En esta tercera entrega de la primera parte del “Manual ilustrado para ciberactivistas”, veremos nacer el PC e Internet convertirse en una gran red distribuida. Los valores del movimiento hacker transformarán las herramientas del nuevo mundo. Una nueva estructura de la información y con ella del poder se hace posible.
1975, Los Altos, California: Una imagen tópica. Dos hackers comparten taller en el garage. Fabrican y venden Blue Boxes: circuitos que conectados al teléfono engañan a las centralitas de la Bell y permiten hablar sin pagar. Eran Steve Jobs y Steve Wozniac. Wozniac presenta el proyecto de construir un ordenador para uso personal en el Homebrew center, un club de hackers de la electrónica. Jobs le ofrece un plan: venderá su camioneta si Woz vende su calculadora (entonces aún son caras) y juntos montan un taller de ensamblado en su garaje. Pero Jobs trabaja en HP. Su contrato le obliga a ofrecer a la empesa cualquier desarrollo antes de hacerlo por cuenta propia. Solicitan una reunión y plantean la idea. La respuesta es la esperada: los ordenadores sirven para gestionar grandes procesos sociales, requieren potencia, más que la que una pequeña máquina podría ofrecer sin servir además nada que la gente quiera tener en casa, un ordenador personal sería como un bonsai con dificultades para arraigar ¿quién podría querer algo así?.
Y efectivamente, el Apple I no era un derroche de potencia: 4Kb ampliable a cuatro más y con almacenamiento en cinta de caset opcional… Pero fue el primer paso para desconectar a HAL. En abril del 77 se presenta Apple II y en el 79 Apple III que ya tiene 48Kb.
Ya nadie tiene que explicar qué es o para qué sirve un ordenador personal. En las universidades la naciente comunidad hacker sigue el ejemplo y monta ordenadores por componentes. Un modelo que seguirá IBM el año siguiente cuando diseñe su IBM PC. Un intento por liderar los nuevos tiempos.
La idea no era mala. Suponía vender, ensamblar y diseñar en arquitectura abierta un ordenador de componentes baratos fabricados por otros. Utilizar todo el poder de marca de IBM bastaría, suponían, para merendarse el naciente mercado doméstico y mantener en segmentos específicos a los posibles licenciadores y fabricantes de clónicos…
Pero no fue así, las cosas habían cambiado. IBM pensaba en sus máquinas como sustitutos relativamente autónomos de los tradicionales terminales tontos. Pensaba en el PC como en una pieza dentro de la vieja arquitectura centralizada, ramas más gruesas para sus árboles. Al tener un modelo universal de arquitectura abierta los hackers de la electrónica pudieron empezar a construir sus propias máquinas compatibles por componentes… e incluso venderlas luego mucho más baratas que los originales del gigante azul. El sueño del hacker, vivir de ello, se hacía realidad. Los hackers de la electrónica de los setenta acabaron montando PCs por su cuenta en tallercitos, tiendas y garages… Sin valedores tekis, Apple desaparecería hasta del underground, pero el PC se separaría progresivamente de IBM.
Pero cuando en casa tienes más de un ordenador, aunque sea porque lo montes para otros, es inevitable la tentación de comunicarlos y ponerlos en red. Cuando tus amigos tienen modem y puedes dedicar un ordenador sólo a compartir con ellos, es inevitable -sobre todo donde las llamadas locales son gratuitas- dejarlo conectado todo el día para que entren cuando quieran. Cuanto más potentes se hacían los PCs más potentes se hacían también las arquitecturas de red de los hackers.
Como una enredadera que brota sobre un árbol, el uso de un nuevo tipo de herramientas irá creciendo y diferenciandose poco a poco a lo largo de los 80. Están naciendo las estructuras que darán forma al nuevo mundo. Son los tiempos de las redes LAN caseras, de las primeras BBS, del nacimiento de Usenet. La Internet libre y masiva se acerca. Eran inventos diferentes, hechos por gente diferente, con motivaciones diferentes. Era lo que pedían los tiempos… aunque ellos, los hacker de entonces, ni siquiera lo sabían todavía, expresaban no sólo su forma de organizarse y representar la realidad, sino la arquitectura completa de un nuevo mundo que debía representarse y organizarse reticularmente para poder funcionar y dar cabida a un nuevo tipo de incentivos. Pronto, una enredadera cada vez más densa de pequeños ordenadores bonsai cubriría a HAL hasta desconectarlo para siempre…
En unos párrafos hemos hecho un viaje fulgurante. La descentralización nacida como posibilidad con el telégrafo había reordenado el mundo casi completamente al final de la Segunda Guerra Mundial. Pero un mundo global descentralizado es un mundo con grandes necesidades de gestión, un mundo que precisa de ordenadores e información instantánea.
Información, tecnología y creatividad pesarán cada vez más en el valor de la producción. Pero es difícil organizar bajo una estructura jerárquica descentralizada tanto a la creatividad como al desarrollo científico. Como ironiza Pekka Himanen en su libro “La ética del hacker y los orígenes del informacionalismo“:
¿Cómo podría Einstein haber llegado a la fórmula
E=mc2si su actividad se hubiera dado en el caos de grupos de investigadores autoorganizados? ¿Acaso no opera la ciencia con una jerarquía tajante, liderada por un empresario en Ciencia, con directores de división para cada disciplina?
La cultura hacker, representará la forma de organización alternativa propia del sistema de incentivos reclamado por esos grupos de investigadores autoorganizados. Sistema de incentivos que cuestiona la llamada “propiedad intelectual” y la misma topología de la estructura de información. Para crear, para generar valor, los hackers necesitarán libre acceso a las fuentes de información. Cada nodo reclamará su derecho a conectarse con los demás sin pasar por los filtros de los nodos “centrales”. Así, darán una forma nueva al desarrollo de las herramientas tecnológicas heredadas. El PC e Internet son las formas que bajo una estructura distribuida toman la informática y la transmisión de datos.
Pero si hay algo poco inocente es la estructura de la información. La topología porta valores. Como bien analiza Himannen, el movimiento hacker desarrollará una ética del trabajo basada en el reconocimiento y no en la remuneración y una ética del tiempo en la que desaparece la división calvinista entre trabajo/castigo divino y tiempo “libre”/ gozo. Y esos valores se incorporarán al diseño de las nuevas herramientas y a los cambios culturales y políticos que traerán.
Sí. Cambios políticos. Porque el cambio en la estructura de la información que supondrá Internet abrirá la puerta a una nueva distribución del poder. Con Internet conectando millones de pequeños ordenadores jerárquicamente iguales nace la Era de las redes distribuidas, abriendo la posibilidad de pasar de un mundo de poder descentralizado a otro de poder distribuido. El mundo que estamos construyendo.
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