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Jueves, 16 de Noviembre de 2006La lírica, la felicidad y el poder de las redesVersiones Latoc
Hace no mucho Desmond Morris dedicó un curioso ensayo a la felicidad. La definía como el súbito trance de placer que se siente cuando algo mejora y la fundamentaba como un logro evolutivo de nuestra especie, como el premio genético que recibimos las criaturas de una especie que se hizo curiosa, básicamente pacífica, cooperativa y competitiva para poder adaptarse y superarse en un medio diverso y cambiante. Morris argumenta que si la felicidad es pasajera es porque está ligada al cambio. Así, el muy reiterado lema de Juan Urrutia dejarse arrebatar por el cambio, resumiría como ninguno el atractivo irrenunciable de la lírica de la innovación y su perspectiva gozosa del futuro. La lírica de las redes es un canto del goce, de la felicidad provocada por el cambio. Es una lírica rebelde en el sentido en el que la rebeldía se incorpora a la teoría de redes sociales: al cantar la felicidad producida por el cambio, por la innovación, al aumentar la expectativa del premio a recibir a quien se una, invita a reducir el umbral de rebeldía del oyente impulsando la extensión de los nuevos comportamientos y precisamente por ello la cohesión social. En este marco la lírica entendida como el relato de la felicidad, desde la felicidad o en su expectativa, supone una invitación al cambio desde la ejemplaridad del explorador, del cartógrafo que reduce los riesgos experimentando a su propia costa para hacer públicos los resultados. Frente a la épica del conquistador, del combatiente, que prefigura una sociedad de sacrificio y conquista, de individuos sufrientes en pos de un plus ultra, de una victoria final que de sentido a la Pasión sufrida, la lírica de la innovación social se parece más bien al apasionado relato del naturalista que vive un descubrimiento permanente y progresivo, que sabe el más allá infinito y valora lo recorrido en si mismo, como una obra completa, como una reinvención permanente, una Resurrección gozosa. La épica se adapta mal a las redes. Al menos a las de las culturas meridionales porque es cosa de individuos, de soledades. Prometeo cumple aislado su castigo. El Jesús épico, el del maritirio, es un Jesús solitario (Padre, ¿por qué me has abandonado?). El Cristo de la Resurrección es un hecho social, visita a los amigos y a su madre, reconstruye la red rota por el agotamiento producido por su propio sufrimiento en quienes le amaban, devolviendo la fé agotada y antecediendo el gran milagro pentecostal: la multiplicidad de la palabra para cada uno de los miembros del cluster original. Es difícil expresar hasta que punto, desde la mirada y la práctica de las redes, el individuo es una abstracción aberrante. No somos individuos, somos personas definidas no sólo por un ser, sino por un conjunto de relaciones, de conversaciones y expectativas que configuran una existencia. Lo que vale para el individuo no vale para la persona. No está en el enemigo nuestro espejo cuando uno no es uno sino varios. El esfuerzo épico es el esfuerzo por obtener una identidad coherente sobre la confrontación, por hacer enemigo de todos lo que es enemigo de uno. Por eso la épica simplifica y homogeneiza. Pero la lírica nos dice que no reside nuestra identidad en lo que es, sino en lo que vemos posible alcanzar, en la felicidad del siguiente cambio, de la siguiente mejora posible. Invita pues a definirnos sobre el siguiente paso, a llevar la bandera cada cual de nuestro propio curso. Invita a hacer camino, cada cual el suyo, no a aceptar un único camino. Por ello la épica ve lo colectivo como organización, como molde, como ejército, como resultado de un plan o una voluntad trágica. El Ché cuenta Bolivia como un Cristo sufriente abandonado por el pueblo-padre. La lírica relata lo colectivo desde lo común, como la magia (a Orfeo atribuían los griegos por cierto su invención), como la imagen resultante de un rehacerse de prácticas, de experimentos, de juegos. Nada más lejos de la chejiná kavalística y mesiánica que culmina en el Nuevo Jerusalem que el derecho a la búsqueda de la propia felicidad que da el contrapunto subversivo y lírico al orden moderno de la Constitución americana. Y es este el marco desde el que el poder se define en ambas formas de relato como algo realmente opuesto. En la épica, el poder emerge como resultado de la batalla. Tras ella queda el vacío o un nuevo ciclo fractal de guerra a nueva escala. Tras la Iliada la Orestiada. Del sacrificio de Ifigenia a la persecución de Orestes por su propia madre, media el triunfo de Agamenon: la Troya engañada, vejada y arrasada. Del relato lírico, el poder emerge como consenso, como resultante colectiva de un experimento testado por muchos, de un camino que descubre un hito por el que pasa, para muchos, el camino de construir una existencia arrebatada por el cambio. El poder del lírico emerge de su capacidad para generar nuevos consensos, de diseñar nuevos juegos, nuevas experiencias que muchos o todos en una red concuerden como mejora, como fuente de felicidad para cada uno. Construir un hermoso blog como bitácora de una hermosa vida. Construir y cantar lo construido. Porque al fin ¿puede haber mayor triunfo que el de construir la felicidad desde lo pequeño? La lírica, la felicidad y el poder de las redes
Faz não muito Desmond Morris dedicou um curioso ensaio à felicidade. Definia-a como o súbito trance de prazer que se sente quando algo melhora e a fundamentava como um lucro evolutivo de nossa espécie, como o prêmio genético que recebemos as criaturas de uma espécie que se fez curiosa, basicamente pacífica, cooperativa e competitiva para poder se adaptar e se superar num médio diverso e cambiante. Morris argumenta que se a felicidade é passageira é porque está unida à mudança. Assim, o muito reiterado lema de Juan Urrutia se deixar arrebatar pela mudança, resumiria como nenhum o atractivo irrenunciable da lírica da inovação e sua perspectiva gozosa do futuro. A lírica das redes é um canto do goze, da felicidade provocada pela mudança. É uma lírica rebelde no sentido no que a rebeldia se incorpora à teoria de redes sociais: ao cantar a felicidade produzida pela mudança, pela inovação, ao aumentar a expectativa do prêmio a receber a quem se uma, convida a reduzir a ombreira de rebeldia do oyente impulsionando a extensão dos novos comportamentos e precisamente por isso a coesão social. Neste marco a lírica entendida como o relato da felicidade, desde a felicidade ou em sua expectativa, supõe um convite à mudança desde a ejemplaridad do explorador, do cartógrafo que reduz os riscos experimentando a sua própria costa para fazer públicos os resultados. Em frente à épica do conquistador, do combatente, que prefigura uma sociedade de sacrifício e conquista, de indivíduos sufrientes em pos de um plus ultra, de uma vitória final que de sentido à Paixão sofrida, a lírica da inovação social se parece mais bem ao apasionado relato do naturalista que vive uma descoberta permanente e progressivo, que sabe o para além infinito e valoriza o percorrido em se mesmo, como uma obra completa, como uma reinvención permanente, uma Resurrección gozosa. A épica adapta-se mau às redes. Ao menos às das culturas meridionales porque é coisa de indivíduos, de solidões. Prometeo cumpre isolado seu castigo. O Jesús épico, o do maritirio, é um Jesús solitário (Pai, por que me abandonaste?). O Cristo da Resurrección é um facto social, visita aos amigos e a sua mãe, reconstruye a rede rompida pelo agotamiento produzido por seu próprio sofrimento em quem amavam-lhe, devolvendo a fé esgotada e antecediendo o grande milagre pentecostal: a multiplicidad da palavra para a cada um dos membros do cluster original. É difícil expressar até que ponto, desde a mirada e a prática das redes, o indivíduo é uma abstracção aberrante. Não somos indivíduos, somos pessoas definidas não só por um ser, senão por um conjunto de relações, de conversas e expectativas que configuran uma existência. O que vale para o indivíduo não vale para a pessoa. Não está no inimigo nosso espelho quando um não é um senão vários. O esforço épico é o esforço por obter uma identidade coherente sobre a confrontación, por fazer inimigo de todos o que é inimigo de um. Por isso a épica simplifica e homogeneiza. Mas a lírica diz-nos que não reside nossa identidade no que é, senão no que vemos possível atingir, na felicidade da seguinte mudança, da seguinte melhora possível. Convida pois a definir-nos sobre o seguinte passo, a levar a bandeira a cada qual de nosso próprio curso. Convida a fazer caminho, a cada qual o seu, não a aceitar um único caminho. Por isso a épica vê o colectivo como organização, como molde, como exército, como resultado de um plano ou uma vontade trágica. O Ché conta Bolívia como um Cristo sufriente abandonado pelo povo-pai. A lírica relata o colectivo desde o comum, como a magia (a Orfeo atribuíam os gregos por verdadeiro sua invenção), como a imagem resultante de um se refazer de práticas, de experimentos, de jogos. Nada mais longe da chejiná kavalística e mesiánica que culmina no Novo Jerusalem que o direito à busca da própria felicidade que dá o contrapunto subversivo e lírico ao ordem moderno da Constituição americana. E é este o marco desde o que o poder se define em ambas formas de relato como algo realmente oposto. Na épica, o poder emerge como resultado da batalha. Depois dela fica o vazio ou um novo ciclo fractal de guerra a nova escala. Depois da Iliada a Orestiada. Do sacrifício de Ifigenia à perseguição de Orestes por sua própria mãe, média o triunfo de Agamenon: a Troya enganada, vejada e arrasada. Do relato lírico, o poder emerge como consenso, como resultante colectiva de um experimento declarado por muitos, de um caminho que descobre uma meta pelo que passa, para muitos, o caminho de construir uma existência arrebatada pela mudança. O poder do lírico emerge de sua capacidade para gerar novos consensos, de desenhar novos jogos, novas experiências que muitos ou todos numa rede concordem como melhora, como fonte de felicidade para a cada um. Construir um formoso blog como bitácora de uma formosa vida. Construir e cantar o construído. Porque ao fim pode ter maior triunfo que o de construir a felicidade desde o pequeno? A lírica, a felicidade e o poder das redes
Fai non moito Desmond Morris dedicou un curioso ensaio á felicidade. Definíaa como o súbito transo de pracer que se sente cando algo mellora e a fundamentaba como un logro evolutivo da nosa especie, como o premio xenético que recibimos as criaturas dunha especie que se fixo curiosa, basicamente pacífica, cooperativa e competitiva para poder adaptarse e superarse nun medio diverso e cambiante. Morris argumenta que si a felicidade é pasaxeira é porque está ligada ao cambio. Así, o moi reiterado lema de Juan Urrutia deixarse arrebatar polo cambio, resumiría como ningún o atractivo irrenunciable da lírica da innovación e a súa perspectiva gozosa do futuro. A lírica das redes é un canto do goce, da felicidade provocada polo cambio. É unha lírica rebelde no sentido no que a rebeldía incorpórase á teoría de redes sociais: ao cantar a felicidade producida polo cambio, pola innovación, ao aumentar a expectativa do premio a recibir a quen se una, invita a reducir o limiar de rebeldía do oínte impulsando a extensión dos novos comportamentos e precisamente por iso a cohesión social. Neste marco a lírica entendida como o relato da felicidade, desde a felicidade ou na súa expectativa, supón unha invitación ao cambio desde a ejemplaridad do explorador, do cartógrafo que reduce os riscos experimentando á súa propia costa para facer públicos os resultados. Fronte á épica do conquistador, do combatente, que prefigura unha sociedade de sacrificio e conquista, de individuos sufrientes en pos dun plus ultra, dunha vitoria final que de sentido á Paixón sufrida, a lírica da innovación social parécese máis ben ao apaixonado relato do naturalista que vive un descubrimento permanente e progresivo, que sabe o máis aló infinito e valora o percorrido en si mesmo, como unha obra completa, como unha reinvención permanente, unha Resurrección gozosa. A épica adáptase mal ás redes. Polo menos ás das culturas meridionales porque é cousa de individuos, de soidades. Prometeo cumpre illado o seu castigo. O Jesús épico, o do maritirio, é un Jesús solitario (Pai, por que me abandonaches?). O Cristo da Resurrección é un feito social, visita aos amigos e á súa nai, reconstrúe a rede rota polo agotamiento producido polo seu propio sufrimento en quen lle amaban, devolvendo a fé esgotada e antecediendo o gran milagre pentecostal: a multiplicidad da palabra para cada un dos membros do cluster orixinal. É difícil expresar ata que punto, desde a mirada e a práctica das redes, o individuo é unha abstracción aberrante. Non somos individuos, somos persoas definidas non só por un ser, senón por un conxunto de relacións, de conversacións e expectativas que configuran unha existencia. O que vale para o individuo non vale para a persoa. Non está no inimigo o noso espello cando uno non é un senón varios. O esforzo épico é o esforzo por obter unha identidade coherente sobre a confrontación, por facer inimigo de todos o que é inimigo dun. Por iso a épica simplifica e homogeneiza. Pero a lírica dinos que non reside a nosa identidade no que é, senón no que vemos posible alcanzar, na felicidade do seguinte cambio, da seguinte mellora posible. Invita pois a definirnos sobre o seguinte paso, a levar a bandeira cada cal do noso propio curso. Invita a facer camiño, cada cal o seu, non a aceptar un único camiño. Por iso a épica ve o colectivo como organización, como molde, como exército, como resultado dun plan ou unha vontade tráxica. O Ché conta Bolivia como un Cristo sufriente abandonado polo pobo-pai. A lírica relata o colectivo desde o común, como a maxia (a Orfeo atribuían os gregos por certo a súa invención), como a imaxe resultante dun rehacerse de prácticas, de experimentos, de xogos. Nada máis lonxe da chejiná kavalística e mesiánica que culmina no Novo Jerusalem que o dereito á procura da propia felicidade que dá o contrapunto subversivo e lírico á orde moderna da Constitución americana. E é leste o marco desde o que o poder defínese en ambas formas de relato como algo realmente oposto. Na épica, o poder emerge como resultado da batalla. Tras ela queda o baleiro ou un novo ciclo fractal de guerra a nova escala. Trala Iliada a Orestiada. Do sacrificio de Ifigenia á persecución de Orestes pola súa propia nai, media o triunfo de Agamenon: a Troya enganada, vejada e arrasada. Do relato lírico, o poder emerge como consenso, como resultante colectiva dun experimento testado por moitos, dun camiño que descobre un fito polo que pasa, para moitos, o camiño de construír unha existencia arrebatada polo cambio. O poder do lírico emerge da súa capacidade para xerar novos consensos, de deseñar novos xogos, novas experiencias que moitos ou todos nunha rede concuerden como mellora, como fonte de felicidade para cada un. Construír un fermoso blog como bitácora dunha fermosa vida. Construír e cantar o construído. Porque ao fin pode haber maior triunfo que o de construír a felicidade desde o pequeno? A lírica, a felicidade e o poder das redes
Fa pas fòrça Desmond Morris consacrèt un coriós assag a la felicitat. La definissiá coma lo subte trance de plaser que se sent quand qualquarren melhorament e la fondamentava coma un assolidatge evolutiu de la nòstra espècia, coma lo prèmi genetic que recebèm las creaturas d'una espècia que se faguèt coriosa, basicament pacifica, cooperativa e competitiva per poder s'adaptar e se superar en un mièg divèrs e cambiante. Morris Argumenta que cnjse la felicitat es passatgièira es pr'amor qu'es ligada al cambiament. Aital, lo fòrça reïterat lèma de Juan Urrutia se daissar arrancar pel cambiament, resumiriá coma cap l'atractiu irrenunciable de la lirica de l'innovacion e la siá perspectiva gozosa del futur. La lirica de las rets es un cant del gaudisca, de la felicitat provocada pel cambiament. Es una lirica rebèla en lo sens que la rebeldía s'incorpòra en el a la teoria de rets socialas: al cantar la felicitat produsida pel cambiament, per l'innovacion, a l'aumentar l'expectativa del prèmi a recebre a qui se òm, convida a redusir lo lindal de rebeldía de l'auditor en impulsant l'extension dels nòus comportaments e justament per aiçò la coesion sociala. En aqueste marc la lirica entenduda coma lo relat de la felicitat, dempuèi la felicitat o en la siá expectativa, supausa una invitacion al cambiament dempuèi la ejemplaridad del explorador, del cartógrafo que redusís los risques en experimentant a la siá pròpria còsta per far de publics los resultats. Tèsta a l'epica del conquistador, del combatent, que prefigura una societat de sacrifici e conquista, d'individus sufrientes en pos d'un plus ultra, d'una victòria finala que de sens a la Passion sofèrta, la lirica de l'innovacion sociala se sembla puslèu a l'apassionat relat del naturalista que viu un #descobèrta permanent e progressiu, que sap lo mai ailà infinit e avalora çò de recorregut en se meteis, coma una òbra complèta, coma una reinvención permanenta, una Resurrección gozosa. L'epica s'adapta mal a las rets. Almens a las de las culturas meridionales pr'amor qu'es causa d'individus, de solituds. Prometeo Complís isolat lo sieu puniment. Lo Jesús epic, lo del maritirio, es un Jesús solitari (Paire, perqué m'as abandonat?). Lo Crist de la Resurrección es un fach social, visita als amics e a la siá maire, rebastís la ret rota pel agotamiento produsit per lo sieu pròpri patiment en qui li aimavan, en retornant la fé agotada e antecediendo lo grand miracle pentecostal: la multiplicidad del mot per cadun dels membres del cluster original. Es malaisit exprimir fins que ponch, dempuèi l'agach e la practica de las rets, l'individu es una abstracción aberranta. Sèm pas d'individus, sèm de personas definidas non solament per un èsser, mas per un ensemble de relacions, de convèrsas e expectativas que configuran una existéncia. Çò Que val per l'individu val pas per la persona. Es pas dins l'enemic lo nòstre miralh quand òm es pas òm mas divèrses. L'esfòrç epic es l'esfòrç per obténer una identitat coerenta sobrarà la confrontacion, per far enemic de totes çò qu'es enemic d'òm. Per aquò l'epica simplifica e homogeneiza. Mas la lirica nos ditz que residís pas la nòstra identitat en çò qu'es, mas en çò que vesèm possibla aténher, en la felicitat del seguent cambiament, del seguent melhorament possible. Convida doncas a nos definir sobre lo seguent pas, a portar la bandièra cadun de lo nòstre pròpri cors. Convida a far camin, cadun lo sieu, pas a acceptar un sol camin. Per aiçò l'epica vei çò de collectiu coma organizacion, coma molde, coma armada, coma resultat d'un plan o una volontat tragica. Lo Ché compta Bolívia coma un Crist sufriente abandonat pel pòble-paire. La lirica relata çò de collectiu dempuèi çò de comun, coma la magia (a Orfeo atribuissián los grècs per cèrta la siá invencion), coma l'image resultante d'un se refar de practicas, d'experiéncias, de jòcs. Brica mai luènh de la chejiná kavalística e mesiánica que culmina en lo Nòu Jerusalem que lo drech a la recèrca de la pròpria felicitat que dona lo contrapunt subversivo e liric a l'òrdre modèrn de la Constitucion americana. E es èst lo marc que lo poder se definís dempuèi el en ambedoas formas de relat coma qualquarren vertadièrament opausat. En l'epica, lo poder emerge coma resultat de la batalha. Après ela demòra lo vuèg o un nòu cicle fractal de guèrra a nòva escala. Après la Iliada la Orestiada. Del sacrifici de Ifigenia a la persecucion de Orestes per la siá pròpria maire, interven lo triomfe de Agamenon: la Troya enganhada, vejada e arrasada. Del relat liric, lo poder emerge coma consens, coma resultante collectiva d'una experiéncia testada per fòrça, d'un camin que descobrís una hita que passa per el, per fòrça, lo camin de bastir una existéncia arrancada pel cambiament. Lo poder del liric emerge de la siá capacitat per generar de nòus consenses, de dessenhar de nòus jòcs, de nòvas experiéncias que fòrça o totes en una ret concordatz coma melhorament, coma font de felicitat per cadun. Bastir un polit blog coma bitácora d'una polida vida. Bastir e cantar çò de bastit. Pr'amor qu'a la fin pòsca aver màger triomfe que lo de bastir la felicitat dempuèi çò de pichon? La lirica, la felicitat e lo poder de las rets
Fa no gaire Desmond Morris va dedicar un curiós assaig a la felicitat. La definia com el sobtat tràngol de plaure que se sent quan alguna cosa millora i la fonamentava com un assoliment evolutiu de la nostra espècie, com el premi genètic que rebem les criatures d'una espècie que es va fer curiosa, bàsicament pacífica, cooperativa i competitiva per a poder adaptar-se i superar-se en un mig divers i cambiante. Morris argumenta que si la felicitat és passatgera és perquè està lligada al canvi. Així, el molt reiterat lema de Juan Urrutia deixar-se arravassar pel canvi, resumiria com cap l'atractiu irrenunciable de la lírica de la innovació i la seva perspectiva gozosa del futur. La lírica de les xarxes és un cant del gaudeixi, de la felicitat provocada pel canvi. És una lírica rebel en el sentit en el qual la rebel·lia s'incorpora a la teoria de xarxes socials: al cantar la felicitat produïda pel canvi, per la innovació, a l'augmentar l'expectativa del premi a rebre a qui s'una, convida a reduir el llindar de rebel·lia de l'oïdor impulsant l'extensió dels nous comportaments i precisament per això la cohesió social. En aquest marc la lírica entesa com el relat de la felicitat, des de la felicitat o en la seva expectativa, suposa una invitació al canvi des de la ejemplaridad de l'explorador, del cartógrafo que redueix els riscos experimentant a la seva pròpia costa per a fer públics els resultats. Enfront de l'èpica del conquistador, del combatent, que prefigura una societat de sacrifici i conquesta, d'individus sufrientes darrere d'un plus ultra, d'una victòria final que de sentit a la Passió soferta, la lírica de la innovació social se sembla més bé a l'apassionat relat del naturalista que viu un descobriment permanent i progressiu, que sap el més enllà infinit i valora el recorregut en si mateix, com una obra completa, com una reinvención permanent, una Resurrecció gozosa. L'èpica s'adapta malament a les xarxes. Almenys a les de les cultures meridionales perquè és cosa d'individus, de solituds. Prometeo compleix aïllat el seu càstig. El Jesús épico, el del maritirio, és un Jesús solitari (Pare, per què m'has abandonat?). El Crist de la Resurrecció és un fet social, visita als amics i a la seva mare, reconstrueix la xarxa trencada per l'esgotament produït pel seu propi sofriment en qui li estimaven, retornant la fé esgotada i antecediendo el gran miracle pentecostal: la multiplicidad de la paraula per a cadascun dels membres del cluster original. És difícil expressar fins que punt, des de la mirada i la pràctica de les xarxes, l'individu és una abstracció aberrante. No som individus, som persones definides no només per un ésser, sinó per un conjunt de relacions, de converses i expectatives que configuren una existència. El que val per a l'individu no val per a la persona. No està en l'enemic el nostre mirall quan un no és un sinó varis. L'esforç épico és l'esforç per obtenir una identitat coherent sobre la confrontació, per fer enemic de tots el que és enemic d'un. Per això l'èpica simplifica i homogeneiza. Però la lírica ens diu que no resideix la nostra identitat en el que és, sinó en el que veiem possible aconseguir, en la felicitat del següent canvi, de la següent millora possible. Convida doncs a definir-nos sobre el següent pas, a portar la bandera cadascú del nostre propi curs. Convida a fer camí, cadascú el seu, no a acceptar un únic camí. Per això l'èpica veu el col·lectiu com organització, com motlle, com exèrcit, com resultat d'un pla o una voluntat tràgica. El Ché explica Bolívia com un Crist sufriente abandonat pel poble-pare. La lírica relata el col·lectiu des del comú, com la màgia (a Orfeo atribuïen els grecs per cert la seva invenció), com la imatge resultant d'un refer-se de pràctiques, d'experiments, de jocs. Gens més lluny de la chejiná kavalística i mesiánica que culmina en el Nou Jerusalem que el dret a la recerca de la pròpia felicitat que dóna el contrapunto subversivo i líric a l'ordre modern de la Constitució americana. I és est el marc des del qual el poder es defineix en ambdues formes de relat com alguna cosa realment oposat. En l'èpica, el poder emerge com resultat de la batalla. Després d'ella queda el buit o un nou cicle fractal de guerra a nova escala. Després de la Iliada la Orestiada. Del sacrifici de Ifigenia a la persecució de Orestes per la seva pròpia mare, mitjana el triomf de Agamenon: la Troia enganyada, vejada i arrasada. Del relat líric, el poder emerge com consens, com resultant col·lectiva d'un experiment testado per molts, d'un camí que descobreix una fita pel qual passa, per a molts, el camí de construir una existència arravassada pel canvi. El poder del líric emerge de la seva capacitat per a generar nous consensos, de dissenyar nous jocs, noves experiències que molts o tots en una xarxa concordin com millora, com font de felicitat per a cadascun. Construir un bell blog com bitácora d'una bella vida. Construir i cantar el construït. Perquè a la fi pugues haver-hi major triomf que el de construir la felicitat des del petit? La lírica, la felicitat i el poder de les xarxes
Hace no mucho Desmond Morris dedicó un curioso ensayo a la felicidad. La definía como el súbito trance de placer que se siente cuando algo mejora y la fundamentaba como un logro evolutivo de nuestra especie, como el premio genético que recibimos las criaturas de una especie que se hizo curiosa, básicamente pacífica, cooperativa y competitiva para poder adaptarse y superarse en un medio diverso y cambiante. Morris argumenta que si la felicidad es pasajera es porque está ligada al cambio. Así, el muy reiterado lema de Juan Urrutia dejarse arrebatar por el cambio, resumiría como ninguno el atractivo irrenunciable de la lírica de la innovación y su perspectiva gozosa del futuro. La lírica de las redes es un canto del goce, de la felicidad provocada por el cambio. Es una lírica rebelde en el sentido en el que la rebeldía se incorpora a la teoría de redes sociales: al cantar la felicidad producida por el cambio, por la innovación, al aumentar la expectativa del premio a recibir a quien se una, invita a reducir el umbral de rebeldía del oyente impulsando la extensión de los nuevos comportamientos y precisamente por ello la cohesión social. En este marco la lírica entendida como el relato de la felicidad, desde la felicidad o en su expectativa, supone una invitación al cambio desde la ejemplaridad del explorador, del cartógrafo que reduce los riesgos experimentando a su propia costa para hacer públicos los resultados. Frente a la épica del conquistador, del combatiente, que prefigura una sociedad de sacrificio y conquista, de individuos sufrientes en pos de un plus ultra, de una victoria final que de sentido a la Pasión sufrida, la lírica de la innovación social se parece más bien al apasionado relato del naturalista que vive un descubrimiento permanente y progresivo, que sabe el más allá infinito y valora lo recorrido en si mismo, como una obra completa, como una reinvención permanente, una Resurrección gozosa. La épica se adapta mal a las redes. Al menos a las de las culturas meridionales porque es cosa de individuos, de soledades. Prometeo cumple aislado su castigo. El Jesús épico, el del maritirio, es un Jesús solitario (Padre, ¿por qué me has abandonado?). El Cristo de la Resurrección es un hecho social, visita a los amigos y a su madre, reconstruye la red rota por el agotamiento producido por su propio sufrimiento en quienes le amaban, devolviendo la fé agotada y antecediendo el gran milagro pentecostal: la multiplicidad de la palabra para cada uno de los miembros del cluster original. Es difícil expresar hasta que punto, desde la mirada y la práctica de las redes, el individuo es una abstracción aberrante. No somos individuos, somos personas definidas no sólo por un ser, sino por un conjunto de relaciones, de conversaciones y expectativas que configuran una existencia. Lo que vale para el individuo no vale para la persona. No está en el enemigo nuestro espejo cuando uno no es uno sino varios. El esfuerzo épico es el esfuerzo por obtener una identidad coherente sobre la confrontación, por hacer enemigo de todos lo que es enemigo de uno. Por eso la épica simplifica y homogeneiza. Pero la lírica nos dice que no reside nuestra identidad en lo que es, sino en lo que vemos posible alcanzar, en la felicidad del siguiente cambio, de la siguiente mejora posible. Invita pues a definirnos sobre el siguiente paso, a llevar la bandera cada cual de nuestro propio curso. Invita a hacer camino, cada cual el suyo, no a aceptar un único camino. Por ello la épica ve lo colectivo como organización, como molde, como ejército, como resultado de un plan o una voluntad trágica. El Ché cuenta Bolivia como un Cristo sufriente abandonado por el pueblo-padre. La lírica relata lo colectivo desde lo común, como la magia (a Orfeo atribuían los griegos por cierto su invención), como la imagen resultante de un rehacerse de prácticas, de experimentos, de juegos. Nada más lejos de la chejiná kavalística y mesiánica que culmina en el Nuevo Jerusalem que el derecho a la búsqueda de la propia felicidad que da el contrapunto subversivo y lírico al orden moderno de la Constitución americana. Y es este el marco desde el que el poder se define en ambas formas de relato como algo realmente opuesto. En la épica, el poder emerge como resultado de la batalla. Tras ella queda el vacío o un nuevo ciclo fractal de guerra a nueva escala. Tras la Iliada la Orestiada. Del sacrificio de Ifigenia a la persecución de Orestes por su propia madre, media el triunfo de Agamenon: la Troya engañada, vejada y arrasada. Del relato lírico, el poder emerge como consenso, como resultante colectiva de un experimento testado por muchos, de un camino que descubre un hito por el que pasa, para muchos, el camino de construir una existencia arrebatada por el cambio. El poder del lírico emerge de su capacidad para generar nuevos consensos, de diseñar nuevos juegos, nuevas experiencias que muchos o todos en una red concuerden como mejora, como fuente de felicidad para cada uno. Construir un hermoso blog como bitácora de una hermosa vida. Construir y cantar lo construido. Porque al fin ¿puede haber mayor triunfo que el de construir la felicidad desde lo pequeño? Guardado por David de Ugarte en Destacados a las 3:30 pm
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