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Lunes, 28 de Julio de 2008La muerte de la lectura profunda y el choque de teologíasVersiones Latoc Siguiendo la discusión del otro día, encuentro en el último número de The Atlantic un artículo de Nicholas Carr titulado de forma un tanto amarilla Is Google making us stupid?. La tesis es que la web, no Google, ha cambiado nuestra forma de leer… y por tanto la estructura misma de nuestro pensamiento. Para asentar lo primero cita un estudio sobre comportamiento en la red desarrollado por el University College London que concluye:
La idea es que la lectura profunda ha muerto. Leemos más que nunca -asegura- pero no nos abstraemos en un texto como antes durante horas. Ahora saltamos de un lado a otro, leyendo en diagonal, extrayendo datos de aquí y de allí, sin volver nunca a una fuente ya visitada. Como en una suerte de adaptación al nuevo medio cultural, nuestros itinerarios informacionales son cambiantes, casi aleatorios… pero superficiales. Algo así como los recorridos de una mosca sobre la comida. Cubrimos más espacio informativo… pero profundizamos menos. El lado malo es que la lectura profunda es en realidad indistinguible del pensamiento profundo… y perdiendo una estaríamos perdiendo al otro. La perspectiva según el autor, es la de un tipo de pensamiento muy relacionado, muy comprehensivo… pero que no establecería relaciones íntimas entre temas dispares. En una palabra, sería menos profundo y por tanto menos innovador y creativo. Nuestra inteligencia se parece cada vez menos a lo que considerábamos inteligencia y cada vez más a la inteligencia artificial y a los sistemas expertos. Lengua latina, mente latinaEn lo que no repara Carr es que la primera tecnología estructuradora del pensamiento es el idioma. Una tecnología que no es neutral en absoluto y que carga de manera casi mágica con toda una tradición cultural -y por tanto unos valores- implícitos. El propio olvido de Carr, es una buena muestra de ello. La cultura anglo tiene una tradición empirista que nace de haber quedado fuera del ámbito de la tradición regulacionista y casuista del Derecho Romano y la escolástica. Una tradición eminentemente práctica en la generación del conocimiento que ha traído grandes joyas al mundo: desde la Common Law a Newton… una forma de pensar lo nuevo que es mucho más deslumbrante en sus logros que en las reflexiones que le dan lugar. No es casualidad la asincronía en el debate sobre el significado político de la web 2.0. Para llegar a lo nuevo, en nuestra tradición, es preciso desprenderse y criticar una pesada carga. Innovar es un ejercicio de Zen para nosotros que te obliga a bucear por las densas aguas de una tradición cultural y legal sumamente pesada. En el mundo anglo, aportar sentido viene después del hacer, como nos enseñaron nuestros profesores de crítica. Digg, la Wikipedia o Google fueron pensados después de hechos. Feevy o BBVA tu cuentas -por dar ejemplos cercanos- lo fueron antes. En el mundo latino hay que vencer muchas resistencias culturales antes de llegar al hacer. Hay una frontera cultural obvia: vivimos instalados en el mundo de la Teología Católica, no en el de la protestante. A simple vista no parece ninguna ventaja… pero tampoco hay que olvidar que al fin el protestantismo articula la comunidad en torno a prohibiciones, mientras que la tradición jurídico-teológica del Sur (católica o sunní) lo hace en torno a las excepciones y el regateo frente a la ley. Leer desde el SurLa frontera de tradiciones no es desde luego homogénea. No nos falta influencia anglo en nuestra cultura. Basta leer a los local gurus españoles que escriben sobre Internet para darse cuenta. En un tiempo en el que sin innovación no se sobrevive, las más rancias tradiciones del autoodio y el complejo de inferioridad propios del colonizado renacen con fuerza: la glosa, la referencia descontextuada, parecen requerirse más que el pensamiento original. Ver grandes directivos esforzándose por hablar toscamente en inglés es motivo de fea mofa en YouTube… pero no nos hace reflexionar sobre aquello que a lo que nos lleva… Y sin embargo… la diferencia existe. Leer en serio en esta parte del mundo sigue siendo minoritario, pero el número de gente que lee en el metro de Madrid, Barcelona, Bilbao o Valencia sigue llamando la atención en comparación con las ciudades del Norte europeo. Llegamos ahora a hacer nuestra la escritura rápida del periodismo anglo, hija del telégrafo, como cuenta Enrique Meneses. Necesitamos textos breves y frases cortas porque nuestro modo de vivir se ha hecho más rápido y nómada, porque estamos rodeados de información y medios. Necesitamos concisión para hacer posible la lectura profunda que Carr da por moribunda en el anglomundo. Lo que en el anglomundo es un RIP aquí es una demanda. ConclusionesEl tipo de conocimiento y argumentación que se entienden previos a la acción son muy diferentes en aquel mundo. La práctica del surfeo por la red, por el rastreo a saltos entre fuentes informativas, conecta e intensifica rasgos específicos de la cultura y tradiciones del anglomundo y la Teología protestante. Fundamentos culturales que entienden que la interpretación y no la reflexión son previas a la acción. En este sentido y en ese contexto cultural es cierto que la lectura profunda puede estar en jaque simplemente, porque dentro de ese esquema, ya no es funcional. En el mundo latino y mediterráneo, en cambio, el amor a la novedad, a lo empírico, por mucho que se desarrolle, no nos librará de tener que enfrentar ex ante todo tipo de resistencias culturales profundas a cualquier propuesta, ya sea en la charla de bar o en una presentación de productos. En nuestras empresas, en nuestras conversaciones, aportar es poner pegas, es ser abogado del diablo. Y para enfrentarlas no basta con reunir fuentes o cazar ideas. Hay que bucear y entender la lógica interna de los argumentos. Para vencer una cultura más lenta y conservadora, hay que ser más profundo. De hecho y es algo más que casualidad, lo que los anglos llaman lectura horizontal entre títulos y cabeceras (véase la cita de arriba) en español se llama lectura diagonal. Y el caso es que lo que tenemos es menos tiempo para alcanzar esa profundidad. Por eso, a este lado de la frontera de civilizaciones, necesitamos textos breves para leer más… aunque profundamente. La muerte de la lectura profunda y el choque de teologías Seguindo a discussão do outro dia, encontro no último número de The Atlantic um artigo de Nicholas Carr titulado de forma um tanto amarela Is Google making us stupid?. A tese é que o site, não Google, mudou nossa forma de lerÂ… e por tanto a estrutura mesma de nosso pensamento. Para assentar o primeiro cita um estudo sobre comportamento na rede desenvolvido pelo University College London que conclui:
A ideia é que a leitura profunda morreu. Lemos mais que nunca -assegura- mas não nos abstraemos num texto como dantes durante horas. Agora saltamos de um lado a outro, lendo em diagonal, extraindo dados de aqui e de ali, sem voltar nunca a uma fonte já visitada. Como numa sorte de adaptação ao novo médio cultural, nossos itinerarios informacionales são cambiantes, quase aleatoriosÂ… mas superficiais. Algo bem como os percursos de uma mosca sobre a comida. Cobrimos mais espaço informativoÂ… mas aprofundamos menos. O lado mau é que a leitura profunda é em realidade indistinguible do pensamento profundoÂ… e perdendo uma estaríamos a perder ao outro. A perspectiva segundo o autor, é a de um tipo de pensamento muito relacionado, muito comprehensivoÂ… mas que não estabeleceria relações íntimas entre temas dispares. Numa palavra, seria menos profundo e por tanto menos inovador e criativo. Nossa inteligência parece-se a cada vez menos ao que considerávamos inteligência e a cada vez mais à inteligência artificial e aos sistemas experientes. Língua latina, mente latinaNo que não conserta Carr é que a primeira tecnologia estructuradora do pensamento é o idioma. Uma tecnologia que não é neutra em absoluto e que carrega de maneira quase mágica com toda uma tradição cultural -e por tanto uns valores- implícitos. O próprio esquecimento de Carr, é uma boa mostra disso. A cultura anglo tem uma tradição empirista que nasce de ter ficado fora do âmbito da tradição regulacionista e casuista do Direito Romano e a escolástica. Uma tradição eminentemente prática na geração do conhecimento que trouxe grandes jóias ao mundo: desde a Common Law a NewtonÂ… uma forma de pensar o novo que é bem mais deslumbrante em seus lucros que nas reflexões que lhe dão lugar. Não é casualidade a asincronía no debate sobre o significado político do site 2.0. Para chegar ao novo, em nossa tradição, é preciso desprender-se e criticar um pesado ónus. Inovar é um exercício de Zen para nós que te obriga a mergulhar pelas densas águas de uma tradição cultural e legal sumamente pesada. No mundo anglo, contribuir sentido vem após o fazer, como nos ensinaram nossos professores de crítica. Digg, a Wikipedia ou Google foram pensados após factos. Feevy ou BBVA tua contas -por dar exemplos próximos- foram-no dantes. No mundo latino há que vencer muitas resistências culturais dantes de chegar ao fazer. Há uma fronteira cultural óbvia: vivemos instalados no mundo da Teología Católica, não no da protestante. A simples vista não parece nenhuma vantagemÂ… mas também não há que esquecer que ao fim o protestantismo articula a comunidade em torno de proibições, enquanto a tradição jurídico-teológica do Sur (católica ou sunní) o faz em torno das excepções e o pechincho em frente à lei. Ler desde o SurA fronteira de tradições não é desde depois homogénea. Não nos falta influência anglo em nossa cultura. Basta ler aos local gurus espanhóis que escrevem sobre Internet para se dar conta. Num tempo no que sem inovação não se sobrevive, as mais rancias tradições do autoodio e o complexo de inferioridad próprios do colonizado renacen com força: a glosa, a referência descontextuada, parecem requerer-se mais que o pensamento original. Ver grandes directivos esforçando-se por falar toscamente em inglês é motivo de feia troça em YouTubeÂ… mas não nos faz reflexionar sobre aquilo que ao que nos levaÂ… E no entantoÂ… a diferença existe. Ler em sério nesta parte do mundo segue sendo minoritário, mas o número de gente que lê no metro de Madri, Barcelona, Bilbao ou Valencia segue chamando a atenção em comparação com as cidades do Norte europeu. Chegamos agora a fazer nossa a escritura rápida do jornalismo anglo, filha do telégrafo, como conta Enrique Meneses. Precisamos textos breves e frases curtas porque nosso modo de viver fez-se mais rápido e nómada, porque estamos rodeados de informação e meios. Precisamos concisión para fazer possível a leitura profunda que Carr dá por moribunda no anglomundo. O que no anglomundo é um RIP aqui é uma demanda. ConclusõesO tipo de conhecimento e argumentación que se entendem prévios à acção são muito diferentes naquele mundo. A prática do surfeo pela rede, pelo rastreo a saltos entre fontes informativas, conecta e intensifica rasgos específicos da cultura e tradições do anglomundo e a Teología protestante. Fundamentos culturais que entendem que a interpretação e não a reflexão são prévias à acção. Neste sentido e nesse contexto cultural é verdadeiro que a leitura profunda pode estar em xeque simplesmente, porque dentro desse esquema, já não é funcional. No mundo latino e mediterráneo, em mudança, o amor à novidade, ao empírico, por muito que se desenvolva, não livrar-nos-á de ter que enfrentar ex antes de mais nada tipo de resistências culturais profundas a qualquer proposta, já seja na charla de bar ou numa apresentação de produtos. Em nossas empresas, em nossas conversas, contribuir é pôr colas, é ser advogado do diabo. E para enfrentá-las não basta com reunir fontes ou caçar ideias. Há que mergulhar e entender a lógica interna dos argumentos. Para vencer uma cultura mais lenta e conservadora, há que ser mais profundo. De facto e é algo mais que casualidade, o que os anglos chamam leitura horizontal entre títulos e cabeceiras (se veja a cita de acima) em espanhol se chama leitura diagonal. E o caso é que o que temos é menos tempo para atingir essa profundidade. Por isso, a este lado da fronteira de civilizações, precisamos textos breves para ler maisÂ… ainda que profundamente. A morte da leitura profunda e o choque de teologías Seguindo a discusión do outro día, encontro no último número de The Atlantic un artigo de Nicholas Carr titulado de forma un tanto amarela Is Google making us stupid?. A tese é que a web, non Google, cambiou a nosa forma de lerÂ… e xa que logo a estrutura mesma do noso pensamento. Para asentar o primeiro cita un estudo sobre comportamento na rede desenvolvido polo University College London que conclúe:
A idea é que a lectura profunda morreu. Lemos máis que nunca -asegura- pero non nos abstraemos nun texto como antes durante horas. Agora saltamos dun lado a outro, lendo en diagonal, extraendo datos de aquí e de alí, sen volver nunca a unha fonte xa visitada. Como nunha sorte de adaptación ao novo medio cultural, os nosos itinerarios informacionales son cambiantes, case aleatoriosÂ… pero superficiais. Algo así como os percorridos dunha mosca sobre a comida. Cubrimos máis espazo informativoÂ… pero profundamos menos. O lado malo é que a lectura profunda é en realidade indistinguible do pensamento profundoÂ… e perdendo unha estariamos perdendo aooutro . A perspectiva segundo o autor, é a dun tipo de pensamento moi relacionado, moi comprehensivoÂ… pero que non establecería relacións íntimas entre temas dispares. Nunha palabra, sería menos profundo e xa que logo menos innovador e creativo. A nosa intelixencia parécese cada vez menos ao que considerabamos intelixencia e cada vez máis á intelixencia artificial e aos sistemas expertos. Lingua latina, mente latinaNo que non repara Carr é que a primeira tecnoloxía estructuradora do pensamento é o idioma. Unha tecnoloxía que non é neutral en absoluto e que carga de xeito case máxico con toda unha tradición cultural -e xa que logo uns valores- implícitos. O propio esquecemento de Carr, é unha boa mostra diso. A cultura anglo ten unha tradición empirista que nace de quedar fóra do ámbito da tradición regulacionista e casuista do Dereito Romano e a escolástica. Unha tradición eminentemente práctica na xeración do coñecemento que trouxo grandes xoias ao mundo: desde a Common Law a NewtonÂ… unha forma de pensar o novo que é moito máis deslumbrante nos seus logros que nas reflexións que lle dan lugar. Non é casualidade a asincronía no debate sobre o significado político da web 2.0. Para chegar ao novo, na nosa tradición, é preciso desprenderse e criticar unha pesada carga. Innovar é un exercicio de Zen para nós que che obriga a bucear polas densas augas dunha tradición cultural e legal sumamente pesada. No mundo anglo, aportar sentido vén despois do facer, como nos ensinaron os nosos profesores de crítica. Digg, a Wikipedia ou Google foron pensados logo de feitos. Feevy ou BBVA a túa contas -por dar exemplos próximos- fórono antes. No mundo latino hai que vencer moitas resistencias culturais antes de chegar ao facer. Hai unha fronteira cultural obvia: vivimos instalados no mundo da Teoloxía Católica, non no da protestante. A primeira ollada non parece ningunha vantaxeÂ… pero tampouco hai que esquecer que ao fin o protestantismo articula a comunidade en torno a prohibicións, mentres que a tradición xurídico-teolóxica do Sur (católica ou sunní) faio en torno ás excepcións e o regateo fronte á lei. Ler desde o SurA fronteira de tradicións non é desde logo homogénea. Non nos falta influencia anglo na nosa cultura. Basta ler aos local gurus españois que escriben sobre Internet para darse conta. Nun tempo no que sen innovación non se sobrevive, as máis rancias tradicións do autoodio e o complexo de inferioridad propios do colonizado renacen con forza: a glosa, a referencia descontextuada, parecen requirirse máis que o pensamento orixinal. Ver grandes directivos esforzándose por falar toscamente en inglés é motivo de fea mofa en YouTubeÂ… pero non nos fai reflexionar sobre aquilo que ao que nos levaÂ… E con todoÂ… a diferenza existe. Ler en serio nesta parte do mundo segue sendo minoritario, pero o número de xente que le no metro de Madrid, Barcelona, Bilbao ou Valencia segue chamando a atención en comparación coas cidades do Norte europeo. Chegamos agora a facer nosa a escritura rápida do xornalismo anglo, filla do telégrafo, como conta Enrique Meneses. Necesitamos textos breves e frases curtas porque o noso modo de vivir fíxose máis rápido e nómada, porque estamos rodeados de información e medios. Necesitamos concisión para facer posible a lectura profunda que Carr dá por moribunda no anglomundo. O que no anglomundo é un RIP aquí é unha demanda. ConclusiónsO tipo de coñecemento e argumentación que se entenden previos á acción son moi diferentes naquel mundo. A práctica do surfeo pola rede, polo rastrexo a saltos entre fontes informativas, conecta e intensifica trazos específicos da cultura e tradicións do anglomundo e a Teoloxía protestante. Fundamentos culturais que entenden que a interpretación e non a reflexión son previas á acción. Neste sentido e nese contexto cultural é certo que a lectura profunda pode estar en xaque simplemente, porque dentro dese esquema, xa non é funcional. No mundo latino e mediterráneo, en cambio, o amor á novidade, ao empírico, por moito que se desenvolva, non nos librará de ter que enfrontar ex ante todo tipo de resistencias culturais profundas a calquera proposta, xa sexa na charla de bar ou nunha presentación de produtos. Nas nosas empresas, nas nosas conversacións, aportar é poñer pegas, é ser avogado do diaño. E para enfrontalas non basta con reunir fontes ou cazar ideas. Hai que bucear e entender a lóxica interna dos argumentos. Para vencer unha cultura máis lenta e conservadora, hai que ser máis profundo. De feito e é algo máis que casualidade, o que os anglos chaman lectura horizontal entre títulos e cabeceras (véxase a cita de arriba) en español chámase lectura diagonal. E o caso é que o que temos é menos tempo para alcanzar esa profundidade. Por iso, a este lado da fronteira de civilizacións, necesitamos textos breves para ler máisÂ… aínda que profundamente. A morte da lectura profunda e o choque de teoloxías En seguint la discussion de l'autre jorn, amassada en lo darrièr nombre de The Atlantic un article de Nicholas Carr titolat de forma un tant jauna Is Google making us stupid?. La tèsi # # #el que la web, pas Google, a cambiat la nòstra forma de liégerÂ… e per tant l'estructura meteissa de la nòstra pensada. Per asentar çò de primièr cita un estudi sobratz comportament en la ret desvolopada pel University College London que conclutz:
L'idèa es que la lectura prigonda es mòrta. Liegem mai qu'assegura -jamai- mas pas nos abstraemos en un tèxt coma abans pendent d'oras. Sautam ara d'un costat a d'autre, en liegent en diagonal, en extrasent de donadas d'aicí e d'ailà, sens tornar jamai a una font ja visitada. Coma en una sòrt d'adaptacion al nòu mièg cultural, los nòstres itineraris informacionales son cambiantes, gaireben aleatoriosÂ… mas superficiales. Qualquarren aital coma los recorreguts d'una mosca sobratz lo manjar. Cobrissèm mai espaci informatiuÂ… mas aprigondissèm mens. Lo costat dolent es que la lectura prigonda es en realitat indistinguible de la pensada prigondaÂ… e en perdent òm perdriam a l'autre. La perspectiva segontes l'autor, es la d'un tipe de pensada fòrça ligat, fòrça comprehensivoÂ… mas qu'establiriá pas de relacions intimas entre de tèmas tires. En un mot, seriá mens prigond e per tant mens innovador e creatiu. La nòstra intelligéncia se sembla de mens en mens a çò que consideràvem intelligéncia e de mai en mai a l'intelligéncia artificiala e als sistèmas d'expèrts. Lenga latina, esperit latinEn çò qu'apraie pas Carr es que la primièra tecnologia estructuradora de la pensada es l'idiòma. Una tecnologia qu'es pas neutral en absolut e que carga de manièra gaireben magica amb tota una tradicion culturala -e per tant unas valors- implícitos. Lo pròpri oblit de Carr, es una bona mòstra d'aiçò. La cultura anglo a una tradicion empirista que nais d'èsser demorat fòra del contorn de la tradicion regulacionista e casuista del Drech Romano e la escolástica. Una tradicion eminentemente practica en la generacion de la coneissença qu'a portat de grandas jòias dins lo mond: dempuèi la Common Law a NewtonÂ… una forma de pensar çò de nòu qu'es fòrça mai deslumbrante en los sieus assolidatges qu'en las reflexions que li donan luòc. Es pas edart la asincronía en lo debat sobratz lo significat politic de la web 2.0. Per arribar a çò de nòu, en la nòstra tradicion, es precís se desprene e criticar una pesada carga. Innovar es un exercici de Zen per nosautres que t'obliga a bucear per las denssas aigas d'una tradicion culturala e legala sumamente pesada. En lo mond anglo, aportar de sens ven après lo far, coma nos ensenhèron los nòstres professors de critica. Digg, La Wikipedia o Google foguèt pensat après de fachs. Feevy O BBVA los tieus comptes -per donar d'exemples prèps- o anèron abans. En lo mond latin cal véncer fòrça resisténcias culturalas abans d'arribar al far. I a una frontièra culturala vesedora: vivèm installats dins lo mond de la Teologia Catolica, pas en lo de la protestante. A simpla vista sembla pas cap ventajaÂ… mas cal tanpauc desbrembar qu'a la fin lo protestantismo articula la comunitat en torni a de proïbicions, del temps que la tradicion juridica-teológica del Sud (catolica o sunní) o fa en torni a las excepcions e lo regateo front a la lei. Liéger dempuèi lo SudLa mòrt de la lectura prigonda e la laspanada de teologias Seguint la discussió de l'altre dia, trobada en l'últim nombre de The Atlantic un article de Nicholas Carr titulat de forma un tant groga Is Google making us stupid?. La tesi és que la web, no Google, ha canviat la nostra forma de llegirÂ… i per tant l'estructura mateixa del nostre pensament. Per a assentar el primer cita un estudi sobre comportament en la xarxa desenvolupat pel University College London que conclou:
La idea és que la lectura profunda ha mort. Llegim més que mai -assegura- però no ens abstraemos en un text com abans durant hores. Ara saltem d'un costat a un altre, llegint en diagonal, extraient dades d'aquí i d'allí, sense tornar mai a una font ja visitada. Com en una sort d'adaptació al nou mig cultural, els nostres itineraris informacionales són cambiantes, gairebé aleatoriosÂ… però superficials. Alguna cosa així com els recorreguts d'una mosca sobre el menjar. Cobrim més espai informatiuÂ… però aprofundim menys. El costat dolent és que la lectura profunda és en realitat indistinguible del pensament profundÂ… i perdent una estaríem perdent a l'altre. La perspectiva segons l'autor, és la d'un tipus de pensament molt relacionat, molt comprehensivoÂ… però que no establiria relacions íntimes entre temes disparis. En una paraula, seria menys profund i per tant menys innovador i creatiu. La nostra intel·ligència se sembla cada vegada menys al que consideràvem intel·ligència i cada vegada més a la intel·ligència artificial i als sistemes experts. Llengua llatina, ment llatinaEn el que no repara Carr és que la primera tecnologia estructuradora del pensament és l'idioma. Una tecnologia que no és neutral en absolut i que carrega de manera gairebé màgica amb tota una tradició cultural -i per tant uns valors- implícitos. El propi oblit de Carr, és una bona mostra d'això. La cultura anglo té una tradició empirista que neix d'haver quedat fora de l'àmbit de la tradició regulacionista i casuista del Dret Romà i la escolástica. Una tradició eminentemente pràctica en la generació del coneixement que ha portat grans joies al món: des de la Common Law a NewtonÂ… una forma de pensar el nou que és molt més enlluernador en els seus assoliments que en les reflexions que li donen lloc. No és casualitat la asincronía en el debat sobre el significat polític de la web 2.0. Per a arribar al nou, en la nostra tradició, cal desprendre's i criticar una pesada càrrega. Innovar és un exercici de Zen per a nosaltres que t'obliga a bussejar per les denses aigües d'una tradició cultural i legal summament pesada. En el món anglo, aportar sentit ve després del fer, com ens van ensenyar els nostres professors de crítica. Digg, la Wikipedia o Google van ser pensats després de fets. Feevy o BBVA el teu comptes -per donar exemples propers- ho van anar abans. En el món llatí cal vèncer moltes resistències culturals abans d'arribar al fer. Hi ha una frontera cultural òbvia: vivim instal·lats en el món de la Teologia Catòlica, no en el de la protestant. A simple vista no sembla cap avantatgeÂ… però tampoc cal oblidar que a la fi el protestantismo articula la comunitat entorn de prohibicions, mentre que la tradició jurídic-teológica del Sud (catòlica o sunní) ho fa entorn de les excepcions i el regatejo enfront de la llei. Llegir des del SudLa frontera de tradicions no és des de després homogènia. No ens falta influència anglo en la nostra cultura. Prou llegir als local gurus espanyols que escriuen sobre Internet per a adonar-se. En un temps en el qual sense innovació no se sobreviu, les més ràncies tradicions del autoodio i el complex d'inferioritat propis del colonizado renacen amb força: la glosa, la referència descontextuada, semblen requerir-se més que el pensament original. Veure grans directius esforçant-se per parlar toscamente en anglès és motiu de lletja mofa en YouTubeÂ… però no ens fa reflexionar sobre allò que al que ens portaÂ… I no obstant aixòÂ… la diferència existeix. Llegir en seriós en aquesta part del món segueix sent minoritari, però el nombre de gent que llegeix en el metre de Madrid, Barcelona, Bilbao o València segueix cridant l'atenció en comparació de les ciutats del Nord europeu. Arribem ara a fer nostra l'escriptura ràpida del periodisme anglo, filla del telègraf, com compte Enrique Meneses. Necessitem textos breus i frases curtes perquè la nostra manera de viure s'ha fet més ràpid i nòmada, perquè estem envoltats d'informació i mitjans. Necessitem concisión per a fer possible la lectura profunda que Carr dóna per moribunda en el anglomundo. El que en el anglomundo és un RIP aquí és una demanda. ConclusionsEl tipus de coneixement i argumentació que s'entenen previs a l'acció són molt diferents en aquell món. La pràctica del surfeo per la xarxa, pel rastrejo a salts entre fonts informatives, connecta i intensifica trets específics de la cultura i tradicions del anglomundo i la Teologia protestant. Fonaments culturals que entenen que la interpretació i no la reflexió són prèvies a l'acció. En aquest sentit i en aquest context cultural és cert que la lectura profunda pot estar en escac simplement, perquè dintre d'aquest esquema, ja no és funcional. En el món llatí i mediterrani, en canvi, l'amor a la novetat, a l'empíric, per molt que es desenvolupi, no ens lliurarà d'haver d'enfrontar ex davant tot tipus de resistències culturals profundes a qualsevol proposta, ja sigui en la xerrada de bar o en una presentació de productes. En les nostres empreses, en les nostres converses, aportar és posar pegues, és ser advocat del diable. I per a enfrontar-les no n'hi ha prou amb reunir fonts o caçar idees. Cal bussejar i entendre la lògica interna dels arguments. Per a vèncer una cultura més lenta i conservadora, cal ser més profund. De fet i és alguna cosa més que casualitat, el que els anglos criden lectura horitzontal entre títols i capçaleres (vegi's la cita d'a dalt) en espanyol es diu lectura diagonal. I el cas és que el que tenim és menys temps per a aconseguir aquesta profunditat. Per això, a aquest costat de la frontera de civilitzacions, necessitem textos breus per a llegir mésÂ… encara que profundament. La mort de la lectura profunda i el xoc de teologies
Siguiendo la discusión del otro día, encuentro en el último número de The Atlantic un artículo de Nicholas Carr titulado de forma un tanto amarilla Is Google making us stupid?. La tesis es que la web, no Google, ha cambiado nuestra forma de leer… y por tanto la estructura misma de nuestro pensamiento. Para asentar lo primero cita un estudio sobre comportamiento en la red desarrollado por el University College London que concluye:
La idea es que la lectura profunda ha muerto. Leemos más que nunca -asegura- pero no nos abstraemos en un texto como antes durante horas. Ahora saltamos de un lado a otro, leyendo en diagonal, extrayendo datos de aquí y de allí, sin volver nunca a una fuente ya visitada. Como en una suerte de adaptación al nuevo medio cultural, nuestros itinerarios informacionales son cambiantes, casi aleatorios… pero superficiales. Algo así como los recorridos de una mosca sobre la comida. Cubrimos más espacio informativo… pero profundizamos menos. El lado malo es que la lectura profunda es en realidad indistinguible del pensamiento profundo… y perdiendo una estaríamos perdiendo al otro. La perspectiva según el autor, es la de un tipo de pensamiento muy relacionado, muy comprehensivo… pero que no establecería relaciones íntimas entre temas dispares. En una palabra, sería menos profundo y por tanto menos innovador y creativo. Nuestra inteligencia se parece cada vez menos a lo que considerábamos inteligencia y cada vez más a la inteligencia artificial y a los sistemas expertos. Lengua latina, mente latinaEn lo que no repara Carr es que la primera tecnología estructuradora del pensamiento es el idioma. Una tecnología que no es neutral en absoluto y que carga de manera casi mágica con toda una tradición cultural -y por tanto unos valores- implícitos. El propio olvido de Carr, es una buena muestra de ello. La cultura anglo tiene una tradición empirista que nace de haber quedado fuera del ámbito de la tradición regulacionista y casuista del Derecho Romano y la escolástica. Una tradición eminentemente práctica en la generación del conocimiento que ha traído grandes joyas al mundo: desde la Common Law a Newton… una forma de pensar lo nuevo que es mucho más deslumbrante en sus logros que en las reflexiones que le dan lugar. No es casualidad la asincronía en el debate sobre el significado político de la web 2.0. Para llegar a lo nuevo, en nuestra tradición, es preciso desprenderse y criticar una pesada carga. Innovar es un ejercicio de Zen para nosotros que te obliga a bucear por las densas aguas de una tradición cultural y legal sumamente pesada. En el mundo anglo, aportar sentido viene después del hacer, como nos enseñaron nuestros profesores de crítica. Digg, la Wikipedia o Google fueron pensados después de hechos. Feevy o BBVA tu cuentas -por dar ejemplos cercanos- lo fueron antes. En el mundo latino hay que vencer muchas resistencias culturales antes de llegar al hacer. Hay una frontera cultural obvia: vivimos instalados en el mundo de la Teología Católica, no en el de la protestante. A simple vista no parece ninguna ventaja… pero tampoco hay que olvidar que al fin el protestantismo articula la comunidad en torno a prohibiciones, mientras que la tradición jurídico-teológica del Sur (católica o sunní) lo hace en torno a las excepciones y el regateo frente a la ley. Leer desde el SurLa frontera de tradiciones no es desde luego homogénea. No nos falta influencia anglo en nuestra cultura. Basta leer a los local gurus españoles que escriben sobre Internet para darse cuenta. En un tiempo en el que sin innovación no se sobrevive, las más rancias tradiciones del autoodio y el complejo de inferioridad propios del colonizado renacen con fuerza: la glosa, la referencia descontextuada, parecen requerirse más que el pensamiento original. Ver grandes directivos esforzándose por hablar toscamente en inglés es motivo de fea mofa en YouTube… pero no nos hace reflexionar sobre aquello que a lo que nos lleva… Y sin embargo… la diferencia existe. Leer en serio en esta parte del mundo sigue siendo minoritario, pero el número de gente que lee en el metro de Madrid, Barcelona, Bilbao o Valencia sigue llamando la atención en comparación con las ciudades del Norte europeo. Llegamos ahora a hacer nuestra la escritura rápida del periodismo anglo, hija del telégrafo, como cuenta Enrique Meneses. Necesitamos textos breves y frases cortas porque nuestro modo de vivir se ha hecho más rápido y nómada, porque estamos rodeados de información y medios. Necesitamos concisión para hacer posible la lectura profunda que Carr da por moribunda en el anglomundo. Lo que en el anglomundo es un RIP aquí es una demanda. ConclusionesEl tipo de conocimiento y argumentación que se entienden previos a la acción son muy diferentes en aquel mundo. La práctica del surfeo por la red, por el rastreo a saltos entre fuentes informativas, conecta e intensifica rasgos específicos de la cultura y tradiciones del anglomundo y la Teología protestante. Fundamentos culturales que entienden que la interpretación y no la reflexión son previas a la acción. En este sentido y en ese contexto cultural es cierto que la lectura profunda puede estar en jaque simplemente, porque dentro de ese esquema, ya no es funcional. En el mundo latino y mediterráneo, en cambio, el amor a la novedad, a lo empírico, por mucho que se desarrolle, no nos librará de tener que enfrentar ex ante todo tipo de resistencias culturales profundas a cualquier propuesta, ya sea en la charla de bar o en una presentación de productos. En nuestras empresas, en nuestras conversaciones, aportar es poner pegas, es ser abogado del diablo. Y para enfrentarlas no basta con reunir fuentes o cazar ideas. Hay que bucear y entender la lógica interna de los argumentos. Para vencer una cultura más lenta y conservadora, hay que ser más profundo. De hecho y es algo más que casualidad, lo que los anglos llaman lectura horizontal entre títulos y cabeceras (véase la cita de arriba) en español se llama lectura diagonal. Y el caso es que lo que tenemos es menos tiempo para alcanzar esa profundidad. Por eso, a este lado de la frontera de civilizaciones, necesitamos textos breves para leer más… aunque profundamente. Si crees que puedes aportar algo interesante deja un comentario...Debes estar registrado como usuario para postear. Tout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just « Menos que libros, más que lectura « Portada » Del kibbutz a la wikipedia »
Salvo indicación o advertencia en contrario, el autor de todas las entradas de este blog es David de Ugarte, quien las escribe y hace devolución expresa de ellas al Dominio Público
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