Ayer fuimos a ARCO 2007 con Rubén Verdú y Roger Colom. En la agotadora pateada tomé unas cuantas notas y no pocas fotos que me gustaría compartir con vosotros, más que nada por desintoxicar(nos) tras tantos días feevy-obsesivos.
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Ayer fuimos a ARCO 2007 con Rubén Verdú y Roger Colom. En la agotadora pateada tomé unas cuantas notas y no pocas fotos que me gustaría compartir con vosotros, más que nada por desintoxicar(nos) tras tantos días feevy-obsesivos.
Pop Art 2.0
El primer impacto que te genera ARCO 2007, es la entrada en tromba de la estética de la cultura popular y en especial de la web y el mundo publicitario. Estamos en el momento álgido de una suerte de Pop Art 2.0 cuya cabeza más visible es seguramente el ubicuo Julian Opie.
Se trata de un estilo que mete en la galería la estética i-pod, los banners, los juegos sobre Macromedia Flash, el nuevo cómic norteamericano…
… la cuestión que surge, al menos desde el punto de vista del mecenas-coleccionista es para qué quiero artistas que van un paso por detrás, cuando lo que busco son ideas en bruto que abran mundos, que antecedan lo que después será digerido mil veces por la cultura de masas. Opie no aporta en el sentido que aportó un Miró. Opie construye obras de colección siguiendo las reglas de los iconos web, no construye un modo de representación propio que después pueda ser iconizado por la cultura de consumo. El Pop 2.0 es un homenaje artístico al diseño contemporáneo, no es arte contemporáneo.
Buscando nuevas formas de representación
El primer elemento de ruptura hacia nuevas formar de representar/iconizar no lo encontramos hasta llegar a PPOW donde Walter Martin y Paloma Muñoz reciclaban irónica y maravillosamente los relatos orales, las leyendas urbanas, la estética neogótica a lo Tim Burton y todo lo que se os pueda imaginar. Esas bolas de nieve no son fáciles de olvidar.
Pero donde vi realmente una ventana hacia el filo fue en Carlier Gebauer. Se percibe en las galerías alemanas que ése país si que se está enfrentando realmente a reordenar y por lo tanto a re-presentar el mundo… y entre todo los paisajes urbanos, ácidos, angulosos, fríos y agresivos de Erik Schmitd del que no sabría decir si es el primer disidente o el primer gran cínico de la nueva gran Europa alemana. Para mi el gran descubrimiento de este año y del que aventuraría a decir que tiene muchas cosas nuevas todavía que decir y de formas muy diferentes a las que ahora experimenta.
España, Corea y el Arte Corporativo
De cuanto venía de España, sinceramente lo mejor para mi gusto ya estaba el año pasado: Daniel Canogar y sus geologías/geografías que nos remiten a un país presente, saturado, inmóvil e inmovilizador.
Lo demás de lo visto, bastantes cosas simpáticas, mucho mucho arte para despacho de directivo (que en las galerías portuguesas era por cierto casi plato único) y las selecciones corporativas (Telefónica promocionando su expo sobre Nam June Paik de la Gran Vía y El País con Joan Foncuberta) que estaban casi tan fuera de lugar -por llegar veinticinco años tarde- como la galería uruguaya que se presentaba con pinturas de los años 60 y un par de Torres García que tendrían que estar en un museo, no en una feria.
Para cerrar hay que decir que el país invitado, Corea, merecía a mi juicio tanto pitos como palmas. Pitos para mucho autor acogido cómodamente al discurso tradición-modernidad tan conocido por estos lares y tan incapaz de dar cosas que vayan más allá del arte alimenticio y la exportación decorativa. Palmas para autores (y sobre todo autoras) cuya acidez y sinceridad atrapaba y entretenía pero… era incapaz de dejar una huella en la memoria cuando cruzabas la puerta del pabellón. Resumiendo hay potencial, hay talento y hay preguntas que aún tardarán seguramente unos años en cuajar en mensajes y representaciones propias y universalizables. Destacar que las piezas de videoarte más interesantes de todo ARCO estaban precisamente en galerías coreanas, las únicas cuyos autores han percibido la fuerza del lenguaje YouTube y han comenzado a deconstruirlo para volverlo a montar.
Un balance
Estamos en un momento en el que tanto el circuito como los artistas empiezan a afrontar abiertamente el cambio de ejes propio de los nuevos tiempos. Un tiempo de intuiciones más que de experimentos, de formas más que de materiales. Un tiempo en el que por fin toca decidir si el arte es una producción o una participación, si el artista es un bricoleur que innova o un mero intérprete de la cultura que la adapta para coleccionistas. En una palabra, si el Arte es un mero registro documental que codifica el mundo en un lenguaje y para un mercado particular o es la avanzadilla que propone formas al cambio para que pueda representarse por si mismo.
En otros blogs este post recibió las siguientes referencias (URI de Trackback)
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[...] no importa tanto visitarlas como construirlas, no motiva tanto contarlas como diseñarlas. Como dice David, pero con relación a ARCO 2007, o como explicó Reinaldo Laddaga en su Estética de la emergencia, es un tiempo en el que por fin [...]
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[...] bien, cuando todo parecía ya explorado, cuando como cada año uno empieza a pertrecharse de ánimos y estoicismo a ver si consigue dar sentido a ARCO, entro en el [...]






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