Madrid está en alerta. La apertura de un diálogo con ETA conducente a la entrega de las armas y el fin de la banda es un proceso extremadamente delicado. Las tensiones derivadas -y las generadas con fines particulares- no pueden hacernos perder el Norte.
Madrid está en alerta. La apertura de un diálogo con ETA conducente a la entrega de las armas y el fin de la banda es un proceso extremadamente delicado. Necesario en este momento, como defendemos desde este pasado diciembre. Pero con muchas probabilidades de salir mal precisamente porque en el otro lado, no hay un liderazgo fuerte que aporte seguridades respecto a que la banda no se fraccionará en el proceso. Fraccionamiento que puede ser sólo el paso bien hacia a un seguir igual (como fue con la escisión de ETApm), bien hacia una alqaedización y en cualquier caso la antesala de un Omagh cuyo mero planteamiento remueve las entrañas.
Por supuesto el mismo hecho del diálogo y cómo se enfrente es un problema político. Y llega en un momento malo por el nihilismo post-11M del sector dominante en el principal partido de la oposición. Nihilismo que busca apoyarse en las víctimas, algo que no puede llevar a nadie y en primer lugar a las propias víctimas a nada bueno.
El campo del diálogo es necesariamente estrecho porque sería una irresponsabilidad histórica imperdonable mostrar que de algún modo la violencia y el terrorismo pagan. Por eso el gobierno llevó al Parlamento una propuesta que abiertamente negaba la posibilidad de concesiones políticas. En realidad a los etarras sólo les cabe esperar algunas ventajas penitenciarias: básicamente reagrupación en el País Vasco y Navarra y algunos beneficios comunes.
Igual de lógicamente esto no gusta a las víctimas. Pero aunque deban de ser atendidas y escuchadas, no creo que un gobierno deba poner por delante la voluntad de las víctimas de que se les nieguen derechos penitenciarios y se les pongan, dentro de la ley, las cosas un poco más fáciles a las familias de los asesinos, si con ello renunciáramos al fin de ETA.
Hasta aquí todo es extremadamente delicado (sobre todo por la fragilidad de toda interlocución con esos tipos, como bien supieron Gonzalez en Argel y Aznar en Suiza) y por el stress añadido por la permatente amenaza de coste político que un muy posible fracaso tendría para el gobierno (esto si que es una novedad porque los anteriores procesos de diálogo nunca fueron boicoteados por el partido de la oposición).
Resumiendo: hasta aquí todo es para tener el alma en vilo.
Y sin embargo hay algo más que me preocupa: el clima social. No son los exaltados que intentan llevar el agua a su molino equiparando al presidente del gobierno con ETA en plena deriva guerracivilista… no… Al menos no en si mismos.
El país hasta ahora ha demostrado que no quiere dejarse llevar por los intentos de libro de desestabilización política que siguieron al horror del 11M en un intento de convertir el resultado electoral en el comienzo de un conflicto social.
Pero si esas barbaridades no han fructificado son en buena parte por el talante. Por la voluntad de no entrar al trapo, de no responder en el mismo tono nunca a los extremistas, sino haciendo lo que se debía, sin alharacas, en cada momento: siguiendo con normalidad el proceso legal y parlamentario con el plan Ibarretxe (que lógica y previsiblemente no pasó), llevando hechos e ideas sensatas a la comisión del 11M, no entrando en el lenguaje general de denigración y descalificación impulsado por la COPE y agitado por sus seguidores y activistas en la red y el entorno social…
Y ahora, entre los propios ciberinvitados de Ciberpunk me encuentro con joyas como las últimas de Prieto y Fernando. Y me preocupo. Mucho. Entiendo que estén cansados de la crispación, que se enfaden con unos y otros y la politización de las víctimas… Pero no entiendo que la forma de responder pase por alimentar el proceso que quieren aquellos a los que con tal de que sus ideas e intereses acaben imponiéndose parecen dispuestos a romper toda convivencia, todo respeto básico y toda concordia.
No lo entiendo. Y me preocupa. Por si se trata de algo más general y no están solos.






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Si es por el artículo que he escrito, no te preocupes. Estoy muy satisfecho con el resultado, pues se ha suscitado un debate sano, que es lo que tenemos que hacer entre los que queremos ser demócratas.
Debate que ponga las cosas en su sitio. Que deje a las personas al nivel de las personas y a las ideas al nivel de las ideas.
Porque o desmadejamos nosotros el embrollo, con cariño y poco a poco, o apretaremos un nudo que no habrá manera fácil de soltar.
Perdona por hablar en dos veces…
En resumidas cuentas lo que pretende mi post es recalcar que la repercusión de las palabras de algunos es demasiada. Y que no representan tanto como parece, o como los medios, o los partidos (tanto monta, monta tanto, y es una pena) quieren que parezca.
De las reacciones a mi post, lo que mas me ha gustado es que se ha estado a favor y en contra, pero aportando razones. No se ha caido en la descalificación. Y se ha debatido.
Y como conclusión general, si resumes las respuestas, se ha “bajado al suelo” a alguien a quien habían subido artificialmente unos y otros buscando sólo el beneficio propio. Nadie es intocable. Podemos hablar de todos. Y eso es positivo.
David: Lo que sucede es que lo que está sucediendo me suscita una estraña sensación de dejà vu.
Hicieron lo mismo en 1993 y les salió bien.
Y a ello le siguieron ocho años nefastos, cerrados con muchos muertos. Y la izquierda, incluso aquella en la que milito, no supo estar a la altura para acortar ese periodo ultraconservador.
Y temo que, con la política ultraderechista de la “lluvia fina”, vuelva a calar el mensaje.
No nos engañemos: ellos están imponiendo las reglas del juego. Un duelo donde uno de los contendientes mantiene el sable meintras el otro le apunta desde la distancia es de resultado seguro.
Y,además, ¡que coño! ¡Es que me están negando la condición de español!