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Sábado, 17 de Noviembre de 2007La Propiedad Intelectual y sus alternativas: Creative Commons vs DevoluciónVersiones Latoc ¿Por qué los economistas ya no defienden el copyright y las patentes?El argumento convencional a favor de la existencia de un monopolio legal sobre la invención o la creación artística e intelectual en favor del autor (que eso y no otra cosa es lo que llamamos propiedad intelectual) tiene dos partes.
En consecuencia, decía la argumentación convencional, si queremos que exista la actividad creativa de que se trate es necesario hacer viable el monopolio incrementando artificialmente el coste de la reproducción del producto que incorpora la invención. Hasta hace 5 años casi todos los economistas tenían este argumento convencional grabado en su disco duro pero ya había experiencias que señalaban que la realidad, merced al desarrollo de las tecnologías de comunicación distribuida, estaba cambiando. La música era tal vez el ejemplo más popular, pero la industria que más llamaba la atención de los economistas era otra. Una industria que se adaptó antes que ninguna otra a Internet y donde la propiedad iintelectual tenía difícil reclamo, pero que, sin ninguna duda era de las más innovadoras del nuevo entorno: el porno. El cambio de paradigma comenzó en Mayo de 2002, cuando los profesores en UCLA Michele Boldrin y David Levine publicaron en la American Economic Review el primero de una serie de artículos y papers que demostraban la no necesidad de la existencia de propiedad intelectual para la existencia de incentivos a la innovación en un marco como el actual. Los resultados dejaban claro que si la invención o idea creativa está incorporada en un producto (lo que es siempre el caso); si la reproducción o imitación o copia exige una cierta formación intelectual ó técnica que hace que la imitación nunca sea sin costes (lo que ocurre en general) y si hay límites a la capacidad de reproducción (lo que es bastante obvio en la mayoría de los casos), el valor descontado presente de las cuasi-rentas que recibe el creador inicial en ausencia de copyrights o patentes, es positivo y crece a medida que se reducen los costes de reproducir el producto en el cual la idea se incorpora. Es decir, la disponibilidad de ordenadores e internet informáticas que abaratan el coste de reproducir y transmitir informacion hará crecer, no disminuir, los beneficios que pueden obtener los autores en ausencia de la protecion ofrecida por el copyright. En consecuencia y de forma general, el autor no necesita el monopolio para tener incentivos y no sería necesario el copyright para encarecer artificialmente el coste de la reproducción o copia. Pero, en la práctica, ¿no son necesarias las patentes?En poco tiempo, el modelo de Boldrin y Levine se incorporó al corpus de la teoría económica y hoy es ya tan convencional como en su día fue la argumentación favorable al copyright. Otra cosa son las ideas socialmente aceptadas. De hecho, algunos sectores industriales han conseguido afianzar en la población la falacia de la necesidad de un monopolio. Paradójicamente, el de mayores costes sociales, la industria farmaceútica, sea el que más éxito ha tenido aunque los propios Michele Boldrin y David K. Levine en su ya famoso libro que continúa el paper del 2002 no sólo no hagan ninguna excepción, sino que recogiendo todas las referencias del análisis económico de los últimos años, den como ejemplo a las farmaceúticas de una industria donde la patente ha resultado desincentivadora para la innovación. En realidad hacia donde apuntan los análisis económicos es a señalar que el efecto del sistema de patentes farmaceúticas a lo que ha llevado ha sido a la generación de una costosísima industria improductiva y altamente concentrada: las patentes no han financiado la innovación y el I+D sino el marketing y la concentración monopólista. Como escriben Xabier Barrutia Etxebarría y Patxi Zábalo Arena, profesores del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad del País Vasco en un artículo republicado por CIDOB:
Imaginar un mundo sin patentes farmaceúticas no consiste en buscar incentivos alternativos, sino en imaginar como los incentivos de mercado van a poner en marcha de nuevo la competencia por innovar, crear nuevos medicamentos y tener líneas más efectivas de investigación y baratas de producción, acabando con la competencia actual, centrada en el costosísimo control de los canales de prescripción y el asalto mediante lobbies de las instituciones reguladoras (básicamente la EMEA europea y la FDA norteamericana, financiadas por cierto, en más de un 75% por la propia gran industria). El sistema ha funcionado: según datos de la propia industria, los cinco mayores laboratarios acaparan el 25% del valor de la producción mundial. No nos engañemos, las grandes farmaceúticas colaboran más que compiten en aquello que la patente les fundamenta: el bloqueo de posibles nuevos concurrentes. Que se lo digan si no a ilustres innovadores zancadilleados en el proceso regulatorio, como Patarroyo o Zeltia. El impacto de la devolución en esta industria reduciría el tiempo de explotación exclusiva de los medicamentos por debajo de los cuatro años. Conforme avanzara la tecnología de síntesis es probable que llegara incluso a rondar los dos años, que es el record actual de plagio, acusado aunque nunca demostrado en el caso del Warfarin, la versión genérica de un anticoagulante llamado Coumadin patentado originalmente por DuPont Pharmaceuticals Inc. Lo interesante del caso Coumadin es que sigue generando unos ingresos de unos 500 millones de dólares anuales a DuPont. Según el Wall Street Journal el gasto mensual por paciente costaría 35.50 dólares frente a los 28.60 del genérico. Sin embargo, a pesar de la diferencia de precios, Coumadin sigue reteniendo casi el 80% del mercado. Algo parecido nos dice la experiencia del Zovirax, la famosa pomada contra el herpes labial, quien a pesar de existir un genérico (aciclovir) hasta seis veces más barato, conserva diez años después un 66.5% del mercado. Esto se debe a que en los países ricos, los mayores consumidores mundiales de medicamentos, los precios en relación a las rentas medias, son lo suficientemente bajos como para que los consumidores mantengan estrategias conservadoras y fidelidad a las marcas. Los grandes beneficiarios de los genéricos son los países periféricos, los sistemas nacionales de salud y a través de estos las personas de rentas más bajas. Pero por lo mismo, en la industria farmaceútica, el que llega primero, el innovador, tiene incentivos más allá de la patente suficientes como para justificar y rentabilizar sobradamente el I+D. Hoy Coumadin sigue siendo el producto estrella de DuPont, fundamental dentro de las cuentas de la multinacional, a pesar de haber sido uno de los pocos casos donde la aparición casi simultánea de un genérico crea una situación asimilable a la que se daría en ausencia de patentes. Un mercado farmaceútico sin patentes vería pues con toda probabilidad una inversión mayor en I+D pues sólo la innovación garantizaría rentas extraordinarias temporales cercanas a las de monopolio. Pero también vería una rápida extensión de las innovaciones, bajo la forma de genéricos, en los países menos desarrollados. En algunos segmentos como los fármacos ligados a epidemias, llevaría sin duda a las farmaceúticas a aceptar riesgos mayores manteniendo stocks disponibles más amplios pues ante una amenaza de pandemia los laboratorios de genéricos podrían ocuparle parte del mercado. Lo que en estos días estamos viendo en Europa con el Taminflu es conocido de sobra en los países periféricos, con un alto precio en vidas humanas, algo que podríamos llamar el precio social de la patente. Pretender solventar estas situaciones mediante compra -es decir, sólo cuando afectan a los países ricos- es inmoral (sobre todo después de las experiencias con la malaria en buena parte del Tercer Mundo o el SIDA en Sudáfrica). Pretenderlo mediante expropiación contraproducente, pues existiendo las patentes, reorientará las inversiones hacia otro tipo de enfermedades y frenará la investigación de fármacos ligados a las nuevas epidemias. La única solución a medio plazo es la devolución. La práctica social de la innovación y la creación en la sociedad digitalPero Internet no sólo está transformando la generación de incentivos. También está modificando los entornos donde se genera la innovación. Durante los últimos dos años se han escrito miles de artículos, libros y posts sobre el concepto web 2.0. Todos los analistas y teóricos, desde Juan Urrutia que fue seguramente el primero en teorizar el tema allá por 2003 ([1], [2 y sobre todo [3]) hasta hoy, pasando por Tim OReilly que acuñó el término un par de años más tarde, coinciden en que la novedad fundamental aportada por esta fase de la evolución de los servicios de Internet es la confusión de papeles entre consumidor, productor e intermediario. La esencia de la web 2.0 al fin es la aparición de repositorios masivos como YouTube o Flickr que son el resultado de la puesta en disposición de materiales por una gran masa de usuarios distintos que generan un poderoso efecto red que periclita el atractivo de hacer valer los derechos legales monopolísticos: el valor de lo que pongo a disposición de la red siempre será menor que lo que pertenecer a la red me ofrece. Es más, dada la lógica de las comunidades distribuidas, cuanto más uso se haga de aquello que yo comparto y ofrezco mayor será el valor presente que la sociedad adjudique a mis creaciones futurasa. Pero la web 2.0 es sólo un primer apunte del modo de innovación y creación que está cuajando. En los últimos meses han ido cobrando relevancia una serie de herramientas que van un paso más allá y generan un entorno que ya empieza a conocerse como web 2.1. La esencia de este nuevo modelo social y comunitario es fomentar la creación individual a partir de un repositorio colectivo, el bricolage digital. Si YouTube es simplemente un gran repositorio audiovisual, Jumpcut, su alternativa 2.1, no sólo permite descargar los vídeos de otros, sino remontarlos, mezclarlos con contenidos de cualquier usuario y volver a poner el resultado, como un objet trouvé, a disposión de quien quiera seguir con la gran digestión social. La web 2.1 escenifíca de manera radical lo que es una referencia común en el mundo del arte y la ciencia: no hay tanto creación, como postproducción. Aportes y propuestas individuales que generan capas de sentido a partir de un gran almacen social preexistente. Un bricolage individual sobre el acerbo social. Continua propuesta. El mito del autor como creador, trasposición moderna de la figura divina, portadora de la gracia, se revela definitivamente como un rey desnudo. Creative CommonsCreative Commons es un sistema de licencias de propiedad intelectual y una organización dedicada a dar soporte a su uso publicadas originalmente por el jurista norteamericano Lawrence Lessig el 16 de diciembre de 2002. En 2003 Lessig defendió ante la Corte Suprema de EEUU la inconstitucionalidad de la Sonny Bono Copyright Term Extension Act (CTEA), una ley que extendía temporalmente los derechos de propiedad intelectual. El juicio, que perdió finalmente quedó para la jurisprudencia como Eldred contra Ashcroft. Lessig argumentó que la reducción legal del procomún bajo Dominio público significaría una pérdida económica para la comunidad en su conjunto y que lejos de aumentar los incentivos a la innovación los reduciría. El cliente bajo cuyo nombre actuaba era Eric Eldred, un editor con diversas empresas on y off line dedicadas a la difusión de obras bajo dominio público. Con Creative Commons, Lessig pretendía mostrar como la extensión temporal del monopolio legal sobre las creaciones podía equilibrarse mediante un sistema de licencias que permitiera a los autores reducir en determinados casos el alcance de sus derechos exclusivos mediante su cesión al público. El sistema de licencias Creative Commons plantea la propiedad intelectual como un continuo entre el todos los derechos reservados y el dominio público donde los autores pueden elegir distintos grados de protección atendiendo a cuestiones somo si permiten el uso comercial por terceros, la utilización para la creación de obras derivadas o si incorporan o no una clausula viral que obligue a que las obras derivadas tengan que tener una licencia igual. Como plantea la organización CC en su sitio oficial, su objetivo es animar a los autores a colocarse en algún lugar intermedio, declarando some rights reserved, algunos derechos reservados:
Según declaraciones del propio Lessig, más del 90% de las licencias Creative Commons en funcionamiento en contenidos online implican un grado de protección monopolista mayor que el dominio público y más de la mitad de ellas impiden la generación de obras derivadas. ¿CC o Devolución?
Creative Commons se plantea por tanto la misma cuestión que el Movimiento por la Devolución: ¿¿Qué hacer con el régimen de propiedad intelectual?? Pero CC responde que no es necesaria la reforma legal, que puede solucionarse en términos de elección individual y no en términos políticos lo cual es un mensaje político en si mismo, dado que si no es necesaria la reforma, el sistema de propiedad intelectual se legitima y refuerza con el uso de Creative Commons en vez de cuestionarse.
Además,desde el punto de vista del movimiento por la Devolución, son preferibles patentes y derechos intensos pero breves y cláramente delimitados en el tiempo a sistemas de derechos eternos que controlen sin embargo el rango de aplicación. Y esa es jústamente la lógica que opone al devolucionismo y a Creative Commons: el gran menú de opciones CC no sólo confunde sobre la naturaleza de los problemas derivados de la propiedad intelectual sino que genera en si mismo un coste impresionante de gestión y uso de cualquier repositorio que lo adopte, al obligar a mirar la etiqueta antes de reciclar o usar para una nueva obra cualquier creación anterior. ¿Complementarios u opuestos?En conjunto, el planteamiento político de Creative Commons es en realidad el opuesto del del Movimiento por la Devolución:
ConclusionesSólo la Devolución nos permite un horizonte en el que el par diversidad~innovación no sea alternativo al par cohesión~extensión del conocimiento. Sólo la Devolución genera un verdadero procomún: el viejo y estupendo dominio público de la tradición jurídica continental, el gran contenedor del que durante siglos los comunes hemos sacado las piezas con las que participar de la innovación en las Artes, las ciencias y el cambio tecnológico. Su restauración, refresco y actualización mediante una restricción temporal progresiva de las patentes y derechos de exclusividad otorgados por el estado a las creaciones, es el camino a seguir. Nota: Este texto está escrito desde la lógica del bricoleur a base de enlazar, copiar, pegar y modificar textos de Juan Urrutia, Michele Boldrin y una multitud de otros autores, incluído yo mismo. La Propiedad Intelectual y sus alternativas: Creative Commons vs Devolución Por que os economistas já não defendem o copyright e as patentes?O argumento convencional a favor da existência de um monopólio legal sobre a invenção ou a criação artística e intelectual em favor do autor (que isso e não outra coisa é o que chamamos propriedade intelectual) tem duas partes.
Em consequência, dizia a argumentación convencional, se queremos que exista a actividade criativa de que se trate é necessário fazer viável o monopólio incrementando artificialmente o custo da reprodução do produto que incorpora a invenção. Até faz 5 anos quase todos os economistas tinham este argumento convencional gravado em seu disco duro mas já tinha experiências que assinalavam que a realidade, graças ao desenvolvimento das tecnologias de comunicação distribuída, estava a mudar. A música era talvez o exemplo mais popular, mas a indústria que mais chamava a atenção dos economistas era outra. Uma indústria que se adaptou dantes que nenhuma outra a Internet e onde a propriedade iintelectual tinha difícil reclamo, mas que, sem nenhuma dúvida era das mais inovadoras do novo meio: o porno. A mudança de paradigma começou em Maio de 2002, quando os professores em UCLA Michele Boldrin e David Levine publicaram na American Economic Review o primeiro de uma série de artigos e papers que demonstravam a não necessidade da existência de propriedade intelectual para a existência de incentivos à inovação num marco como o actual. Os resultados deixavam claro que se a invenção ou ideia criativa está incorporada num produto (o que é sempre o caso); se a reprodução ou imitación ou cópia exige uma verdadeira formação intelectual ou técnica que faz que a imitación nunca seja sem custos (o que ocorre em general) e se há limites à capacidade de reprodução (o que é bastante óbvio na maioria dos casos), o valor descontado presente das cuasi-rendas que recebe o criador inicial em ausência de copyrights ou patentes, é positivo e cresce à medida que se reduzem os custos de reproduzir o produto no qual a ideia se incorpora. Isto é, a disponibilidad de computadores e internet informáticas que abaratan o custo de reproduzir e transmitir informacion fará crescer, não diminuir, os benefícios que podem obter os autores em ausência da protecion oferecida pelo copyright. Em consequência e de forma geral, o autor não precisa o monopólio para ter incentivos e não seria necessário o copyright para encarecer artificialmente o custo da reprodução ou cópia. Mas, na prática, não são necessárias as patentes?Em pouco tempo, o modelo de Boldrin e Levine incorporou-se ao corpus da teoria económica e hoje é já tão convencional como em seu dia foi a argumentación favorável ao copyright. Outra coisa são as ideias socialmente aceitadas. De facto, alguns sectores industriais conseguiram afianzar na população a falacia da necessidade de um monopólio. Paradoxalmente, o de maiores custos sociais, a indústria farmaceútica, seja o que mais sucesso teve ainda que os próprios Michele Boldrin e David K. Levine em seu já famoso livro que continua o paper do 2002 não só não façam nenhuma excepção, senão que recolhendo todas as referências da análise económica dos últimos anos, dêem como exemplo às farmaceúticas de uma indústria onde a patente resultou desincentivadora para a inovação. Em realidade para onde apontam as análises económicas é a assinalar que o efeito do sistema de patentes farmaceúticas ao que levou foi à geração de uma costosísima indústria improductiva e altamente concentrada: as patentes não financiaram a inovação e o I+D senão o marketing e a concentração monopólista. Como escrevem Xabier Barrutia Etxebarría e Patxi Zábalo Areia, professores do Departamento de Economia Aplicada da Universidade do País Basco num artigo republicado por CIDOB:
Imaginar um mundo sem patentes farmaceúticas não consiste em procurar incentivos alternativos, senão em imaginar como os incentivos de mercado vão pôr em marcha de novo a concorrência por inovar, criar novos medicamentos e ter linhas mais efectivas de investigação e baratas de produção, acabando com a concorrência actual, centrada no costosísimo controle dos canais de prescripción e o assalto mediante lobbies das instituições reguladoras (basicamente a EMEA européia e a FDA norte-americana, financiadas por verdadeiro, em mais de 75% pela própria grande indústria). O sistema funcionou: segundo dados da própria indústria, os cinco maiores laboratarios acaparan o 25% do valor da produção mundial. Não nos enganemos, as grandes farmaceúticas colaboram mais que competem em aquilo que a patente lhes fundamenta: o bloqueio de possíveis novos concorrentes. Que lho digam se não a ilustres inovadores zancadilleados no processo regulatorio, como Patarroyo ou Zeltia. O impacto da devolução nesta indústria reduziria o tempo de exploração exclusiva dos medicamentos por embaixo dos quatro anos. Conforme avançasse a tecnologia de síntese é provável que chegasse inclusive a rondar os dois anos, que é o record actual de plagio , acusado ainda que nunca demonstrado no caso do Warfarin, a versão genérica de um anticoagulante chamado Coumadin patentado originalmente por DuPont Pharmaceuticals Inc. O interessante do caso Coumadin é que segue gerando uns rendimentos de uns 500 milhões de dólares anuais a DuPont. Segundo o Wall Street Journal o gasto mensal por paciente custaria 35.50 dólares em frente aos 28.60 do genérico. No entanto, apesar da diferença de preços, Coumadin segue retendo quase o 80% do mercado. Algo parecido nos diz a experiência do Zovirax, a famosa pomada contra o herpes labial, quem apesar de existir um genérico (aciclovir) até mais seis vezes barato, conserva dez anos depois um 66.5% do mercado. Isto se deve a que nos países ricos, os maiores consumidores mundiais de medicamentos, os preços em relação às rendas médias, são o suficientemente baixos como pára que os consumidores mantenham estratégias conservadoras e fidelidade às marcas. Os grandes beneficiarios dos genéricos são os países periféricos, os sistemas nacionais de saúde e através destes as pessoas de rendas mais baixas. Mas pelo mesmo, na indústria farmaceútica, o que chega primeiro, o inovador, tem incentivos para além da patente suficientes como para justificar e rentabilizar sobradamente o I+D. Hoje Coumadin segue sendo o produto estrela de DuPont, fundamental dentro das contas da multinacional, apesar de ter sido um dos poucos casos onde o aparecimento quase simultâneo de um genérico cria uma situação asimilable à que dar-se-ia em ausência de patentes. Um mercado farmaceútico sem patentes veria pois com toda probabilidade um investimento maior em I+D pois só a inovação garantiria rendas extraordinárias temporárias próximas às de monopólio. Mas também veria uma rápida extensão das inovações, baixo a forma de genéricos, nos países menos desenvolvidos. Em alguns segmentos como os fármacos unidos a epidemias, levaria sem dúvida às farmaceúticas a aceitar riscos maiores mantendo estoques disponíveis mais amplos pois ante uma ameaça de pandemia os laboratórios de genéricos poderiam lhe ocupar parte do mercado. O que nestes dias estamos a ver em Europa com o Taminflu é conhecido de sobra nos países periféricos, com um alto preço em vidas humanas, algo que poderíamos chamar o preço social da patente. Pretender solventar estas situações mediante compra -isto é, só quando afectam aos países ricos- é inmoral (sobretudo após as experiências com a malaria em boa parte do Terceiro Mundo ou o SIDA em África do Sul). Pretendê-lo mediante expropiación contraproducente, pois existindo as patentes, reorientará os investimentos para outro tipo de doenças e freará a investigação de fármacos unidos às novas epidemias. A única solução em médio prazo é a devolução. A prática social da inovação e a criação na sociedade digitalMas Internet não só está a transformar a geração de incentivos. Também está a modificar os meios onde se gera a inovação. Durante os últimos dois anos escreveram-se milhares de artigos, livros e posts sobre o conceito site 2.0. Todos os analistas e teóricos, desde Juan Urrutia que foi seguramente o primeiro em teorizar o tema lá por 2003 ([1], [2 e sobretudo [3]) até hoje, passando por Tim OuReilly que acuñó o termo um par de anos mais tarde, coincidem em que a novidade fundamental contribuída por esta fase da evolução dos serviços de Internet é a confusão de papéis entre consumidor, produtor e intermediário. A esencia do site 2.0 ao fim é o aparecimento de repositorios em massa como YouTube ou Flickr que são o resultado da posta em disposição de materiais por uma grande massa de utentes diferentes que geram um poderoso efeito rede que periclita o atractivo de fazer valer os direitos legais monopolísticos: o valor do que ponho a disposição da rede sempre será menor que o que pertencer à rede me oferece. É mais, dada a lógica das comunidades distribuídas, quanto mais uso faça-se daquilo que eu compartilho e ofereço maior será o valor presente que a sociedade adjudique a minhas criações futurasa. Mas o site 2.0 é só um primeiro aponte do modo de inovação e criação que está cuajando. Nos últimos meses foram cobrando relevancia uma série de ferramentas que vão um passo para além e geram um meio que já começa a se conhecer como site 2.1. A esencia deste novo modelo social e comunitário é fomentar a criação individual a partir de um repositorio colectivo, o bricolage digital. Se YouTube é simplesmente um grande repositorio audiovisual, Jumpcut, sua alternativa 2.1, não só permite descargar os vídeos de outros, senão os remontar, os misturar com conteúdos de qualquer utente e voltar a pôr o resultado, como um objet trouvé, a disposión de quem queira seguir com a grande digestión social. O site 2.1 escenifíca de maneira radical o que é uma referência comum no mundo da arte e a ciência: não há tanto criação, como postproducción. Contribuas e propostas individuais que geram capas de sentido a partir de um grande almacen social preexistente. Um bricolage individual sobre o acerbo social. Contínua proposta. O mito do autor como criador, trasposición moderna da figura divina, portadora da graça, se revela definitivamente como um rei nu. Creative CommonsCreative Commons é um sistema de licenças de propriedade intelectual e uma organização dedicada a dar suporte a seu uso publicadas originalmente pelo jurista norte-americano Lawrence Lessig o 16 de dezembro de 2002. Em 2003 Lessig defendeu ante corte-a Suprema de EEUU a inconstitucionalidade da Sonny Bono Copyright Term Extension Act (CTEA), uma lei que estendia temporariamente os direitos de propriedade intelectual. O julgamento, que perdeu finalmente ficou para a jurisprudencia como Eldred contra Ashcroft. Lessig argumentou que a redução legal do procomún baixo Domínio público significaria uma perda económica para a comunidade em seu conjunto e que longe de aumentar os incentivos à inovação reduzi-los-ia. O cliente baixo cujo nome actuava era Eric Eldred, um editor com diversas empresas on e off line dedicadas à difusión de obras baixo domínio público. Com Creative Commons, Lessig pretendia mostrar como a extensão temporária do monopólio legal sobre as criações podia se equilibrar mediante um sistema de licenças que permitisse aos autores reduzir em determinados casos o alcance de seus direitos exclusivos mediante sua cessão ao público. O sistema de licenças Creative Commons propõe a propriedade intelectual como um contínuo entre o todos os direitos reservados e o domínio público onde os autores podem eleger diferentes graus de protecção atendendo a questões somo se permitem o uso comercial por terceiros, a utilização para a criação de obras derivadas ou se incorporam ou não uma clausula viral que obrigue a que as obras derivadas tenham que ter uma licença igual. Como propõe a organização CC em seu lugar oficial, seu objectivo é animar aos autores a se colocar em algum lugar intermedio, declarando some rights reserved, alguns direitos reservados:
Segundo declarações do próprio Lessig, mais de 90% das licenças Creative Commons em funcionamento em conteúdos online implicam um grau de protecção monopolista maior que o domínio público e mais da metade delas impedem a geração de obras derivadas. CC ou Devolução?
Creative Commons propõe-se por tanto a mesma questão que o Movimento pela Devolução: Que fazer com o regime de propriedade intelectual?? Mas CC responde que não é necessária a reforma legal, que pode se solucionar em termos de eleição individual e não em termos políticos o qual é uma mensagem política em se mesmo, dado que se não é necessária a reforma, o sistema de propriedade intelectual se legitima e reforça com o uso de Creative Commons em vez de se questionar.
Ademais,desde o ponto de vista do movimento pela Devolução, são preferíveis patentes e direitos intensos mas breves e cláramente delimitados no tempo a sistemas de direitos eternos que controlem no entanto o rango de aplicação. E essa é jústamente a lógica que opõe ao devolucionismo e a Creative Commons: o grande menú de opções CC não só confunde sobre a natureza dos problemas derivados da propriedade intelectual senão que gera em se mesmo um custo impressionante de gestão e uso de qualquer repositorio que o adopte, ao obrigar a olhar a etiqueta dantes de reciclar ou usar para uma nova obra qualquer criação anterior. Complementares ou opostos?Em conjunto, a proposta política de Creative Commons é em realidade o oposto do do Movimento pela Devolução:
ConclusõesSó a Devolução nos permite um horizonte no que o par diversidadeinovação não seja alternativo ao par coesãoextensão do conhecimento. Só a Devolução gera um verdadeiro procomún: o velho e estupendo domínio público da tradição jurídica continental, o grande contenedor do que durante séculos os comuns sacámos as peças com as que participar da inovação nas Artes, as ciências e a mudança tecnológica. Sua restauração, refresco e actualização mediante uma restrição temporária progressiva das patentes e direitos de exclusividad outorgados pelo estado às criações, é o caminho a seguir. Nota: Este texto está escrito desde a lógica do bricoleur a base de enlaçar, copiar, colar e modificar textos de Juan Urrutia, Michele Boldrin e uma multidão de outros autores, incluído eu mesmo. A Propriedade Intelectual e suas alternativas: Creative Commons vs Devolução Por que os economistas xa non defenden o copyright e as patentes?O argumento convencional a favor da existencia dun monopolio legal sobre a invención ou a creación artística e intelectual en favor do autor (que iso e non outra cousa é o que chamamos propiedade intelectual) ten dous partes.
En consecuencia, dicía a argumentación convencional, si queremos que exista a actividade creativa de que se trate é necesario facer viable o monopolio incrementando artificialmente o custo da reprodución do produto que incorpora a invención. Ata fai 5 anos case todos os economistas tiñan este argumento convencional gravado no seu disco duro pero xa había experiencias que sinalaban que a realidade, mercé ao desenvolvemento das tecnoloxías de comunicación distribuída, estaba cambiando. A música era talvez o exemplo máis popular, pero a industria que máis chamaba a atención dos economistas era outra. Unha industria que se adaptou antes que ningunha outra a Internet e onde a propiedade iintelectual tiña difícil reclamo, pero que, sen ningunha dúbida era das máis innovadoras da nova contorna: o porno. O cambio de paradigma comezou en mayo de 2002, cando os profesores en UCLA Michele Boldrin e David Levine publicaron na American Economic Review o primeiro dunha serie de artigos e papers que demostraban a non necesidade da existencia de propiedade intelectual para a existencia de incentivos á innovación nun marco como o actual. Os resultados deixaban claro que si a invención ou idea creativa está incorporada nun produto (o que é sempre o caso); si a reprodución ou imitación ou copia esixe unha certa formación intelectual ó técnica que fai que a imitación nunca sexa sen custos (o que ocorre en xeral) e si hai límites á capacidade de reprodución (o que é bastante obvio na maioría dos casos), o valor descontado presente das cuasi-rendas que recibe o creador inicial en ausencia de copyrights ou patentes, é positivo e crece a medida que se reducen os custos de reproducir o produto no cal a idea incorpórase. É dicir, a disponibilidad de ordenadores e internet informáticas que abaratan o custo de reproducir e transmitir informacion fará crecer, non diminuír, os beneficios que poden obter os autores en ausencia da protecion ofrecida polo copyright. En consecuencia e de forma xeral, o autor non necesita o monopolio para ter incentivos e non sería necesario o copyright para encarecer artificialmente o custo da reprodución ou copia. Pero, na práctica, non son necesarias as patentes?En pouco tempo, o modelo de Boldrin e Levine incorporouse ao corpus da teoría económica e hoxe é xa tan convencional como no seu día foi a argumentación favorable ao copyright. Outra cousa son as ideas socialmente aceptadas. De feito, algúns sectores industriais conseguiron afianzar na poboación a falacia da necesidade dun monopolio. Paradójicamente, o de maiores custos sociais, a industria farmaceútica, sexa o que máis éxito ha #ter aínda que os propios Michele Boldrin e David K. Levine no seu xa famoso libro que continúa o paper do 2002 non só non fagan ningunha excepción, senón que recollendo todas as referencias da análise económica dos últimos anos, dean como exemplo ás farmaceúticas dunha industria onde a patente resultou desincentivadora para a innovación. En realidade cara a onde apuntan as análises económicas é a sinalar que o efecto do sistema de patentes farmaceúticas ao que levou foi á xeración dunha costosísima industria improductiva e altamente concentrada: as patentes non financiaron a innovación e o I+D senón o marketing e a concentración monopólista. Como escriben Xabier Barrutia Etxebarría e Patxi Zábalo Area, profesores do Departamento de Economía Aplicada da Universidade do País Vasco nun artigo republicado por CIDOB:
Imaxinar un mundo sen patentes farmaceúticas non consiste en buscar incentivos alternativos, senón en imaxinar como os incentivos de mercado van poñer en marcha de novo a competencia por innovar, crear novos medicamentos e ter liñas máis efectivas de investigación e baratas de produción, acabando coa competencia actual, centrada no costosísimo control das canles de prescripción e o asalto mediante lobbies das institucións reguladoras (basicamente a EMEA europea e a FDA norteamericana, financiadas por certo, en máis dun 75% pola propia gran industria). O sistema funcionou: segundo datos da propia industria, os cinco maiores laboratarios acaparan o 25% do valor da produción mundial. Non nos enganemos, as grandes farmaceúticas colaboran máis que compiten naquilo que a patente lles fundamenta: o bloqueo de posibles novos concurrentes. Que llo digan si non a ilustres innovadores zancadilleados no proceso regulatorio, como Patarroyo ou Zeltia. O impacto da devolución nesta industria reduciría o tempo de explotación exclusiva dos medicamentos por baixo dos catro anos. Conforme avanzase a tecnoloxía de síntese é probable que chegase ata a roldar os dous anos, que é o record actual de plagio , acusado aínda que nunca demostrado no caso do Warfarin, a versión genérica dun anticoagulante chamado Coumadin patentado originalmente por DuPont Pharmaceuticals Inc. O interesante do caso Coumadin é que segue xerando uns ingresos duns 500 millóns de dólares anuais a DuPont. Segundo o Wall Street Journal o gasto mensual por paciente custaría 35.50 dólares fronte aos 28.60 do genérico. Con todo, malia a diferenza de prezos, Coumadin segue retendo case o 80% do mercado. Algo parecido dinos a experiencia do Zovirax, a famosa pomada contra o herpes labial, quen malia existir un genérico (aciclovir) ata seis veces máis barato, conserva dez anos despois un 66.5% do mercado. Isto débese a que nos países ricos, os maiores consumidores mundiais de medicamentos, os prezos en relación ás rendas medias, son o suficientemente baixos como para que os consumidores manteñan estratexias conservadoras e fidelidade ás marcas. Os grandes beneficiarios dos genéricos son os países periféricos, os sistemas nacionais de saúde e a través destes as persoas de rendas máis baixas. Pero polo mesmo, na industria farmaceútica, o que chega primeiro, o innovador, ten incentivos máis aló da patente suficientes como para xustificar e rendibilizar sobradamente o I+D. Hoxe Coumadin segue sendo o produto estrela de DuPont, fundamental dentro das contas da multinacional, malia ser un dos poucos casos onde a aparición case simultánea dun genérico crea unha situación asimilable á que se daría en ausencia de patentes. Un mercado farmaceútico sen patentes vería pois con toda probabilidade un investimento maior en I+D pois só a innovación garantiría rendas extraordinarias temporais próximas ás de monopolio. Pero tamén vería unha rápida extensión das innovacións, baixo a forma de genéricos, nos países menos desenvolvidos. Nalgúns segmentos como os fármacos ligados a epidemias, levaría sen dúbida ás farmaceúticas a aceptar riscos maiores mantendo stocks dispoñibles máis amplos pois ante unha ameaza de pandemia os laboratorios de genéricos poderían ocuparlle parte do mercado. O que nestes días estamos vendo en Europa co Taminflu é coñecido dabondo nos países periféricos, cun alto prezo en vidas humanas, algo que poderiamos chamar o prezo social da patente. Pretender liquidar estas situacións mediante compra -é dicir, só cando afectan aos países ricos- é inmoral (sobre todo logo das experiencias coa malaria en boa parte do Terceiro Mundo ou a SIDA en Sudáfrica). Pretendelo mediante expropiación contraproducente, pois existindo as patentes, reorientará os investimentos cara a outro tipo de enfermidades e freará a investigación de fármacos ligados ás novas epidemias. A única solución a medio prazo é a devolución. A práctica social da innovación e a creación na sociedade digitalPero Internet non só está transformando a xeración de incentivos. Tamén está modificando as contornas onde se xera a innovación. Durante os últimos dous anos escribíronse miles de artigos, libros e posts sobre o concepto web 2.0. Todos os analistas e teóricos, desde Juan Urrutia que foi seguramente o primeiro en teorizar o tema alá por 2003 ([1], [2 e sobre todo [3]) ata hoxe, pasando por Tim OuReilly que acuñou o término un par de anos máis tarde, coinciden en que a novidade fundamental aportada por esta fase da evolución dos servizos de Internet é a confusión de papeis entre consumidor, productor e intermediario. A esencia da web 2.0 ao fin é a aparición de repositorios masivos como YouTube ou Flickr que son o resultado da posta en disposición de materiais por unha gran masa de usuarios distintos que xeran un poderoso efecto rede que periclita o atractivo de facer valer os dereitos legais monopolísticos: o valor do que poño a disposición da rede sempre será menor que o que pertencer á rede ofréceme. É máis, dada a lóxica das comunidades distribuídas, canto máis uso fágase daquilo que eu comparto e ofrezo maior será o valor presente que a sociedade adxudique ás miñas creacións futurasa. Pero a web 2.0 é só un primeiro apunte do modo de innovación e creación que está callando. Nos últimos meses han #ir cobrando relevancia unha serie de ferramentas que van un paso máis aló e xeran unha contorna que xa empeza a coñecerse como web 2.1. A esencia deste novo modelo social e comunitario é fomentar a creación individual a partir dun repositorio colectivo, o bricolage digital. Si YouTube é simplemente un gran repositorio audiovisual, Jumpcut, a súa alternativa 2.1, non só permite descargar os vídeos doutros, senón remontalos, mesturalos con contidos de calquera usuario e volver poñer o resultado, como un objet trouvé, a disposión de quen queira seguir coa gran digestión social. A web 2.1 escenifíca de xeito radical o que é unha referencia común no mundo da arte e a ciencia: non hai tanto creación, como postproducción. Aportes e propostas individuais que xeran capas de sentido a partir dun gran almacen social preexistente. Un bricolage individual sobre o acerbo social. Continua proposta. O mito do autor como creador, trasposición moderna da figura divina, portadora da graza, revélase definitivamente como un rei espido. Creative CommonsCreative Commons é un sistema de licenzas de propiedade intelectual e unha organización dedicada a dar soporte ao seu uso publicadas originalmente polo jurista norteamericano Lawrence Lessig o 16 de decembro de 2002. En 2003 Lessig defendeu ante a Corte Suprema de EEUU a inconstitucionalidade da Sonny Bono Copyright Term Extension Act (CTEA), unha lei que estendía temporalmente os dereitos de propiedade intelectual. O xuízo, que perdeu finalmente quedou para a jurisprudencia como Eldred contra Ashcroft. Lessig argumentó que a redución legal do procomún baixo Dominio público significaría unha perda económica para a comunidade no seu conxunto e que lonxe de aumentar os incentivos á innovación reduciríaos. O cliente baixo cuxo nome actuaba era Eric Eldred, un editor con diversas empresas on e off line dedicadas á difusión de obras baixo dominio público. Con Creative Commons, Lessig pretendía mostrar como a extensión temporal do monopolio legal sobre as creacións podía equilibrarse mediante un sistema de licenzas que permitise aos autores reducir en determinados casos o alcance dos seus dereitos exclusivos mediante o seu cesión ao público. O sistema de licenzas Creative Commons suscita a propiedade intelectual como un continuo entre o todos os dereitos reservados e o dominio público onde os autores poden elixir distintos grados de protección atendendo a cuestións somo si permiten o uso comercial por terceiros, a utilización para a creación de obras derivadas ou si incorporan ou non unha clausula viral que obrigue a que as obras derivadas teñan que ter unha licenza igual. Como suscita a organización CC no seu sitio oficial, o seu obxectivo é animar aos autores a colocarse nalgún lugar intermedio, declarando some rights reserved, algúns dereitos reservados:
Segundo declaracións do propio Lessig, máis do 90% das licenzas Creative Commons en funcionamento en contidos online implican un grado de protección monopolista maior que o dominio público e máis da metade delas impiden a xeración de obras derivadas. CC ou Devolución?
Creative Commons suscítase xa que logo a mesma cuestión que o Movemento pola Devolución: Que facer co réxime de propiedade intelectual?? Pero CC responde que non é necesaria a reforma legal, que pode solucionarse en términos de elección individual e non en términos políticos o cal é unha mensaxe política en si mesmo, dado que si non é necesaria a reforma, o sistema de propiedade intelectual se legitima e reforza co uso de Creative Commons no canto de cuestionarse.
Ademais,desde o punto de vista do movemento pola Devolución, son preferibles patentes e dereitos intensos pero breves e cláramente delimitados no tempo a sistemas de dereitos eternos que controlen con todo o rango de aplicación. E esa é jústamente a lóxica que opón ao devolucionismo e a Creative Commons: o gran menú de opcións CC non só confunde sobre a natureza dos problemas derivados da propiedade intelectual senón que xera en si mesmo un custo impresionante de xestión e uso de calquera repositorio que o adopte, ao obrigar a mirar a etiqueta antes de reciclar ou usar para unha nova obra calquera creación anterior. Complementarios ou opostos?En conxunto, a formulación política de Creative Commons é en realidade o oposto do do Movemento pola Devolución:
ConclusiónsSó a Devolución permítenos un horizonte no que o par diversidadinnovación non sexa alternativo ao par cohesiónextensión do coñecemento. Só a Devolución xera un verdadeiro procomún: o vello e estupendo dominio público da tradición xurídica continental, o gran contenedor do que durante séculos os comúns sacamos as pezas coas que participar da innovación nas Artes, as ciencias e o cambio tecnolóxico. A súa restauración, refresco e actualización mediante unha restricción temporal progresiva das patentes e dereitos de exclusividad outorgados polo estado ás creacións, é o camiño a seguir. Nota: Este texto está escrito desde a lóxica do bricoleur a base de enlazar, copiar, pegar e modificar textos de Juan Urrutia, Michele Boldrin e unha multitude doutros autores, incluído eu mesmo. A Propiedade Intelectual e as súas alternativas: Creative Commons vs Devolución Perqué los economistas # # #el pas mai lo copyright e los brevets?L'argument convencional en favor de l'existéncia d'un monopòli legal sobre l'invencion o la creacion artistica e intellectuala en favor de l'autor (qu'aiçò e pas d'autra causa es çò que cridam proprietat intellectuala) a doas parts.
En consequéncia, disiá l'argumentacion convencionala, se volèm qu'existisca l'activitat creativa que se tracte es de besonh far viabla lo monopòli en incrementant artificialmente lo còst de la reproduccion del produch qu'incorpòra l'invencion. Fins a fa 5 ans gaireben totes los economistas avián aqueste argument convencional grauat en lo sieu disc dur mas aviá ja d'experiéncias que soslinhavan que la realitat, mercés al desvolopament de las tecnologias de comunicacion distribuida, cambiava. La musiciana èra tal còp l'exemple mai popular, mas l'industria que cridava mai l'atencion dels economistas èra d'autra. Una industria que s'adaptèt abans que cap autra dins Internet e a on la proprietat iintelectual aviá malaisit reclam, mas que, sens cap dobte èra de las mai innovadoras del nòu entorn: lo porno. Lo cambiament de paradigma comencèt en Mai de 2002, quand los professors en UCLA Michele Boldrin e David Levine publiquèron en la American Economic Review lo primièr d'una seria d'articles e papers que demostravan la pas besonh de l'existéncia de proprietat intellectuala per l'existéncia d'incentius a l'innovacion en un marc coma l'actual. Los resultats daissavan clar que cnjse l'invencion o idèa creativa es incorporada en un produch (çò qu'es totjorn lo cas); se la reproduccion o imitación o còpia exigís òm cèrta formacion intellectuala o tecniciana que fa que la imitación siá jamai sens de còstes (çò qu'arriba en general) e s'i a de limits a la capacitat de reproduccion (çò qu'es pro vesedor dins la majoritat dels cases), la valor descomptada presenta de las cuasi-de rendas que recep lo creador inicial en abséncia de copyrights o brevets, es positiu e creish a mesura que se redusisson los còstes de reprodusir lo produch que l'idèa s'incorpòra en el. Es dire, la disponibilitat d'ordenadors e internet informaticas que desencarisson lo còst de reprodusir e transmetre informacion farà créisher, pas amendrir, los beneficis que pòdon obténer los autors en abséncia de la protecion ofrida pel copyright. En consequéncia e de forma generala, l'autor a de besonh pas lo monopòli per aver d'incentius e seriá pas de besonh lo copyright per far montar lo prètz de artificialmente lo còst de la reproduccion o còpia. Mas, en la practica, son pas de besonh los brevets?En pauc temps, lo modèl de Boldrin e Levine s'incorporèt al còrpus de la teoria economica e es uèi ja tan convencionala coma en lo sieu jorn foguèt l'argumentacion favorabla al copyright. Autra causa es las idèas socialament acceptadas. En fach, qualques sectors industriales an atengut afianzar en la populacion la falacia del besonh d'un monopòli. Paradoxalament, lo de màgers còstes socials, l'industria farmaceútica, siatz eth quau mai capitada a agut e mai se los pròpris Michele Boldrin e David K. Levine En lo sieu ja famós libre que contunha lo paper del 2002 non solament pas fagan cap excepcion, mas qu'en apletant totas las referéncias de l'analisi economica dels darrièrs ans, donatz coma exemple a las farmaceúticas d'una industria a on lo brevet a resultat desincentivadora per l'innovacion. En realitat cap a a on apuntan las analisis economicas es a soslinhar que l'efècte del sistèma de brevets farmaceúticas a çò qu'a portat es estat a la generacion d'una costosísima industria improductiva e extrèmament concentrada: los brevets an pas finançat l'innovacion e l'I+D mas lo marqueting e la concentracion monopólista. Coma escrivon Xabier Barrutia Etxebarría e Patxi Zábalo Sable, de professors del Departament d'Economia Aplicada de l'Universitat del Bascoat en un article republicado per CIDOB:
Imaginar un mond sens de brevets farmaceúticas consistís pas en cercar d'incentius alternatius, mas en imaginar coma los incentius de mercat van començar de nòu la competéncia per innovar, crear de nòus medicaments e aver de linhas mai efectivas d'investigacion e bon mercat de produccion, en acabant amb la competéncia actuala, centrada en lo costosísimo contraròtle dels canals de prescripcion e l'assaut mejançant lobbies de las institucions reguladoras (basicament la EMEA europèa e la FDA nòrd-americana, finançadas per cèrt, en mai de 75% per la pròpria granda industria). Lo sistèma a foncionat: segontes de donadas de la pròpria industria, los cinc màgers laboratarios acaparran 25% de la valor de la produccion mondiala. Nos enganhem pas, las grandas farmaceúticas collabòran mai que concorron en aquò que lo brevet lor fondamenta: lo blocatge de possibles nòus concurrentes. Que s'o digan si que non a illustres innovadors zancadilleados en lo procès regulatorio, coma Patarroyo o Zeltia. L'impacte de la devolucion en aquesta industria La Proprietat Intellectuala e las siás alternativas: Creative Commons vs Devolucion Per què els economistes ja no defensen el copyright i les paleses?L'argument convencional a favor de l'existència d'un monopoli legal sobre la invenció o la creació artística i intel·lectual en favor de l'autor (que això i no una altra cosa és el que cridem propietat intel·lectual) té dues parts.
En conseqüència, deia l'argumentació convencional, si volem que existeixi l'activitat creativa que es tracti és necessari fer viable el monopoli incrementant artificialment el cost de la reproducció del producte que incorpora la invenció. Fins a fa 5 anys gairebé tots els economistes tenien aquest argument convencional gravat en el seu disc dur però ja hi havia experiències que assenyalaven que la realitat, gràcies al desenvolupament de les tecnologies de comunicació distribuïda, estava canviant. La música era tal vegada l'exemple més popular, però la indústria que més cridava l'atenció dels economistes era altra. Una indústria que es va adaptar abans que cap altra a Internet i on la propietat iintelectual tenia difícil reclam, però que, sense cap dubte era de les més innovadores del nou entorn: el porno. El canvi de paradigma va començar al maig de 2002, quan els professors en UCLA Michele Boldrin i David Levine van publicar en la American Economic Review el primer d'una sèrie d'articles i papers que demostraven la no necessitat de l'existència de propietat intel·lectual per a l'existència d'incentius a la innovació en un marc com l'actual. Els resultats deixaven clar que si la invenció o idea creativa està incorporada en un producte (el que és sempre el cas); si la reproducció o imitació o còpia exigeix una certa formació intel·lectual o tècnica que fa que la imitació mai sigui sense costos (el que ocorre en general) i si hi ha límits a la capacitat de reproducció (el que és bastant obvi en la majoria dels casos), el valor descomptat present de les cuasi-rendes que rep el creador inicial en absència de copyrights o palesos, és positiu i creix a mesura que es redueixen els costos de reproduir el producte en el qual la idea s'incorpora. És a dir, la disponibilitat d'ordinadors i internet informàtiques que abarateixen el cost de reproduir i transmetre informacion farà créixer, no disminuir, els beneficis que poden obtenir els autors en absència de la protecion oferta pel copyright. En conseqüència i de forma general, l'autor no necessita el monopoli per a tenir incentius i no seria necessari el copyright per a encarir artificialment el cost de la reproducció o còpia. Però, en la pràctica, no són necessàries les paleses?En poc temps, el model de Boldrin i Levine es va incorporar al corpus de la teoria econòmica i avui és ja tan convencional com en el seu dia va ser l'argumentació favorable al copyright. Una altra cosa són les idees socialment acceptades. De fet, alguns sectors industrials han aconseguit afianzar en la població la fal·làcia de la necessitat d'un monopoli. Paradoxalment, el de majors costos socials, la indústria farmaceútica, sigui el qual més èxit ha tingut encara que els propis Michele Boldrin i David K. Levine en el seu ja famós llibre que continua el paper del 2002 no només no facin cap excepció, sinó que recollint totes les referències de l'anàlisi econòmica dels últims anys, donin com exemple a les farmaceúticas d'una indústria on la palesa ha resultat desincentivadora per a la innovació. En realitat cap a on apunten les anàlisis econòmiques és a assenyalar que l'efecte del sistema de palesos farmaceúticas al que ha portat ha estat a la generació d'una costosíssima indústria improductiva i altament concentrada: les paleses no han finançat la innovació i l'I+D sinó el màrqueting i la concentració monopólista. Com escriuen Xabier Barrutia Etxebarría i Patxi Zábalo Sorra, professors del Departament d'Economia Aplicada de la Universitat del País Basc en un article republicado per CIDOB:
Imaginar un món sense palesos farmaceúticas no consisteix a buscar incentius alternatius, sinó a imaginar com els incentius de mercat van a posar en marxa de nou la competència per innovar, crear nous medicaments i tenir línies més efectives d'investigació i barates de producció, acabant amb la competència actual, centrada en el costosíssim control dels canals de prescripció i l'assalt mitjançant lobbies de les institucions reguladores (bàsicament la EMEA europea i la FDA nord-americana, finançades per cert, en més d'un 75% per la pròpia gran indústria). El sistema ha funcionat: segons dades de la pròpia indústria, els cinc majors laboratarios acaparen el 25% del valor de la producció mundial. No ens enganyem, les grans farmaceúticas col·laboren més que competeixen en allò que la palesa els fonamenta: el bloquejo de possibles nous concurrentes. Que l'hi diguin si no a il·lustres innovadors zancadilleados en el procés regulatorio, com Patarroyo o Zeltia. L'impacte de la devolució en aquesta indústria reduiria el temps d'explotació exclusiva dels medicaments per sota els quatre anys. Conformi avancés la tecnologia de síntesi és probable que arribés fins i tot a rondar els dos anys, que és el record actual de plagio, acusat encara que mai demostrat en el cas del Warfarin, la versió genèrica d'un anticoagulante anomenat Coumadin patentat originalmente per DuPont Pharmaceuticals Inc. L'interessant del cas Coumadin és que segueix generant uns ingressos d'uns 500 milions de dòlars anuals a DuPont. Segons el Wall Street Journal la despesa mensual per pacient costaria 35.50 dòlars enfront dels 28.60 del genèric. No obstant això, malgrat la diferència de preus, Coumadin segueix retenint gairebé el 80% del mercat. Alguna cosa semblat ens diu l'experiència del Zovirax, la famosa pomada contra l'herpes labial, qui malgrat existir un genèric (aciclovir) fins a sis vegades més barat, conserva deu anys després un 66.5% del mercat. Això s'ha d'al fet que en els països rics, els majors consumidors mundials de medicaments, els preus en relació a les rendes mitges, són el suficientment baixos com perquè els consumidors mantinguin estratègies conservadores i fidelitat a les marques. Els grans beneficiaris dels genèrics són els països perifèrics, els sistemes nacionals de salut i a través d'aquests les persones de rendes més baixes. Però pel mateix, en la indústria farmaceútica, el qual arriba primer, l'innovador, té incentius més enllà de la palesa suficients com per a justificar i rendibilitzar sobradamente l'I+D. Avui Coumadin segueix sent el producte estavella de DuPont, fonamental dintre dels comptes de la multinacional, malgrat haver estat un dels pocs casos on l'aparició gairebé simultània d'un genèric crea una situació asimilable a la qual es donaria en absència de paleses. Un mercat farmaceútico sense palesos veuria doncs amb tota probabilitat una inversió major en I+D doncs només la innovació garantiria rendes extraordinàries temporals properes a les de monopoli. Però també veuria una ràpida extensió de les innovacions, sota la forma de genèrics, en els països menys desenvolupats. En alguns segments com els fàrmacs lligats a epidèmies, portaria sense dubte a les farmaceúticas a acceptar riscos majors mantenint estocs disponibles més amplis doncs davant una amenaça de pandemia els laboratoris de genèrics podrien ocupar-li part del mercat. El que en aquests dies estem veient a Europa amb el Taminflu és conegut de sobra en els països perifèrics, amb un alt preu en vides humanes, alguna cosa que podríem cridar el preu social de la palesa. Pretendre solucionar aquestes situacions mitjançant compra -és a dir, només quan afecten als països rics- és immoral (sobretot després de les experiències amb la malària en bona part del Tercer Món o la SIDA a Sud-àfrica). Pretendre-ho mitjançant expropiació contraproducente, doncs existint les paleses, reorientará les inversions cap a un altre tipus de malalties i frenarà la investigació de fàrmacs lligats a les noves epidèmies. L'única solució a mig termini és la devolució. La pràctica social de la innovació i la creació en la societat digitalPerò Internet no només està transformant la generació d'incentius. També està modificant els entorns on es genera la innovació. Durant els últims dos anys s'han escrit milers d'articles, llibres i posts sobre el concepte web 2.0. Tots els analistes i teòrics, des de Juan Urrutia que va anar segurament el primer en teorizar el tema allà per 2003 ([1], [2 i sobretot [3]) fins a avui, passant per Tim OReilly que va encunyar el terme un parell d'anys més tard, coincideixen que la novetat fonamental aportada per aquesta fase de l'evolució dels serveis d'Internet és la confusió de papers entre consumidor, productor i intermediari. L'essència de la web 2.0 a la fi és l'aparició de repositorios massius com YouTube o Flickr que són el resultat de la posada en disposició de materials per una gran massa d'usuaris distints que generen un poderós efecte xarxa que periclita l'atractiu de fer valer els drets legals monopolísticos: el valor del que poso a la disposició de la xarxa sempre serà menor que el que pertànyer a la xarxa m'ofereix. És més, donada la lògica de les comunitats distribuïdes, quant més ús es faci d'allò que jo comparteixo i ofereixo major serà el valor present que la societat adjudiqui a les meves creacions futurasa. Però la web 2.0 és només un primer apunti de la manera d'innovació i creació que està quallant. En els últims mesos han anat cobrant rellevància una sèrie d'eines que van un pas més enllà i generen un entorn que ja comença a conèixer-se com web 2.1. L'essència d'aquest nou model social i comunitari és fomentar la creació individual a partir d'un repositorio col·lectiu, el bricolage digital. Si YouTube és simplement un gran repositorio audiovisual, Jumpcut, la seva alternativa 2.1, no només permet descarregar els vídeos d'uns altres, sinó remuntar-los, barrejar-los amb continguts de qualsevol usuari i tornar a posar el resultat, com un objet trouvé, a disposión de qui vulgui seguir amb la gran digestió social. La web 2.1 escenifíca de manera radical el que és una referència comuna en el món de l'art i la ciència: no hi ha tant creació, com postproducción. Aportis i propostes individuals que generen capes de sentit a partir d'un gran almacen social preexistente. Un bricolage individual sobre el acerbo social. Contínua proposta. El mite de l'autor com creador, trasposición moderna de la figura divina, portadora de la gràcia, es revela definitivament com un rei nu. Creative CommonsCreative Commons és un sistema de llicències de propietat intel·lectual i una organització dedicada a donar suporti al seu ús publicades originalmente pel jurista nord-americà Lawrence Lessig el 16 de desembre de 2002. En 2003 Lessig va defensar davant la Cort Suprema d'EUA la inconstitucionalidad de la Sonny Bo Copyright Term Extension Act (CTEA), una llei que estenia temporalment els drets de propietat intel·lectual. El judici, que va perdre finalment va quedar per a la jurisprudència com Eldred contra Ashcroft. Lessig va argumentar que la reducció legal del procomún baix Domini públic significaria una pèrdua econòmica per a la comunitat en el seu conjunt i que lluny d'augmentar els incentius a la innovació els reduiria. El client baix el nom del qual actuava era Eric Eldred, un editor amb diverses empreses on i off line dedicades a la difusió d'obres sota domini públic. Amb Creative Commons, Lessig pretenia mostrar com l'extensió temporal del monopoli legal sobre les creacions podia equilibrar-se mitjançant un sistema de llicències que permetés als autors reduir en determinats casos l'abast dels seus drets exclusius mitjançant la seva cessió al públic. El sistema de llicències Creative Commons planteja la propietat intel·lectual com un continu entre el tots els drets reservats i el domini públic on els autors poden triar distints graus de protecció atenent a qüestions somo si permeten l'ús comercial per tercers, la utilització per a la creació d'obres derivades o si incorporen o no una clausula viral que obligui al fet que les obres derivades hagin de tenir una llicència igual. Com planteja l'organització CC en el seu lloc oficial, el seu objectiu és animar als autors a col·locar-se en algun lloc intermedi, declarant some rights reserved, alguns drets reservats:
Segons declaracions del propi Lessig, més del 90% de les llicències Creative Commons en funcionament en continguts online impliquen un grau de protecció monopolista major que el domini públic i més de la meitat d'elles impedeixen la generació d'obres derivades. CC o Devolució?
Creative Commons es planteja per tant la mateixa qüestió que el Moviment per la Devolució: Què fer amb el règim de propietat intel·lectual?? Però CC respon que no és necessària la reforma legal, que pot solucionar-se en termes d'elecció individual i no en termes polítics la qual cosa és un missatge polític en si mateix, atès que si no és necessària la reforma, el sistema de propietat intel·lectual es legitima i reforça amb l'ús de Creative Commons en comptes de qüestionar-se.
A més,des del punt de vista del moviment per la Devolució, són preferibles paleses i drets intensos però breus i cláramente delimitados en el temps a sistemes de drets eterns que controlin no obstant això el rang d'aplicació. I aquesta és jústamente la lògica que oposa al devolucionismo i a Creative Commons: el gran menú d'opcions CC no només confon sobre la naturalesa dels problemes derivats de la propietat intel·lectual sinó que genera en si mateix un cost impressionant de gestió i ús de qualsevol repositorio que ho adopti, a l'obligar a mirar l'etiqueta abans de reciclar o usar per a una nova obra qualsevol creació anterior. Complementaris o oposats?En conjunt, el plantejament polític de Creative Commons és en realitat l'oposat del del Moviment per la Devolució:
ConclusionsNomés la Devolució ens permet un horitzó en el qual el parell diversitatinnovació no sigui alternatiu al parell cohesióextensió del coneixement. Només la Devolució genera un veritable procomún: el vell i estupend domini públic de la tradició jurídica continental, el gran contenidor del que durant segles els comuns hem tret les peces amb les quals participar de la innovació en les Arts, les ciències i el canvi tecnològic. La seva restauració, refresc i actualització mitjançant una restricció temporal progressiva de les paleses i drets d'exclusivitat atorgats per l'estat a les creacions, és el camí a seguir. Nota: Aquest text està escrit des de la lògica del bricoleur a força d'enllaçar, copiar, pegar i modificar textos de Juan Urrutia, Michele Boldrin i una multitud d'altres autors, incluído jo mateix. La Propietat Intel·lectual i les seves alternatives: Creative Commons vs Devolució
¿Por qué los economistas ya no defienden el copyright y las patentes?El argumento convencional a favor de la existencia de un monopolio legal sobre la invención o la creación artística e intelectual en favor del autor (que eso y no otra cosa es lo que llamamos propiedad intelectual) tiene dos partes.
En consecuencia, decía la argumentación convencional, si queremos que exista la actividad creativa de que se trate es necesario hacer viable el monopolio incrementando artificialmente el coste de la reproducción del producto que incorpora la invención. Hasta hace 5 años casi todos los economistas tenían este argumento convencional grabado en su disco duro pero ya había experiencias que señalaban que la realidad, merced al desarrollo de las tecnologías de comunicación distribuida, estaba cambiando. La música era tal vez el ejemplo más popular, pero la industria que más llamaba la atención de los economistas era otra. Una industria que se adaptó antes que ninguna otra a Internet y donde la propiedad iintelectual tenía difícil reclamo, pero que, sin ninguna duda era de las más innovadoras del nuevo entorno: el porno. El cambio de paradigma comenzó en Mayo de 2002, cuando los profesores en UCLA Michele Boldrin y David Levine publicaron en la American Economic Review el primero de una serie de artículos y papers que demostraban la no necesidad de la existencia de propiedad intelectual para la existencia de incentivos a la innovación en un marco como el actual. Los resultados dejaban claro que si la invención o idea creativa está incorporada en un producto (lo que es siempre el caso); si la reproducción o imitación o copia exige una cierta formación intelectual ó técnica que hace que la imitación nunca sea sin costes (lo que ocurre en general) y si hay límites a la capacidad de reproducción (lo que es bastante obvio en la mayoría de los casos), el valor descontado presente de las cuasi-rentas que recibe el creador inicial en ausencia de copyrights o patentes, es positivo y crece a medida que se reducen los costes de reproducir el producto en el cual la idea se incorpora. Es decir, la disponibilidad de ordenadores e internet informáticas que abaratan el coste de reproducir y transmitir informacion hará crecer, no disminuir, los beneficios que pueden obtener los autores en ausencia de la protecion ofrecida por el copyright. En consecuencia y de forma general, el autor no necesita el monopolio para tener incentivos y no sería necesario el copyright para encarecer artificialmente el coste de la reproducción o copia. Pero, en la práctica, ¿no son necesarias las patentes?En poco tiempo, el modelo de Boldrin y Levine se incorporó al corpus de la teoría económica y hoy es ya tan convencional como en su día fue la argumentación favorable al copyright. Otra cosa son las ideas socialmente aceptadas. De hecho, algunos sectores industriales han conseguido afianzar en la población la falacia de la necesidad de un monopolio. Paradójicamente, el de mayores costes sociales, la industria farmaceútica, sea el que más éxito ha tenido aunque los propios Michele Boldrin y David K. Levine en su ya famoso libro que continúa el paper del 2002 no sólo no hagan ninguna excepción, sino que recogiendo todas las referencias del análisis económico de los últimos años, den como ejemplo a las farmaceúticas de una industria donde la patente ha resultado desincentivadora para la innovación. En realidad hacia donde apuntan los análisis económicos es a señalar que el efecto del sistema de patentes farmaceúticas a lo que ha llevado ha sido a la generación de una costosísima industria improductiva y altamente concentrada: las patentes no han financiado la innovación y el I+D sino el marketing y la concentración monopólista. Como escriben Xabier Barrutia Etxebarría y Patxi Zábalo Arena, profesores del Departamento de Economía Aplicada de la Universidad del País Vasco en un artículo republicado por CIDOB:
Imaginar un mundo sin patentes farmaceúticas no consiste en buscar incentivos alternativos, sino en imaginar como los incentivos de mercado van a poner en marcha de nuevo la competencia por innovar, crear nuevos medicamentos y tener líneas más efectivas de investigación y baratas de producción, acabando con la competencia actual, centrada en el costosísimo control de los canales de prescripción y el asalto mediante lobbies de las instituciones reguladoras (básicamente la EMEA europea y la FDA norteamericana, financiadas por cierto, en más de un 75% por la propia gran industria). El sistema ha funcionado: según datos de la propia industria, los cinco mayores laboratarios acaparan el 25% del valor de la producción mundial. No nos engañemos, las grandes farmaceúticas colaboran más que compiten en aquello que la patente les fundamenta: el bloqueo de posibles nuevos concurrentes. Que se lo digan si no a ilustres innovadores zancadilleados en el proceso regulatorio, como Patarroyo o Zeltia. El impacto de la devolución en esta industria reduciría el tiempo de explotación exclusiva de los medicamentos por debajo de los cuatro años. Conforme avanzara la tecnología de síntesis es probable que llegara incluso a rondar los dos años, que es el record actual de plagio, acusado aunque nunca demostrado en el caso del Warfarin, la versión genérica de un anticoagulante llamado Coumadin patentado originalmente por DuPont Pharmaceuticals Inc. Lo interesante del caso Coumadin es que sigue generando unos ingresos de unos 500 millones de dólares anuales a DuPont. Según el Wall Street Journal el gasto mensual por paciente costaría 35.50 dólares frente a los 28.60 del genérico. Sin embargo, a pesar de la diferencia de precios, Coumadin sigue reteniendo casi el 80% del mercado. Algo parecido nos dice la experiencia del Zovirax, la famosa pomada contra el herpes labial, quien a pesar de existir un genérico (aciclovir) hasta seis veces más barato, conserva diez años después un 66.5% del mercado. Esto se debe a que en los países ricos, los mayores consumidores mundiales de medicamentos, los precios en relación a las rentas medias, son lo suficientemente bajos como para que los consumidores mantengan estrategias conservadoras y fidelidad a las marcas. Los grandes beneficiarios de los genéricos son los países periféricos, los sistemas nacionales de salud y a través de estos las personas de rentas más bajas. Pero por lo mismo, en la industria farmaceútica, el que llega primero, el innovador, tiene incentivos más allá de la patente suficientes como para justificar y rentabilizar sobradamente el I+D. Hoy Coumadin sigue siendo el producto estrella de DuPont, fundamental dentro de las cuentas de la multinacional, a pesar de haber sido uno de los pocos casos donde la aparición casi simultánea de un genérico crea una situación asimilable a la que se daría en ausencia de patentes. Un mercado farmaceútico sin patentes vería pues con toda probabilidad una inversión mayor en I+D pues sólo la innovación garantizaría rentas extraordinarias temporales cercanas a las de monopolio. Pero también vería una rápida extensión de las innovaciones, bajo la forma de genéricos, en los países menos desarrollados. En algunos segmentos como los fármacos ligados a epidemias, llevaría sin duda a las farmaceúticas a aceptar riesgos mayores manteniendo stocks disponibles más amplios pues ante una amenaza de pandemia los laboratorios de genéricos podrían ocuparle parte del mercado. Lo que en estos días estamos viendo en Europa con el Taminflu es conocido de sobra en los países periféricos, con un alto precio en vidas humanas, algo que podríamos llamar el precio social de la patente. Pretender solventar estas situaciones mediante compra -es decir, sólo cuando afectan a los países ricos- es inmoral (sobre todo después de las experiencias con la malaria en buena parte del Tercer Mundo o el SIDA en Sudáfrica). Pretenderlo mediante expropiación contraproducente, pues existiendo las patentes, reorientará las inversiones hacia otro tipo de enfermedades y frenará la investigación de fármacos ligados a las nuevas epidemias. La única solución a medio plazo es la devolución. La práctica social de la innovación y la creación en la sociedad digitalPero Internet no sólo está transformando la generación de incentivos. También está modificando los entornos donde se genera la innovación. Durante los últimos dos años se han escrito miles de artículos, libros y posts sobre el concepto web 2.0. Todos los analistas y teóricos, desde Juan Urrutia que fue seguramente el primero en teorizar el tema allá por 2003 ([1], [2 y sobre todo [3]) hasta hoy, pasando por Tim OReilly que acuñó el término un par de años más tarde, coinciden en que la novedad fundamental aportada por esta fase de la evolución de los servicios de Internet es la confusión de papeles entre consumidor, productor e intermediario. La esencia de la web 2.0 al fin es la aparición de repositorios masivos como YouTube o Flickr que son el resultado de la puesta en disposición de materiales por una gran masa de usuarios distintos que generan un poderoso efecto red que periclita el atractivo de hacer valer los derechos legales monopolísticos: el valor de lo que pongo a disposición de la red siempre será menor que lo que pertenecer a la red me ofrece. Es más, dada la lógica de las comunidades distribuidas, cuanto más uso se haga de aquello que yo comparto y ofrezco mayor será el valor presente que la sociedad adjudique a mis creaciones futurasa. Pero la web 2.0 es sólo un primer apunte del modo de innovación y creación que está cuajando. En los últimos meses han ido cobrando relevancia una serie de herramientas que van un paso más allá y generan un entorno que ya empieza a conocerse como web 2.1. La esencia de este nuevo modelo social y comunitario es fomentar la creación individual a partir de un repositorio colectivo, el bricolage digital. Si YouTube es simplemente un gran repositorio audiovisual, Jumpcut, su alternativa 2.1, no sólo permite descargar los vídeos de otros, sino remontarlos, mezclarlos con contenidos de cualquier usuario y volver a poner el resultado, como un objet trouvé, a disposión de quien quiera seguir con la gran digestión social. La web 2.1 escenifíca de manera radical lo que es una referencia común en el mundo del arte y la ciencia: no hay tanto creación, como postproducción. Aportes y propuestas individuales que generan capas de sentido a partir de un gran almacen social preexistente. Un bricolage individual sobre el acerbo social. Continua propuesta. El mito del autor como creador, trasposición moderna de la figura divina, portadora de la gracia, se revela definitivamente como un rey desnudo. Creative CommonsCreative Commons es un sistema de licencias de propiedad intelectual y una organización dedicada a dar soporte a su uso publicadas originalmente por el jurista norteamericano Lawrence Lessig el 16 de diciembre de 2002. En 2003 Lessig defendió ante la Corte Suprema de EEUU la inconstitucionalidad de la Sonny Bono Copyright Term Extension Act (CTEA), una ley que extendía temporalmente los derechos de propiedad intelectual. El juicio, que perdió finalmente quedó para la jurisprudencia como Eldred contra Ashcroft. Lessig argumentó que la reducción legal del procomún bajo Dominio público significaría una pérdida económica para la comunidad en su conjunto y que lejos de aumentar los incentivos a la innovación los reduciría. El cliente bajo cuyo nombre actuaba era Eric Eldred, un editor con diversas empresas on y off line dedicadas a la difusión de obras bajo dominio público. Con Creative Commons, Lessig pretendía mostrar como la extensión temporal del monopolio legal sobre las creaciones podía equilibrarse mediante un sistema de licencias que permitiera a los autores reducir en determinados casos el alcance de sus derechos exclusivos mediante su cesión al público. El sistema de licencias Creative Commons plantea la propiedad intelectual como un continuo entre el todos los derechos reservados y el dominio público donde los autores pueden elegir distintos grados de protección atendiendo a cuestiones somo si permiten el uso comercial por terceros, la utilización para la creación de obras derivadas o si incorporan o no una clausula viral que obligue a que las obras derivadas tengan que tener una licencia igual. Como plantea la organización CC en su sitio oficial, su objetivo es animar a los autores a colocarse en algún lugar intermedio, declarando some rights reserved, algunos derechos reservados:
Según declaraciones del propio Lessig, más del 90% de las licencias Creative Commons en funcionamiento en contenidos online implican un grado de protección monopolista mayor que el dominio público y más de la mitad de ellas impiden la generación de obras derivadas. ¿CC o Devolución?
Creative Commons se plantea por tanto la misma cuestión que el Movimiento por la Devolución: ¿¿Qué hacer con el régimen de propiedad intelectual?? Pero CC responde que no es necesaria la reforma legal, que puede solucionarse en términos de elección individual y no en términos políticos lo cual es un mensaje político en si mismo, dado que si no es necesaria la reforma, el sistema de propiedad intelectual se legitima y refuerza con el uso de Creative Commons en vez de cuestionarse.
Además,desde el punto de vista del movimiento por la Devolución, son preferibles patentes y derechos intensos pero breves y cláramente delimitados en el tiempo a sistemas de derechos eternos que controlen sin embargo el rango de aplicación. Y esa es jústamente la lógica que opone al devolucionismo y a Creative Commons: el gran menú de opciones CC no sólo confunde sobre la naturaleza de los problemas derivados de la propiedad intelectual sino que genera en si mismo un coste impresionante de gestión y uso de cualquier repositorio que lo adopte, al obligar a mirar la etiqueta antes de reciclar o usar para una nueva obra cualquier creación anterior. ¿Complementarios u opuestos?En conjunto, el planteamiento político de Creative Commons es en realidad el opuesto del del Movimiento por la Devolución:
ConclusionesSólo la Devolución nos permite un horizonte en el que el par diversidad~innovación no sea alternativo al par cohesión~extensión del conocimiento. Sólo la Devolución genera un verdadero procomún: el viejo y estupendo dominio público de la tradición jurídica continental, el gran contenedor del que durante siglos los comunes hemos sacado las piezas con las que participar de la innovación en las Artes, las ciencias y el cambio tecnológico. Su restauración, refresco y actualización mediante una restricción temporal progresiva de las patentes y derechos de exclusividad otorgados por el estado a las creaciones, es el camino a seguir. Nota: Este texto está escrito desde la lógica del bricoleur a base de enlazar, copiar, pegar y modificar textos de Juan Urrutia, Michele Boldrin y una multitud de otros autores, incluído yo mismo. Guardado por David de Ugarte en Destacados a las 2:08 pm
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