Reflexiones sobre identidad, diversidad y lógica de red a partir del último post de Juan Urrutia
Juan Urrutia publica esta mañana un interesantísimo post que completa el enfoque de mis comentarios a Anderson sobre el origen de las naciones.
A partir de la teoría ricardiana del comercio internacional, Urrutia llega a la conclusión de que la diversidad cultural no sólo es irreductible en la globalización, sino que tiende a acentuarse con un doble movimiento, homogeneizador hacia dentro y de diferenciación hacia fuera. Una suerte de ventaja cultural comparativa generada por las diferencias identitarias, alentaría el proceso.
Estoy completamente de acuerdo. Como Urrutia reniego tanto del cosmopolitismo moderno como del irreflexivo y pertinaz llantito de los José Bové de turno que pretenden reforzar las asimetrías de la globalización en nombre de una diversidad cultural de rentista subvencionado que no reconoce identidad alguna con la de los países periféricos agrarios que reclaman poder vender en los mercados centrales del capitalismo.
Pero tanto Bové como los cosmopolitas europeistas se definen en términos nacionalistas, territoriales y culturalistas. Son expresiones distintas de un mismo fenómeno de crisis del nacionalismo frente a la globalización.
La cuestión que va emergiendo en el programa de trabajo de mi nuevo libro está en la crisis de la trabazón entre territorio e identidad. La cuestión está precisamente, a mi juicio, en la posibilidad de “segregación” como forma de abrir nuevos mercados y si esas identidades segregadas tienen que estar o no circunscritas o al menos definidas desde una demarcación territorial histórica.
Estoy buscando y realmente es vago lo que encuentro, materiales sobre como los venecianos se percibían y eran percibidos en la época de la III cruzada en el Mediterráneo. Entre los antecedentes prenacionales, Venecia me parece más interesante. Es claro que algunas órdenes religiosas (como los jesuitas) construyeron identidades transnacionales en la premodernidad. Pero se basaban en las grandes identidades premodernas de Occidente (la Umah, la Cristiandad y la diáspora judía). Me interesa mucho más el ejemplo veneciano precisamente por estar basado en el comercio.
De hecho tras un somero repaso a los grupos segregacionistas del XIX, en la época de pleno apogeo del nacionalismo, llama la atención que siendo esencialmente modernas, estas identidades en busca de territorio, tienen una fundamentación originalmente religiosa.
La clave a mi juicio, es que las redes del capitalismo imperial del XIX son fundamentalmente redes descentralizadas, muy lejos de la estructura reticular del Mediterráneo veneciano. Una estructura similar -esto es, distribuida- sólo reaparecerá, eso si, a escala masiva y prácticamente universal a finales del siglo XX con el desarrollo de Internet.
Aparecen entonces, ahora, nuevas identidades transnacionales, anacionales y desterritorializadas que experimentan reciclando viejas identidades premodernas de forma original. Desde la guerra distribuida hasta el juego cotidiano, esos nuevos modos de socializar e imaginar la comunidad, poco a poco nos van filtrando, definiendo nuestra cotidianidad tanto como la comunidad nacional imaginada podía influir en la identidad de un europeo alfabetizado del Barroco, participe de un grupo exiguo en comparación con el de los ciudadanos digitales de hoy, y sin embargo decisivo en la formación de identidades durante los doscientos cincuenta años siguientes…
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[...] dende Norteamérica ou China; cando os nosos espacios de socialización xa non se entenden en relación ó territorio (messenger, correo-e, comunidades virtuais temáticas, [...]





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Estimado David,
Tu escrito es muy preciso; adoptas en cambio una acttitud demasiado displicente con José Bové. Como anécdota, mi padre tb. carga las tintas contra todo lo qwue Bové representa.
José Bové es algo más sutil que un repliegue nacionalista. Hay una sensibilidad internacionalista de fondo que acompaña las campañas y la estrategia Bové y sus allegados. En España, hoy denuncia Greepeace que el 18 % del maíz que cultivamos ya es transgénico (cf. El País). No nos vendría mal tener alguien con carisma para denunciarlo.
Muchas gracias.
jejeje, es que, querido Aben Yusuf, la matriz que representa tu padre no me es ajena, como los primeros románticos liberales no eran ajenos a los últimos ilustrados librepensadores.