¿Qué es la intimidad en el tiempo de los blogs? ¿Esteganografía? Tal vez algo más sencillo y complejo. Tiene seguramente, más que ver con la complicidad que con la criptografía.
Hace ahora tres años, Juan Urrutia publicaba una de sus series de artículos más sugestivas: Linealidad y Secretos. En uno de ellos decía:
La estrategia buena para preservar la intimidad, especialmente la subconsciente, es la de los indios sioux, borrar las huellas con una escoba que consiste precisamente en dejar más huellas, todas ellas creíbles. En una enredadera, la transparencia es la forma posmoderna del secreto.
Pero… ¿Y qué tal si las huellas son “todo lo demas”? Si forman parte de un mensaje con significado aceptado, convencional, constante, que justifique en si mismo la transmisión? La aparente transparencia existiría para hacer del contenido expreso un mero contexto, un escaraparate y del arte de transmitir una suerte de esteganografía. Dice la Wikipedia que
La ventaja de la esteganografía sobre la criptografía tomada en solitario es que los mensajes no atraen la atención ni de mensajeros ni de receptores. Un mensaje codificado no oculto, no importa cuan irrompible sea, levantará sospechas y puede ser en si mismo incriminatorio.
Esa es una de las bases de la Economía de la Información: o encripto todo o no encripto nada. Pero si encripto sólo una parte estaré, sin querer, haciendo público un mensaje, señalando con el dedo aquello que considero mis secretos.
Personalmente creo que la intimidad, sobre todo en los blogs, está un paso más alla, requiere herramientas más finas que la criptografía o la esteganografía. Se trata de transmitir sin divulgar. Se trata de que sólo entienda que hay un mensaje aquel que está en disposición de recibirlo con provecho. Así, haciendo todos los mensajes públicos, enviándolos sin destinatario explícito, sólo con mi remite, al modo de la publicación en blogs, evito de paso la posibilidad de ser trazado.
El blog es la transparencia en el mensaje biográfico y de reflexión. Y por tanto el terreno de la alusión, de la complicidad, de la asociación incomprensible fuera de cada círculo de los que definen y comparten nuestra identidad.
Quién no ha sonreido alguna vez al descubrir que un amigo ilustraba un post con una foto que habían tirado juntos años atrás y pensado “¿por qué habrá puesto una foto de entonces cuando estaba con Ana? ¿qué hace mirando viejas fotos? ¿le echa de menos? ¿se la habrá encontrado?“
En este tipo de comunicación en capas la clave emerge por si misma para el que comparte el sustrato biográfico, pero permanece ajena para quien no… aunque la busque. Porque el que busque sin ser invitado por el autor a ello en la intención, o no entenderá nada o acabará conspiranoico, viendo señales donde no las hay, significados e intenciones donde no existen.
Como la carta del cuento de Poe, como los símbolos de los canteros en el camino de Santiago, la nueva intimidad es autotransmisora y autodefendida. No sólo no llega a quien no debe, enloquece al que busca sin haber sido llamado. Porque como en toda clave, la razón se somete a la medida. La nueva intimidad de la transparencia es poderosa: sabe antes de nada de sus propios límites, de su discrecion. En todos los sentidos.
En otros blogs este post recibió las siguientes referencias (URI de Trackback)
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[...] La última vez, cuando se fue pensé, ¿serán tan majas las otros cuatromil y pico IPs de ayer?. E irremediablemente me dió un poco de vergüenza. No por la intimidad, bien a salvo con una dosis de estenografía, sino por el desaliño de mis textos, con las comas puestas al azar y los finales escritos a plomo con el último buche de café del desayuno. Llegar a tener cuatro o cincomil lectores algunos días no me convierte en un medio, no me da sus responsabilidades, pero si me deja fantasear con una invisible tribu de afines. Nada especial. Cuando escribía y publicaba fancines que vendía en el Rastro era igual: mi aspiración no era la fama, sino la tertulia. [...]







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Muy sugerente este post. Creo que de alguna manera lo hacemos todos. Yo he enviado guiños a través de mi blog que sabía que sólo serían entendidos correctamente por una persona. Y así era… O mejor dicho, los demás no es que no entendieran, entendían otras cosas que el texto también decía…