De los dos conceptos de libertad de Berlin al derecho a segregación
A raiz de un comentario de Carlos Boyle y de un documental de Curtis que recomendaba, pasé este fin de semana repasando a Isaiah Berlin.
Curtis hace una crítica de Dos conceptos de libertad que llega justito justito hasta las puertas de la crítica a la concepción protestante del individuo… pero se queda ahí sin entender demasiado y tras haber liado demasiadas cosas.
Según Curtis la libertad negativa -es decir, la que se vive cuando no te es impuesta coherción ilegal- es la vivida por los individios en el mercado… pero en realidad no basta para organizar la idea de una sociedad democrática o inclusiva, puesto que los individuos, en política no actúan sólo como tales, sino movidos por una cierta idea positiva de libertad, por un objetivo social, un deseo de cambio que daría sentido a la sociedad y fundamento a lo político. Si a la democracia se le trata de despojar de esto, concluye Curtis, el resultado sería el caos iraquí, afgano o el autoritarismo ruso.
Sinceramente creo que el surgimiento de los paraestados y las sociedades de bandas se explica mejor desde la teoría de las sombras del estado que sobre las categorías de Berlin… pero en cualquier caso y volviendo al espíritu del post que abría el debate creo que tanto Curtis como Carlos caen en la trampa protestante: admitir al individuo como sujeto de esas categorías.
En realidad tanto en el mercado como en el espacio público el sujeto es la persona. Persona que a veces (normalmente frente a redes identitarias y casi siempre frente al estado) actúa como individuo, pero que otras (cuando lo identitario es relevante, ya sea en el ágora o en el mercado) actúa en tanto que miembro de una red o grupo.
Así, en general, podemos decir que ni los individuos ni los grupos son los sujetos de lo político, sino las personas actuando según una lógica individual o una lógica de pertenencia. La persona no es el individuo, porque en la persona también define y limita el comportamiento la red, las redes en las que se incluye y que define, redes que olvidamos cuando hablamos de individuo.
Al individualizar a la persona los conceptos berlinianos se hacen estrechos. La libertad negativa de Berlin (hoy remozada y vuelta al debate social a través de Petitt) no es en realidad y solamente un compromiso de que la persona no será obligada -ilegalmente- a realizar algo que no quiera.
Se trata de algo más profundo: la libertad de segregación. No se trata de que el estado o las redes no puedan fijar normas positivas que nos obliguen, por ejemplo, a pagar impuestos, cumplir cuotas, ir a la guerra o asistir a un mínimo de reuniones asociativas o ceremonias religiosas. Se trata de que en cualquier momento podamos hacer efectivo nuestro derecho a abandonar el espacio político cuyas normas no nos resultan aceptables. En pocas palabras, se trata de que seamos libres de borrar nuestra firma al pie del contrato social de tal o cual comunidad política (sea nuestra Iglesia, nuestro partido, nuestra red de amigos o el estado que nos considera sus ciudadanos).
Por eso las tiranías comienzan siempre poniendo impedimentos a la salida del territorio estatal, controlando pasaportes, impidiendo que la gente lleve a sus hijos consigo, saque su dinero del país cuando viaja o simplemente pueda volver, si cambia de país de residencia.
Por eso asociamos las sectas a la coherción y el chantaje de aquellos que quieren abandonarlas.
Por eso las políticas restrictivas de visados, controles aeroportuarios, etc. refuerzan no sólo las tendencias autoritarias en los países de origen de quienes las sufren en Barajas, sino también las tendencias disciplinarias y antidemocráticas en el cuerpo mismo del estado que las anima.
Por eso la idea de un único cuerpo político mundial, de unos Estados Unidos de la Tierra, es profundamente totalitaria, por democráticos que se pinten. Un mundo bajo una única ley, bajo un único gobierno, sin posibilidad de exilio, refugio o huida es un mundo terrorífico, una golosina para la arbitrariedad estatal que por definición se vería libre de crítica, oposición exterior o juicio independiente.
La primera libertad es la liberad de segregarse, de abandonar la comunidad política a la que llegamos por azares del nacimiento o por elección. Aún cuando no la ejerzamos, aún cuando sigamos perteneciendo a las mismas redes y pagando impuestos al mismo estado toda nuestra vida, esa será la libertad que realmente nos haga más libres, al ser la única garantía del resto de libertades que podamos defender.
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Fantástico David!
De tu curiosidad insobornable…, lo que más me gusta /y te agradezco por compartir) es la lectura apasionada, la recuperación de textos de referencia. La banalización acelerada en la que buena parte de los activistas están instalados nos arrastra a todos. A casi todos.
Gracias por este texto magnífico.
Gracias por pensarlo, escribirlo y publicarlo.
Una pequeña contribución: Hablando de las comunidades de “partidos”…
Espero que os interese:
“Cuando un partido se da cuenta de que un afiliado se ha convertido de un adepto incondicional en un adepto con reservas, tolera esto tan poco que, mediante toda clase de provocaciones y agravios, trata de llevarlo a la defección irrevocable y de convertirlo en adversario; pues tiene la sospecha de que la intención de ver en su credo algo de valor relativo que permite un pro y un contra, un sopesar y descartar, sea más peligrosa para él que un oposición frontal.”
Friedrich Nietzsche
Un abrazo fuerte
David, te agradezco por tu comentario y de haberte ocupado de ver el film. No soy un experto en libertad ni creo que ese sea el punto principal en discusión. El punto para mi es cómo definir la libertad, y en eso el film de alguna forma hace un aporte, dentro de la complejidad, la libertad definida como diferencia, como libertad que surge de mi identidad compleja. La libertad que surge a partir de que soy por diferenciarme de mi entorno, y ese proceso cómo se replica a medida que surgen los otros con los que conformamos la red social en el sentido de Luhmann.
Si yo formo parte de la red, que a su vez surge como diferencia al igual que yo, le estoy transfiriendo propiedades identitarias al grupo a la vez que la red me las transmite a mi, y esto impone reglas identitarias grupales propias de la red y que tengo que respetar, pero ya no como libertad individual, como una libertad unitaria, sino como grupal y eso crea obligaciones y pertenencias que en la medida que se crean se pueden romper, así me puedo mover de una red a otra, pero ojo, toda red tiene su piel social. Esa frontera difusa marca límites, sirve de dispositivo perceptivo (vínculos débiles, marginales) y sirve además de intercambio con el medio. Rasgarla siempre tiene costos, por eso es que somos conservadores natos.
Tu anteúltimo párrafo es impecable, el problema que planteás es la falta de entorno, como consecuencia la falta de diferencia y por ende la imposibilidad de que algo nuevo emerja. Si no tengo un entorno contra qué diferenciarme no has identidad, no hay yo.
Una cosa mas, para dentro de la red el manejo es fraternal, esto quiere decir que existen esas reglas básicas que nadie puede romper, para no sentirse aislado, como dice Nolle Neumann y que si las respetas, como dice Peyton Young, obtenés “un refuerzo social”.
Cuenta Rubén Blades que para coronar una carrera de grandes éxitos, personales y públicos aceptó encabezar una lista en donde iba candidato a presidente de Panamá. Le fue muy bien, sacó muchísimos votos, salió tercero y comenta que fue una suerte para él no haber ganado, porque de haberlo hecho no hubiese podido hacer otra cosa que eso, ser presidente de Panamá, y lo pone en estos términos, “ni siquiera hubiese podido salir del país”. (vive en EEUU)
David, magnífico post. Da gusto empezar así la semana. Creo que “el derecho a separarse” es una forma mucho más amplia para definir la ausencia de veto. La ausencia de veto no puede existir cuando hay derecho a separarse. Si bien esta última es mucho más amplia y recoge también otros aspectos más generales. Está guay la reflexión.
Antoni, magnífica cita recuperada (esa está en Políticas, ¿no?).
Carlos, todos somos expertos en libertad al menos en el sentido más básico: todos queremos ser libres y nos cabreamos cuando estamos forzados a hacer algo
Gracias amigos!
La cita es preciosa Toni.Gracias por los ánimos.
Estoy con Versvs en que todos somos “expertos” en libertad. Carlos además -basta leer sus comentarios o sus posts- es alguien que reflexiona con profundidad.
El comentario que haces, Carlos, me lleva un pasito más allá. La libertad de separarse es tanto más efectiva cuanto menores son los costes de hacerlo… y los costes son mínimos en ausencia de territorialidad en la definición del demos. También por eso nos sentimos más libres en las redes virtuales, porque el coste de salir de ellas es mínimo en comparación con los de una comunidad que nos “rodee” literalmente, físicamente.