A la hora de la verdad la plaza de Octubre de Minsk no es la de la Independencia de Kiev…
Todos estáis al día de la revolución de los jeans, Arnau Fuentes está haciendo un seguimiento ejemplar de la Revolución Bielorrusa, acompañado por Antonio, Sergio y algún que otro eco. Y si no, en inglés, tenéis las fuentes originales.
Las imágenes de esta mañana recuerdan vivamente a la hermana Kiev en aquellos días de finales de 2004. El esquema de los hechos, parece hecho con el patrón de OTPOR y las revoluciones de colores:
Durante casi dos años hemos seguido el desarrollo, partiendo de un pequeño grupo estudiantil, de un movimiento civil reticular y no violento que presiona a la oposición hacia la efectividad, se enzarza -blogs mediante- en una guerrilla informativa con el gobierno, que a su vez, desata una espiral de represión selectiva in crescendo hasta las elecciones. Entonces vienen el fraude y finalmente estallido político de masas.
Pero no hay dos revoluciones iguales. Como bien sabían nuestros compañeros de Pora, que siguen desde el principio el movimiento hermano Zubr con el corazón en un puño, el régimen de Lukashenko no sólo es más sólido sino que esta vez la sombra de Putin es mucho más densa: Bielorrusia es estratégicamente insustituible para Putin, ya que es la salida estratégica natural del gas ártico hacia Alemania. La pérdida de Ucrania no ha hecho más que revalorizar aún más a la república en el mapa estratégico de Moscú.
Los regímenes autoritarios se basan en el consenso pasivo, en toda esa parte de la sociedad que calla y prefiere no saber nada, bien por miedo bien por aversión al riesgo. Seguimos el viejo manual de Sharp que en esta parte del mundo parece la ROM de gobernantes y revolucionarios.
Pero aquí, el claro y cínico apoyo de Putin apuntala miedo y riesgo en una sociedad que aún no ha acabado de digerir el pasado y que a diferencia de la ucraniana o la georgiana no definen su identidad contemporánea en oposición al imperialismo soviético ruso. La plaza de Octubre de Minsk no es la Plaza de la Independencia de Kiev. No todavía. A la oposición no se le ha robado una victoria aplastante sino seguramente las tablas o una derrota dulce. Por eso juega la carta de una repetición del proceso electoral en julio. Lukashenko ya ha tenido cuidado de que sea imposible conocer los resultados reales y ni su régimen ni Putin están por permitir un Parlamento con oposición. Por eso Milinkevich, el candidato de la oposición democrática unificada, intenta en realidad convertir lo que en la “plantilla” era el climax en un jalón de una movilización más amplia, hacer el la calle lo que no le dejan hacer en el hemiciclo.
En una palabra. No estamos en la antesala de una gran movilización nacional que lleve a las fuerzas represivas a echarse a un lado y dejar que el pueblo se enfrente cara a cara con Lukashenko y su corte. Esto no es Servia en el 2000: No hay columnas de coches llegando desde todas partes del país, no hay una huelga general espontánea. Una parte significativa del país sigue mirando y esperando antes de decantarse.
Se inicia una fase nueva. Una guerra de desgaste con erosiones fuertes en el que Zubr será si cabe aún más importante que hasta ahora porque sólo de la red de jóvenes activistas y bloggers cabe esperar la resistencia y sobre todo la flexibilidad que exigiran los cambios de rumbo que se avecinan.
En otros blogs este post recibió las siguientes referencias (URI de Trackback)
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[...] Cada vez són más los blogs que hablan, comentan, pasan info, siguen y/o analizan el tema en todo el mundo, entre ellos, el maestro. [...]
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[...] Mientras las calles siguen escuchando las protestas de una parte de la población. A pesar de la represión oficial. La policia pone difícil el acceso a la Plaza de Octubre donde tienen lugar las concentraciones. También el apoyo a las veinte casetas que han conseguido plantarse en ella. La consigna es que no les llegue ni agua ni comida. La protesta va cogiendo color. Pero no parece fácil una revolución del modelo de la ucraniana o georgiana. La situación en Bielorrusia no es igual. Necesitará más tiempo y mantener la llama de la protesta viva. Ni siquiera con unas elecciones transparentes se podría esperar una derrota de Lukashenko, pero si es probable una victoria mucho menos abultada y la posibilidad de que exista una oposición real en el parlamento. [...]
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[...] Pero hoy y ahora, la tecnología es la que permite que, a pesar del férreo cordón policial que Lukashenko impone alrededor de la Plaza del 9 de Octubre en Minsk, los manifestantes nos hagan llegar, a través de la cadena de blogs que informan en continuo, las imágenes de lo que está pasando. Vale la pena que meditemos sobre ello, pues no por sabido deja de ser importante. El poder totalitario puede ordenar que el metro no pare en la estación, puede detener a los que intentan llegar con ropa, tiendas y comida, controlar en las estaciones de autobuses y de ferrocarril el que no sea fácil llegar a Minsk desde otras zonas del país, pero con el temor constante y presente de que un exceso de abuso de autoridad, un apaleamiento, una chica tirada al suelo por la policía, pueda ser fotografiada y enviada desde un móvil antes de que lo impidan. Por eso Lukashenko y su gobierno, que a estas alturas han demostrado que no son tontos, saben hasta que punto pueden actuar y cual es la línea que no pueden traspasar…si hay testigos. Esa misma tecnología es la que permite que los blogs sustituyan a los medios de comunicación oficiales, controlados ó secuestrados, y cuando uno de ellos es censurado, otro mirror u otro blog aparece. Si además diplomáticos y periodistas occidentales empiezan a acercarse a los manifestantes, el grado de actuación totalitaria se restringe cada vez más. Sería un buen momento para que la Cruz Roja hiciera aparición en la Plaza, con periodistas y cámaras cerca. La situación a Lukashenko se le complicaría aún mas, y sabe que su caso, como bien explica Atlante es diferente. Los bielorrusos, al igual que los estudiantes franceses, quieren mejorar su situación, pidiendo más alternativas democráticas, juego limpio, que su opinión sea tenida en cuenta y sentirse partícipes y respetados, no simplemente "pueblo" ó "colectivo". Frente a las actitudes totalitarias alzar la voz (y la mano) es su alternativa. Esas 5000 personas que resisten y nos hacen llegar su mensaje están marcando un momento, una referencia que servirá para que sus callados compatriotas se sientan incómodos, y la incomodidad es el requisito básico para empezar a moverse. Mientras tanto, desde aquí, aportemos nuestro granito de arena. Hagamos eco y transmitamos la información que nos llegue. [...]
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[...] Y si les digo la verdad, creo que Lukashenko ha hecho un favor a nuestros amigos. La perspectiva es que aún queda maduración por delante y la concentración indefinida empezaba a desgastar más a propios que a ajenos. Era claro que la plaza de Octubre no era la de la Independencia y que no había masa crítica para un cambio… todavía. Ahora veremos qué pasa y si en un par de meses esto se salda con un crecimiento de las redes críticas o con su descomposición.. [...]





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