Un homenaje al maestro en su cumpleaños
Hoy es el 113 aniversario del nacimiento de Joan Miró.
Conforme pasan los años, más le valoro, porque a mi juicio fue uno de los pocos creadores del siglo XX que supo responder al reto que la tecnología supuso para la creación plástica. Hoy imágenes de todo tipo nos rodean: en la red, en la prensa, en los envoltorios de cualquier producto. Eso sin contar con la imagen en movimiento: televisión, cine, consolas de juegos, ordenadores… Es difícil valorar cuan diferente era el mundo hace tan sólo un siglo y medio… y lo valiosas que eran las imágenes, cualquier imagen, en él.
La fotografía y las nuevas técnicas de impresión cambiaron aquello radicalmente y pusieron en jaque la figura del pintor. Cuando a finales de los ochenta los ciberpunks mirábamos atrás lo primero que tuvimos que plantearnos para entender el vacío entre la cultura que nos rodeaba y los referentes en los que nos habían educado era por qué
la música, el teatro, la novela que entonces veíamos como gran cultura no tenían una influencia real en el consumo o la cotidianidad del mundo desde principios de siglo. Era un territorio de críticos y élites que compraban con la obra la pertenencia a un grupo de prestigio. En artes plásticas, seguramente las más avanzadas en este proceso de separación de la realidad, los críticos y los mercados valoraban las obras no como objetos de consumo que reportaran más o menos placer, sino por su futura influencia sobre las futuras vanguardias, es decir, como documentos de una evolución artística que no tenía nada que ver con la evolución real del mundo. El mercado plástico se había convertido en un mercado de futuros sobre antigüedades y al hacerlo había convertido en antigüedades prematuras a todas sus creaciones. Todo el pensamiento ligado a esas formas artísticas, toda la gran cultura europea no podía servir para entender algo diferente a su propio aislamiento.
En realidad decir toda era más una provocación que otra cosa. Miró supo crear para la cultura popular asumiendo como pocos hasta qué punto el papel del pintor había cambiado al democratizarse la tecnología de reproducción de imágenes: sus iconos todavía nos rodean.
Mirad hoy la cabecera de Google, pero también estas imágenes, que son una forma propia de relatar nuestra historia:

Cartel reclamando solidaridad con la República durante la Guerra Civil

Cartel oficial del Mundial de fútbol de España

Logo del Turismo de España

Logo de La Caixa
Su lenguaje, falsamente inocente, conscientemente iconizable, se integraba en la gramática visual del mundo contemporáneo como el de ningún otro creador español del siglo XX.
El nuestro es un mundo de imágenes y verdades baratas donde sólo perviven lo icónico y la marca. Desde la integración en la cotidianidad, en la vida de cada uno de nosotros, Miró proyectó su obra al futuro, escondiendo en sus colores mediterráneos, en sus dramáticos negros, en sus materiales baratos, un mensaje que transmitía la mirada de nuestra gente sin necesidad de pretenderse divulgación. Lejos de la identidad grotesca de un Dalí, de imposturas de arpillera o de la pretenciosidad cómplice de Tapies, Miró, cada día más, se eleva como el verdadero gigante plástico del siglo.
Siglo XX. España. Sólo Miró y a veces Julio González pueden contármelo con ojos que yo comparta.
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[...] que antecedan lo que después será digerido mil veces por la cultura de masas. Opie no aporta en el sentido que aportó un Miró. Opie construye obras de colección siguiendo las reglas de los iconos web, no construye un modo de [...]







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Miró es uno de los grandes pintores españoles contemporaneos, despues de Dalí.
Y yo que pensaba que alguien iba a preguntarme por qué no decía nada de Picasso…
Un poco lamentable la actitud de los herederos de los derechos de autor, amenazando a google para que quite su particular homenaje.
Así nadie que no lo conozca lo hará a través de google, y los que ya lo conocemos dejaremos de preguntarnos que pasa con Miró para que google le dedique un homenaje…
No han entendido nada.