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Viernes, 24 de Agosto de 2007Putin, los bloques y el neonacionalismo imperial rusoVersiones Latoc
El panorama es ciertamente inquietante, pero en cualquier caso, creo que conviene puntualizar algunas ideas para entender este pretendido resurgir nacionalista y de los bloques. ¿Resurrección o continuidad?La ideologÃa del estado soviético, fue esencialmente la un nacionalismo rusificante cuya virulencia fue in crescendo continuo desde 1928 hasta 1945. La obligatoriedad del paso al cirÃlico de muchas de las lenguas de las repúblicas soviéticas no eslavas, el pacto con la Iglesia Ortoxa y sobre todo los esfuerzos movilizadores de la Gran Guerra Patria marcaron otros tantos jalones visibles todavÃa en la propaganda y el cartelismo de la época. El nacionalismo gran ruso se vestirÃa con adornos universalistas marxistas, igual que el nacionalismo francés lo hizo de valores universales republicanos, el español con los católicos cristianos o el estadounidense con los liberales jeffersonianosÂ… Pero eso no cambio su naturaleza aunque engalanara su discurso. Discurso que enseñado machaconamente con toda la fuerza de la institucionalidad estatal, informó incluso a los disidentes y contradictores del sistema de las generaciones posteriores a la Revolución del 17. Recordemos tan sólo a Solzhenitsyn. No hay pues ningún resurgir, tan sólo una continuidad del discurso nacionalista de estado que hemos visto reciclarse y buscar nuevas raices tanto desde la literatura popular como desde el sistema oficial de enseñanza (que como dirÃan los defensores españoles de la construcción nacional, como Andrés de Blas: para eso está). El papel de los sistemas de inteligenciaPero seguramente lo más interesante de todo este fenómeno es el ascenso del FSB al poder. Ascenso simbolizado por Putin y que pone al nacionalismo ruso contemporáneo más cerca del autoritarismo estalinista que del nacionalismo popular democrático ruso, origen de los movimientos narodniki y eserita que marcaron la Historia social y polÃtica del paÃs durante casi un siglo. Y es que la subida de los servicios de inteligencia es una muestra más de la crisis de la nación, de su incapacidad para dar sustento a un estado solvente. Los estados se construyen -o reconstruyen- desde estructuras jerárquicas capaces de estar y representar su poder unificador y homegeneizador en cualquier punto del territorio, de la capital a la última aldea. La última novela de Camilleri publicada en español (El movimiento del caballo) ofrece una interesante perspectiva sobre esto. Por eso el ejército -o el clero, como en Irán- suele ser la última opción antes de la caÃda definitiva: la conversión en estado fallido a la somalà o la afgana. En Rusia ni siquiera el ejército era operativo como estructura de cohesión/represión/representación territorial. Sólo el FSB, heredero directo del KGB y por tanto de su complejo financiero e industrial, ha tenido la potencia suficiente como para enfrentar la descomposión alimentada por las mafias y los clanes mafiosos herederos de la burocracia soviética. El triunfo de Putin en su lucha por todos los medios por retomar el control estatal de las grandes empresas energéticas privatizadas en los años de Yeltsin, representó sin duda un punto de inflexión, el momento en el que el poder en ascenso del nuevo estado ruso era por fin equivalente al de los grandes señores mafiosos. El horror checheno, por cierto, representó algo parecido respecto a los nuevos sujetos de la descomposición aparecidos en la periferia imperial, mitad yihadistas, mitad mafiosos. ¿Un nuevo bloque?Es muy aventurado a mi juicio pensar en terminos de “bloque” respecto al pacto de Shanghai. Una alianza militar no es un bloque tal y como los conocimos en la guerra frÃa. Aquellos bloques no sólo tenÃan contenido ideológico, representando una cierta forma imperial de superación del nacionalismo clásico, sino que sobre todo generaban y mantenÃan un cierto ordenamiento económico, una cierta división internacional del trabajo que revelaba la incapacidad del estado nacional para sostener al modo clásico, el crecimiento de la productividad y la aceleración subsiguiente del desarrollo. La alianza chino-rusa tiene la lógica de una alianza militar regional clásica, no de un bloque. Y todo el aspecto de estar internamente motivada por la necesidad de acotar y amedrentar a las poderosas fuerzas centrÃfugas que siguen surgiendo de la descomposición de las capas dirigentes de ambos paÃses. Putin, los bloques y el neonacionalismo imperial ruso
O panorama é certamente inquietante, mas em qualquer caso, acho que convém puntualizar algumas ideias para entender este pretendido resurgir nacionalista e dos blocos. Resurrección ou continuidade?A ideologia do estado soviético, foi essencialmente a um nacionalismo rusificante cuja virulencia foi in crescendo contínuo desde 1928 até 1945. A obligatoriedad do passo ao cirílico de muitas das línguas das repúblicas soviéticas não eslavas, o pacto com a Igreja Ortoxa e sobretudo os esforços movilizadores da Grande Guerra Pátria marcaram outros tantos jalones visíveis ainda na propaganda e o cartelismo da época. O nacionalismo grande russo vestir-se-ia com adornos universalistas marxistas, igual que o nacionalismo francês o fez de valores universais republicanos, o espanhol com os católicos cristãos ou o estadounidense com os liberais jeffersonianosÂ… Mas isso não mudo sua natureza ainda que engalanara seu discurso. Discurso que ensinado machaconamente com toda a força da institucionalidad estatal, informou inclusive aos dissidentes e contradictores do sistema das gerações posteriores à Revolução do 17. Recordemos tão só a Solzhenitsyn . Não há pois nenhum resurgir, tão só uma continuidade do discurso nacionalista de estado que vimos reciclarse e procurar novas raices tanto desde a literatura popular como desde o sistema oficial de ensino (que como diriam os defensores espanhóis da construção nacional, como Andrés de Blas: para isso está). O papel dos sistemas de inteligênciaMas seguramente o mais interessante de todo este fenómeno é a ascensão do FSB ao poder. Ascensão simbolizada por Putin e que põe ao nacionalismo russo contemporâneo mais cerca do autoritarismo estalinista que do nacionalismo popular democrático russo, origem dos movimentos narodniki e eserita que marcaram a História social e política do país durante quase num século. E é que a subida dos serviços de inteligência é uma mostra mais da crise da nação, de sua incapacidade para dar sustento a um estado solvente. Os estados constroem-se -ou reconstruyen- desde estruturas jerárquicas capazes de estar e representar sua poder unificador e homegeneizador em qualquer ponto do território, da capital à última aldeia. A última novela de Camilleri publicada em espanhol (O movimento do cavalo) oferece uma interessante perspectiva sobre isto. Por isso o exército -ou o clero, como em Irã- costuma ser a última opção dantes da queda definitiva: a conversión em estado frustrado à somalí ou a afegã. Em Rússia nem sequer o exército era operativo como estrutura de coesão/repressão/representação territorial. Só o FSB, herdeiro directo do KGB e por tanto de seu complexo financeiro e industrial, teve a potência suficiente como para enfrentar a descomposión alimentada pelas máfias e os clãs mafiosos herdeiros da burocracia soviética. O triunfo de Putin em sua luta por todos os meios por retomar o controle estatal das grandes empresas energéticas privatizadas nos anos de Yeltsin, representou sem dúvida um ponto de inflexión, o momento no que o poder em ascensão do novo estado russo era por fim equivalente ao dos grandes senhores mafiosos. O horror checheno, por verdadeiro, representou algo parecido com respeito aos novos sujeitos da descomposição aparecidos na periferia imperial, metade yihadistas, metade mafiosos. Um novo bloco?É muito aventurado a meu julgamento pensar em terminos de “bloco” com respeito ao pacto de Shanghai. Uma aliança militar não é um bloco tal e como os conhecemos na guerra fria. Aqueles blocos não só tinham conteúdo ideológico, representando uma verdadeira forma imperial de superação do nacionalismo clássico, senão que sobretudo geravam e mantinham um verdadeiro ordenamento económico, uma verdadeira divisão internacional do trabalho que revelava a incapacidade do estado nacional para sustentar ao modo clássico, o crescimento da productividad e a aceleração subsiguiente do desenvolvimento. A aliança chinês-russa tem a lógica de uma aliança militar regional clássica, não de um bloco. E todo o aspecto de estar internamente motivada pela necessidade de acotar e amedrentar às poderosas forças centrífugas que seguem surgindo da descomposição das capas dirigentes de ambos países. Putin, os blocos e o neonacionalismo imperial russo
O panorama é ciertamente inquietante, pero en calquera caso, creo que convén puntualizar algunhas ideas para entender este pretendido rexurdir nacionalista e dos bloques. Resurrección ou continuidade?A ideoloxía do estado soviético, foi esencialmente a un nacionalismo rusificante cuxa virulencia foi in crescendo continuo desde 1928 ata 1945. A obligatoriedad do paso ao cirílico de moitas das linguas das repúblicas soviéticas non eslavas, o pacto coa Igrexa Ortoxa e sobre todo os esforzos movilizadores da Gran Guerra Patria marcaron outros tantos jalones visibles aínda na propaganda e o cartelismo da época. O nacionalismo gran ruso vestiríase con adornos universalistas marxistas, igual que o nacionalismo francés fíxoo de valores universais republicanos, o español cos católicos cristiáns ou o estadounidense cos liberais jeffersonianosÂ… Pero iso non cambio a súa natureza aínda que engalanase o seu discurso. Discurso que ensinado machaconamente con toda a forza da institucionalidad estatal, informou ata aos disidentes e contradictores do sistema das xeracións posteriores á Revolución do 17. Recordemos tan só a Solzhenitsyn . Non hai pois ningún rexurdir, tan só unha continuidade do discurso nacionalista de estado que vimos reciclarse e buscar novas raices tanto desde a literatura popular como desde o sistema oficial de ensino (que como dirían os defensores españois da construción nacional, como Andrés de Blas: para iso está). O papel dos sistemas de intelixenciaPero seguramente o máis interesante de todo este fenómeno é o ascenso do FSB ao poder. Ascenso simbolizado por Putin e que pon ao nacionalismo ruso contemporáneo máis cerca do autoritarismo estalinista que do nacionalismo popular democrático ruso, orixe dos movementos narodniki e eserita que marcaron a Historia social e política do país durante case un século. E é que a subida dos servizos de intelixencia é unha mostra máis da crise da nación, da súa incapacidade para dar sustento a un estado liquide. Os estados constrúense -ou reconstrúen- desde estruturas jerárquicas capaces de estar e representar a súa poder unificador e homegeneizador en calquera punto do territorio, da capital á última aldea. A última novela de Camilleri publicada en español (O movemento do cabalo) ofrece unha interesante perspectiva sobre isto. Por iso o exército -ou o clero, como en Irán- adoita ser a última opción antes da caída definitiva: a conversión en estado errado á somalí ou a afgana. En Rusia nin sequera o exército era operativo como estrutura de cohesión/represión/representación territorial. Só o FSB, herdeiro directo do KGB e xa que logo do seu complexo financeiro e industrial, ha #ter a potencia suficiente como para enfrontar a descomposión alimentada polas mafias e os clans mafiosos herdeiros da burocracia soviética. O triunfo de Putin na súa loita por todos os medios por retomar o control estatal das grandes empresas energéticas privatizadas nos anos de Yeltsin, representou sen dúbida un punto de inflexión, o momento no que o poder en ascenso do novo estado ruso era por fin equivalente ao dos grandes señores mafiosos. O horror checheno, por certo, representou algo parecido respecto de os novos suxeitos da descomposición aparecidos na periferia imperial, metade yihadistas, metade mafiosos. Un novo bloque?É moi aventurado ao meu xuízo pensar en terminos de “bloque” respecto ao pacto de Shanghai. Unha alianza militar non é un bloque tal e como os coñecemos na guerra fría. Aqueles bloques non só tiñan contido ideolóxico, representando una certa forma imperial de superación do nacionalismo clásico, senón que sobre todo xeraban e mantiñan un certo ordenamiento económico, unha certa división internacional do traballo que revelaba a incapacidade do estado nacional para soster ao modo clásico, o crecemento da productividad e a aceleración subseguinte do desenvolvemento. A alianza chinés-rusa ten a lóxica dunha alianza militar rexional clásica, non dun bloque. E todo o aspecto de estar internamente motivada pola necesidade de acoutar e amedrentar ás poderosas forzas centrífugas que seguen xurdindo da descomposición das capas dirixentes de ambos países. Putin, os bloques e o neonacionalismo imperial ruso
Lo panorama es cèrtament inquietante, mas en quin cas que siá, creï que conven precisar qualques idèas per entendre aqueste pretengut resorgir nacionalista e dels blòcs. Resurrección O contunhitat?L'ideologia de l'estat sovietic, anèt essencialament l'un nacionalisme rusificante cuya virulencia foguèt in crescendo continu dempuèi 1928 fins a 1945. Lo caractèr obligatòri del pas al cirílico de fòrça de las lengas de las republicas sovieticas pas eslavas, lo pacte amb la Glèisa Ortoxa e sustot los esfòrces movilizadores de la Granda Guèrra Patria marquèron d'autres tantes piòques visibles encara en la propaganda e lo cartelismo de l'epòca. Lo nacionalisme grand rus se vestiriá amb adornos universalistas marxistas, aital coma lo nacionalisme francés o faguèt de valors universalas republicanas, l'espanhòl amb los catolics crestians o lo nòrd-american amb los liberales jeffersonianosÂ… Mas aiçò càmbii pas la siá natura e mai se engalanara lo sieu discors. Discors qu'ensenhat machaconamente amb tota la fòrça de la institucionalidad estatala, informèt quitament als dissidents e contradictores del sistèma de las generacions posterioras a la Revolucion del 17. Remembrem sonque a Solzhenitsyn . I a pas doncas cap resorgir, sonque una contunhitat del discors nacionalista d'estat qu'avèm vist reciclarse e cercar nòvas raices tant dempuèi la literatura populara coma dempuèi lo sistèma oficial d'ensenhament (que coma dirián los defensors espanhòles del bastiment nacional, coma Andrés de Blas: per aiçò es). Lo papièr dels sistèmas d'intelligénciaMas segurament çò mai interessant de tot aqueste fenomèn es l'ascens del FSB al poder. Ascens simbolizat per Putin e que pon al nacionalisme rus contemporanèu mai près del autoritarismo estalinista que del nacionalisme popular democratic rus, origina dels movements narodniki e eserita que marquèron l'Istòria sociala e politica del país pendent gaireben un sègle. E es que la pujada dels servicis d'intelligéncia es una mòstra mai de la crisi de la nacion, de la siá incapacitat per donar sosteni dins un estat solucionatz. Los estats se bastisson -o rebastisson- dempuèi d'estructuras jerárquicas capaças d'èsser e representar la siá poder unificador e homegeneizador en quin ponch que siá del territòri, de la capitala a la darrièra aldea. Lo darrièr roman de Camilleri publicada en espanhòl (Lo movement del caval) ofrís una interessanta perspectiva sobratz aquò. Per aquò l'armada -o lo clero, coma en Anaràn- sòl èsser la darrièra opcion abans de la casuda definitiva: la conversion dins estat fallido a la somalí o la afgana. En Rússia quitament pas l'armada èra operativa coma estructura de coesion/repression/representacion territoriala. Sonque lo FSB, eretièr dirècte del KGB e per tant de lo sieu complèxe financièr e industrial, a agut la poténcia sufisenta coma per afrontar la descomposión alimentada per las màfias e los clanes mafiosos d'eretièrs de la burocracia sovietica. Lo triomfe de Putin en la siá lucha per totes los mejans per reprene lo contraròtle estatal de las grandas entrepresas energeticas privatizadas en los ans de Yeltsin, representèt sens dobte un ponch d'inflexion, lo moment que lo poder en ascens del nòu estat rus èra en el per fin equivalenta al dels grandes senhors mafiosos. L'orror checheno, per cèrt, representèt qualquarren semblant respecto als nòus subjèctes de la descomposición apareguts en la periferia imperiala, mitat yihadistas, mitat mafiosos. Un nòu blòc?Es fòrça aventurado a lo mieu jutjament pensar en terminos de “blòc” respecto al pacte de Shanghai. Una aliança militara es pas un blòc tal e coma los coneguèrem en la guèrra freda. Aqueles blòcs avián non solament contengut ideologic, en representant òm cèrta forma imperiala de superacion del nacionalisme classic, mas que generavan sustot e mantenián un cèrt ordenament economic, òm cèrta division internacionala del trabalh que revelava l'incapacitat de l'estat nacional per sosténer a la manièra classica, lo creissement de la productivitat e la aceleración subsiguiente del desvolopament. L'aliança chinesa-russa a la logica d'una aliança militara regionala classica, pas d'un blòc. E tot l'aspècte d'èsser internamente motivada pel besonh de acotar Putin, los blòcs e lo neonacionalismo imperial rus
El panorama és ciertamente inquietant, però en qualsevol cas, crec que convé puntualitzar algunes idees per a entendre aquest pretès ressorgir nacionalista i dels blocs. Resurrecció o continuïtat?La ideologia de l'estat soviètic, va anar essencialment la un nacionalisme rusificante la virulència del qual va ser in crescendo continu des de 1928 fins a 1945. L'obligatorietat del pas al cirílico de moltes de les llengües de les repúbliques soviètiques no eslavas, el pacte amb l'Església Ortoxa i sobretot els esforços movilizadores de la Gran Guerra Pàtria van marcar altres tants jalonis visibles encara en la propaganda i el cartelismo de l'època. El nacionalisme gran rus es vestiria amb adorns universalistas marxistes, igual que el nacionalisme francès ho va fer de valors universals republicans, l'espanyol amb els catòlics cristians o el nord-americà amb els liberals jeffersonianosÂ… Però això no canvio la seva naturalesa encara que engalanés el seu discurs. Discurs que ensenyat machaconamente amb tota la força de la institucionalidad estatal, va informar fins i tot als dissidents i contradictores del sistema de les generacions posteriors a la Revolució del 17. Recordem tan només a Solzhenitsyn. No hi ha doncs cap ressorgir, tan només una continuïtat del discurs nacionalista d'estat que hem vist reciclar-se i buscar noves raices tant des de la literatura popular com des del sistema oficial d'ensenyament (que com dirien els defensors espanyols de la construcció nacional, com Andrés de Blas: per a això està). El paper dels sistemes d'intel·ligènciaPerò segurament el més interessant de tot aquest fenomen és l'ascens del FSB al poder. Ascens simbolitzat per Putin i que posa al nacionalisme rus contemporani més a prop del autoritarismo estalinista que del nacionalisme popular democràtic rus, origen dels moviments narodniki i eserita que van marcar la Història social i política del país durant gairebé un segle. I és que la pujada dels serveis d'intel·ligència és una mostra més de la crisi de la nació, de la seva incapacitat per a donar sustento a un estat solucioni. Els estats es construeixen -o reconstrueixen- des d'estructures jerárquicas capaces d'estar i representar la seva poder unificador i homegeneizador en qualsevol punt del territori, de la capital a l'últim llogaret. L'última novel·la de Camilleri publicada en espanyol (El moviment del cavall) ofereix una interessant perspectiva sobre això. Per això l'exèrcit -o el clero, com en Aniran- sol ser l'última opció abans de la caiguda definitiva: la conversió en estat fallit a la somalí o l'afganesa. A Rússia ni tan sols l'exèrcit era operatiu com estructura de cohesió/repressió/representació territorial. Només el FSB, hereu directe del KGB i per tant del seu complex financer i industrial, ha tingut la potència suficient com per a enfrontar la descomposión alimentada per les màfies i els clans mafiosos hereus de la burocràcia soviètica. El triomf de Putin en la seva lluita per tots els mitjans per reprendre el control estatal de les grans empreses energètiques privatitzades en els anys de Yeltsin, va representar sense dubte un punt d'inflexió, el moment en el qual el poder en ascens del nou estat rus era per fi equivalent al dels grans senyors mafiosos. L'horror checheno, per cert, va representar alguna cosa semblat respecte als nous subjectes de la descomposición apareguts en la perifèria imperial, meitat yihadistas, meitat mafiosos. Un nou bloc?És molt aventurat al meu judici pensar en terminos de “bloc” respecte al pacte de Shanghai. Una aliança militar no és un bloc tal com els vam conèixer en la guerra freda. Aquells blocs no només tenien contingut ideològic, representant una certa forma imperial de superació del nacionalisme clàssic, sinó que sobretot generaven i mantenien un cert ordenament econòmic, una certa divisió internacional del treball que revelava la incapacitat de l'estat nacional per a sostenir a la manera clàssica, el creixement de la productivitat i l'acceleració subsiguiente del desenvolupament. L'aliança xinès-russa té la lògica d'una aliança militar regional clàssica, no d'un bloc. I tot l'aspecte d'estar internament motivada per la necessitat de acotar i amedrentar a les poderoses forces centrífugas que segueixen sorgint de la descomposición de les capes dirigents d'ambdós països. Putin, els blocs i el neonacionalismo imperial rus
El panorama es ciertamente inquietante, pero en cualquier caso, creo que conviene puntualizar algunas ideas para entender este pretendido resurgir nacionalista y de los bloques. ¿Resurrección o continuidad?La ideologÃa del estado soviético, fue esencialmente la un nacionalismo rusificante cuya virulencia fue in crescendo continuo desde 1928 hasta 1945. La obligatoriedad del paso al cirÃlico de muchas de las lenguas de las repúblicas soviéticas no eslavas, el pacto con la Iglesia Ortoxa y sobre todo los esfuerzos movilizadores de la Gran Guerra Patria marcaron otros tantos jalones visibles todavÃa en la propaganda y el cartelismo de la época. El nacionalismo gran ruso se vestirÃa con adornos universalistas marxistas, igual que el nacionalismo francés lo hizo de valores universales republicanos, el español con los católicos cristianos o el estadounidense con los liberales jeffersonianosÂ… Pero eso no cambio su naturaleza aunque engalanara su discurso. Discurso que enseñado machaconamente con toda la fuerza de la institucionalidad estatal, informó incluso a los disidentes y contradictores del sistema de las generaciones posteriores a la Revolución del 17. Recordemos tan sólo a Solzhenitsyn. No hay pues ningún resurgir, tan sólo una continuidad del discurso nacionalista de estado que hemos visto reciclarse y buscar nuevas raices tanto desde la literatura popular como desde el sistema oficial de enseñanza (que como dirÃan los defensores españoles de la construcción nacional, como Andrés de Blas: para eso está). El papel de los sistemas de inteligenciaPero seguramente lo más interesante de todo este fenómeno es el ascenso del FSB al poder. Ascenso simbolizado por Putin y que pone al nacionalismo ruso contemporáneo más cerca del autoritarismo estalinista que del nacionalismo popular democrático ruso, origen de los movimientos narodniki y eserita que marcaron la Historia social y polÃtica del paÃs durante casi un siglo. Y es que la subida de los servicios de inteligencia es una muestra más de la crisis de la nación, de su incapacidad para dar sustento a un estado solvente. Los estados se construyen -o reconstruyen- desde estructuras jerárquicas capaces de estar y representar su poder unificador y homegeneizador en cualquier punto del territorio, de la capital a la última aldea. La última novela de Camilleri publicada en español (El movimiento del caballo) ofrece una interesante perspectiva sobre esto. Por eso el ejército -o el clero, como en Irán- suele ser la última opción antes de la caÃda definitiva: la conversión en estado fallido a la somalà o la afgana. En Rusia ni siquiera el ejército era operativo como estructura de cohesión/represión/representación territorial. Sólo el FSB, heredero directo del KGB y por tanto de su complejo financiero e industrial, ha tenido la potencia suficiente como para enfrentar la descomposión alimentada por las mafias y los clanes mafiosos herederos de la burocracia soviética. El triunfo de Putin en su lucha por todos los medios por retomar el control estatal de las grandes empresas energéticas privatizadas en los años de Yeltsin, representó sin duda un punto de inflexión, el momento en el que el poder en ascenso del nuevo estado ruso era por fin equivalente al de los grandes señores mafiosos. El horror checheno, por cierto, representó algo parecido respecto a los nuevos sujetos de la descomposición aparecidos en la periferia imperial, mitad yihadistas, mitad mafiosos. ¿Un nuevo bloque?Es muy aventurado a mi juicio pensar en terminos de “bloque” respecto al pacto de Shanghai. Una alianza militar no es un bloque tal y como los conocimos en la guerra frÃa. Aquellos bloques no sólo tenÃan contenido ideológico, representando una cierta forma imperial de superación del nacionalismo clásico, sino que sobre todo generaban y mantenÃan un cierto ordenamiento económico, una cierta división internacional del trabajo que revelaba la incapacidad del estado nacional para sostener al modo clásico, el crecimiento de la productividad y la aceleración subsiguiente del desarrollo. La alianza chino-rusa tiene la lógica de una alianza militar regional clásica, no de un bloque. Y todo el aspecto de estar internamente motivada por la necesidad de acotar y amedrentar a las poderosas fuerzas centrÃfugas que siguen surgiendo de la descomposición de las capas dirigentes de ambos paÃses. Guardado por David de Ugarte en Destacados a las 2:13 pm
Tout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just « El sorprendente testamento de Batya Gur « Portada » En tiempos de Bourne, quién echaría de menos a Bond »
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