Una breve explicación, en el curso del debate con Alejandro Polanco, de la pérdida de la inocencia moderna y de lo que eso significa en la aproximación postmoderna a la ciencia
Actualización 26/8: Creo muy interesante a este debate la matización que hace Roger Colom entre ciencia y relato científico.
Dice nuestro amigo Alejandro Polanco que el debate modernidad/postmodernidad que retoma, aburrirá a muchos. No estoy de acuerdo. Y creo que nuestro común amigo Juan Freire tampoco lo estará. Creo que a Alejandro le aburre porque como él mismo confiesa no entiende bien las fuentes:
lo que se inició como un interesante “experimento” de crítica social, se desmadró y se convirtió en vacío lleno de palabras sin sentido, me refiero, por ejemplo, a quienes tomaron el “testigo”, los franceses Foucault, Derrida, Deluze, Baudrillard…
Por cierto que es curiosa la reclamación de sentido, porque en su artículo y en su vindicación de la vigencia de la Ilustración Enciclopédico-racionalista no puedo dejar de percibir un tufillo teleológico. Es decir, que si deconstruyésemos su post descubriríamos la secularización del viejo mesianismo en su idea del progreso científico autosostenido y autónomo. ¿Exagero? Vayamos al nodo central
el verdadero “crimen” del posmodernismo, [está en que] se convierte a la ciencia en un simple “relato” nada más (…) el acceso al conocimiento a través del método racional-empírico, no sería más que un subconjunto de conocimientos, una simple “narración” condicionada por el uso del lenguaje.
Mmmm… Si la ciencia no es un relato, una forma de representación, ¿qué es? ¿una realidad alternativa, autónoma…? No creo que llegue tan rápida e inocentemente a esa postura. En cualquier caso no se la atribuiré. Creo más bien que pretende decirnos que no es sino un tipo particular de representación que no merecería ser mancillada con tal nombre.
Según lo que nos cuenta en su post, el método racional empírico generaría una representación del mundo autónoma de la historia y por tanto del curso de la Filosofía y del poder. En una palabra, nos está convenciendo de la independencia de la ciencia. Y entiéndaseme bien, no dice que la ciencia debería ser independiente. No expresa un deseo o una voluntad (por otro lado, creo yo, inalcanzable). Está defendiendo que ha sido y será independiente. Independiente de la evolución de la sociedad, independiente de las concepciones filosóficas de cada momento e independiente del poder.
Para sostener esto, tiene que comenzar por argumentar la independencia de la ciencia respecto al lenguaje… pero no lo hace, sólo se muestra asombrado de que Lyotard constate que la ciencia esté condicionada por el uso del lenguaje.
Esta presunta y subyacente independencia del lenguaje le fuerza a dejar entrever una unidad instrumental y metodológica en la ciencia que refutaría la lectura del índice de cualquier manual. Sirva de ejemplo el de Blaug. Anda claro, es de Economía… no me acordaba de que había que limitar la ciencia a la Física para que funcionara un poco el discurso dieciochesco a día de hoy… porque claro esas ciencias menores como la Biología, la Medicina o la Economía, de desarrollo tan “convulso“, tienen una Historia tan obviamente bastarda, se han cimbreado tanto bajo el viento de las concepciones dominantes en cada época (que no dejan de estar relacionadas con la naturaleza del poder social en cada momento) que resulta imposible argumentar la no influencia de la Filosofía como hace explícitamente o de los poderes políticos y sociales como hace implícitamente.
Porque no nos engañemos, lo que Alejandro sostiene es que la ciencia es una esfera de conocimiento autónoma del poder. Pero los economistas sabemos que ni siquiera utilizar sistemas de ecuaciones es neutral, que elegir esa forma de representación (en otras palabras, ese lenguaje) no te lleva a los mismos lugares que utilizar por ejemplo, autómatas celulares.
Me gustaría compartir su newtoniana fé. Creer que puede existir una arquitectura de conocimiento que no esconda la lógica de una estructura de poder. Me gustaría creer que hay un lenguaje verdaderamente neutral para describir el mundo, incluso para conocerlo. Aún más me gustaría creer que ese conocimiento -en dinámica autónoma- puede llegar a ser total -atributo de los viejos dioses a los que esa lectura de la ciencia seculariza. Pero no puedo.
Y no puedo porque precisamente la modernidad nos llevó hasta aquí, hasta la postmodernidad, que no es como dice Alejandro un todo vale ni un todo vale igual. No es una renuncia a la ciencia. Es una renuncia a la inocencia de querer creer en su autonomía del poder y de la historia contra toda evidencia.
Para la postmodernidad no es que los resultados científicos tengan el mismo valor que un cuento de Suso de Toro o un ritual religioso para explicar la realidad. No. Es que cuando se tenga que explicar por qué la ciencia, la literatura o la religión dicen algo, no se caerá en dar por bueno lo que esas explicaciones, esos relatos, cuentan de si mismos. Se los pondrá en su contexto y se asumirá que cuando menos están cimbreados por el poder y el lenguaje que condicionan las preguntas y dan forma a las respuestas. En una palabra, se deconstruirá su discurso hasta encontrar los valores que subyacen en sus cimientos y dejarlos al aire… de nuestro propio discurso… que a su vez…
Y luego encenderemos el ordenador para escribirlo y publicarlo. No esperaremos a que lleguen los heraldos de los dioses, los ovnis, ni el espíritu santo de los católicos para transmitir la buena nueva. Al fin, ser postmoderno es haber perdido la inocencia moderna sin haber tenido nunca la premoderna.







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Bien David, me reafirmo en mi “ingenuidad” positivista, que no fe, puesto que la práctica me ha demostrado que la única vía de conocimiento de la realidad natural que ofrece resultados útiles y comprobables es el método científico.
Además, no he hablado de independencia de la ciencia con respecto del poder. La ciencia, o mejor, los proyectos científicos, como todo, depende del dinero. Lo que afirmo es que mayoritariamente es independiente de cualquier filosofía. Conozco a muchos científicos y, créeme, pasan absoluta y generalizadamente de esos debates acerca de la naturaleza del conocimiento y demás. Bastante hay con calibrar colorímetros, mantener las bombas de vacío en funcionamiento o impedir que se te fastide una cromatografía. Luego, muchos científicos, sobre todo médicos, escriben ensayos sobre filosofía del conocimiento -conozco entrañables y apasionantes ejemplos- pero en su labor científica no lo tienen en mente, sobre todo porque no es útil.
Finalmente, qué se le va a hacer, he leído mucho a los posmodernos, en realidad me encanta hacerlo, porque me divierte pero no los entiendo, no comprendo su camino, me parece vacío por completo y, lo que más me fastidia, es que intenten, muchos de ellos, apropiarse de lenguajes externos a su labor ¿filosófica? empleando términos técnicos o científicos totalmente fuera de contexto. Eso ¿para qué? ¿es acaso necesario? ¿No podrían ser claros y sencillos?
Hola Alejandro. Por lo que cuentas conoces muchos químicos… pero la comunidad científica es mayor. No es que los econometras, los economistas, los hidrólogos o los investigadores médicos anden tampoco agobiados por la Metodología y la Filosofía de la Ciencia. Aunque si que se plantean cuestiones que les llevan a ciertas posiciones desde luego cuando menos colindantes.
Y más allá de quien pague, aunque pague el estado rutinariamente y sin presión directa -que es otro problema- no podrás negarme que la ciencia no hace su discurso ahistóricamente.
Me hace gracia que te guste leer a los postmodernos franceses… por que a mi… quitando Foucault que no tiene desperdicio, encuentro demasiado gusto en el propio relato y a veces me cansa. Otra cosa es que incluso les entienda esa jugada. Entender el lenguaje te lleva, supongo, a un cierto barroquismo (para el que como ves, yo no estoy ni mucho menos, dotado). Y desde luego no veo esteril el camino, creo que de hecho ha informado mucho de lo construido en las últimas décadas, no sólo teórica y políticamente, sino también tecnológicamente. O mejor, sociotecnológicamente.
Naturalmente, no “ahistóricamente”, pero no creo que pueda decirse que esté presa en manos de los debates filosóficos, como lo suele estar, por ejemplo, la historia.
Por cierto, lo reconozco otra vez, ¡me divierte leer a los posmodernos franceses! Hay veces que me parto de risa, (con respeto) porque son capaces de realizar giros tan inesperados que, en ocasiones, parecen una novela de misterio. Claro que, hace mucho que dejé de intentar buscar un sentido ¿lógico? en lo que pretenden expresar.
Alejandro, de verdad, lee a Blaug sin ir más lejos. En ciencias como la economía, la metodología y la discusión metodológica ha sido paralela al avance de los modelos. Ni hablemos en medicina o biología.
Las consecuencias sociales y políticas, aún más en las ciencias biológicas, del discurso científico (no necesariamente de los resultados científicos), han sido dramáticas y desde luego evidentes.
Tanto en el input como en el output la relación entre ideas socialmente extendidas y ciencia niega toda esa autonomía y se imbrica en la configuración del poder en cada momento.
Y ¿en Fisica? Pensemos en cosas como el “cambio climático” y su debate. ¿En geología? Piensa en el debate del “fin del petróleo” No hablemos de los resultados experimentales, hablemos del discurso y sus consecuencias.
Por cierto, en Economía, sin ir más lejos fíjate la trascendencia de cosas que te parecerán tan exóticas como la teoría (ya muy postmoderna) del “como si” de Friedman -en la que se sustentan las “expectativas racionales”-, del anarquismo metodológico de Fayereband o de todos los -obviamente postmodernos- debates sobre retórica y Economía… y a todo eso une la discusión sobre la complejidad.
Al fin si lees el último artículo de Juan Urrutia, verás hasta que punto es cotidiano este debate y hasta que punto la inocencia moderna quedó atrás.
Bueno tengo que decir un par de cosas.
David, el ´paper´ que te pasé el otro día sobre hidrología no expresa la visión de la mayoría de hidrólogos. Al contrario es de un hombre que lucha contra la concepción de la realidad y de la hidrología que tienen la gran mayoría de hidrólogos. Y siendo sincero, al 90% de los hidrologos les importa un pepino la filosofía de la ciencia. Esto no significa que Alejandro tenga razón, pero pone un poco en contexto como el científico típico, si es que existe, enfoca su visión de la ciencia.
Hablando de la ciencia y el método científico. No veo tan claro que haya un método científico bien definido a la Popper. De hecho, me gusta la definición de Jorge WAgensberg,
Popper + Kuhn = Constante.
normalmente la ciencia se encuentra sobre un eje entre Popper i Kuhn. Popper es lo que debería ser la ciencia, pero los científicos son humanos.
Finalmente me gustaría comentar que no me siento nada cómodo con la palabra ´posmoderno´. Tengo que confesar que casi no he leído nada de los posmodernos franceses, pero cada vez que he intentado buscar un poco de luz sobre el tema he acabado más confundido. Imagino que es una de esas palabras que cada uno usa a su antojo.
No, no te creas. El posmodernimo es una corriente y es por tanto diversa. Lo que tiene en común esa corriente es jústamente esa ironía y esa perdida de la inocencia moderna.
Y tiene fundamento. Mucho, aunque también haya textos retóricos. Te puede pasar con Derrida… tot i que la deconstrucción es en sí un no-metodo a estas alturas fundamental de crítica literaria de las ideologías sociales.
Pero no te confundas, no es sólo literatura, hay verdaderas maravillas, bien construidas y bien fundamentadas. Te aconsejo comenzar por Foucault. En Economía Juan Urrutia te puede dar unas cuantas referencias bien interesantes también.
Respecto a la metodología y su importancia para los investigadores… ya sabes lo que decía Marx “igual que no debe juzgarse a un hombre por lo que piensa de si mismo no debemos juzgar una época”, y yo diría también una corriente o un colectivo ·por lo que piensa de si misma”. Y aún con todo, como decía en el comentario anterior, en Economía sin ir más lejos, la relación entre la Filosofía de la Ciencia, metodología y modelos es evidente y constante hasta hoy.
Y no reduzcas la ciencia a los físicos tu tampoco. Es curiosa esa tendencia. La crítica postmoderna donde más ha golpeado ha sido en las ciencias sociales (Economía, sociología) pero también en las ciencias biológicas (medicina, biología, psiquiatría), donde el discurso científico sostenía un discurso político moral y una práctica de poder.
Yo trabajo en ciencias naturales (física cuántica) y por experiencia me inclino más por la opinión de Alejandro. ¿Cuántos físicos fuera de Francia han oído hablar de Lyotard o Deleuze? ¿Cuántos conocen el nombre de alguna de sus obras?
El origen y la formación de gran parte de los que trabajan en ciencias sociales está aún muy ligado al lenguaje filosófico y político: ambos lenguajes se influyen constantemente. Los fundamentos y la metodología de las ciencias sociales están en pleno debate por parte de sus mismos protagonistas. Sin embargo, la última vez que la filosofía y la física (por poner un ejemplo) coincidieron fue a principios del siglo pasado. Desde entonces los primeros se ocupan preferentemente de la sociología de la ciencia, lo cual afecta poco el lenguaje de la ciencia. Los físicos “nunca” cuestionan su metodología. Además, las ciencias naturales son muy escolásticas y ortodoxas: dejan poco espacio a la disidencia.
Así que la cuestión esencial, para mi, es una cuestión de tiempos. Que la ciencia afecta la sociedad es evidente y la relación recíproca también. Sin embargo el lenguaje de las disciplinas naturales está muy asentado y reacciona muy lentamente, al contrario que el de la filosofía o el de las ciencias naturales. Por ello las ciencias naturales notan mucho más débilmente las modas y es muy probable que no dejen rastro en sus fundamentos; ni siquiera en la forma de expresarlos y justificarlos. Por ejemplo, el lenguaje de la física es fundamentalmente el lenguaje matemático y éste es todavía menos permeable a los modismos filósoficos o a las repercusiones sociales.
En resumen, me parece a mi que el feedback de la sociedad o de las ciencias sociales sobre las ciencias naturales modifica su objeto de estudio (impacto social, limitaciones económicas, limitaciones éticas, etc.) pero mucho menos su lenguaje y su metodología, ya que entre uno y otro existen muchas escalas diferentes; al contrario de lo que ocurre con el lenguaje y metodología de las ciencias sociales.
Me gusta mucho tu anotación, de todas formas fíjate, hace poco vi un largometraje documental (creo que se llamaba “¿Y tú que sabes?”) que en teoría explicaba los principios de la Física Cuántica mediante entrevistas con científicos. Sin embargo, vía metáforas y mentonimias pasaba a la neurología (¿cuántica?) y finalmente a un horroroso mensaje moral neoprotestante.
Me tiré otras dos horas deconstruyendo el discursito y separando el relato del escasito sustento materialista que tenía…
Si es que la cuántica, por conceptualmente difícil, tiene un peligro…
Cuidado, la mecánica cuántica no deja de ser matemática cuasi pura, nada más, con ella sucede como con cualquier otro campo, si te sales del “tiesto” te pierdes, no se puede aplicar una consecuencia de la mecánica cuántica que funciona a la perfección para un átomo de hidrógeno a otras cosas, no tiene caso.
Gracias por recomendarme lecturas interesantes, me pondré a buscarlas en breve.
Precisamente por eso, Alejandro, creo muy interesante a este debate la matización que hace Roger Colom entre ciencia y relato científico uniéndose al debate.
Realmente hay mucha presunción e infantilismo entre los físicos, y en el fondo mucha incultura. Las entrevistas a físicos importantes suelen ser descorazonadoras y sus narrativas y justificaciones pobres, ya que suele dejarse al libre albedrío la relación entre el discurso verbal (la metáfora) y el discurso formal (la fórmula matemática). La ideología de la física no está la mayoría de las veces presente ni en la actividad ni en el discurso técnico, y si acaso está muy oculta en los manuales. Por eso hay mucha discordancia y muchas incoherencias entre los físicos en estas narrativas, donde predomina la presumible genialidad u originalidad acorde a los tiempos. No me extraña que para los filósofos de la ciencia resultemos toda una diversión. La mayoría de los físicos somos más bien artesanos. Manejamos herramientas relativamente complejas y nos perfeccionamos en la técnica. Unos cuantos van de figuras por ahí y más bien improvisan sus discursos y metáforas. Pero realmente poco de ello acaba estableciéndose en la ortodoxia. Ésta tiende a reducir a un mínimo el lenguaje que se considera aceptable.