Pocas historias de sionismo digital son tan ilustrativas como la de Freedonia, la primera comunidad virtual que buscó un territorio para materializarse.
Seguramente, si escuchan el nombre de Freedonia pensarán en el país imaginario de los protagonistas de Sopa de Ganso (Libertonia en España, Freedonia en versión original). Pero tras leer la auténtica e increible historia de Freedonia se olvidarán de los Hermanos Marx.
Es una historia con muchas lecturas. Tal vez les fascine como el sueño online de un niño de 13 años de Texas puede acabar generando una revuelta con una docena de muertos y desaparecidos en el Cuerno de Africa. O el mal fario de los libertarios americanos que salieron de una para meterse en otra. O lo realmente caro que es el territorio en la globalización.
A mi lo que me fascina es el frustrado paso de comunidad virtual a territorial. ¿Será por la forma estado?






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Alucinante. Todo lo que puedo decir suena a tópicos respecto a la realidad y como supera a la fantasía. Lo interesante es analizar, como dices, la problemática de pasar de comunidad virtual a territorial. ¿Será que es imposible?
Estoy impresionado por la H/historia de Freedonia. Lo que yo me pregunto es ¿por qué querer pasar de ser una comunidad a ser un Estado? Las implicaciones jurídicas y prácticas (como refleja el caso de Freedonia) me parecen lo suficientemente disuasorias como para buscar otras soluciones.
Yo estoy en esa línea: la estatalidad no me parece práctica. En realidad si que creo que las comunidades virtuales de convivencia requieren un “santuario” pero creo que bastaría con que fuera un sitio neutro para la red, un sitio de donde no fuera ninguno de sus miembros… quiero escribir sobre esto, pero antes quiero relatar unas cuantas experiencias más en este ámbito, más que nada porque me hacen pensar y localizar errores.
De momento estoy contigo: la obsesión por tener un estado es un error. Yo personalmente preferiría un hotelito rural de playa.
¿Te imaginas Sombra? Vacaciones en un entorno ciberpunki: buceo con gema por las mañanas, tertulia literaria con Daniel por las noches y conversación friki de Pere mientras tú y yo cocinamos para las chicas… a mi me parece el desahogo ideal, el santuario perfecto… y seguro que es muy educativo para Sombrita y el hijo friki de Daniel