Los neonómadas tienen mucho que enseñarnos, iluminan tanto la crisis del individualismo radical como la posibilidad del sionismo digital
La semana pasada Roger Colom me puso sobre la pista de una particular consultora cuya filosofía no dejaba de ser colindante con el sionismo digital: el PT Club.
Empecé a documentar e incluso lo comenté con Juan Freiré, que me animó a escribir una entrada sobre neonómadas y neonomadismo en mi contextopedia.
No tardé en encontrar otras consultoras del mismo tipo e incluso los antiguos manuales de edición anual que los viejos PTs todavía usan…
Leyendo foros de PTs y advertencias de las consultoras lo que más me llamó la atención fue cómo la práctica de los neonómadas suponía una refutación de su propio individualismo teórico radical. Cuando uno tiene que residir en al menos tres países al año, cuando acepta perder la estabilidad y la seguridad del territorio a cambio de no somerterse a los requerimientos que los estados hacen a sus residentes y ciudadanos, la privacidad se convierte fácilmente en soledad y la necesidad de reconocimiento, de discusión identitaria, de fraternidad, acaba llevando fácilmente a la defección del otrora ansiado nuevo modo de vida.
Sin embargo, los neonómadas crecen en número, como prueba el floreciente negocio de consultoría virtual que los informa y les ayuda a planificar sus viaje permanente. ¿Por qué? Pues porque los PTs contemporáneos, a diferencia de los de hace 20 años, tienen un espacio social estable y rico: el ciberespacio. Los neonómadas han descubierto el sionismo digital.
En otros blogs este post recibió las siguientes referencias (URI de Trackback)
-
[...] Puede que lo mejor para estas vidas que llevamos sea algo intermedio. Dentro de lo posible (y sin dejar nunca de buscar Sión) no escatimar en gastos para una cuidada y pequeña selección de objetos con los que se produzca una mayor o más intensa relación y aprovechar los productos de los grandes monstruos en los inevitables momentos de transición, en los que se está más comodo con una mesa donde comer y un sofá para los invitados. [...]






Creandote un usuario en un
Puedes ver los 23 posts más actualizados de mi
Puedes ver las estadísticas de este blog -entre otros- en el 
Creo que, sin llegar al punto extremo de ser un neonómada, yo también me convertiré en una especie de sionista digital. Si al final acabao dedicándome a lo que pretendo no me imagino andando por ahí desconectado de mi esfera virtual…
De hecho, a día de hoy, ya no soporto pasar unas vacaciones desconectado. Significa renunciar a una parte importante de mi personalidad.
Eso es, Paco. A mi me gustan los PTs no tanto por el individualismo radical que proyectan, sino porque su práctica, su sionismo digital, desmonta la base misma de ese individualismo: la posibilidad de vivir una vida plena sin diálogo identitario.
Hola, David:
Hace algún tiempo mi encontré una web de unos nómadas, que, por cierto, también mencionaban el esperanto: http://nationless.blogspot.com/2006/06/esperanto-open-source-language.html.
Aunque yo prefiero mencionar a un pionero más radical, la amiko Eugenio Lanti: http://www.nodo50.org/esperanto/artik09.htm.
Ĝis!
Como mola!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
De todas formas el PT, tampoco se puede escapar de la legislación, es un esclavo de la visa turista, vive como si alguien le siguiera permanentemente. Como un fugitivo. No deja de ser una vida furtiva.
La idea de vivir una vida geográficamente variable es muy interesante, pero que el timing lo marquen las visas es jodido, el timing lo tendría que marcar el viento, las estaciones, o la inquietud personal. No?
Temo que la huida permanente acabe siendo el objetivo de la vida del PT. Temo que la vida del PT se parezca a la del viajero interrail, el cual, no se entera de por donde pasa, su único objetivo es conseguir una buena conexión, conseguir dormir bien en un tren, gastar lo mínimo, etc. El interrailista es un esclavo del almanaque de trenes y la guía de Youth Hostels. Con este stress poco puede producir una vida digital. Creo que el PT debe padecer una ansiedad permanente.
Preferiría un escenario diferente, el de un océano infinito salpicado de islas, todas diferentes, y de un barco, un velero que avanza según los vientos sean favorables, con un objetivo final, pero que no pese mucho, con muchas paradas, de duración variable, según los vientos, las corrientes, los amores, las inquietudes… con la vida internáutica dando coherencia a largo plazo y un día a día marcado por la isla de turno.
mmmm bueno Pere, creo que justo por eso somos SD’s y no PT’s. Por cierto, que dando materialidad a esa metáfora tendríamos al “Freedom Ship”
http://www.freedomship.com/
Literalmente un lentísimo viaje en una ciudad libertaria flotante de 18000 viviendas…
Bueno, prefiero un velero, solo pensar en lo que se necesitaría para mover este monstruo!