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Lunes, 9 de Julio de 2007Escuela nacional, tecnología y bricoleursVersiones Latoc Sigo dándole vueltas al debate de este fin de semana con Pere, Pablo y Lore. En realidad no se trata de un debate sobre el OLPC. Es un debate sobre la educación, la enseñanza y el rol del estado y la tecnología a partir del OLPC que es bastante diferente. Ayer, antes de publicar el post, le pasé el borrador tanto a Pablo como a Pere porque me interesaba que las posiciones, todavía borrosas, no se vieran deformadas por mi propio punto de vista. Comentaba yo que intuía que bajo este debate había más de lo que veíamos, que intuía que había diferencias de las que podríamos acabar aprendiendo y sacando una posición tras mucho debatir, argumentar y aprender, como en los viejos tiempos de Ciberpunk. El comentario que me hizo Pablo entonces me ha estado haciendo pensar:
Suena muy mal, pero tiene razón en parte. Los más jóvenes bricoleurs y el estadoTal como yo lo veo, siguiendo a Stuart Mill, la diversidad es un bien universal, una solución adaptativa para la sociedad ante un futuro en el que no sabemos de entrada qué estrategias serán las que nos permitan adaptarnos a un mundo en cambio acelerado. Hay niños con habilidades de bricoleur, con tendencias hacker hay niños especialmente creativos en todos los campos. Y la sociedad debe entender que es bueno que sea así y no intentar achatarlos como hizo con nosotros la escuela. No todos los profesores, pero sí la escuela. Esto es, la enseñanza pública, el estado, debe ayudar a que si alguien es así pueda desarrollarse, pero no todos van a ser así, ni sería bueno siquiera que todos fueran así. Y sería tan castrante como antes, que la enseñanza intentara que todos los niños se convirtieran en bricoleurs, en hackers. La posición que defendía Pere era algo así como:
¿Qué aparece en el fondo de este debate, creo yo? Pues una cierta intuición, que creo nadie se atreve a decir del todo, de que el sistema de enseñanza es un mecanismo pensado para la homogeneización social (nacional en realidad), una especie de mecanismo centralizador a lo 2.0 que inevitablemente genera escasez escasez de tipos humanos. El sistema de enseñanza, mediante sus técnicas, sus estructuras, sus modos de calificación, inevitablemente y como conjunto transmite y forma un molde, un tipo de comportamiento y actitud, como estándar deseable. No muchos. Pensar que la escuela, el instituto e incluso la universidad, más allá de lo que Daniel Bellón llamaba la hiperminoría de profesores inquietos y los alumnos que tienen la lotería de que les toque uno/una de estos, pueden ayudar a conformar diversidad, a que cada uno se desarrolle en sus cualidades y no a imponer el molde de las socialmente dominantes a través del sistema escolar, sería no tener en cuenta su naturaleza centralizada, su realidad de máquina homogeneizadora. Si me permiten ir un pasito más allá, el sistema de enseñanza es la gran máquina de fabricar ciudadanos nacionales. Enseña ciudadanía (cada vez menos en todo el Mundo). Pero sobre todo enseña el modo nacional, el molde del ser nacionalista ligado al estado, por eso y en esos términos genera tanto debate político. La ciudadanía y el pensamiento crítico no darían para tanta batalla. Aprendiendo de la desescolarizaciónPor eso, lo que latía bajo la posición de Pere y mía era la idea de que no podemos dejarle al estado que diga a los niños cuales son los usos de las máquinas y las redes. Si así es, adios bricolage. Adiós lo que de liberador tiene aprender en un mar de redes y referencias. Deje el estado a disposición de los niños y las niñas la conectividad y las herramientas, los manuales (que la mayoría no usuaran) y unas cuantas clases de uso instrumental básico. Pero que los niños exploren por si mismos. Cuando hace unos años debatíamos sobre la el movimiento por la desescolarización este era el implícito de fondo: lo importante no es si el estado incorpora o no las tecnologías de red, lo importante es quien es el protagonista: el profesor, que representa al estado, o el niño. Por éso, lo que nos preocupaba de este movimiento no era la red -que en manos de los niños podía ser liberadora- sino la precariedad del elemento social, del espacio presencial con otros niños y otras referencias. Tenía razón Pablo en parte: miramos la escuela desde el punto de vista de los niños hackers que fuimos. Niños que no cabían en el molde y aprendieron el costo de hackear, de hacer bricolage de conocimientos en un mundo reglado. De ser diferentes. Y que precisamente por eso, entendían mejor que nadie hasta que punto ese profesor hacker, comprometido, que de verdad nos incentivó, era un anómalo, un hacker puesto en otro lugar, no un producto del sistema, sino a los ojos de este y como decía Pere, un error que andaba en ayudarnos a desarrollarnos y no en imponernos el molde nacional de lo aceptable. Escuela nacional, tecnología y bricoleurs Sigo dando-lhe voltas ao debate deste fim de semana com Pere, Pablo e Lore. Em realidade não se trata de um debate sobre o OLPC. É um debate sobre a educação, o ensino e o papel do estado e a tecnologia a partir do OLPC que é bastante diferente. Ontem, dantes de publicar o pós, passei-lhe o rascunho tanto a Pablo como a Pere porque me interessava que as posições, ainda borrosas, não se vissem deformadas por meu próprio ponto de vista. Comentava eu que intuía que baixo este debate tinha mais do que víamos, que intuía que tinha diferenças das que poderíamos acabar aprendendo e sacando uma posição depois de muito debater, argumentar e aprender, como nos velhos tempos de Ciberpunk . O comentário que me fez Pablo então me tem estado fazendo pensar:
Soa muito mau, mas tem razão em parte. Os mais jovens bricoleurs e o estadoTal como eu o vejo, seguindo a Stuart Mill, a diversidade é um bem universal, uma solução adaptativa para a sociedade ante um futuro no que não sabemos primeiramente que estratégias serão as que nos permitam nos adaptar a um mundo em mudança acelerada. Há meninos com habilidades de bricoleur, com tendências hacker há meninos especialmente criativos em todos os campos. E a sociedade deve entender que é bom que seja assim e não tentar achatarlos como fez conosco a escola. Não todos os professores, mas sim a escola. Isto é, o ensino público, o estado, deve ajudar a que se alguém é assim possa se desenvolver, mas não todos vão ser assim, nem seria bom sequer que todos fossem assim. E seria tão castrante como dantes, que o ensino tentasse que todos os meninos se convertessem em bricoleurs, em hackers. A posição que defendia Pere era algo bem como:
Que aparece no fundo deste debate, creio eu? Pois uma verdadeira intuición, que creio ninguém se atreve a dizer do tudo, de que o sistema de ensino é um mecanismo pensado para a homogeneización social (nacional em realidade), uma espécie de mecanismo centralizador ao 2.0 que inevitavelmente gera escassez escassez de tipos humanos. O sistema de ensino, mediante suas técnicas, suas estruturas, seus modos de calificación, inevitavelmente e como conjunto transmite e forma um molde, um tipo de comportamento e atitude, como regular deseable. Não muitos. Pensar que a escola, o instituto e inclusive a universidade, para além do que Daniel Bellón chamava a hiperminoría de professores inquietos e os alunos que têm a lotería de que lhes toque um/uma destes, podem ajudar a conformar diversidade, a que a cada um se desenvolva em suas qualidades e não a impor o molde das socialmente dominantes através do sistema escolar, seria não ter em conta sua natureza centralizada, sua realidade de máquina homogeneizadora. Se permitem-me ir um pasito para além, o sistema de ensino é a grande máquina de fabricar cidadãos nacionais. Ensina cidadania (a cada vez menos em todo mundo). Mas sobretudo ensina o modo nacional, o molde do ser nacionalista unido ao estado, por isso e nesses termos gera tanto debate político. A cidadania e o pensamento crítico não dariam para tanta batalha. Aprendendo da desescolarizaciónPor isso, o que batia baixo a posição de Pere e minha era a ideia de que não podemos lhe deixar ao estado que diga aos meninos cuales são os usos das máquinas e as redes. Se assim é, adios bricolage. Adeus o que de liberador tem aprender num mar de redes e referências. Deixe o estado a disposição dos meninos e as meninas a conectividad e as ferramentas, os manuais (que a maioria não usuaran) e umas quantas classes de uso instrumental básico. Mas que os meninos explorem por se mesmos. Quando faz nuns anos debatíamos sobre a o movimento pela desescolarización este era o implícito de fundo: o importante não é se o estado incorpora ou não as tecnologias de rede, o importante é quem é o protagonista: o professor, que representa ao estado, ou o menino. Por éso, o que nos preocupava deste movimento não era a rede -que em mãos dos meninos podia ser liberadora- senão a precariedad do elemento social, do espaço presencial com outros meninos e outras referências. Tinha razão Pablo em parte: olhamos a escola desde o ponto de vista dos meninos hackers que fomos. Meninos que não cabiam no molde e aprenderam o custo de hackear, de fazer bricolage de conhecimentos num mundo reglado. De ser diferentes. E que precisamente por isso, entendiam melhor que ninguém até que ponto esse professor hacker, comprometido, que para valer nos incentivou, era um anómalo, um hacker posto em outro lugar, não um produto do sistema, senão aos olhos deste e como dizia Pere, um erro que andava em nos ajudar a nos desenvolver e não em nos impor o molde nacional do aceitável. Escola nacional, tecnologia e bricoleurs Sigo dándolle voltas ao debate deste fin de semana con Pere , Pablo e Lore. En realidade non se trata dun debate sobre o OLPC. É un debate sobre a educación, o ensino e o rol do estado e a tecnoloxía a partir do OLPC que é bastante diferente. Onte, antes de publicar o post, paseille o borrador tanto a Pablo como a Pere porque me interesaba que as posicións, aínda borrosas, non se visen deformadas polo meu propio punto de vista. Comentaba eu que intuía que baixo este debate había máis do que viamos, que intuía que había diferenzas das que poderiamos acabar aprendendo e sacando unha posición tras moito debater, argumentar e aprender, como nos vellos tempos de Ciberpunk . O comentario que me fixo Pablo entón estívome facendo pensar:
Soa moi mal, pero ten razón en parte. Os máis novos bricoleurs e o estadoTal como eu véxoo, seguindo a Stuart Mill, a diversidad é un ben universal, unha solución adaptativa para a sociedade ante un futuro no que non sabemos de entrada que estratexias serán as que nos permitan adaptarnos a un mundo en cambio acelerado. Hai nenos con habilidades de bricoleur, con tendencias hacker hai pícaros especialmente creativos en todos os campos. E a sociedade debe entender que é bo que sexa así e non intentar achatalos como fixo connosco a escola. Non todos os profesores, pero si a escola. Isto é, o ensino público, o estado, debe axudar a que si alguén é así poida desenvolverse, pero non todos van ser así, nin sería bo sequera que todos fosen así. E sería tan castrante como antes, que o ensino intentase que todos os nenos convertésense en bricoleurs, en hackers. A posición que defendía Pere era algo así como:
Que aparece no fondo deste debate, creo eu? Pois una certa intuición, que creo ninguén se atreve a dicir do todo, de que o sistema de ensino é un mecanismo pensado para a homogeneización social (nacional en realidade), unha especie de mecanismo centralizador ao 2.0 que inevitablemente xera escaseza escaseza de tipos humanos. O sistema de ensino, mediante as súas técnicas, as súas estruturas, os seus modos de cualificación, inevitablemente e como conxunto transmite e forma un molde, un tipo de comportamento e actitude, como estándar desexable. Non moitos. Pensar que a escola, o instituto e ata a universidade, máis aló do que Daniel Bellón chamaba a hiperminoría de profesores inquedos e os alumnos que teñen a lotería de que lles toque un/una destes, poden axudar a conformar diversidad, a que cada un desenvólvase nas súas calidades e non a impoñer o molde das socialmente dominantes a través do sistema escolar, sería non ter en conta a súa natureza centralizada, a súa realidade de máquina homogeneizadora. Si permítenme ir un pasito máis aló, o sistema de ensino é a gran máquina de fabricar cidadáns nacionais. Ensina cidadanía (cada vez menos en todo o Mundo). Pero sobre todo ensina o modo nacional, o molde do ser nacionalista ligado ao estado, por iso e neses términos xera tanto debate político. A cidadanía e o pensamento crítico non darían para tanta batalla. Aprendendo da desescolarizaciónPor iso, o que latexaba baixo a posición de Pere e miña era a idea de que non podemos deixarlle ao estado que diga aos nenos cales son os usos das máquinas e as redes. Si así é, adios bricolage. Adeus o que de liberador ten aprender nun mar de redes e referencias. Deixe o estado a disposición dos nenos e as nenas a conectividad e as ferramentas, os manuais (que a maioría non usuaran) e unhas cantas clases de uso instrumental básico. Pero que os nenos exploren por si mesmos. Cando fai uns anos debatiamos sobre a o movemento pola desescolarización leste era o implícito de fondo: o importante non é si o estado incorpora ou non as tecnoloxías de rede, o importante é quen é o protagonista: o profesor, que representa ao estado, ou o neno. Por éso, o que nos preocupaba deste movemento non era a rede -que en mans dos nenos podía ser liberadora- senón a precariedad do elemento social, do espazo presencial con outros nenos e outras referencias. Tiña razón Pablo en parte: miramos a escola desde o punto de vista dos nenos hackers que fomos. Nenos que non cabían no molde e aprenderon o costo de hackear, de facer bricolage de coñecementos nun mundo regulado. De ser diferentes. E que precisamente por iso, entendían mellor que ninguén ata que punto ese profesor hacker, comprometido, que de verdade nos incentivó, era un anómalo, un hacker posto noutro lugar, non un produto do sistema, senón aos ollos de leste e como dicía Pere, un erro que andaba en axudarnos a desenvolvernos e non en impoñernos o molde nacional do aceptable. Escola nacional, tecnoloxía e bricoleurs # # #el en li donant de torns al debat d'aquesta dimenjada amb Pere, Pablo e Lore. En realitat se tracta pas d'un debat sobratz lo OLPC. Es un debat sobratz l'educacion, l'ensenhament e lo ròtle de l'estat e la tecnologia tre lo OLPC qu'es pro desparièr. Ièr, abans de publicar lo post, li passèri lo borrolhon tant a Pablo coma a Pere pr'amor que m'interessava que las posicions, encara borrosas, se vegèsson pas desformadas per lo mieu pròpri ponch de vista. Comentava ieu que intuía que jos aqueste debat aviá mai de çò que vesiam, que intuía qu'aviá de diferéncias que ne poiriam acabar en aprenent e en trasent una posicion après fòrça debatre, argumentar e aprene, coma en los vièlhs tempses de Ciberpunk. Lo comentari que me faguèt Pablo m'a #far alavetz:
Sona fòrça marrit, mas a rason en partida. Los mai joves bricoleurs e l'estatTal coma ieu o vesi, en seguint a Stuart Mill, la diversitat es un plan universal, una solucion adaptativa per la societat davant un futur que sabèm en el pas d'en primièr de quinas estrategias seràn es quaus nos permetan nos adaptar dins un mond per contra accelerat. I a de mainats amb d'abiletats de bricoleur, amb de tendéncias hacker i a de mainats mai que mai creatius en totes los camps. E la societat a d'entendre qu'es bon que siá aital e pas ensajar achatarlos coma faguèt amb nosautres l'escòla. Pas totes los professors, mas òc l'escòla. Aquò es, l'ensenhament public, l'estat, a d'ajudar a que cnjse quauquarrés es pòsca aital se desvolopar, mas pas totes van èsser aital, ni seriá bon siquiera que totes foguèsson aital. E seriá tan castrante coma abans, que l'ensenhament ensagès que totes los mainats se convertiguèsson en bricoleurs, en hackers. La posicion que defendiá Pere èra qualquarren aital coma:
Qué apareis en lo fons d'aqueste debat, creï ieu? Doncas òm cèrta intuicion, que creï degun se gausa a dire del tot, que lo sistèma d'ensenhament es un mecanisme pensat per la homogeneización sociala (nacionala en realitat), una espècia de mecanisme centralizador a çò 2.0 que genèra inevitablament escasez escasez de tipes umans. Lo sistèma d'ensenhament, mejançant las siás tecnicianas, las siás estructuras, las siás manièras de qualificacion, inevitablament e coma ensemble transmet e forma un molde, un tipe de comportament e actitud, coma estandard deseable. Pas fòrça. Pensar que l'escòla, l'institut e quitament l'universitat, mai ailà de çò que Daniel Bellón cridava la hiperminoría de professors inquietes e los alumnes qu'an la loteria que lor tòque òm/una d'aquestes, pòdon ajudar a conformar diversitat, a que cadun se desvolòpe en las siás qualitats e pas a impausar lo molde de las socialament dominantes a travèrs del sistèma escolar, seriá pas aver en compte la siá natura centralizada, la siá realitat de maquina homogeneizadora. Se me permeton anar un pasito mai ailà, lo sistèma d'ensenhament es la granda maquina de fabricar de ciutadans nacionales. Ensenha ciutadania (de mens en mens dins tot lo Mond). Mas ensenha sustot la manièra nacionala, lo molde de l'èsser nacionalista ligat dins l'estat, per aquò e en aquestes tèrmes genèra tant debat politic. La ciutadania e la pensada critica donarián pas per tanta batalha. En aprenent de la desescolarizaciónPer aquò, çò que batanava jos detla posicion de Pere e miá èra l'idèa que podèm pas li daissar dins l'estat que diga als mainats cuales son los emplecs de las maquinas e las rets. S'es aital, adios bricolage. Adiu çò que de liberador a aprene en una mar de rets e referéncias. Daisse l'estat a disposicion dels mainats e las mainadas la conectividad e los esturments, los manuales (que la majoritat pas usuaran) e unas cuantas de classas d'emplec esturmental basic. Mas que los mainats explòren per se meteisses. Quand fa unes ans debatiam sobre lo lo movement per la desescolarización èst èra lo implícito de fons: çò d'important es pas se l'estat incorpòra o pas las tecnologias de ret, çò d'important es qui es lo protagonista: lo professor, que representa dins l'estat, o lo mainat. Per éso, çò que nos preocupava d'aqueste movement èra pas la ret -qu'en de mans dels mainats podiá èsser liberadora- mas la precarietat de l'element social, de l'espaci presencial amb d'autres mainats e d'autras referéncias. Aviá rason Pablo en partida: gardam l'escòla dempuèi lo ponch de vista dels mainats hackers que foguèrem. Mainats que cabien pas en lo molde e aprenguèron lo còst de hackear, de far bricolage de coneissenças dins un mond reglat. D'èsser desparièrs. E que justament per aquò, entendián # que degun fins que ponch aqueste professor hacker, compromés, que de vertat nos incentivó, èra un anomal, un hacker ponut en d'autre luòc, pas un produch del sistèma, mas als uèlhs d'èst e coma disiá Pere, un error que caminava en nos ajudar a nos desvolopar e pas en nos impausar lo molde nacional de çò d'acceptable. Escòla nacionala, tecnologia e bricoleurs Segueixo donant-li voltes al debat d'aquest cap de setmana amb Pere, Pablo i Lore. En realitat no es tracta d'un debat sobre el OLPC. És un debat sobre l'educació, l'ensenyament i el rol de l'estat i la tecnologia a partir del OLPC que és bastant diferent. Ahir, abans de publicar el post, li vaig passar l'esborrador tant a Pablo com a Pere perquè m'interessava que les posicions, encara borrosas, no es veiessin deformadas pel meu propi punt de vista. Comentava jo que intuïa que sota aquest debat hi havia més del que vèiem, que intuïa que hi havia diferències de les quals podríem acabar aprenent i traient una posició després de molt debatre, argumentar i aprendre, com en els vells temps de Ciberpunk. El comentari que em va fer Pablo llavors m'ha estat fent pensar:
Sona molt mal, però té raó en part. Els més joves bricoleurs i l'estatTal com jo ho veig, seguint a Stuart Mill, la diversitat és un ben universal, una solució adaptativa per a la societat davant un futur en el qual no sabem d'entrada quina estratègies seran les quals ens permetin adaptar-nos a un món en canvi accelerat. Hi ha nens amb habilitats de bricoleur, amb tendències hacker hi ha nens especialment creatius en tots els camps. I la societat ha d'entendre que és bé que sigui així i no intentar achatarlos com va fer amb nosaltres l'escola. No tots els professors, però sí l'escola. Això és, l'ensenyament públic, l'estat, ha d'ajudar al fet que si algú és així pugui desenvolupar-se, però no tots van a ser així, ni seria bé si més no que tots fossin així. I seria tan castrante com abans, que l'ensenyament intentés que tots els nens es convertissin en bricoleurs, en hackers. La posició que defensava Pere era alguna cosa així com:
Què apareix en el fons d'aquest debat, crec jo? Doncs una certa intuïció, que crec ningú s'atreveix a dir del tot, que el sistema d'ensenyament és un mecanisme pensat per a la homogeneización social (nacional en realitat), una espècie de mecanisme centralizador al 2.0 que inevitablemente genera escassesa escassesa de tipus humans. El sistema d'ensenyament, mitjançant les seves tècniques, les seves estructures, les seves maneres de qualificació, inevitablemente i com conjunt transmet i forma un motlle, un tipus de comportament i actitud, com estàndard desitjable. No molts. Pensar que l'escola, l'institut i fins i tot la universitat, més enllà del que Daniel Bellón cridava la hiperminoría de professors inquiets i els alumnes que tenen la loteria que els toqui un/una d'aquests, poden ajudar a conformar diversitat, al fet que cadascun es desenvolupi en les seves qualitats i no a imposar el motlle de les socialment dominants a través del sistema escolar, seria no tenir en compte la seva naturalesa centralitzada, la seva realitat de màquina homogeneizadora. Si em permeten anar un pasito més enllà, el sistema d'ensenyament és la gran màquina de fabricar ciutadans nacionals. Ensenya ciutadania (cada vegada menys en tot el Món). Però sobretot ensenya la manera nacional, el motlle del ser nacionalista lligat a l'estat, per això i en aquests termes genera tant debat polític. La ciutadania i el pensament crític no donarien per a tanta batalla. Aprenent de la desescolarizaciónPer això, el que bategava sota la posició de Pere i meva era la idea que no podem deixar-li a l'estat que digui als nens cuales són els usos de les màquines i les xarxes. Si així és, adios bricolage. Adéu el que de liberador té aprendre en un mar de xarxes i referències. Deixi l'estat a la disposició dels nens i les nenes la conectividad i les eines, els manuals (que la majoria no usuaran) i unes quantes classes d'ús instrumental bàsic. Però que els nens explorin per si mateixos. Quan fa uns anys debatíem sobre l'el moviment per la desescolarización est era el implícito de fons: l'important no és si l'estat incorpora o no les tecnologies de xarxa, l'important és qui és el protagonista: el professor, que representa a l'estat, o el nen. Per éso, el que ens preocupava d'aquest moviment no era la xarxa -que en mans dels nens podia ser liberadora- sinó la precarietat de l'element social, de l'espai presencial amb altres nens i altres referències. Tenia raó Pablo en part: mirem l'escola des del punt de vista dels nens hackers que vam anar. Nens que no cabien en el motlle i van aprendre el costo de hackear, de fer bricolage de coneixements en un món reglat. De ser diferents. I que precisament per això, entenien millor que ningú fins que punt aquest professor hacker, compromès, que de debò ens va incentivar, era un anòmal, un hacker posat en un altre lloc, no un producte del sistema, sinó als ulls d'est i com deia Pere, un error que caminava a ajudar-nos a desenvolupar-nos i no a imposar-nos el motlle nacional de l'acceptable. Escola nacional, tecnologia i bricoleurs
Sigo dándole vueltas al debate de este fin de semana con Pere, Pablo y Lore. En realidad no se trata de un debate sobre el OLPC. Es un debate sobre la educación, la enseñanza y el rol del estado y la tecnología a partir del OLPC que es bastante diferente. Ayer, antes de publicar el post, le pasé el borrador tanto a Pablo como a Pere porque me interesaba que las posiciones, todavía borrosas, no se vieran deformadas por mi propio punto de vista. Comentaba yo que intuía que bajo este debate había más de lo que veíamos, que intuía que había diferencias de las que podríamos acabar aprendiendo y sacando una posición tras mucho debatir, argumentar y aprender, como en los viejos tiempos de Ciberpunk. El comentario que me hizo Pablo entonces me ha estado haciendo pensar:
Suena muy mal, pero tiene razón en parte. Los más jóvenes bricoleurs y el estadoTal como yo lo veo, siguiendo a Stuart Mill, la diversidad es un bien universal, una solución adaptativa para la sociedad ante un futuro en el que no sabemos de entrada qué estrategias serán las que nos permitan adaptarnos a un mundo en cambio acelerado. Hay niños con habilidades de bricoleur, con tendencias hacker hay niños especialmente creativos en todos los campos. Y la sociedad debe entender que es bueno que sea así y no intentar achatarlos como hizo con nosotros la escuela. No todos los profesores, pero sí la escuela. Esto es, la enseñanza pública, el estado, debe ayudar a que si alguien es así pueda desarrollarse, pero no todos van a ser así, ni sería bueno siquiera que todos fueran así. Y sería tan castrante como antes, que la enseñanza intentara que todos los niños se convirtieran en bricoleurs, en hackers. La posición que defendía Pere era algo así como:
¿Qué aparece en el fondo de este debate, creo yo? Pues una cierta intuición, que creo nadie se atreve a decir del todo, de que el sistema de enseñanza es un mecanismo pensado para la homogeneización social (nacional en realidad), una especie de mecanismo centralizador a lo 2.0 que inevitablemente genera escasez escasez de tipos humanos. El sistema de enseñanza, mediante sus técnicas, sus estructuras, sus modos de calificación, inevitablemente y como conjunto transmite y forma un molde, un tipo de comportamiento y actitud, como estándar deseable. No muchos. Pensar que la escuela, el instituto e incluso la universidad, más allá de lo que Daniel Bellón llamaba la hiperminoría de profesores inquietos y los alumnos que tienen la lotería de que les toque uno/una de estos, pueden ayudar a conformar diversidad, a que cada uno se desarrolle en sus cualidades y no a imponer el molde de las socialmente dominantes a través del sistema escolar, sería no tener en cuenta su naturaleza centralizada, su realidad de máquina homogeneizadora. Si me permiten ir un pasito más allá, el sistema de enseñanza es la gran máquina de fabricar ciudadanos nacionales. Enseña ciudadanía (cada vez menos en todo el Mundo). Pero sobre todo enseña el modo nacional, el molde del ser nacionalista ligado al estado, por eso y en esos términos genera tanto debate político. La ciudadanía y el pensamiento crítico no darían para tanta batalla. Aprendiendo de la desescolarizaciónPor eso, lo que latía bajo la posición de Pere y mía era la idea de que no podemos dejarle al estado que diga a los niños cuales son los usos de las máquinas y las redes. Si así es, adios bricolage. Adiós lo que de liberador tiene aprender en un mar de redes y referencias. Deje el estado a disposición de los niños y las niñas la conectividad y las herramientas, los manuales (que la mayoría no usuaran) y unas cuantas clases de uso instrumental básico. Pero que los niños exploren por si mismos. Cuando hace unos años debatíamos sobre la el movimiento por la desescolarización este era el implícito de fondo: lo importante no es si el estado incorpora o no las tecnologías de red, lo importante es quien es el protagonista: el profesor, que representa al estado, o el niño. Por éso, lo que nos preocupaba de este movimiento no era la red -que en manos de los niños podía ser liberadora- sino la precariedad del elemento social, del espacio presencial con otros niños y otras referencias. Tenía razón Pablo en parte: miramos la escuela desde el punto de vista de los niños hackers que fuimos. Niños que no cabían en el molde y aprendieron el costo de hackear, de hacer bricolage de conocimientos en un mundo reglado. De ser diferentes. Y que precisamente por eso, entendían mejor que nadie hasta que punto ese profesor hacker, comprometido, que de verdad nos incentivó, era un anómalo, un hacker puesto en otro lugar, no un producto del sistema, sino a los ojos de este y como decía Pere, un error que andaba en ayudarnos a desarrollarnos y no en imponernos el molde nacional de lo aceptable. Guardado por David de Ugarte en Destacados a las 12:18 pm
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