Reflexiones sobre los nuevos mapas y las identidades postnacionales a partir del manifiesto fundacional del país llamado a
Cuando el 4 de enero de 2008 Hector Milla presentó su proyecto de país llamado a inmediatamente ganó la atención de muchos en la blogsfera española levantando tremendas expectativas en más de un círculo.
A primera vista los elementos definitorios de la iniciativa dejaban una clara sensación de dejavu: desde la elaboración un tanto anacrónica de símbolos (bandera, logo, etc.) hasta la insistencia en el primer punto de su manifiesto fundacional en que la comunidad-país:
no renuncia en el futuro, si sus ciudadanos lo deciden y se dispone de los recursos necesarios, a adquirir un pequeño territorio jurídicamente adecuado en cualquier lugar del mundo, que les permita convertirse también en Estado.
¡Era Freedonia once años después! Claro, que en una década la experiencia social de Internet ha transformado profundamente el significado de la vida comunitaria. Más allá del ejercicio literario y la fabricación de logos y estandartes, más allá del juego de rol, aparecía de nuevo la base conversacional de la nueva identidad:
Nuestro país ya existe, y en él utilizamos todo tipo de plataformas como Flickr, Upcoming, Twitter, Jaiku, Dopplr, Facebook, Google, YouTube, Seesmic…etc, además de nuestro propio entorno visual para comunicarnos y compartir una identidad común.
El paralelismo con el acta de nacimiento del sionismo digital tal y como fue definido en su día por Pere Quintana era llamativo:
hace tiempo que ya no somos ni españoles ni europeos ni nada. Hace tiempo que somos sionistas digitales… Lo que nos une son unos valores comunes, no el hecho de haber nacido aquí o allí. De hecho no nos vemos ni las caras, nuestra identidad són nuestros textos en red. No somos del mundo que se respira en los periódicos.
Pero también las diferencias: Frente al par valores/textos de Quintana, el par herramientas/entorno visual de Milla, apunta a la necesidad de un nuevo tipo de mapa para el relato identitario. Una representación que Milla hace como mapa de herramientas más que de redes, de espacios conversacionales más que lugares y conexiones.
También es cierto que el país llamado a nace en el punto álgido del dospuntocerismo con su exaltación de las herramientas sobre sus significados.
Pero sobre todo hay que señalar que no es el territorio lo que da corporeidad y materialidad a una identidad conversacional hasta convertirla en algo parangonable a una nación, sino la economía, la existencia de un metabolismo económico subyacente. La nación se imagino desde la conversación en lengua vulgar, pero esa conversación ya venía siendo representada y era consciente de distintas maneras desde al menos el siglo VII… Fue realmente el mercado nacional, su papel determinante a la hora de explicar el ser social de cada uno lo que hizo imaginar la nación y su proyección en el espacio lo que cambió el relato cartográfico en un diálogo nacionalizador.
Los mapas del nuevo mundo están todavía por venir. No serán sólo una representación de espacios, sino de intereses. Serán más neovenecianos que sionistas digitales. Harán un relato que explique y proyecte no sólo valores, sino intereses, flujos no sólo de ideas y palabras, sino de valor transformable en medios de vida. Porque es para eso que son necesarios, para explicarnos sobre rutas que no son turísticas, sino mercantiles. Y es que al fin, los mapas son para el comercio.
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y de Joan Jiménez, somos dos los que lanzamos este experimento social y global y virtual y real y felices…
experimento social? que experimento? si esto ya se ha experimentado!