Una idea genial de Manuel Castro abre un mundo en el debate sobre el libro electrónico y el futuro de la lectura
En estos días estoy acompañando a Nat a las tradicionales comidas de fin de curso con nuestros clientes. No son sólo celebraciones, son una pequeña pausa en la lógica de trabajo en la que se intercambian ideas y se habla con libertad de ideas en bruto.
El otro día, estábamos con Fernando Summers, Enrique González y Manuel Castro, de BBVA. Hablábamos del libro electrónico y de las posibilidades de dispositivos como el Iliad o el pequeño Hanlin y de las dificultades de colaboración con la anquilosada industria editorial.
Visto lo visto y con la experiencia de la Colección Planta 29, para abrir y fundamentar debates, para impulsar la generación de inteligencia organizativa, la clave está en una combinación de libro electrónico y Dominio Público.
Y ahí Manuel Castro tiró una pelota genial.
Según el CIS, del 33.1% de personas que, en España, afirman leer diariamente, sólo el 33.7% lee libros y de estos sólo el 6.8% lee ensayos. Es decir, el mercado establecido, el alcance de lo que los editores ofrecen, es inferior al 1% de la población en lo que hace a ensayo y, en el mejor de los casos, ronda el 15% en la narrativa.
¿Por qué no pensar productos en la lógica del otro público, la de los que ya no juegan al juego de una industria que quedó en el siglo pasado y cuyo sueño de futuro es hacer la agonía de su actual modelo de negocio lo más larga posible? Desde luego, no faltan voces en la red en este sentido, pero la pregunta es cómo.
Y la idea de Manolo tocaba el centro: cambiar formatos, YouTubizar la lectura. En Europa se considera que una publicación no periódica es un libro si excede de 49 páginas. ¿Pero quien puede leer de un tirón 49 páginas con la vida de hoy?
Creemos repositorios en Dominio Público con formatos optimizados para libro electrónico y, digamos… 23 páginas como máximo para los ensayos y 42 para los relatos. Dejemos que se organicen comunidades de lectura, creación y ensayo. Descubramos y promocionemos nuevos autores que se desarrollen ya en los nuevos formatos. Organicemos alrededor de estas comunidades debates presenciales y en la red e introduzcamos todo esto en la vida corporativa (sólo el 10.5% de los lectores lee fundamentalmente en el trabajo) para que fertilice la generación de conocimiento con nuevas ideas y valores.
Sí, serán menos que libros. Pero estaremos impulsando mucho más que la lectura.
En otros blogs este post recibió las siguientes referencias (URI de Trackback)
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[...] Como contaba David, comentábamos estos días la idea genial de Manuel Castro, en torno al debate sobre las posibilidades del libro electrónico. Su idea era youtubizar la lectura, cambiar el formato para adecuarlo a la vida de hoy en la que muy poca gente tiene tiempo, ganas o hábito de leer un libro a la semana. [...]
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[...] la discusión del otro día, encuentro en el último número de The Atlantic un artículo de Nicholas Carr titulado de forma un [...]
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[...] vez tengo más claro que el camino a seguir va por dónde Manuel Castro señalaba a principios de este verano: fuera de la industria, con nuevos formatos, creando una verdadera esfera de comunicación literaria [...]
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[...] VÃa David de Ugarte… [...]
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[...] atrevo a responder y esto va en relación directa con la exposición de deugarte y la que cita de Manuel Castro que compramos libros como commodities. Vamos a la librerÃa a buscar un libro. ¿Cuál? No sé. [...]






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De hecho, lo que propones son artículos largos. Artículos científicos. Los que leemos blogs sabemos que con tal formato se puede aprender mucho. De hecho, yo mismo, a veces pienso que el libro que tengo entre manos se podría haber reducido a la mitad sin pérdida de información. Abundan los libros llenos de redundancias y ejemplos innecesarios.
Se que hay un servicio web que te envía cada día una pequeña dosis de un libro (CC o dominio público) por e-mail (siento no recordar su nombre). Esta es otra vía explorada. Pero es un poco forzada.
En resumen, no creo que un cambio de formato sea ni malo para la cultura ni que disminuya lo aprendido leyendo. Al contrario, en lugar de tener que leer “tochos” el lector podrá adaptar su lectura y, a base de recoger ensayos cortos de aquí y de allí, construir su propia versión de los hechos.
Adelante!
A mi de hecho, creo que se lo comentaba el otro día a Nat chateando el libro electrónico donde más me provoca curiosidad de momento (no he tenido aún uno entre manos) es para leer artículos, anotarlos, poder ir en un viaje con toda la documentación de algo que me traiga entre manos, etc. A este respecto os recomiendo Dialnet como repositorio de textos en castellano si no lo conocéis.
Coincido con Pere en que no pocos libros se podrían reducir a artículos, de hecho la gran mayoría de libros de ensayo proceden de los artículos académicos que sus autores han hecho antes, bien reunidos bien reelaborados.
Sin embargo no estoy muy de acuerdo con rendirnos a una sociedad sin tiempo para disfrutar de la lectura dilatada, cada formato tiene sus ventajas y algunos textos pueden vivie mejor “en corto” pero otros ni mucho menos…
Por cierto una publicación de menos de 49 hojas se considera un folleto.
Sip Luís, efectivamente… es un folleto. Y efectivamente querremos seguir leyendo libros también… pero seremos los cuatro de siempre, con nuestro rol y nuestra capacidad.
Y sinceramente, creo que seguramente si ese grupo de heavy users crece en vez de extinguirse con el tiempo será porque la micro-ensayística y la micro-literatura hayan ampliado el volumen de lectores y “enviciado” a una nueva generación.
Aunque por cierto, una de las cosas que más me atrae de esta idea es no ya que más gente lea… sino que más gente escriba y el metabolismo social de digestión de las ideas se fortalezca.
PS. Me ha encantado ese Adelante!, Pere
Bravo indianos, bravo!
De hecho, lo que estáis planteando es formalizar (y darle recorrido a) una práctica ya habitual entre los “seres-digitales”: leer micro-formatos. Porque eso es lo que ya hacemos cuando enchufamos el navegador al último post de nuestro blogger favorito o al fotolog de ese fotógrafo que cuenta historias que nos encandilan.
Sólo por ilustrar la necesidad con una anécdota, decir que hace unas semanas me paseaba por la FNAC a la búsqueda y captura de un libro con cuentitos que pudiese leer en el trayecto que paso en el bus de casa al trabajo (unos 15/20 minutos).. y no encontré nada
¿Y si hacéis un estudio de mercado sobre los formatos japoneses?
Amén de los ejemplos de mini-novelas para leer en el móvil, en las estaciones de tren venden libros ordenados por el tiempo que tardan en leerse (que no es mala forma de ordenar dependiendo del uso :D)
Por cierto, ¿a cuánto te ha salido el Iliad? Me tienta, pero no veo forma de amortizarlo (en euros… en dólares sí :D)
Efectivamente, y si hablas con un librero (no un editor..;) de toda la vida, te contará la transformación que en los gustos de los compradores se han producido y como desde hace un tiempo todo el mundo pide cuentos, cortitos, fáciles de leer y cómodos de llevar… son los nuevos lectores, demandando la muestra social, claro que siempre habrá quien prefiera vinilos…:)
Adivina quién hizo las primera novelas para móviles (i-mode) en español
Las sacamos en el menú e-moción de los móviles con imode y la experiencia, siquiera limitada, la verdad es que fue un éxito.
El libro no tiene que desaparecer, es evidente! Pero el contexto es el que es y, David explica muy bien que, tal como están ahora las cosas, hay gente que podría leer y que no lee pq el formato no se adapta a su sistema de vida. Lo importante es que la gente lea, reflexione, se cabree y escriba un post largo en su blog refutando ese ensayo de 20 páginas sobre lo que sea.
Además, no creo que esto sea nada nuevo. Simplemente hay que reforzar una práctica que ya ha existido. Alguien podría darnos luz sobre la historia del folleto?