Algunas reflexiones a raiz del debate político parlamentario en España
Fue Diocleciano el que impuso la pompa oriental, el hieratismo y la distancia a los emperadores. En la decadencia nada más importante que las formas. Sólo sobre las formas se mantienen los sistemas en los que nadie cree ya pero que aún no tienen alternativas.
Luis XIV creó sus propios modos. Pero a Luis XV era más difícil creérselo. Y a Luis XVI definitivamente dejaron de creerle. En las décadas finales del estado absolutista, la pompa era la mística, la cohesión. Y aún asustados por la orgía del terror jacobino, los liberales ingleses trataron de vestir el nuevo orden con rituales heredados del viejo mundo como quien transfiere sangre de un muerto reciente a un niño prematuro en espera de que su sistema pueda producirla por si solo. La parafernalia anacrónica y medievalizante de Westminster, edificio nada casualmente de estilo neo-gótico, deja constancia del hambre que el entonces nuevo mundo tenía de tradiciones.
La gran mística de la democracia representativa la aportaron los Estados Unidos. Mística mediática tornada mística televisiva desde los 60: spin doctors, coachers, entrenamientos, sondeos… Sí, señor Presidente; Permítame contrariarle, sr Presidente. La parafernalia del debate televisivo subsume la mística del estado nacional. O no funciona.
Me cuentan que en las tertulias televisivas que hacían ayer el debate sobre el debate nadie se refirió al Presidente del Gobierno como tal. Con Zapatero o ZP, bastaba. La imagen global del proceso social alrededor del debate no dejaba de ser una copia provinciana de la mística norteamericana. Debate a lo Luis XV. Muchos se lo creen. Muchos lo creen un poquito menos.
Visito el país llamado a. Me da la impresión de que crean un país virtual para poder disfrutar de la mística democrática del estado nación que el estado nación ya no ofrece.
Seguro que ahí al Presidente le llaman Presidente. Compañero Presidente, Sr Presidente o amigo a’bitante Presidente. Da igual. Presidente. Representación de la comunidad imaginada. Proyección y materialización del deseo de que la comunidad imaginada tenga realidad. Es, luego somos.
Tal vez los a’bitantes sean como los parlamentarios del fin del antiguo régimen. O tal vez los neovenecianos sean como los masones dieciochescos que jugaban a vivir un nuevo orden y construir nuevas formas de relación social inspirados en gremios cuya realidad histórica era tan distante como nos es hoy Venecia.
Sólo sé que vivo en un mundo donde encuentro mejores discursos y más profundidad teórica en mi amada lista de correo, en mi comunidad real, que en la representación política del estado. Y me da que no soy el único al que le pasa.
Comentarios
Si crees que puedes aportar algo interesante deja un comentario...
Debes estar registrado como usuario para postear.





Creandote un usuario en un
Puedes ver los 23 posts más actualizados de mi
Puedes ver las estadísticas de este blog -entre otros- en el 
David noto hoy un regusto amargo en tus palabras, espero que no sea también desánimo…A mi me produce un gran hastío esta sociedad del espectáculo (Guy Debord), no me considero un tipo aburrido al que un toque de frivolidad en un momento dado le desagrade, pero entre la diversión y una tramoya con tres palos sujetándola detrás hay un trecho. Me hastían también esos rituales de control social como los que cuentas, esos que Peter Burke describió tan bien para Luis la época de XIV y sobre todo echo de menos un mínimo de debate real, de ágora
Ay… si es que está siendo una semana difícil. Volver a Madrid tras uno de estos congresos y encuentros en América tan llenos de ideas, de gente interesante, de debates increibles… siempre deja resaca. Y la vida pública española es muy triste hace ya demasiado tiempo…
Pero siempre nos quedará Venecia, la por vernir, ¿no?