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Miércoles, 15 de Noviembre de 2006Épica y lírica en el relato de los blogsVersiones Latoc En las conversaciones abiertas en estos últimos días en Chile, seguramente el eje que más llamó la atención a mis contertulios fue el generado por la distinción entre épica y lírica y las opciones éticas que surgían de ella. El contexto de esta distinción venía dado -en Chile- por mi aproximación a Atina y mi rechazo de que la caracterización de su acción como de buena onda implicara menoscabo alguno frente a las opciones partidarias o políticas basadas en la confrontación. Al contrario, argüía, la opción por la lírica proyectaba una alternativa y nuevos consensos sociales de una forma que a mi juicio es mucho más potente que la épica en la que se han conformado los mitos de la izquierda desde los setenta. La lírica, entendida como la forma de proyectar opciones de futuro desde lo que se vive, se siente, se disfruta y se hace en el presente no es sino la representación en relato de un ethos particular, de una manera de vivir que se plantea como opción entre otras, que no busca anular el campo a las otras ni negarlas. La lírica invita a sumarse sin diluirse, busca la conversación, no la adhesión. Se trata de una opción ética frente a la dimensión excluyente, sacrifical y de confrontación que irremediablemente plantea la épica. Pero en realidad, antes de la primera conversación con Jorge Domínguez, amigo y guía de mis primeros pasos por aquel país, la aplicación de la distinción en mis escritos tiene una genealogía que me gustaría contar. Hace tiempo que Roger Colom me afeaba el que identificara en general la emoción de los mitos con la épica del relato. Según Roger, la lección a extraer tras la trayectoria del ciberpunk español en general y la del grupo que impulsó la Bitácora de las Indias en particular, estaba en su apuesta por la lírica frente a la épica como forma de relato configuradora de mitos y realidades de nuevo tipo. Así que comencé a trabajar en esa distinción Distinción que sin duda no es novedosa en absoluto, salvo tal vez en su traducción al blogging, a ése quiero hacer un hermoso blog como parte de una hermosa vida tan querido de los sionistas digitales. En Sobre el amor y la muerte, Patrick Süskind confronta al lírico Orfeo -humano y creador mítico de las primeras canciones- con el épico Jesús de Nazaret.
Tal vez muchos amigos, hartos de ver sus aportaciones descalificadas como autobombo, hayan sonreido con la última pregunta retórica. Y seguramente muchos cristianos se sentirán excluidos de la visión de Jesús que utiliza Süskind. No importa, no es lo relevante en esta larga cita. Cambien a Jesús por el Ché o por cualquier líder salvífico, por cualquiera que haga de la épica, del sacrificio último, del deseo de morir por otros, la base de su relato de futuro. La clave que acertadamente señala el autor alemán es que lo épico va indisolublemente ligado al amor a los demás como abstracto. Por eso la solución que aporta el héroe es necesariamente totalizadora, y pasa por encima de cada uno como forma de resolver el todo. La épica es definitivamente monoteista en el sentido en que las grandes máquinas teóricas de la Modernidad lo son. Orfeo, la lírica al fin, parte de la humildad del uno entre muchos, del amor y lo concreto, de la persona -que no del individuo- asumiéndose y proyectando hacia todos desde el reconocimiento de la diferencia propia y la de cada uno de los demás. Orfeo ofrece e innova sin intentar elevar ni hacer aceptar por los demás una verdad global única. Por eso su relato se hace aceptable desde la postmodernidad, porque su acción y su relato no pretenden ser el cierre de nada sino una parte de la gran fiesta de su propia vida. Una fiesta con puertas abiertas. Por eso la lírica abre una conversación. A partir de ella caben tanto la inclusión como un irónico distanciamiento pero no la excomunión. En la épica, en cambio, sólo cabe la adhesión o la exclusión, pues sólo habla el héroe, hijo del Dios de un logos (razón y palabra) que no reconoce otra verdad que la suya propia. Épica y lírica en el relato de los blogs Nas conversas abertas nestes últimos dias em Chile, seguramente o eixo que mais chamou a atenção a minhas contertulios foi o gerado pela distinción entre épica e lírica e as opções éticas que surgiam dela. O contexto desta distinción vinha dado -em Chile- por minha aproximação a Atina e minha rejeição de que a caracterização de sua acção como de boa onda implicasse menoscabo algum em frente às opções partidárias ou políticas baseadas na confrontación. Ao invés, argüía, a opção pela lírica projectava uma alternativa e novos consensos sociais de uma forma que a meu julgamento é bem mais potente que a épica na que se conformaram os mitos da esquerda desde os setenta. A lírica, entendida como a forma de projectar opções de futuro desde o que se vive, se sente, se desfruta e se faz no presente não é senão a representação em relato de um ethos particular, de uma maneira de viver que se propõe como opção entre outras, que não procura anular o campo às outras nem as negar. A lírica convida a somar-se sem diluirse, procura a conversa, não a adesão. Trata-se de uma opção ética em frente à dimensão excluyente, sacrifical e de confrontación que irremediavelmente propõe a épica. Mas em realidade, dantes da primeira conversa com Jorge Domínguez, amigo e guia de meus primeiros passos por aquele país, a aplicação da distinción em meus escritos tem uma genealogia que gostaria de contar. Faz tempo que Roger Colom me afeaba o que identificasse em general a emoção dos mitos com a épica do relato. Segundo Roger, a lição a extrair depois da trajectória do ciberpunk espanhol em general e a do grupo que impulsionou a Bitácora das Índias em particular, estava em sua aposta pela lírica em frente à épica como forma de relato configuradora de mitos e realidades de novo tipo. Assim que comecei a trabalhar nessa distinción Distinción que sem dúvida não é inovadora em absoluto, salvo talvez em sua tradução ao blogging, a esse quero fazer um formoso blog como parte de uma formosa vida tão querido dos sionistas digitais. Em Sobre o amor e a morte, Patrick Süskind confronta ao lírico Orfeo -humano e criador mítico das primeiras canções- com o épico Jesús de Nazaret.
Talvez muitos amigos, hartos de ver suas contribuições descalificadas como autobombo, tenham sonreido com a última pergunta retórica. E seguramente muitos cristãos sentir-se-ão excluídos da visão de Jesús que utiliza Süskind. Não importa, não é o relevante nesta longa cita. Mudem a Jesús pelo Ché ou por qualquer líder salvífico, por qualquer que faça da épica, do sacrifício último, do desejo de morrer por outros, a base de seu relato de futuro. Finque-a que acertadamente assinala o autor alemão é que o épico vai indissoluvelmente unido ao amor aos demais como abstracto. Por isso a solução que contribui o herói é necessariamente totalizadora, e passa acima da cada um como forma de resolver o tudo. A épica é definitivamente monoteista no sentido em que as grandes máquinas teóricas da Modernidad o são. Orfeo, a lírica ao fim, parte da humildad do um entre muitos, do amor e o concreto, da pessoa -que não do indivíduo- se assumindo e projectando para todos desde o reconhecimento da diferença própria e a da cada um dos demais. Orfeo oferece e inova sem tentar elevar nem fazer aceitar pelos demais uma verdade global única. Por isso seu relato se faz aceitável desde a postmodernidad, porque sua acção e seu relato não pretendem ser o fechamento de nada senão uma parte da grande festa de sua própria vida. Uma festa com portas abertas. Por isso a lírica abre uma conversa. A partir dela cabem tanto a inclusión como um irónico distanciamiento mas não a excomunión. Na épica, em mudança, só cabe a adesão ou a exclusão, pois só fala o herói, filho do Deus de um logos (razão e palavra) que não reconhece outra verdade que a sua própria. Épica e lírica no relato dos blogs Nas conversacións abertas nestes últimos días en Chile, seguramente o eixe que máis chamou a atención ás miñas contertulios foi o xerado pola distinción entre épica e lírica e as opcións éticas que xurdían dela. O contexto desta distinción viña dado -en Chile- polo meu aproximación a Atina e o meu rexeitamento de que a caracterización da súa acción como de boa onda implicase menoscabo algún fronte ás opcións partidarias ou políticas baseadas na confrontación. Ao contrario, argüía, a opción pola lírica proxectaba unha alternativa e novos consensos sociais dunha forma que ao meu xuízo é moito máis potente que a épica na que se conformaron os mitos da esquerda desde os setenta. A lírica, entendida como a forma de proxectar opcións de futuro desde o que se vive, séntese, gózase e faise no presente non é senón a representación en relato dun ethos particular, dun xeito de vivir que se suscita como opción entre outras, que non busca anular o campo ás outras nin negalas. A lírica invita a sumarse sen diluírse, busca a conversación, non a adhesión. Trátase dunha opción ética fronte á dimensión excluínte, sacrifical e de confrontación que irremediablemente suscita a épica. Pero en realidade, antes da primeira conversación con Jorge Domínguez, amigo e guía dos meus primeiros pasos por aquel país, a aplicación da distinción nos meus escritos ten unha genealogía que me gustaría contar. Fai tempo que Roger Colom afeábame o que identificase en xeral a emoción dos mitos coa épica do relato. Segundo Roger, a lección a extraer trala traxectoria do ciberpunk español en xeral e a do grupo que impulsou a Bitácora das Indias en particular, estaba na súa aposta pola lírica fronte á épica como forma de relato configuradora de mitos e realidades de novo tipo. Así que comecei a traballar nesa distinción Distinción que sen dúbida non é novedosa en absoluto, salvo talvez na súa tradución ao blogging, a ese quero facer un fermoso blog como parte dunha fermosa vida tan querido dos sionistas digitales. En Sobre o amor e a morte, Patrick Süskind confronta ao lírico Orfeo -humano e creador mítico das primeiras cancións- co épico Jesús de Nazaret.
Talvez moitos amigos, fartos de ver as súas achegas descualificadas como autobombo, haxan sonreido coa última pregunta retórica. E seguramente moitos cristiáns sentiranse excluídos da visión de Jesús que utiliza Süskind. Non importa, non é o relevante nesta longa cita. Cambien a Jesús polo Ché ou por calquera líder salvífico, por calquera que faga da épica, do sacrificio último, do desexo de morrer por outros, a base do seu relato de futuro. A clave que acertadamente sinala o autor alemán é que o épico vai indisolublemente ligado ao amor aos demais como abstracto. Por iso a solución que aporta o heroe é necesariamente totalizadora, e pasa por encima de cada un como forma de resolver o todo. A épica é definitivamente monoteista no sentido en que as grandes máquinas teóricas da Modernidad o son. Orfeo, a lírica ao fin, parte da humildad do un entre moitos, do amor e o concreto, da persoa -que non do individuo- asumíndose e proxectando cara a todos desde o recoñecemento da diferenza propia e a de cada un dos demais. Orfeo ofrece e innova sen intentar elevar nin facer aceptar polos demais unha verdade global única. Por iso o seu relato faise aceptable desde a postmodernidad, porque a súa acción e o seu relato non pretenden ser a pechadura de nada senón unha parte da gran festa da súa propia vida. Unha festa con portas abertas. Por iso a lírica abre unha conversación. A partir dela caben tanto a inclusión como un irónico distanciamiento pero non a excomunión. Na épica, en cambio, só cabo a adhesión ou a exclusión, pois só fala o heroe, fillo do Deus dun logos (razón e palabra) que non recoñece outra verdade que a súa propia. Épica e lírica no relato dos blogs En las convèrsas dubèrtas en aquestes darrièrs jorns en Chile, segurament l'ais que # # #el mai l'atencion a las miás contertulios foguèt lo generat per la distincion entre epica e lirica e las opcions eticas que sorgissián d'ela. Lo contèxt d'aquesta distincion veniá donat -en Chile- per la miá aproximacion a Atina e lo mieu refús que la caracterización de la siá accion coma de bona onda impliquès menoscabo qualqu'un front a las opcions partidàrias o de politicas basadas en la confrontacion. Al contrari, argüía, l'opcion per la lirica projectava una alternativa e de nòus consenses socials d'una forma qu'a lo mieu jutjament es fòrça mai potent que l'epica que s'es conformat en el los mites de la quèrra dempuèi los setanta. La lirica, entenduda coma la forma de projectar d'opcions de futur dempuèi çò que se viu, se sent, se gaudís e se fa en lo present es pas mas la representacion en relat d'un ethos particular, d'una manièra de viure que se prepausa coma opcion entre d'autras, que cerca pas anullar lo camp a las autras ni las negar. La lirica convida a se somar sens diluirse, cerca la convèrsa, pas l'adesion. Se tracta d'una opcion etica tèsta a la dimension excluyente, sacrifical e de confrontacion que irremediablemente somet l'epica. Mas en realitat, abans de la primièra convèrsa amb Jorge Domínguez, amic e guida de los mieus primièrs passes per aquel país, l'aplicacion de la distincion en los mieus escrits a una genealogía que m'agradariá comptar. Fa temps que Roger Colom me afeaba eth quau identifiquès en general l'emocion dels mites amb l'epica del relat. Segontes Roger, la leiçon a extraire après la trajectòria del ciberpunk espanhòl en general e la del grop qu'impulsèt la Bitácora de las Indias en particulara, èra dins la siá escomesa per la lirica tèsta a l'epica coma forma de relat configuradora de mites e realitats de nòu tipe. Aital que comencèri a trabalhar en aquesta distincion Distincion que sens dobte pas es novèla en absolut, salvi tal còp en la siá traduccion al blogging, a aqueste vòli far un polit blog coma part d'una polida vida tan volgut dels sionistas digitales. En Envolopa l'amor e la mòrt, Patrick Süskind acara al liric Orfeo -uman e creador mitic de las primièras cançons- amb l'epic Jesús de Nazaret.
Tal còp fòrça amics, fartes de veire las siás aportacions descalificadas coma autobombo, ajan sonreido amb la darrièra question retorica. E segurament fòrça crestians se sentiràn excluses de la vision de Jesús qu'utiliza Süskind. Impòrta pas, es pas çò de considerable en aquesta longa cita. Cambiatz a Jesús contra lo Ché o contra quin cap que siá salvífico, contra qui que siá que faga de l'epica, del sacrifici darrièr, del desir de morir per d'autres, la basa de lo sieu relat de futur. La clau que acertadamente soslinha l'autor alemand es que çò d'epic va indisolublemente ligat a l'amor als autres coma abstracto. Per aquò la solucion qu'apòrta l'eròi es necessàriament totalizadora, e passa per lo dessús de cadun coma forma de resòlver lo tot. L'epica es definitivament monoteista en lo sens en que las grandas maquinas teoricas de la Modernitat o son. Orfeo, La lirica a la fin, part de l'umilitat del òm entre fòrça, de l'amor e çò de concrèt, de la persona -que pas de l'individu- en s'assumint e en projectant cap a totes dempuèi la reconeissença de la quita diferéncia e la de cadun dels autres. Orfeo Ofrís e innova sens ensajar elevar ni far acceptar pels autres una vertat globala sola. Per aquò lo sieu relat se fa acceptable dempuèi la postmodernidad, pr'amor que la siá accion e lo sieu relat pretenon pas èsser lo barrament de brica mas una partida de la granda fèsta de la siá pròpria vida. Una fèsta amb de pòrtas dubèrtas. Per aquò la lirica dobrís una convèrsa. Tre ela caben tant l'inclusion coma una ironica distanciacion mas pas la excomunión. En l'epica, per contra, cap pas que l'adesion o l'exclusion, doncas parla pas que l'eròi, filh del Dieu d'un logos (rason e mot) que reconeis pas d'autra vertat que la siá pròpria. Epica e lirica en lo relat dels blogs En les converses obertes en aquests últims dies a Xile, segurament l'eix que més va cridar l'atenció a les meves contertulios va ser el generat per la distinció entre èpica i lírica i les opcions ètiques que sorgien d'ella. El context d'aquesta distinció venia donat -a Xile- per la meva aproximació a Atina i el meu rebuig que la caracterización de la seva acció com de bona ona impliqués menyscapte algun enfront de les opcions partidàries o polítiques basades en la confrontació. Al contrari, argüía, l'opció per la lírica projectava una alternativa i nous consensos socials d'una forma que al meu judici és molt més potent que l'èpica en la qual s'han conformat els mites de l'esquerra des dels setanta. La lírica, entesa com la forma de projectar opcions de futur des del que es viu, se sent, es gaudeix i es fa en el present no és sinó la representació en relat d'un ethos particular, d'una manera de viure que es planteja com opció entre unes altres, que no busca anul·lar el camp a les altres ni negar-les. La lírica convida a sumar-se sense diluir-se, busca la conversa, no l'adhesió. Es tracta d'una opció ètica enfront de la dimensió excloent, sacrifical i de confrontació que irremeiablement planteja l'èpica. Però en realitat, abans de la primera conversa amb Jorge Domínguez, amic i guia dels meus primers passos per aquell país, l'aplicació de la distinció en els meus escrits té una genealogía que m'agradaria explicar. Fa temps que Roger Colom em afeaba el qual identifiqués en general l'emoció dels mites amb l'èpica del relat. Segons Roger, la lliçó a extreure després de la trajectòria del ciberpunk espanyol en general i la del grup que va impulsar la Bitácora de les Índies en particular, estava en la seva aposta per la lírica enfront de l'èpica com forma de relat configuradora de mites i realitats de nou tipus. Així que vaig començar a treballar en aquesta distinció Distinció que sense dubte no és nova en absolut, excepte tal vegada en la seva traducció al blogging, a aquest vull fer un bell blog com part d'una bella vida tan volgut dels sionistas digitals. En Sobre l'amor i la mort, Patrick Süskind confronta al líric Orfeo -humà i creador mític de les primeres cançons- amb el épico Jesús de Natzaret.
Tal vegada molts amics, farts de veure les seves aportacions descalificadas com autobombo, hagin sonreido amb l'última pregunta retòrica. I segurament molts cristians se sentiran exclosos de la visió de Jesús que utilitza Süskind. No importa, no és el rellevant en aquesta llarga cita. Canviïn a Jesús pel Ché o per qualsevol líder salvífico, per qualsevol que faci de l'èpica, del sacrifici últim, del desig de morir per uns altres, la base del seu relat de futur. La clau que acertadamente assenyala l'autor alemany és que el épico va indisolublemente lligat a l'amor als altres com abstracte. Per això la solució que aporta l'heroi és necessàriament totalizadora, i passa per sobre de cadascun com forma de resoldre el tot. L'èpica és definitivament monoteista en el sentit en què les grans màquines teòriques de la Modernitat ho són. Orfeo, la lírica a la fi, part de la humilitat de l'un entre molts, de l'amor i el concret, de la persona -que no de l'individu- assumint-se i projectant cap a tots des del reconeixement de la diferència pròpia i la de cadascun dels altres. Orfeo ofereix i innova sense intentar elevar ni fer acceptar pels altres una veritat global única. Per això el seu relat es fa acceptable des de la postmodernidad, perquè la seva acció i el seu relat no pretenen ser el tancament de res sinó una part de la gran festa de la seva pròpia vida. Una festa amb portes obertes. Per això la lírica obre una conversa. A partir d'ella caben tant la inclusió com un irònic distanciamiento però no l'excomunió. En l'èpica, en canvi, només cap l'adhesió o l'exclusió, doncs només parla l'heroi, fill del Déu d'un logos (raó i paraula) que no reconeix una altra veritat que la seva pròpia. Èpica i lírica en el relat dels blogs
En las conversaciones abiertas en estos últimos días en Chile, seguramente el eje que más llamó la atención a mis contertulios fue el generado por la distinción entre épica y lírica y las opciones éticas que surgían de ella. El contexto de esta distinción venía dado -en Chile- por mi aproximación a Atina y mi rechazo de que la caracterización de su acción como de buena onda implicara menoscabo alguno frente a las opciones partidarias o políticas basadas en la confrontación. Al contrario, argüía, la opción por la lírica proyectaba una alternativa y nuevos consensos sociales de una forma que a mi juicio es mucho más potente que la épica en la que se han conformado los mitos de la izquierda desde los setenta. La lírica, entendida como la forma de proyectar opciones de futuro desde lo que se vive, se siente, se disfruta y se hace en el presente no es sino la representación en relato de un ethos particular, de una manera de vivir que se plantea como opción entre otras, que no busca anular el campo a las otras ni negarlas. La lírica invita a sumarse sin diluirse, busca la conversación, no la adhesión. Se trata de una opción ética frente a la dimensión excluyente, sacrifical y de confrontación que irremediablemente plantea la épica. Pero en realidad, antes de la primera conversación con Jorge Domínguez, amigo y guía de mis primeros pasos por aquel país, la aplicación de la distinción en mis escritos tiene una genealogía que me gustaría contar. Hace tiempo que Roger Colom me afeaba el que identificara en general la emoción de los mitos con la épica del relato. Según Roger, la lección a extraer tras la trayectoria del ciberpunk español en general y la del grupo que impulsó la Bitácora de las Indias en particular, estaba en su apuesta por la lírica frente a la épica como forma de relato configuradora de mitos y realidades de nuevo tipo. Así que comencé a trabajar en esa distinción Distinción que sin duda no es novedosa en absoluto, salvo tal vez en su traducción al blogging, a ése quiero hacer un hermoso blog como parte de una hermosa vida tan querido de los sionistas digitales. En Sobre el amor y la muerte, Patrick Süskind confronta al lírico Orfeo -humano y creador mítico de las primeras canciones- con el épico Jesús de Nazaret.
Tal vez muchos amigos, hartos de ver sus aportaciones descalificadas como autobombo, hayan sonreido con la última pregunta retórica. Y seguramente muchos cristianos se sentirán excluidos de la visión de Jesús que utiliza Süskind. No importa, no es lo relevante en esta larga cita. Cambien a Jesús por el Ché o por cualquier líder salvífico, por cualquiera que haga de la épica, del sacrificio último, del deseo de morir por otros, la base de su relato de futuro. La clave que acertadamente señala el autor alemán es que lo épico va indisolublemente ligado al amor a los demás como abstracto. Por eso la solución que aporta el héroe es necesariamente totalizadora, y pasa por encima de cada uno como forma de resolver el todo. La épica es definitivamente monoteista en el sentido en que las grandes máquinas teóricas de la Modernidad lo son. Orfeo, la lírica al fin, parte de la humildad del uno entre muchos, del amor y lo concreto, de la persona -que no del individuo- asumiéndose y proyectando hacia todos desde el reconocimiento de la diferencia propia y la de cada uno de los demás. Orfeo ofrece e innova sin intentar elevar ni hacer aceptar por los demás una verdad global única. Por eso su relato se hace aceptable desde la postmodernidad, porque su acción y su relato no pretenden ser el cierre de nada sino una parte de la gran fiesta de su propia vida. Una fiesta con puertas abiertas. Por eso la lírica abre una conversación. A partir de ella caben tanto la inclusión como un irónico distanciamiento pero no la excomunión. En la épica, en cambio, sólo cabe la adhesión o la exclusión, pues sólo habla el héroe, hijo del Dios de un logos (razón y palabra) que no reconoce otra verdad que la suya propia. Guardado por David de Ugarte en Destacados a las 9:57 pm
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ComentariosTout ce qui n'est point nouveau dans un temps d'innovation est pernicieux ~ Saint Just « Algunos datos « Portada » La lírica, la felicidad y el poder de las redes »
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