El poder entendido desde la lírica
(Viene de un post anterior)
Hace no mucho Desmond Morris dedicó un curioso ensayo a la felicidad. La definía como el súbito trance de placer que se siente cuando algo mejora y la fundamentaba como un logro evolutivo de nuestra especie, como el premio genético que recibimos las criaturas de una especie que se hizo curiosa, básicamente pacífica, cooperativa y competitiva para poder adaptarse y superarse en un medio diverso y cambiante.
Morris argumenta que si la felicidad es pasajera es porque está ligada al cambio. Así, el muy reiterado lema de Juan Urrutia “dejarse arrebatar por el cambio“, resumiría como ninguno el atractivo irrenunciable de la lírica de la innovación y su perspectiva gozosa del futuro.
La lírica de las redes es un canto del goce, de la felicidad provocada por el cambio. Es una lírica rebelde en el sentido en el que la rebeldía se incorpora a la teoría de redes sociales: al cantar la felicidad producida por el cambio, por la innovación, al aumentar la expectativa del premio a recibir a quien se una, invita a reducir el umbral de rebeldía del oyente impulsando la extensión de los nuevos comportamientos y precisamente por ello la cohesión social.
En este marco la lírica entendida como el relato de la felicidad, desde la felicidad o en su expectativa, supone una invitación al cambio desde la ejemplaridad del explorador, del cartógrafo que reduce los riesgos experimentando a su propia costa para hacer públicos los resultados. Frente a la épica del conquistador, del combatiente, que prefigura una sociedad de sacrificio y conquista, de individuos sufrientes en pos de un plus ultra, de una victoria final que de sentido a la Pasión sufrida, la lírica de la innovación social se parece más bien al apasionado relato del naturalista que vive un descubrimiento permanente y progresivo, que sabe el más allá infinito y valora lo recorrido en si mismo, como una obra completa, como una reinvención permanente, una Resurrección gozosa.
La épica se adapta mal a las redes. Al menos a las de las culturas meridionales porque es cosa de individuos, de soledades. Prometeo cumple aislado su castigo. El Jesús épico, el del maritirio, es un Jesús solitario (Padre, ¿por qué me has abandonado?). El Cristo de la Resurrección es un hecho social, visita a los amigos y a su madre, reconstruye la red rota por el agotamiento producido por su propio sufrimiento en quienes le amaban, devolviendo la fé agotada y antecediendo el gran milagro pentecostal: la multiplicidad de la palabra para cada uno de los miembros del cluster original.
Es difícil expresar hasta que punto, desde la mirada y la práctica de las redes, el individuo es una abstracción aberrante. No somos individuos, somos personas definidas no sólo por un ser, sino por un conjunto de relaciones, de conversaciones y expectativas que configuran una existencia.
Lo que vale para el individuo no vale para la persona. No está en el enemigo nuestro espejo cuando uno no es uno sino varios. El esfuerzo épico es el esfuerzo por obtener una identidad coherente sobre la confrontación, por hacer enemigo de todos lo que es enemigo de uno. Por eso la épica simplifica y homogeneiza. Pero la lírica nos dice que no reside nuestra identidad en lo que es, sino en lo que vemos posible alcanzar, en la felicidad del siguiente cambio, de la siguiente mejora posible. Invita pues a definirnos sobre el siguiente paso, a llevar la bandera cada cual de nuestro propio curso. Invita a hacer camino, cada cual el suyo, no a aceptar un único camino.
Por ello la épica ve lo colectivo como organización, como molde, como ejército, como resultado de un plan o una voluntad trágica. El Ché cuenta Bolivia como un Cristo sufriente abandonado por el pueblo-padre. La lírica relata lo colectivo desde lo común, como la magia (a Orfeo atribuían los griegos por cierto su invención), como la imagen resultante de un rehacerse de prácticas, de experimentos, de juegos. Nada más lejos de la chejiná kavalística y mesiánica que culmina en el Nuevo Jerusalem que el derecho a la búsqueda de la propia felicidad que da el contrapunto subversivo y lírico al orden moderno de la Constitución americana.
Y es este el marco desde el que el poder se define en ambas formas de relato como algo realmente opuesto. En la épica, el poder emerge como resultado de la batalla. Tras ella queda el vacío o un nuevo ciclo fractal de guerra a nueva escala. Tras la Iliada la Orestiada. Del sacrificio de Ifigenia a la persecución de Orestes por su propia madre, media el triunfo de Agamenon: la Troya engañada, vejada y arrasada.
Del relato lírico, el poder emerge como consenso, como resultante colectiva de un experimento testado por muchos, de un camino que descubre un hito por el que pasa, para muchos, el camino de construir una existencia arrebatada por el cambio. El poder del lírico emerge de su capacidad para generar nuevos consensos, de diseñar nuevos juegos, nuevas experiencias que muchos o todos en una red concuerden como mejora, como fuente de felicidad para cada uno.
Construir un hermoso blog como bitácora de una hermosa vida. Construir y cantar lo construido. Porque al fin ¿puede haber mayor triunfo que el de construir la felicidad desde lo pequeño?
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[…] (Continúa en el siguiente post) […]
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[…] ¿Y entonces qué? ¿No hay espacio para la lÃrica a la que nos invita David de Ugarte? Según de Ugarte “El poder del lÃrico emerge de su capacidad para generar nuevos consensos, de diseñar nuevos juegos, nuevas experiencias que muchos o todos en una red concuerden como mejora, como fuente de felicidad para cada uno.”. Se trata de una apuesta postmoderna que apunta a “construir la felicidad desde lo pequeño”. En este espacio es donde entra la ciudadanÃa, la construcción de redes y la movilización de voluntades colectivas construidas de manera agregada. Para ir al grano. Lo que nos urge realmente es un “Terremoto LÃrico” de las proporciones de las movilizaciones escolares. La “blogo-revolución de los pinguinos” como la describà en su momento representó esa movilización de voluntades construidas de manera agregada, donde las asambleas, los contactos personales, los blogs, los sms, la prensa tradicional y toda clase de medios no convencionales transformaron la lÃrica de lo pequeño (decenas de reclamos puntuales sobre la calidad de la educación) en algo nacionalmente épico (mejorar la educación transformará a nuestro paÃs en una nación desarrollada. […]
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[…] En especifico, la coalición que ha gobernado nuestro paÃs desde el retorno a la democracia y, opositora a la dictadura (dictablanda según él), a mi parecer, necesita un nuevo aire, un estilo distinto, como dirÃa David, pasar de la épica –que en algún momento fue lÃrica lograda en la cohesión generada por el enemigo común- a una lÃrica que quite el ancla y las prácticas ‘poco sinceras’ y en algunos casos de plano corruptas de algunos concertados. […]
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[…] Antes iba siempre por ahí con la cámara de fotos en el bolsillo. Ahora llevo la de vídeo. Voy tirando pequeñas tomas, pequeñas capturas. El montaje de Pablo las fundirá y convertirá luego en lírica audiovisual para la red. […]





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Qué grande, David, no diré que has estado épico porque no tendría sentido :-), pero realmente has elucubrado un hilo del que tirar de la sociedad. Ya tendré material para mis debates sobre gente, personas e individuos.
Siento que algo mejora, ¿será esto felicidad?
Un saludo
Es un placer leerte
“antecediendo el gran milagro pentecostal: la multiplicidad de la palabra [y el Espiritu] para cada uno de los miembros del cluster original.”
Formidable!
Jésus conjuga el aspecto “épico y lírico”, su iglesia, no es sino la más formibla “red” que ha existido.
Su “verdad” no es una verdad impuesta, Él es la “Verdad”, pero es también el “Camino”.
Has abierto la “caja de pandora”, no se puede hablar de lo épico y lírico sin llegar a lo místico
Seguimos conversando
Seguimos conversando…
¡Caramba! lo místico!!!!, Oopsh, qué gran idea. David yo conozco en Second Life a una constructora de iglesias. ¿nos curramos una religión? ‘de la felicidad provocada por el cambio’, me suena genial,
(sabrás disculparme la frivolidad)
El ver una imagen de lo épico como aislado me parece una visión mediada por anteojeras que no quieren ver al lado.
Un Jesús sólo en la cruz es el inicio de millones de seguidores en la historia como lo ha sido la Santa Iglesia Católica.
Un Che Guevara mueriendo en Bolivia es el comienzo de una red de idealistas que hasta hoy lo llevan en sus camisetas.
Entonces creo que esto de estar en contra de la épica porque no se adpata a las redes es muy poco sustentable en términos filosóficos, históricos y lexicográficos.
Creo que no estás siendo lo suficientemente riguroso.
Demoledor.
Para leerlo unas cuantas veces. Y respecto a lo que dice Oopsh, el camino es a veces la verdad. En este devenir, largo y variado, hay que aprender a amar más el viaje que el destino.
Y te robo las dos últimas líneas, algo escribiré con eso.
Gracias a todos por los comentarios.
José Pedro, mira, yo creo que jústamente ver el cristianismo sólo desde la Pasión, olvidando la Resurrección es un error. Doctores tiene la Iglesia y a ellos me remito al respecto para ilustrar esta idea sin duda con más conocimiento.
Respecto a la legión de camisetas del Ché… pues ya te puedes imaginar lo que siento al verlos. He visto morir a muchos alentados por ese discurso épico. También he visto a muchos cometer crímenes en esa misma lógica suicida (al fin, no hay suicida inocente en política).
Y no estoy “en contra de la épica”, simplemente arguyo por qué no uso la épica, por qué no invito al heroismo y el sacrificio en la batalla y la confrontación sino a la construcción y la modestia del cambio y la innovación. No niego verdad a la épica, simplemente no la adopto, ni la recomiendo como forma de relatar la innovación e incentivar al cambio en las redes sociales de las que formo parte.
Ahora, tras tu explicación, me queda mucho más claro tu planteamiento.
Muchas Gracias, David.
Roberto, sí, a veces el Camino es la Verdad… y la Vida (Jn. 14.6)
Luisangel, yo pense que ya nos estabamos currando una “religión”
David, efectivamente, Jesús sin la Pasión no tiene sentido, como no lo tiene el cristianismo sin la Resurrección
Solo una pequeña aportación a un discurso hermoso. Te gustará saber que existe una orquesta de cámara, llamada Orpheus Chamber Orchestra, que funciona sin director. En este conjunto msical se rota la labor de dirigir y el resultado, según The Economist del 5 de Agosto pasado, es prometedor y revelador. En donde había rutina aparece la alegría y la innovación o, quizá, la alegría de la innovación.