El poder de las redes De las naciones a las redes
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Domingo, 17 de Julio de 2005

¿Están locos los hombres bomba?

¿Qué tienen de especial los terroristas? ¿Están locos? ¿Qué lleva a que un chaval normal, respetado en la comunidad, con una carrera universitaria e implicado en el bienestar social decida cargarse de explosivos y llevarse por delante a civiles inocentes?

He contado muchas veces que fue Juan Carlos Zapatero quien me enseñó a amar el análisis económico. Juan Carlos es un liberal donostiarra que tuvo como profesores a Popper y Hayek en la LSE, así que es un liberal de verdad, subversivo, no de los otros, no se confundan.

Juan Carlos es, en sus exquisitos modales británico-donostiarras, un provocador liberal que a base de ideas políticamente incorrectas fue abriendo mi mente hacia una determinada forma de ver el análisis y jugar con los modelos económicos de comportamiento humano. Recuerdo una anécdota un día mientras yo preparaba mi proyecto fin de carrera, en que aparecían en la prensa (Juan Carlos siempre leía El Pais en el despacho antes de la primera clase del día) las bios de la última hornada de etarras detenidos. Señaló el artículo con el dedo y me dijo:

Ves, ves, uno ha sido seminarista, la otra fue cooperante en una ONG, el otro voluntario con marginados… ¡tanto deseo de ayudar al prójimo no podía acabar en nada bueno!

Khan, uno de los suicidasVarias cosas me han recordado estos días aquella anécdota. Sobre todo, la publicación de las bios de los suicidas por BBC. En especial la de Mohammed Ali Khan, un chico de treinta años, entregado a su trabajo -profesor en una escuela de un barrio deprimido de Leeds-, uno de esos héroes anónimos adorado por padres y alumnos que había transformado su entorno a base de escuchar y ser paciente. A los que le conocieron, les parecía símplemente imposible que fuera un terrorista suicida:

“He was a good man, quiet,” said one parent, speaking outside the school.
“When I told my daughter she said ‘no, he can’t do something like that’. I had to go and buy the paper and show her.”
Another parent, Sharon Stevens, told the Press Association how he had been a “big supporter” of pupils and parents.
“He was really understanding and he did work for the children and parents.”

¿Se volvió loco? El psiquiatra y criminalista de la CIA, Marc Sagerman, en su libro Understanding terrorist networks, uno de los mejores libros norteamericanos sobre AlQaida, aborda sin miedo la posible “locura” de los terroristas suicidas… para llegar a la conclusión de que esta no existe. Los terroristas suicidas no se convierten en tales por ningún síndrome psiquiátrico conocido, no están enajenados, no son paranoicos cegados por el odio… Al contrario, según Sageman, el perfil de Khan sería bastante representativo.

Pero entonces, ¿qué nos hace terroristas? ¿una creencia? ¿una imagen deformada de la realidad? Serían entonces ¿el Islam? ¿el nacionalismo? los formadores de esa imagen, los causantes, el origen…
¿Llevarían razon los que quieren “eliminar” uno u otro para acabar con ello? Muchos parecen creer así. Otros, entre los que a veces parece encontrarse el propio Sageman, creen que determinados sucesos históricos (Bosnia, Afganistán, el conflicto palestino-israelí…) han generado dentro del mundo musulmán la sensación de que su modo de vida, su sistema de valores estaba siendo consciente y planificadamente atacado. Los yihadistas vivirían su propia estrategia como una defensa desesperada de “los suyos”, sus familias, las siguientes generaciones….

Realmente creo que muchos yihadistas europeos pueden vivir subjetivamente así, sin embargo, no creo que sea muy diferente de cómo los militantes de otros movimientos terroristas han vivido a lo largo del siglo XX sus propios móviles. Esta teoría no explica las diferencias, la ausencia de estrategia, los ataques kamikazes contra población civil, etc… que son el hecho distintivo del yihadismo.

Pensemos en los movimientos terroristas del periodo 45- 68: la “resistencia” francesa, los grupos armados sionistas, el Frente de Liberación Nacional argelino… ¿No encontraban sus miembros justificación a sus crímenes en la situación de “sometimiento” de su comunidad? Pensemos en los grupos terroristas post-68: IRA, ETA… La única diferencia clara entre unos y otros en conjunto no es siquiera ideológica, es que los del periodo de postguerra consiguieron tomar el poder y se convirtieron en respetados “hombres de estado”, mientras que los segundos “esperaban” poder tomar el poder y no lo consiguieron. Fueron, en su lógica interna, movimientos fallidos. Pero en unos y otros, los militantes se consideraban a si mismos constructores de un estado independiente alternativo más o menos adornado por otros adjetivos (democrático, socialista, etc.)

Desde mi punto de vista, las ideologías son meramente instrumentales. Creo que el tipo humano de todos estos movimientos ha sido siempre básicamente el mismo, gentes que a fuer de vivir como insoportable la estructura del poder económico-político en un momento dado, no dudaban en asesinar al prójimo al que tanto amaban. Redentorismo sangriento. Vean si no, hoy, La batalla de Argel, un film vindicativo del FLN en 1966 y asómbrense del desparpajo con el que, ya en el poder, los independentistas argelinos se enorgullecían del tiro en la nuca y las bombas en cafeterías. Eso por no hablar de los cientos de películas sobre la “resistance” francesa. Sus miembros siguen siendo héroes nacionales y recibiendo homenajes… aunque ahora parezca que sus víctimas fueron objetivos militares, la mayoría fueron civiles y desde luego no murieron en “combate” más que en el marco de la perversión del lenguaje del que necesita dotarse toda ideología y grupo terrorista.

¿Y entonces? ¿Qué hay de novedoso desde el punto de vista subjetivo de los criminales? ¿Qué les lleva al ataque kamikaze? A mi juicio, fundamentalmente, que a diferencia de la Resistance, del FLN, de ETA… o de Hamas, los terroristas de AlQaida ya no ven sus acciones dentro de una estrategia que conduce al poder del estado. Es más, la ideología yihadista aparece ahora como antagonista, precisamente porque renuncia a la estrategia, es “funcional” por su nihilismo.

No es casualidad que muchos miembros de las viejas generaciones de terroristas formen parte años después de las élites del poder… Aún los que no triunfaron. De Menahem Beguin a Juaristi pasando por el resistente Lepen, todos estos muchachos que apostaron por el terrorismo para cambiar el mundo, estaban en realidad intentando tomar el poder por asalto. Ellos mismos se consideraban valiosos, “vanguardia”, semilla de un poder que se afirmaría algún día representando nuevos valores y una comunidad saneada y redefinida. Eran innovadores enfrentados al estado existente y se habían convertido en ello porque eran freakies, alternativos al orden imperante. Por eso su tipo humano, como el de Khan, era y es hoy siempre el mismo: chicos generosos con una vocación de sacrificio por los demás tal que no dudaba a la hora de sacrificar a los demás por ella.

Lo que ha cambiado es que hoy, el poder se ve como algo inapelable, inconquistable e incluso, hasta cierto punto, impermeable. No hay espacio para la estrategia porque no es sensato, ni siquiera en la lógica terrorista, dotarse de la perspectiva de la toma del poder. Donde ello todavía es viable (como Palestina) el espacio está ocupado por otro tipo de grupos, como Hamas, y AlQaida no penetra. Londres, Leeds, París o Madrid dan mejores condiciones para que alguien se haga yihadista que Gaza, porque al fin, es relativamente creible que el poder sea asaltable, asumible por los jóvenes con “nuevas” ideas (por atroces que estas puedan parecer), allí que aquí.

La guerra de los mundosEl poder hoy, se nos presenta como el de los alienígenas en la adaptación de Spielberg de La Guerra de los Mundos. Cuando uno ve esta película piensa: es una descripción de cómo sería una fuerza militar tal que hoy hiciera a los norteamericanos vivir Faluya en su propio territorio. Pero, es mucho más, es la descripción del poder en nuestro tiempo, un poder tan inapelable, que si quisiera destruirnos no podríamos oponer una resistencia que no fuera anecdótica. Un poder frente al que, en ese caso, sólo queda, esperar que cambie de idea por si mismo, que cuestiones internas tan ajenas a nosotros como él mismo, le hagan desistir…

En la fantasía de los terroristas de todos los tiempos, ellos se enfrentaban a un poder que quería destruirles, a ellos y a los suyos, su modo de vida, sus valores, el futuro de las siguientes generaciones.

Para los terroristas, a diferencia de para nosotros, no cabe mantenerse al margen, renunciar al poder y construir (redes civiles, espacios de libertad…) en espera de que el poder se haga permeable o deje realmente de importar. Para el terrorista de cualquier tiempo y lugar, el mundo del poder es el único que importa (”salvo el poder, todo es ilusión” cantaban los terroristas de Sendero Luminoso en las cárceles peruanas). Los terroristas kamikazes de hoy en Europa, tienen mucho en común con los viejos terroristas. Sólo que estos no esperan conseguir nada, saben que no acabarán dirigiendo instituciones ni siendo embajadores o jefes de policía.

Son realistas al modo del personaje de Tom Cruise. Y por tanto suicidas. Y criminales.

Guardado por David de Ugarte en como destacado> su moleskine
a las 3:38 pm

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  1. Sombra Digital (otro nudo en la Red) » El Poder Diluido

    [...] No se puede considerar como simple "interactividad"  a los blogs, son parte activa y muy activa, y no me refiero sólo a lo que publican analistas profesionales como David, sino a que encuentras blogs con inteligentes análisi que no aparecen en los medios oficiales de comunicación como los de alfanhui, especialmente en este post "una aguja en el pajar" . [...]

  2. Lobo » Blog Archive » El fantasma de Ulrike Meinhof

    [...] Ahora que estoy de vacaciones les dejo a ustedes mismo el ejercicio de hacer las comparaciones con los yihadistas nacidos en suelo europeo y criados en familias bien integradas en la sociedad de acogida, y esas masas de musulmanes simpatizantes con los atentados que se van a levantar como quinta columna para venir a degollarnos a todos. Les recomiendo empezar a leer aquí. [...]

  3. » El mundo de Jon deUgarte.com

    [...] Es esta imposibilidad a la hora de imaginar un final total, un colapso sin remedio del sistema lo que a mi juicio hace más clarividente a PKD. Más contemporáneo también. Un mundo sin fin y sin remedio es definitivamente un mundo donde hasta las ideologías más teleológicas tienen que reconocer su absurdo… aunque sea para volver la mirada hacia el nihilismo. [...]

  4. sombra digital » El Poder Diluido

    [...] No se puede considerar como simple “interactividad”  a los blogs, son parte activa y muy activa, y no me refiero sólo a lo que publican analistas profesionales como David, sino a que encuentras blogs con inteligentes análisis que no aparecen en los medios oficiales de comunicación como los de alfanhui, especialmente en este post “una aguja en el pajar” . [...]

  5. » Invasores deUgarte.com

    [...] y desarrollada en la cultura y la religión, la que nos hace capaces de lo más hermoso y lo más terrible. Guardado por David de Ugarte en su moleskine a las 9:32 [...]


Comentarios

  1. Davicius el 18/07/05 a las 8:54 am

    Muy brillante tu análisis…… Aunque lamento no estar de acuerdo con él…. Desde mi punto de vista los terroristas suicidas son, simplemente, manifestaciones de individuos desequilibrados por la influencia de una religión llevada a su extremo más atroz. Es el mismo fanatismo de carácter pseudo religioso que llevaba a los kamikazes japoneses de la II Guerra Mundial a estamparse contra los portaaviones norteamericanos, o a los fanáticos de Waco a morir achicharrados ante el asalto de la policía (o como decía acertadamente un articulista este fin de semana, a los cristianos de los primeros tiempos a ser devorados en el circo entonando cánticos y salmos)

    Hasta hace un tiempo, cuando los suicidas salían de los campos palestinos, parecía ser válida esa idea de que sólo aquellos que no tienen nada que perder, que viven en unas condiciones lamentables, sin ningún tipo de futuro, prefieren “morir matando” a seguir en su situación….. Sin embargo, tras el 11-S, cuando se descubrió que 14 de los 19 terroristas eran ciudadanos de Arabia Saudí, esta idea dejó de tener sentido. Sólo el fanatismo, que siempre ha existido vinculado a la religión (del tipo que sea) puede explicarlo, y en mi opinión, del fanatismo al desequilibrio sólo hay un pequeño paso que algunos no tardan en dar.

  2. roandrel el 18/07/05 a las 10:46 pm

    Y si tal vez sea una rebelión de los que no pueden ingresar a tu mundo, aunque vivan al lado, aunque lean tu página y quieran ser socios de tu e-zine. Si el fanático es el otro, el que esta detrás de una pantalla, reverenciando a esta capilla electrónica. Detrás del terrorista de seguro están quienes quieren ganar más poder (y no sólo petroleo también con el tráfico de drogas que occidente consume arrebatado y gustoso), Pero el “terrorista” solo lo es cuando comete el acto, antes de eso es un desesperado, un angustiado de un mundo poco humano, donde la pobreza se mide en factores materiales pero no en grados de felicidad. Es difícil saber que siente el otro, pero debe ser muy triste.

  3. Lobo el 19/07/05 a las 2:23 pm

    Masho, iba a escribir algo titulado “El espìritu de Ulrike Meinhof” sobre còmo ser terrorista se convirtiò en lo màs fashion del momento en Europa (los de la RAF sòlo usaban BMWs). Y no creo que el origen de todos aquellos fuera precisamente proletario de arrabal…

  4. David el 19/07/05 a las 9:41 pm

    Creo que habéis malinterpretado esta frase:

    a fuer de vivir como insoportable la estructura del poder económico-político en un momento dado…

    Que la vivan como insoportable, no quiere decir ni mucho menos que su situación personal sea insoportable según parámetros económicos o políticos comunes a sus conciudadanos.

    Acabo de ver en el tren “Diarios de motocicleta”… es el relato jústamente de eso, de la conversión de un “chanta” pero con mucho “amor al prójimo” en uno de los terroristas más famosos y alabados del siglo XX. Y desde luego no era un producto de la marginalidad. Otra cosa es que la existencia de marginalidad (más o menos extensa) le llevara a la, entonces llamada, “lucha armada” no por sufrirla, sino por un “sentimiento moral”. Este sentimiento moral ha sido siempre el origen de la mayoría de terroristas, justamente si lees los textos de Ulrike Mainhoff, es de eso de lo que habla (mezclado con una jerga pseudomaoista terrorífica)

    Ese sentimiento moral no es otro que la convicción de que el orden establecido lleva a la destrucción de “su gente”. Por eso remarcaba que

    “muchos yihadistas europeos pueden vivir subjetivamente así”

    Lo cual no tiene nada que ver con la situación de su cuenta corriente obviamente. Incluso, si hay correlación, puede que sea la contraria.

  5. jclavijo el 20/07/05 a las 4:51 pm

    “No estaban locos, estaban equivocados”, Lo dice PIlar Urbano en su famoso libro Jefe Atta.

    El profesor Antonio Elorza nos advierte de la patente laxitud mostrada en el RU ante el proceso de radicalización de los islamistas de Londres. El proceso es una especie de Islamismo Todo a Cien:

    “No era extraño encontrar en las inmediaciones de las mezquitas cassetes, vídeos” y manuales islámicos con consignas que llamaba a la yihad por el bien del Islam y por su expansión por el mundo a través de la guerra contra los infieles.

    En alguna que otra ocasión he insistido en la necesidad de adjuntar al fanatismo religioso una situación de injusticia como punto de partida casuístico para valorar más complejamente la radicalización de los muisulmanes hasta convertirse en terroristas al servicio de Al Qaeda con la promesa de alcanzar el paraíso que Allah reserva para los mártires.

    Elorza subraya que si bien el fanatismo religioso de los terroristas es el principal leit motiv de los atentados terroristas en Oriente y Occidente, no hay que olvidar que la situación de pobreza e injusticia social que padecen los países del mundo árabe es empleada como aliciente para alimentar el odio de los futuros terroristas.

    Y la verdad, añadiría yo, es que los países autodenominados desarrollados tienen su parte de culpa, como consecuencia del aliento dado a regímenes antidemocráticos y oligárquicos del mundo árabe. O bien, como consecuencia de estrategias erróneas de cambio del status quo en determinadas zonas. Caso paradigmático es el de Irak, donde la guerra ha dado paso a una insurgencia terrorista que no es sino la muestra más palpable de que Al Qaeda ha encontrado en Bagdad un auténtico centro de operaciones.

    Para combatir al terrorismo, a las sociedades occidentales no les queda más remedio que, por un parte, consensuar políticas destinadas al desarrollo político y económico de los países de la Umma y acordar estrategias que eviten ser percibidos como el enemigo a batir por la población musulmana como consecuencia de mensajes inoculados por Al Qaeda entre la población. Es decir, que la dominación norteamericana -empresas y bases- en Oriente Medio es un caldo de cultivo de potenciales terroristas, ya que los dirigentes de Al Qaeda repetirán hasta la sociedad que es necesario luchar contra el enemigo infiel para conseguir la libertad. Y de ahí pasar a la creación de una gran Umma que se extienda desde la cuenca mediterránea hasta el sudeste asiático.

    Sin duda, la presencia americana y de los aliados europeos en Irak alimenta los ataques en los países árabes, mientras que el fin del panislamismo sirve de base al ataque en Occidente, unos atentados no exentos de venganza, según Al Qaeda, por los daños sufridos por los musulmanes en su tierra de origen.

    Si en Oriente Medio se hace necesario cambiar de estrategia, está claro que en Europa es vital controlar los mensajes que inoculan el odio entre la población musulmana residente en el continente.

  6. carles el 22/07/05 a las 5:53 pm

    Muy interesante David.
    ¿Crees que la forma de las redes era similar en las organizaciones terroristas tradicionales a las redes jihadistas?
    Davicius, estoy de acuerdo contigo,no debemos menospreciar la utilización del Islam como elemento identitario global que permite a las redes suicidas extenderse por todo el planeta.

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