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Los objetivos de la guerra y la lógica del estado

El otro día encontré en la Harka una cita del General Díaz de Villegas que reflejaba la concepción de la guerra en Europa a finales de los años 30:

… el General Franco sabía cuál era la influencia del terreno en las operaciones. Sabía que su valor es relativo y subordinado. Sabía que la ocupación de un posición, como decía Clausewitz, carece de valor en sí y no es más que un acto preparatorio… El objetivo, ayer, como hoy y como mañana, será, en la guerra, siempre el mismo: el ejército enemigo al que hay que batir y aniquilar

Se rechazaba abiertamente, por inocente, la idea romántica de la guerra por territorios, que tantas figuras había dado al primer santoral nacionalista en cada país. Se tomaba una posición curiosamente para-marxista: el enemigo es ante todo una capacidad productiva. Pero la principal fuerza productiva son las masas, y en guerra las masas están movilizadas en el ejército nacional. El objetivo de la guerra es pues, la aniquilación. Esta es la lógica de la primera guerra mundial… y lo será también de la guerra de Abisinia, de la guerra civil española y la llamada segunda guerra mundial.

La diferencia estratégica tras la paz de Brest -ligada a la tecnología y el desarrollo de la industria automotriz- será la movilidad. El ejército, en los años 30, en el zenit del nacionalismo de estado, se conceptualizará no ya sólo como la nación en armas, sino como la nación total. La guerra participará del sueño de un estado-fábrica-nación perfectamente descentralizado: rapidez, eficiencia, masividad, centralización y autonomía. Estado de masas, guerra de masas, destrucción masiva. La segunda guerra mundial es una guerra sobre las fuerzas productivas, porque el estado nacional y el nacionalismo que emerge de la crisis del 29 estará obsesionado por asumir y subsumir el proceso económico.

Pero la guerra fría, sobre todo el fin de la guerra fría, con la caída por primera vez en la historia de un gran imperio frente a otro sin combate directo, habría de elevar a religión civil la lógica de los gestores. Unos gestores que llegarían en su imaginario a fundir estado con nación y maquinaria productiva en un estilizado mix. La guerra del fin del siglo XX es una guerra por los mecanismos de control del estado. Unan a ese sustrato la ideología puntocom, el concepto de supremacía tecnológica -que sólo tiene sentido en el marco de un conflicto entre grupos de gestores- y tendrán la doctrina Rumsfeld y las causas de su colapso tras la consquista de Iraq. Estado de gestores, guerra quirúrgica, destrucción selectiva.

Iraq, a través de la nueva doctrina Petreus, está redefiniendo la guerra en términos políticos. La guerra es sobre el poder, sobre la imposición de mecanismos internos para generar consensos. La guerra tiene que ser capaz para amenazar y destruir identidades para forzar o empujar a los sujetos en conflicto -que ya no son sujetos nacionales- a mantener o aceptar alianzas. Petreus vuelve a Hernan Cortés. Estado en colapso, guerra de alianzas cambiantes, destrucción local.

¿Conclusiones? La guerra postmoderna es postnacional, no sólo en sus sujetos, sino sobre todo en sus objetivos, su concepción y sus medios. Iraq y Afganistán cierran el ciclo abierto por la revolución francesa: aunque EEUU siga actuando y pensando como gran estado, sus objetivos de combate, su conceptualización y su estrategia no es ya la de un mundo de naciones. Esto es importante, porque estado y guerra son siempre paralelos.

Mientras, en Occidente, ese gran zip que era el estado nacional muestra razones por las que es más que probable su descompresión. El escritorio del mundo, como el de la guerra, se empezará a ver poblado de nuevos elementos que hasta ahora, comprimidos en el mundo estatal-nacionalista, nos eran invisibles.

Guardado por David de Ugarte en Destacados el Jueves, 23 de Octubre de 2008 a las 3:02 pm (HI) |(0)

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