Una nueva izquierda, ligada a la siniestra Nueva Era y al neomalthusianismo más feroz está en marcha. Se define por renegar de Marx justo en aquello que hoy le da talla histórica, en aquello que acertó.
Ayer Pere Quintana escribía un artículo contra la última genialidad de la izquierda francesa: la renta básica (no confundir con los salarios sociales españoles, como bien puntualizaba Daniel Bellón).
Pere destacaba el totalitarismo implícito en el modelo social que late bajo el proyecto. Un totalitarismo de la misma naturaleza que ese Decrecimientismo tecnófobo y reaccionario cuyo profeta y portavoz español, Marcel Coderch, acaba de ser elevado a la vicepresidencia de la Comisión del Mercado de Telecomunicaciones por el todavía Ministro Montilla.
Y es que hay en marcha una nueva izquierda, anticientífica, tecnófoba y brutalmente reaccionaria. Y uso aquí reaccionario exáctamente en el mismo sentido en que lo usaba Marx: estos tipos no niegan el capitalismo porque defiendan una forma de desarrollo alternativa, sino porque niegan el desarrollo sin más.
Quieren volver a formas precapitalistas donde el desarrollo de la productividad sea menor o se estanque, por eso abogan abiertamente por el decrecimiento y abrazan el catastrofismo energético. Lean y juzguen por si mismos.
Esta nueva izquierda, ligada a la siniestra Nueva Era y al neomalthusianismo más feroz, se define por renegar de Marx justo en aquello que hoy le da talla histórica, en aquello que acertó:
- Entender la tecnología como la mediadora entre Humanidad y Naturaleza; y en consecuencia a la libertad como un grado de independencia respecto a la segunda. Marx entendía la revolución industrial como una gran gesta liberadora. Tan liberadora que nos había permitido fijar incluso horarios de trabajo independientemente del ciclo solar y de las estaciones. Tan liberadora que había convertido las relaciones de servidumbre y la esclavitud en restos del pasado. Tan revolucionaria que había dado pie a la globalización:
La burguesía vino a demostrar que aquellos alardes de fuerza bruta que la reacción tanto admira en la Edad Media tenían su complemento cumplido en la haraganería más indolente. Hasta que ella no lo reveló no supimos cuánto podía dar de sí el trabajo del hombre. La burguesía ha producido maravillas mucho mayores que las pirámides de Egipto, los acueductos romanos y las catedrales góticas; ha acometido y dado cima a empresas mucho más grandiosas que las emigraciones de los pueblos y las cruzadas.
La burguesía no puede existir si no es revolucionando incesantemente los instrumentos de la producción, que tanto vale decir el sistema todo de la producción, y con él todo el régimen social. Lo contrario de cuantas clases sociales la precedieron, que tenían todas por condición primaria de vida la intangibilidad del régimen de producción vigente. La época de la burguesía se caracteriza y distingue de todas las demás por el constante y agitado desplazamiento de la producción, por la conmoción ininterrumpida de todas las relaciones sociales, por una inquietud y una dinámica incesantes. Las relaciones inconmovibles y mohosas del pasado, con todo su séquito de ideas y creencias viejas y venerables, se derrumban, y las nuevas envejecen antes de echar raíces. Todo lo que se creía permanente y perenne se esfuma, lo santo es profanado, y, al fin, el hombre se ve constreñido, por la fuerza de las cosas, a contemplar con mirada fría su vida y sus relaciones con los demás.
La necesidad de encontrar mercados espolea a la burguesía de una punta o otra del planeta. Por todas partes anida, en todas partes construye, por doquier establece relaciones.
La burguesía, al explotar el mercado mundial, da a la producción y al consumo de todos los países un sello cosmopolita. Entre los lamentos de los reaccionarios destruye los cimientos nacionales de la industria. Las viejas industrias nacionales se vienen a tierra, arrolladas por otras nuevas, cuya instauración es problema vital para todas las naciones civilizadas; por industrias que ya no transforman como antes las materias primas del país, sino las traídas de los climas más lejanos y cuyos productos encuentran salida no sólo dentro de las fronteras, sino en todas las partes del mundo. Brotan necesidades nuevas que ya no bastan a satisfacer, como en otro tiempo, los frutos del país, sino que reclaman para su satisfacción los productos de tierras remotas. Ya no reina aquel mercado local y nacional que se bastaba así mismo y donde no entraba nada de fuera; ahora, la red del comercio es universal y en ella entran, unidas por vínculos de interdependencia, todas las naciones. Y lo que acontece con la producción material, acontece también con la del espíritu. Los productos espirituales de las diferentes naciones vienen a formar un acervo común. Las limitaciones y peculiaridades del carácter nacional van pasando a segundo plano, y las literaturas locales y nacionales confluyen todas en una literatura universal.
La burguesía, con el rápido perfeccionamiento de todos los medios de producción, con las facilidades increíbles de su red de comunicaciones, lleva la civilización hasta a las naciones más salvajes. El bajo precio de sus mercancías es la artillería pesada con la que derrumba todas las murallas de la China, con la que obliga a capitular a las tribus bárbaras más ariscas en su odio contra el extranjero. Obliga a todas las naciones a abrazar el régimen de producción de la burguesía o perecer; las obliga a implantar en su propio seno la llamada civilización, es decir, a hacerse burguesas. Crea un mundo hecho a su imagen y semejanza.
2. la idea que a él mismo le parecía más genial de todo su trabajo: entender que cuando la tecnología permitía un salto cualitativo, las relaciones sociales basadas en la división del trabajo (que se materializan bajo formas jurídicas de propiedad) entran en crisis.
Tanto las relaciones jurídicas como las formas de Estado no pueden comprenderse por sí mismas ni por la llamada evolución general del espíritu humano, sino que radican, por el contrario, en las condiciones materiales de vida cuyo conjunto resume Hegel, siguiendo el precedente de los ingleses y franceses del siglo XVIII, bajo el nombre de, y que la anatomía de la sociedad civil hay que buscarla en la economía política. En Bruselas, adonde me trasladé en virtud de una orden de destierro dictada por el señor Guizot, hube de proseguir mis estudios de economía política, comenzados en París. El resultado general a que llegué, y que, una vez obtenido, sirvió de hilo conductor a mis estudios, puede resumirse así: en la producción social de su existencia, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se eleva un edificio [Uberbau] jurídico y político y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material determina [bedingen] el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad chocan con las relaciones de producción existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí.
De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica se revoluciona, más o menos rápidamente, todo el inmenso edificio erigido sobre ella. Cuando se estudian esas revoluciones, hay que distinguir siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en una palabra, las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo y del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a estas épocas de revolución por su conciencia, sino que, por el comentario, hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción. Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más altas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado en el seno de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, pues, bien miradas las cosas, vemos siempre que estos objetivos sólo brotan cuando ya se dan, o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización.
Si Marx viviera ahora, estaría como loco. Pensaría que ahora sí que el comunismo (la lógica de la abundancia en la que el estado y la decisión colectivas no son necesarias) es por fin posible, de hecho inmediato. Diría que Internet es “la forma al fin alcanzada” de distribución y producción comunista y batallaría por la abolición de la propiedad intelectual.
Desde luego no hablaría de decrecimiento, no peroraría contra la productividad y mucho menos plantearía como inevitable, al estilo de Coderch, la reducción de la población mundial. Al contrario, planearía cómo extender la abundancia de la red a otros aspectos de la vida cuanto antes para poder disfrutar de una vez de las bases materiales de una ética ubuntu.






Creandote un usuario en un
Puedes ver los 23 posts más actualizados de mi
Puedes ver las estadísticas de este blog -entre otros- en el 
Menos mal que en la UE están también Alemania, UK y Holanda y ciertas insensateces no prosperarán…
Recurriendo también al sustrato marxiano: El desarrollo del factor objetivo (las tecnologías) no sirve de nada si no va paralelo a un ascenso del factor subjetivo (la comprensión de las redes distribuidas), pues su desequelibrio crea una suerte de tecnocracia burocrática (de corte Stalinista).
Muy ilustrativo tu post, David.
Lo que me ha dejado flipando es el nombramiento de Marcel Coderch. El único día que lo vi estuvo, sinceramente, desacertado.
Un apunte, David: aunque pueda estar en ocasiones, en desacuerdo con tus ideas, desarrollas muy bien tus argumentos, por lo que es fácil seguirte y ver en qué punto uno diverge de ti. Salvo en un aspecto: en ciertos temas personalizas demasiado… sacas a Marcel Cordech y en vez de ideas y argumentos, parece que la motivación es una desavenencia personal, una crítica a la persona y entonces es cuando a uno le entra la duda ¿realmente David opina esto o es un argumento para criticar a Marcel? Creo que ese artículo habría ganado si no le hubieras mencionado. Quizás sí mencionar AEREN o crisisenergetica.org, pero evitando ese tono de crítica personal.
Es una sensación que me ha venido, quizás sea errónea, pero me parecía importante compartirla contigo por si consideras que tienes que tenerla en cuenta.
Indarki, no critico a Coderch, lo denuncio igual que denunciaría a Donald Hubbart (padre de la cienciología) si le nombraran vicepresidente del Consejo escolar del estado.
Coderch es el líder de una secta conspiranoide y tecnófoba… y van y le nombran vicepresidente de la CMT. No es un desacierto, es una atrocidad. Han pillado poder, empezando por su líder. No es nada personal, no es crítica… es deseo de supervivencia. ¿O tu estás tranquilo cuando tu gobierno nombra para un cargo tan importante a alquien que defiende esas locuras? ¿Estás de acuerdo con él, como ha publicado en este blog, en que la población mundial debería reducirse en 3/4? ¿Te parece sensato tener a cargo de instituciones a personas que piensan así?
Por cierto, ¿podrías decirme un sólo caso donde haya hecho un argumento ad-hominem? Podrías señalarme cuando he utilizado el blog para saldar cuentas personales? Creo que no podrías porque simplemente no es mi estilo. Aquí el que de entrada ha ido con descalificaciones ad-hominem y con amenazas de todo tipo contra los argumentos del que pensaba distinto (fueran los ecologistas, las empresas o yo mismo) ha sido justamente…. Coderch. Y lo siento, no se puede diluir la denuncia en una \”crítica general\”. Será muy bonito pero no toca porque es gravísimo que le hayan promocionado así. Tan grave como fue el ascenso al poder de los eugenistas antes de la guerra mundial.
Aqui se trata de ELITISMO, como en la MADRE TIERRA que solo sobreviven los listos o poderosos.
Te pongo un texto sobre el tema del pachamamismo
Los principios fundamentales de la Ecología Profunda Las siguientes, son las \”leyes de conciencia\” enumeradas por el fundador de la Deep Ecology, Arne Naess:
1.- \”El bienestar y el florecimiento de la vida humana y no humana en la Tierra tienen valor en sí mismos. Estos valores son independientes de la utilidad del mundo no humano para los objetivos humanos\”. (Esta es la base del pensamiento de la Deep Ecology, al considerar que las leyes biológicas se anteponen a las humanas).
2.- \”La riqueza y la diversidad de las formas de vida son valores en sí mismos y contribuyen al florecimiento de la vida humana y no humana en la tierra\”.
3.- \”Los humanos no tienen derecho a reducir esta riqueza y esta diversidad, salvo para satisfacer necesidades vitales\”. (Sobre este punto, es necesario advertir que Naess considera que los seres humanos ya estamos pasados del nivel cuantitativo óptimo y que toda intervención actual no reviste de una \”necesidad vital\” que la justifique. Para Naess, el número apropiado de seres humanos en el mundo nunca debió superar los 100 millones).
4.- \”La interferencia humana actual en el mundo es excesiva y la situación empeora en cada momento\”.
5.- \”El florecimiento de la vida y la cultura humanas es compatible con un descenso sustancial de la población humana. El florecimiento de la vida no humana requiere ese descenso\”. (Naess era un decidido defensor de lo que denominaba \”el derecho a un aborto seguro\” que tuviera por consecuencia el descenso poblacional, algo que los actuales ecologistas profundos esconden tercamente).
6.- \”Deben cambiarse las políticas que afecten a las estructuras económicas, tecnológicas e ideológicas básicas\”. (Esto explica la tendencia intervensionista).
7.- \”El cambio ideológico consiste fundamentalmente en apreciar la calidad de vida viviendo en situaciones de valor inherente, más que adherirse a un nivel de vida cada vez más alto\”.
8.- \”Aquellos que acepten los puntos anteriores, tienen la obligación de participar en la habilitación de los cambios necesarios y hacerlo de manera pacífica y democrática\”. (Hemos visto, sin embargo, que esto no siempre ha sido así).