“The Assassins’ Gate : America in Iraq”, parece ser el mejor libro aparecido hasta la fecha sobre la guerra de Iraq. De momento ha sido la base y la inspiración del mejor ensayo que he leído sobre la política exterior norteamericana post 11S
Este ensayo bien merece una suscripción a la revista de San Francisco.
Al principio puede parecer una recesión de un libro.
Más tarde el viaje intelectual de alguien que de verdad quería ver al tirano iraquí fuera del poder y abrir paso a una sociedad abierta en el corazón del mundo árabe y que aterrizó en Iraq durante la Operación Tormenta del Desierto para seguirla de cerca junto con la reconstrucción.
Después, una disección de los movimientos de fondo que hicieron posible, junto a los cortesanos, la guerra de Iraq
En medio de todo emerge una historia de los neocons como ideología y como movimiento.
Y en conjunto es, de largo, lo mejor que he leído hasta ahora sobre la política exterior norteamericana post 11S.
No os lo perdáis. De momento el ensayo y seguramente, el libro.







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Lo comentaba el ex embajador y ex ministro Ben Ami:
Hay una diferencia entre el laborismo y el Likud en Israel, aunque ahora haya coalición de gobierno.
La más grande: de cómo solucionar el conflicto israelo-palestino por la vía de la ocupación de Irak.
Ben Ami afirma que la intervención estadounidense en Irak obedeció, entre otros intereses, a un ruego de Sharon para comprometerse con el Plan del Cuarteto para la creación de un estado palestino.
Es decir, que Sharon se comprometía a actuar a favor de las consignas del Cuarteto, siempre y cuando, EEUU acabara con una amenaza para el estado de Israel como la que representaba Saddam.
Súmese aquí al idea generalizada entre el sionismo de que en Irak se entrenaban terroristas palestinos. Idea que también es atribuible a Damasco.
Por tanto, el Likud entiende que la desconexión de Gaza como paso que culminará en la creación del futuro estado palestino, según los objetivos de la Hoja de Ruta, pasaba irremediablemente por una contrapestación a esta “pérdida”: la eliminación de la amenaza irakí, acompaña dade todo el boato de las (inexistentes) armas nucleares…
Ben Ami dice que los del Labour sostienen por el contrario que la defensa de Israel y la consecución –posible- del estado palestino en una “estructura de paz normalizada y permanente” conllevaría un efecto rebote en el mundo árabe.
De manera que la consecución de un estado palestino, con un alto grado de concesiones a los palestinos (refugiados, Jerusalén…) eliminaría de un plumazo el sentimiento de dominados por Israel y EEUU que tienen los países árabes y con ello se reduciría hasta su eliminación la amenaza terrorista.
Lo centrífugo versus lo centípreto.
Lástima que ambas concepciones, a mi juicio, pequen de una elevada dosis de idealismo.
Pero hubiera sido más positivo experimentar con la propuesta del Labour enunciada por Ben Ami.
Claro que ya no es posible. Los hawks se empaparon de la visión neolikud.