El nacionalismo del siglo XIX se planteó ahondar las diferencias lingüísticas para hacer coincidir el mapa de lenguas con el mapa de naciones estado. Hoy, en lógica de red, el plurilingüismo deja de buscar de cajones estancos.
Noah Webster fue el compilador del primer diccionario de inglés hecho en Estados Unidos. En el prólogo de la primera edición escribió:
As an independent nation, our honor requires us to have a system of our own, in language as well as government
Nacionalizar la lengua inglesa, tornarla americano, tan diferente del inglés europeo como la constitución jeffersoniana del parlamentarismo británico. Ese era el objetivo. Si hoy nos parece de una cierta artificialidad, en 1808, cuando apenas llegaba a la edad adulta la primera generación nacida en unos EEUU independientes.
Pero no nos extrañemos. También hay una cierta artificialidad cuando se trata al portugués u otros latines occidentales como si fueran lenguas incomprensibles a pesar de las abrumadoras similitudes gramáticas y léxicas.
Por supuesto siempre existieron también reacciones contrarias, reunificadoras, como la del gran matemático italiano Giuseppe Peano. La leyenda dice que creó “il latino sine flexione” harto de tener que dirigirse a sus colegas extranjeros en alemán o inglés en los congresos internacionales. Hackeó nuestros idiomas. En un famoso discurso que comenzó en latín clásico fue proponiendo eliminar de la gramática de éste aquellas cosas que las lenguas latinas vivas habían en su mayoría dejado atrás: las flexiones (casos, declinaciones, sobreabundancia de tiempos verbales…). Conforme iba desgranando sus propuestas las iba aplicando a su propio discurso… que ganaba comprensibilidad para sus oyentes conforme avanzaba. No fueron pocos los que se entusiasmaron. Aquel discurso fue el origen de la primera interlingüa.
Pero el futuro no parece estar en nuevos modelos de lenguas auxiliares, mucho menos en nacionalizar las lenguas marcando sus diferencias al estilo del viejo Webster. Hoy, cuando la voluntad de hacer redes se impone sobre la de trazar fronteras, el espíritu de la red nos lleva a entender la lengua del otro sin renunciar a expresarnos en la propia.
Una dinámica he visto aparecer espontáneamente en Brasil en nuestras propias relaciones y que en Barcelona he podido experimentar como parte de las formas de trabajo establecidas de algunas grandes empresas. Es hermoso ver por ejemplo una reunión de trabajo en la que se usan al mismo tiempo el catalán y el español (a veces incluso el inglés) con naturalidad. Cada uno expresándose con frescura en su propia lengua materna. Todos entendiendo la de los demás… aunque sea dentro de las fronteras amplias de nuestro campo lingüístico cultural desde luego parece la solución más práctica: vender en la lengua del otro, trabajar en la propia con la de los demás, vivir en la diversidad.
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los conceptos de lenguas y dialectos me parecen peligrosos en sí mismo. lo que diferencia a unas de los otros es normalmente un ejército y muy raramente aspectos realmente lingüísticos.
lo que comentas en la entrada está muy relacionado con la teoría del sequilingüismo (defendida, entre otros, por el catedrático de la uam moreno cabrera). lo más sencillo para que todxs nos comuniquemos adecuadamente es que aprendamos a entender las demás lenguas (sin necesariamente saber utilizarlas necesariamente). la competencia pasiva es mucho más rápida que la activa y, en algunos casos (como el de hablantes de portugués, español, italiano, catalán…) casi inmediata.
otra ventaja del sequilingüismo es que, a diferencia de las interlinguas artificiales, respeta la diferencia. pretender que hablemos igual no tiene sentido porque los contextos para los que necesitamos esa herramienta que es la lengua son diferentes. es la otra cara de la anécdota que comentas de webster: nuestra forma de expresarnos se diferencia de forma natural si estamos en contextos distintos. sin olvidar que, dentro de ese “natural”, habría que englobar probablemente el deseo de mostrar a qué grupos pertenecemos y a cuáles no… si es improbable que alguien de clase social baja quiera “sonar” igual que uno de clase alta (y viceversa), cuánto más difícil será entre dos países diferentes (y con un pasado de dependencia impuesta).
un saludo (siento haberme extendido tanto),
“Hoy, cuando la voluntad de hacer redes se impone sobre la de trazar fronteras, el espíritu de la red nos lleva a entender la lengua del otro sin renunciar a expresarnos en la propia.”
De hecho, esta es la base de la convivencia entre catalán y castellano en cataluña y baleares. por ejemplo, recuerdo que en la universidad (en el instituto era 3/4 de lo mismo) los profesores hablaban y los alumnos hablaban el idioma que querían. No era raro escuchar a un alumno preguntar en castellano a un profesor que daba la clase en catalán (y al revés), lo que se vivía con una normalidad absoluta. Los exámenes solían estar escritos en catalán (no siempre) y el alumno contestaba en el idioma que quisiera, sin ningún problema. Lo mismo he vivido yo en mi familia, con mis tías que hablan castellano.
a nivel profesional he vivido lo mismo en la investigación, son bastantes los brasileños y portugueses que pasan por mi laboratorio y cuando hablo con ellos, cada uno habla su lengua.
con los italianos, es una lástima, es diferente. estos, que están en pleno proceso de matar su riqueza lingüística al modo francés (oír a un italiano hablando de los “dialectos” pone los pelos de punta, es idéntico a oír a un francés hablar de los “patois”). los italianos, pues, tienen cierta aversión a la flexibilidad lingüística y con ellos, suelo hablar inglés (a lo mejor mi visión de la cosa es sesgada).
esperemos que la gente se de cuenta de que el secreto es aprender (pasivamente) el mayor número de lenguas posibles. el problema es que, en general, esto solo funciona con lenguas cercanas, así, sólo nos serviría en el marco latino.
pero no es tan grave, ya que el marco latino es el nuestro, como bien explicas.
por cierto, fue a una cena en la que había rumanos. durante la cena hablamos en francés. en un momento nos pusimos a hablar del nombre de Rumanía. yo expliqué a los rumanos que este nombre proviene de “Roma” y que suponía que era el nombre dado por los vecinos eslavos. Ellos no lo sabían así que buscamos en internet y encontramos páginas en rumano que lo explicaban. los rumanos se sorprendieron de que yo pudiera leer en rumano (bueno, tengo que confesar que el tema de la preposiciones es imposible, pero el resto es bastante fácil).
el resumen es que el nacionalismo se ha cargado completamente la incomprensión entre lenguas latinas. la gente no es consciente de las posibilidades que tiene el reciclar un par de lenguas latinas para entender una tercera.
que lástima que el continuo lingüístico latino esté muerto.
miro mis feeds y la gran mayoría son en inglés :’(