que hace a las redes humanas, los negocios y las causas y a Enrique Meneses en la actitud [...]


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