La inauguración de la última exposición de Imanol Marrodán en la galería de Blanca Soto fue una verdadera fiesta para los sentidos y las ideas. Una celebración del diálogo entre el discurso de las obras, la galería y la conversación social.
Ayer Blanca Soto, nuestra galerista favorita, inauguraba exposición:
Imanol Marrodán presenta en su última exposición en la Galería Blanca Soto un nuevo grupo de pinturas denominadas “EL”, siglas de Emotional Landscapes (Paisajes emocionales). Un juego de palabras con segunda lectura que hace referencia a la tercera persona del singular: el o ello. Se trata de utilizar una idea referencial entre el sentido (lo otro o la razón del ser) y la idea de una figuración subliminal subjetiva ficticia. (…)
La nueva fase propuesta propone aún una mayor reducción formal y de representación, con respecto a la serie de Núcleos de emoción (pinturas codificadas) que el artista ha venido desarrollando hasta la fecha. Es un paso más hacia una desmaterialización de la obra. Es un vaciado para subrayar y amplificar los efectos esenciales del color y de la luz: Espacios de Silencio para buscar un equilibrio imposible.
Pero todas estas inauguraciones y cierres de exposición son además actos sociales. De los pocos a los que vamos, ya sabéis. Allá estaba Fernando Múgica presentándose con mucha gracia como galerista consorte, al que en breve espero convencer de que me deje publicar algunas cosas suyas bien interesantes. Estaba Fernando García Román, el autor de mis crónicas de viajes favoritas en El País durante muchos años, que luego montó la revista Travesías. Y también Federico Zukierman a quien, como a Alejandro Baer no veíamos desde que nos decretaran harem (excomunión) allá por la comunidad judía cuando esta, tras el 11m, tuvo su luna de miel con el entorno losantiano español. Gracias a Dios esos tiempos parecen haber pasado, otros son los discursos dominantes, mucho más centrados y asumibles y pudimos discutir de nuevo con viejos amigos y nuevos conocidos como Edwin Yabo, el interesante nuevo portavoz y agregado cultural de la Embajada israelí, con quien hablamos de nuestra adorada -y recientemente fallecida- Batya Gur.
Pero Blanca además nos reservaba un regalo gastronómico maravilloso: la Parpayuela, un emprendimiento de Pablo, un avilesino con quien recordamos los primeros tiempos de los Stormy Mondays en el Oviedo de los 90 y los primeros mp3’s. La conversación con Blanca, Imanol -el autor- y todos los concelebrantes, fluyó relajada y divertida hasta la madrugada entre sabores clásicos que trabajaban, en guiños, su vocación innovadora. La Parpayuela invita a disfrutar relajado de la cocina evolutiva, aproximación al discurso gastronómico que queda lejos de la vanidad pretenciosa de la innovación prefabricada que nos llega de los laboratorios catalanes y que sin vergüenza alguna reivindica los sabores tradicionales como cimiento desde el que hacer un nuevo relato de la cocina española. Definitivamente es un sitio para ir con nuestros amigos de la cuchara.
Para dar envidia os dejo el listado de maravillas que disfrutamos anoche: Delicias de brie, revuelto de pimientos a la miel con nueces, leguchas variadas con queso de cabra frito, filetes rusos a la turca, brochetas de pavo al cabrales, arroz a la alicantina, huevos esgonciaus, empanadillas al estilo koreano con salsa de chilly dulce… y para postre arroz con leche, tarta de queso y helado amaretto…






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Qué envidia de velada. Tenemos que quedar para ir a la Parpayuela, por cierto aún tienen el dominio en parking o algo así ¿no?